¿Qué es la escuela espiritualista?

21 05 2012

ESCUELA ESPIRITUALISTA

Sabado, 7 de Marzo de 2009

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Puntuación

    ESCUELA ESPIRITUALISTA

   Este jueves tuvo lugar una sincronía muy especial y aleccionadora para mí. Suelo estar muy atento a las sincronías porque ellas me indican por dónde va o por donde quiere ir mi vida espiritual, interior, oculta, esa que solo se deja ver en los momentos más terribles o en los cambios de dirección más bruscos de nuestras vidas. Hasta ese momento rara vez somos conscientes de en qué dirección nos encaminan nuestros pasos.

Aunque solo fuera por la idea o hipótesis del subconsciente colectivo, Jung merecería pasar a la historia del pensamiento humano. Mi admiración por Jung está muy clara como lo demuestra la creación de uno de mis personajes humorísticos más queridos: el doctor Sun, discípulo de Jung.  Pero este extraordinario pensador tuvo también otras ideas menores, aunque muy interesantes y profundas. Una de ellas, nacida de la idea del subconsciente colectivo, es la de la sincronía.

  Jung pone un ejemplo que puede ayudarnos a comprender la esencia de esta idea. Un hombre decide comprar un traje negro. No sabe por qué lo hace. En circunstancias normales nunca lo hubiera hecho. Sin embargo siente el impulso irresistible de encargar al sastre ese traje, y lo hace, a pesar de la resistencia de su parte racional. Al cabo de unos meses fallece un ser querido y tiene que asistir a su entierro. Entonces comprende que aquel impulso no era un sin sentido, que poseía una clara razón de ser, aunque las circunstancias que hubieran dotado de razón y de lógica a semejante situación aún no se habían producido en el tiempo. No solo le estaban vistiendo antes de que sucediera para los ritos funerales, sino que le estaban avisando del fallecimiento de un ser querido. Tal vez si hubiera hecho caso a ese impulso, si hubiera escuchado la voz que le estaba hablando con otro lenguaje no habitual, habría tenido más tiempo para despedirse del ser querido.

  La sincronía no es exactamente una videncia, una intuición certera del futuro, aunque tiene con ellas ciertos puntos de contacto. Uno puede ver algo que le va a pasar en el futuro, lo que es más complicado aún es que un acontecimiento del presente se sincronice con lo que va a pasar y se convierta en una especie de señal clara, una fotografía del suceso futuro. Para ello no solo hay que poseer el don de la videncia, sino que algo, allá arriba, tal vez en el subconsciente colectivo, se tiene que sincronizar con nuestra vida presente para que esa señal se produzca y tenga pleno sentido.

  En nuestras vidas se producen de vez en cuando ciertas sincronías a las que no damos la menor importancia, achacándolas a la suerte, al azar a la casualidad. Solo cuando hemos agudizado nuestro sexto sentido, nuestro tercer ojo, nuestra sensibilidad hacia lo espiritual, empezamos a comprender que esa especie de azar, de elección aleatoria de partículas subatómicas para que se produzca un determinado efecto, no es tan aleatorio como creen los científicos. Si es cierto, como he leído en un libro de divulgación científica, que este universo en el que vivimos es uno de los millones y millones y billones de universos posibles, y que curiosamente éste universo debería ser uno de los menos probables si metiéramos las bolas en una cesta de bingo y diéramos vueltas y vueltas hasta que una bola saliera por el tubito y se nos mostrara. Entonces está claro de que el azar, el destino, la casualidad, puede que no sean tan aleatorias como nos gusta pensar. “Dios no juega a los dados”, dicen que exclamó Einstein, enfurecido porque todo en el universo parecía nacer del azar y sin embargo existían leyes profundas que parecían gobernarlo todo. Dios no juega a los dados y la naturaleza, el universo, la vida, no tendrían por qué hacerlo. Si esto fuera un bingo deberíamos aceptar de una vez por todas que el hecho de que el planeta Tierra esté habitado y los demás no, de que hayamos nacido nosotros y no uno de los millones y trillones de seres posibles que no somos nosotros, no parece propio de un bingo aleatorio.

  En mi caso hubiera podido dejar pasar este pequeño acontecimiento, aparentemente sin importancia, sin ni siquiera fijarme en él. Si no estuviera sensibilizado ante estos fenómenos creería que mi vida en estos últimos meses está siendo regida por un azar, a veces funesto, y otras totalmente imprevisible. Una vez que dejas de ser “azarista”, creyente dogmático en la casualidad que rige nuestros destinos, la posibilidad de ver razones y “causalidades” donde nadie más las ve aumenta geométricamente.

  El hecho en sí no es gran cosa. Por la mañana había estado nevando, un día desapacible, con viento y frío, más propio para quedarse en casa que para ir por la tarde a clase de yoga (martes y jueves). Me sentía cansado, sin ganas de ir al gimnasio. Le dije a Conchi, mi mujer, que si seguía nevando no iría. Ella siempre me empuja para que vaya, porque necesito adelgazar, controlar el colesterol y me viene muy bien, eso es indiscutible. Sin embargo muchos días me quedaría en casa. Me cuesta mucho hacer ejercicio, me cuesta ir a un sitio donde hay mucha gente. La fobia sigue marcando mi vida, el esfuerzo constante me agota. Por si fuera poco tengo la sensación de que en mi vida están sucediendo muchas más cosas en unos meses de las que me han sucedido en décadas. Parece como si todo se aliara para hacerme cambiar drásticamente y en una dirección concreta, no en esta o aquella, sino precisamente en la que han elegido para mí. Conchi se marcha ya, la acompañaremos la semana que viene y Sara y yo regresaremos solos. Eso es un cambio profundo en una vida. Por si fuera poco ayer nos enteramos de que a Sara le han concedido la beca solicitada. El próximo curso lo pasará en USA, aún no sabemos dónde, en casa de una familia, aún no sabemos cuál. Se la han concedido íntegra, a pesar de que existía otra candidata y se rumoreaba que repartirían a partes iguales. No ha sido así. Eso significa que pasará nueve meses lejos de nosotros. Conchi se marcha, Sara se marchará, Dani, que andaba buscando trabajo, de pronto, como por arte de magia, tiene dos oportunidades. Una de ellas buscada por su doctor, el que le trata de su afección de riñón y de la hipertensión. Curiosamente la hija de este doctor es un mandamás en una empresa de molinos de viento que tiene su sede en La Mancha. Curiosamente Conchi aprueba una oposición en la Mancha. Curiosamente yo nací un 23 de abril, día del libro, día de Cervantes, soy escritor, adoro a Cervantes y al Quijote y siempre quise hacer la ruta del Quijote.

 Curiosamente hace algún tiempo decidí crear una escuela espiritualista al mando de Milarepa, curiosamente al pensar en ello, como me sucede siempre cuando escribo, me vi dando clases de espiritualidad, como Milarepa, me imaginé cursillos, técnicas mentales propias, que luego serían usadas por Milarepa en su escuela espiritualista. Curiosamente tengo anotados sueños en los que he visto a Sara en USA y a nosotros de viaje en avión, visitándola. Curiosamente llevo meses dándole vueltas en la cabeza a la necesidad de cambiar, de transformar mi vida. Necesito superar la fobia, volver a relacionarme, necesito nuevos horizontes, como escritor y como persona, necesito abandonar este entorno físico porque a pesar de mis esfuerzos me resulta imposible imaginar una reconciliación con el jefe y los compañeros, con el entorno laboral. Me resulta imposible imaginarme una vida nueva en esta ciudad y en este entorno, tan marcados por mi pasado, por tantos acontecimientos dolorosos que parecen impregnar las piedras de las calles y edificios por donde camino todos los días.

Curiosamente entonces ocurre algo, pero no solo algo, sino otras cosas concomitantes y que van en la misma dirección, a pesar de lo complicado que resulta, no solo que suceda una, sino que sucedan todas a la vez. Lo que me ocurrió este jueves parece ir en la misma dirección. Voy al gimnasio porque tengo que ir, no hago muchos esfuerzos por relacionarme porque no siento mucho interés en luchar contra mi fobia para que luego ocurra algo parecido a lo que ocurre siempre. Sencillamente voy, hago lo que tengo que hacer, respondo a lo que tengo que responder, si es que ocurre algo y dejo que el tiempo vaya pasando. Eso era todo… hasta el jueves (y ya llevo más de año y medio en el gimnasio).

 Esa tarde salió el sol, dejó de nevar y a pesar de todos los pesares decidí ir y asistir a clase de yoga. La profesora sufría una afonía que le impedía dar la clase. ¿Qué hacemos? Lo más fácil para mí hubiera sido mantenerme en la sombra, al margen, esperar acontecimientos y luego decidir, una vez que otros han decidido primero. Va en mi psicología, es una conducta habitual, algunos dirían que heredada e irradicable, no me gusta dar la cara, asumir liderazgos, no me gusta estar en primera fila, para que todos me vean. Hacer esto no me supone ningún esfuerzo.

En cambio en aquel momento sentí un impulso y tomé una decisión que me iba a costar, que traería consecuencias. Me ofrecí a dirigir una meditación. Eso me obligó a explicar que me gusta hacer meditación y practicar técnicas mentales, que me gusta el budismo y que tengo un personaje, Milarepa, que habla de todas estas cosas. Me obligó a comentar que Milarepa funciona en Internet, en este mundo virtual. Eso me obligó a mirar a varias mujeres que tenían los ojos puestos en mí (soy el único hombre en la clase), a hablar con ellas y a mantener una decisión problemática para mí. Tuve que asumir una situación fóbica y hacer cosas que puedo hacer en Internet sin problemas pero no en la vida real.

La profesora me habló de la posibilidad de hacer eso por ahí. No la entendí, le dije que de alguna manera ya lo hacía en Internet. Me explicó que tal vez yo pudiera dirigir alguna meditación en uno de sus grupos. No me negué, tampoco acepté entusiasmado y quise saber cuándo y cómo. Sencillamente aceptaba e intentaba asumir la nueva sincronía.

Comenzamos la meditación. Una relajación muy normalita para luego entrar en la meditación que yo había preparado ya para Milarepa y que luego decidí atribuirme la autoría y subirla a este blog, en la sección de Autoayuda. Ahora me acabo de acordar de que no he subido el resto de esa meditación.

 Pues bien, hice la meditación que había programado para la escuela espiritualista de Milarepa, la misma que había imaginado meses antes y que me había gustado tanto. Esta vez no se la atribuí a Milarepa, interponiendo a un personaje para desviar mis responsabilidades y la atención del lector o espectador. Era preciso dar la cara. Así soy yo, así me siento y nunca debería avergonzarme de mi filosofía más profunda sobre la vida y la existencia.

No es fácil dar la cra cuando sabes que tu fama te precede, que tu pasado sigue estando presente en la mente de muchos. ¿Qué hace un loco dirigiendo una meditación? ¿Qué hace un fóbico hablando en público? ¿Qué hace una persona tímida, presta a la fuga, expresando en público sus ideas más íntimas, unas ideas que serán difíciles de aceptar y asumir por su entorno?

  Durante estos meses he tenido muy claro que no podía seguir como hasta ahora. De nada me serviría haber sufrido durante dos años una durísima terapia para controlar mi fobia; de nada me sirve plantearme que mi enquistamiento en un aislamiento a ultranza me lleve a alguna parte. De nada me sirve decirme una y otra vez que soy como soy, siento lo que siento, y que lo mejor que puedo hacer es asumirlo y comportarme de acuerdo a ello y no esconderme bajo tierra, como un topo, y cavar galerías para sobrevivir en esa oscuridad. Es preciso actuar y aceptar las consecuencias.

 Estuve hablando y dirigiendo la meditación durante una hora. Curiosamente el reloj de pared estaba tras de mí, no podía verlo y sin embargo terminé el ejercicio a la hora. Dos personalidades lucharon en mi interior, una me estaba diciendo que era una tontería actuar así, que mejor hubiera sido permanecer en mi galería de topo, en lugar de decir cosas que nadie comprende, de actuar contra corriente, de dar la cara cuando sé perfectamente que las consecuencias, en la mayoría de las ocasiones, son nefastas. La otra me decía que estaba haciendo lo correcto, lo que es natural en mi personalidad, lo que me gusta hacer.

Cuando haces lo que está en tu mano el resto debes dejarlo a las decisiones de los otros y a la “·causalidad” que genera cada uno de nuestros actos en la vida.

  La profesora me habló de la posibilidad de dirigir alguna meditación en uno de sus grupos. Alguna compañera mostró su interés por mi trabajo en Internet. No dije que no, me comprometí a llevarles un folio impreso con mi correo y lo que podían esperar de mis textos en páginas y blogs. Ya está escrito. Ya está impreso. Seguro que lo llevo el próximo día. Lo que ocurra ya no está en mi mano. Puede que todo siga igual o puede que no, lo importante es que hice lo que realmente quería hacer, que superé mi fobia, que me comporté como debería comportarme siempre, de acuerdo a mi personalidad, a lo que soy, pienso y siento.

  Milarepa me ha enseñado una y otra vez eso de que “si quieres algo que no tienes debes dar mucho de lo que necesitas, mucho más de lo que esperas recibir”. Es una forma de expresar la vieja ley de Ahmra, la vieja ley esotérica que los egipcios conocían tan bien. Si necesitas amistad da tu amistad primero, si necesitar amor, da tu primero amor. Si necesitas dinero da tu primero a quien esté más necesitado que tú.

  Parece una paradoja, un contrasentido. Lo curioso es que funciona. De hecho muchos sienten esa necesidad sin ser conscientes de que de alguna manera están aplicando la ley de Ahmra. Muchos millonarios, que han recibido su fortuna por una dádiva generosa de la vida, sienten la necesidad de crear fundaciones para ayudar a los más desfavorecidos, como si tuvieran una deuda que pagar. Muchas personas buscan en el servicio a los demás, a través de una ONG o de otras formas, encontrar un sentido a la vida del que carecen en este momento. Está funcionando la ley de Ahmra. Crees que tú necesitas más que nadie la amistad, el amor, la ayuda, la solidaridad, el consuelo, y te das primero, aunque creas no tener nada de lo que necesitas porque te sientes absolutamente vacio por dentro.

  Curiosamente esto funciona. Das consuelo cuando tú lo necesitas más que nadie y ocurre que las circunstancias de la vida se entrelazan para darte el ciento por uno. ¿Qué amistad puede ofrecer un fóbico social? ¿No la necesita más que nadie? ¿Qué espiritualidad puede ofrecer un loco? ¿Acaso no sería más lógico que la ofrecieran los cuerdos? Sin embargo das uno y recibes ciento.

  Es difícil de aceptar y de comprender. Cuando necesites consuelo llévalo a quienes lo necesitan más que tú, cuando necesites amistad ofrécesela primero a alguien que la necesite más que tu. Cuando necesites una mejor situación económica ayuda a quien esté cerca y la necesite más que tú.

En mi caso está claro que necesito poner en funcionamiento la ley de Ahmra. A pesar de que durante toda mi vida he escuchado en mi entorno a muchas personas decir que soy un egoísta (eso las pocas veces que no decían que yo era un loco) no me considero más egoísta que el resto de los mortales. Sin embargo la sincronía me dice que ha llegado el momento del cambio, de dar si quiero recibir, de ofrecer la espiritualidad de Milarepa para que a cambio pueda recibir amistad y cariño.

  Cuando esbocé la Torre de Babel decidí que me serviría para presentar a los personajes, para que se conocieran e interactuaran entre sí y fundaran sus despachitos (en el caso de Milarepa su escuela espiritualista) luego sus consultas se desgajarían de la Torre y funcionarían aparte. Ha llegado el momento de que Milarepa y su escuela espiritualista se desgajen. Aquí podrán hacer todas las consultas de tipo espiritual que se les ocurran. Si yo no puedo contestarlas seguro que Milarepa sí, es un sabio.Que tengo poco tiempo, muy poco, pues bien da tu tiempo y a cambio recibirás más tiempo.

La espiritualidad se ha convertido en una clara lucha a brazo partido contra la corriente materialista que nos invade. Nadie parece necesitar valores espirituales. Lo que se busca es dinero, diversión, la vida se ha convertido en un llenarlos las manos de cosas que en realidad no necesitamos o al menos no tanto como creemos. Pero seamos sinceros. ¿Quién no necesita amistad, amor, consuelo, el verdadero conocimiento que no nos hace ricos, pero que tal vez logre hacernos felices? Porque si hay algo cierto es que la muerte, la Parca, se lo llevará todo. ¿Qué la espiritualidad es un engaño? ¿También lo es la necesidad de amor? Si necesitas algo, ¿Por qué no le buscas? Quien busca encuentra, y al que llama se le abre la puerta. Tal vez empecemos a ser conscientes de que el sentimiento invisible, el pensamiento invisible, sean más reales que el dinero visible. Tal vez lo consigamos. Porque la realidad invisible no es menos reala que la realidad visible. Y tal vez el amor nos haga más felices que las cosas materiales. Tal vez. Si no lo experimentamos nunca lo sabremos. ¿Merece la pena ser felices? Pues adelante, sabemos a dónde nos lleva el dinero. ¿Sabemos a dónde nos lleva la espiritualidad? Un abrazo.

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