MEDITACIÓN 3/CONTACTO CON LA TOTALIDAD

23 06 2012

TERCERA MEDITACIÓN/ CONTACTO CONLA TOTALIDAD

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LA ISLA DESIERTA

En todas nuestras meditaciones vamos a seguir siempre el mismo protocolo. Adoptamos la postura más cómoda en el lugar más adecuado para meditar. Cerramos los ojos y comenzamos una respiración tranquila y relajada. Vamos a recorrer nuestro cuerpo, desde los pies a la cabeza, fijando la atención en las partes de nuestro cuerpo más tensas o doloridas, signo evidente de que hay un bloqueo de energía. La atención centra la mente en esa parte del cuerpo e intenta desbloquearla. Podemos visualizar un gnomo brillante que transmite energía a esa parte del cuerpo y desbloquea los canales energéticos o nadis.

Una vez relajados iniciamos una visualización previa a la meditación. Hoy elegiremos  una barca a motor para trasladarnos a una isla desierta, donde pasaremos un tiempo, entregados a la meditación. Deberemos hacernos conscientes de que lo importante es dónde esté nuestra mente y nuestra consciencia no donde está nuestro cuerpo físico, que puede permanecer en cualquier lugar, encerrado en un espacio-tiempo. El cuerpo físico está sujeto a lugares físicos, a un espacio-tiempo, pero nuestra mente, nuestro psiquismo y consciencia no está sujeto a leyes físicas y por lo tanto puede situarse en cualquier lugar en cualquier tiempo, viajar instantáneamente allí donde deseemos.

Si nos hacemos conscientes de que el cuerpo es el vehículo y nosotros los conductores, no importará tanto dónde se encuentra aparcado nuestro vehículo, sino dónde se encuentre el conductor. Nada nos impide salir del vehículo y dirigirnos hacia donde hayamos elegido. Nuestro conductor, cuerpo de luz o alma o consciencia o como queramos denominarlo no está sujeto a ninguna ley física, así pues podemos trasladarnos instantáneamente al lugar elegido y permanecer allí el tiempo que deseemos.

Ya que estamos acostumbrados a servirnos del vehículo para los traslados, vamos a visualizarnos en una lancha a motor, surcando un mar en calma, hacia una isla desierta. Arribamos y descendemos en una playa. Nos despedimos de quienes nos han trasladado y quedamos con ellos en que nos recogerán dentro de un tiempo, cuando les avisemos con nuestro teléfono móvil o con cualquier otro artilugio tecnológico que se nos ocurra. Esta orden programada al subconsciente nos permitirá despertarnos del estado de meditación cuando lo consideremos oportuno, o bien se produzca una circunstancia externa que nos aconseje despertar.

Una vez solos en nuestra isla desierta, caminamos por la suave y cálida arena, dirigiéndonos hacia una cabaña de madera cercana. Allí nos cambiamos de ropa –símbolo de nuestra predisposición a la meditación- nos damos una ducha – símbolo de limpieza física y psíquica- y salimos al exterior. Recorremos la playa sin ninguna prisa, observando el paisaje. Hemos escogido un momento determinado del día, cuando el sol está en lo más alto o bien al amanecer o la puesta de sol. Sentimos los rayos de sol en nuestra piel, su cálida caricia. La planta de nuestros pies está siendo masajeada por la arena. Observamos el mar en calma y cómo las olas rompen rítmicamente contra la playa. Su sonido es relajante. La inmensidad en calma del mar nos produce una sensación de bienestar.

Escogemos un buen lugar y nos sentamos, bien en la postura del loto o en cualquier otra postura que nos resulte cómoda. Volvemos la cabeza y miramos la vegetación, las palmeras, los cocoteros, el verdor de la selva. Nos abismamos en la belleza del lugar. Con los ojos abiertos comenzamos a respirar con suavidad. Es agradable estar allí, sin prisas, escuchando el oleaje. Ahora vamos a practicar un pequeño ejercicio para salir de la primera atención, tal como la llama el chamán don Juan en los libros de Castaneda. Fijamos la mirada de nuestros ojos en la punta de la nariz, cruzamos la vista y de pronto hemos salido de la primera atención y entrado en la segunda. El universo que se despliega ante nosotros es muy diferente. Una inmensa llanura repleta de puntitos de luz. Es un universo cuántico, plagado de partículas y subpartículas brillantes. Con los ojos de la carne, nuestra primera atención, vemos el universo físico, material, el único que consideramos real. Ahora somos conscientes de que existe otro universo. Por debajo del universo físico las partículas atómicas lo están sosteniendo. Están vinculadas unas con otras, formando una inmensa llanura. Los protones y neutrones se unen en átomos, los átomos se unen y forman moléculas, las moléculas se juntan y forman objetos, seres vivos. La individualidad de cada cosa o persona es un engaño de nuestros sentidos físicos, es el velo de Maya, del que hablan los budistas. En realidad el universo es un todo vinculado estrechamente.

Esa vinculación nos va a permitir entrar en contacto con cualquier objeto que deseemos, con cualquier ser, vivo o inanimado, con cualquier clase de existencia.  Alargamos nuestro brazo luminoso y tocamos determinados puntos luminosos, permanecemos abiertos a las sensaciones que nos producen. En este caso rugosidad, solidez, palpitación de vida. Como parte del experimento descruzamos los ojos y regresamos al mundo físico. Sin saber cómo hemos estado tocando el tronco de una palmera, hemos sentido su rugosidad, hemos percibido su color y todas las cualidades físicas a las que estamos acostumbrados. En realidad estamos tocando las partículas subatómicas o los puntitos de luz que hemos visto antes. La forma la pone nuestra mente consciente.

Regresamos a la segunda atención, al universo cuántico. Cruzamos los ojos, fijándolos en la punta de la nariz y ya estamos de nuevo allí. Estamos utilizando el tercer ojo, una facultad que muchos desconocen. Alargamos nuestros brazos, nuestra vista, nuestros sentidos y tocamos las partículas brillantes. Con cada toque nos hacemos conscientes de estar en contacto con un objeto o un ser. Aquí no hay barreras físicas que tengamos que recorrer en un tiempo determinado. En el universo cuántico, como saben bien todos los físicos, no existen barreras. El espectador es capaz de cambiar lo observado, solo con su mirada, con su deseo.

Aprovecharemos para realizar un pequeño experimento. Extendemos nuestra consciencia por la gran llanura luminosa y nos dejamos llevar. Estamos viajando, siendo conscientes de cómo es el universo. No un lugar físico, material, con espacios entre objetos y seres, donde transcurre el tiempo y nace el día y llega la noche. Aquí solo hay puntos de luz vinculados entre sí. El universo está a nuestro alcance. Todo está unido a todo. Podemos tocar unos puntos de luz y estamos acariciando la cabeza de un perro. Otros, y estamos pasando la palma de nuestra mano por el tronco de un árbol. Si unimos los puntos de luz que forman nuestro cuerpo físico, nuestra consciencia, a otros puntos de luz, un profundo sentimiento de comunión nos invade. La empatía se agudiza y podemos percibir lo que están percibiendo otros puntos de luz, podemos sentir lo que sienten ellos, podemos gozar y podemos sufrir lo que otros seres gozan o sufren.

La comunión es infinita y universal. Hemos expandido nuestra consciencia sin obstáculos. Ahora, reflexionamos, nos damos cuenta de que el sufrimiento de los demás es el nuestro y su gozo nuestra felicidad. No sirve pensar que lo que les ocurra a los demás no nos incumbe, puesto que están unidos a nosotros, vinculados a través de una inmensa maraña de puntos de luz. Pensar que la existencia exterior es distinta a nosotros es ignorancia. Todos estamos estrechamente unidos.

Nos abismamos en ese sentimiento, en esa contemplación y entramos en meditación profunda. Viajaremos allá donde deseemos y aprenderemos de la naturaleza, de la vida, del universo, de la totalidad las lecciones que necesitamos. Damos y recibimos. Hemos oído hablar del subconsciente colectivo. Es esto, la vinculación existente entre todos los seres. Cuando entramos en este lugar todo está a nuestro alcance, los demás nos echan una mano para solucionar nuestros problemas y nosotros les ayudamos a ellos. Basta con alargar nuestros brazos, nuestra consciencia y comunicar nuestros problemas para que alguien responda. Al salir de allí nuevas ideas acudirán a nuestra mente, encontraremos soluciones a problemas que nos parecían irresolubles.

Aún damos un paso más y nos adentramos en la tercera atención, en el universo místico. Al pasar la línea perdemos contacto con nuestro yo individual, físico, que está en la playa. Un último vistazo. Dejamos de percibir la llanura repleta de puntos de luz y entramos en una dimensión desconocida. Al despertar nos parecerá haber estado en un sueño profundo del que no recordamos nada. Sin embargo nuestro yo más profundo, nuestra alma, ha estado en contacto con otro dimensión más espiritual. De ella hastala Totalidad, hasta Dios, solo hay un paso. Nos dejamos llevar… Poco a poco nos vamos dejando llevar…No sentimos miedo, porque nada malo puede sucedernos. Estamos tranquilos y alegres. El éxtasis místico está a nuestro alcance y no lo rechazamos. Nos vinculamos a todo y a todos. Sentimos la felicidad de todos y nos hacemos consciente de sus sufrimientos. La comunicación es perfecta e infinita. Nos dejamos llevar… nos dejamos llevar…

Sin saber cómo algo nos avisa de que debemos regresar. Movemos los dedos de nuestras manos, movemos los pies, vamos despertando todo nuestro cuerpo. Nos hacemos conscientes de la respiración… y cuando estemos preparados abrimos los ojos. Estamos en la playa. El sol se está poniendo. Un espectáculo de una belleza inenarrable. Nos levantamos, regresamos a la cabaña de madera y nos ponemos las ropas. No necesitamos ducharnos porque estamos limpios, con una limpieza indescriptible.

Regresamos a la playa y vemos acercarse la barca. Subimos a ella y mientras regresamos nos deleitamos con la belleza de un mar en calma.

Estamos de nuevo despiertos en el lugar que hemos elegido para meditar. No miramos el reloj, nos ponemos en pie y nos desperezamos como al despertar. Hemos vivido un sueño muy hermoso, que no es tal sueño, sino una realidad distinta. Regresamos a nuestros quehaceres. Pero ahora sabemos que tenemos una isla desierta para nosotros. Podremos regresar a ella cuando lo deseemos o necesitemos. Allí encontraremos la paz, la felicidad y la solución a nuestros problemas.

Que la paz profunda esté con todos nosotros.

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