MENSAJE NAVIDEÑO DE MILAREPA

8 12 2012

MENSAJE NAVIDEÑO DE MILAREPA

Queridos hermanos en el Todo: Un año más se acercan estas fiestas navideñas que algunos dicen odiar y otros amar. Todos los niños las aman y eso tiene un profundo significado. Como dijo el maestro: “Si no os hiciereis como niños, no entrareis en el reino de los Cielos”.

Este año, como el anterior… y el anterior, la Navidad se acerca como de puntillas y con un cierto miedo. La crisis económica y esa profecía apocalíptica Maya asustan a muchos, y no sin razón. El miedo nos recuerda nuestra fragilidad, la endeblez de nuestras vidas, el engaño del tiempo, la sutileza del Velo de Maya que termina con nuestros apegos como el soplo de un niño con un castillo de naipes. Nada es para siempre, salvo nuestra condición de seres de luz, de seres espirituales. Si bien el ser de luz no necesita alimento material, ni un trabajo para sobrevivir, ni las mínimas condiciones de salud o de soporte físico, lo cierto es que en la que creemos es la única realidad visible y palpable, y por lo tanto incontrovertible, todas esas necesidades básicas son imprescindibles en nuestras vidas. Sin salud, sin un trabajo, sin un hogar donde reposar nuestras cabezas, sin una esperanza de futuro, la desesperación se convierte en el abismo al que miramos todos los días.

Permitidme que os invito a descubrir el ser de luz que habita en vuestro interior, sin por ello renunciar a ver con vuestros ojos de carne la dura realidad que os rodea, ni a que vuestros corazones de carne sientan empatía hacia el sufrimiento de vuestros hermanos. Reservaos unos minutos estas fiestas y preparad vuestros salones de una manera muy sencilla. Una vela encendida, una barrita de incienso, una fotografía o cuadro con un paisaje navideño, una montaña nevada, un parque, un árbol iluminado, la salida del sol sobre una playa… Poned un poco de música relajante, Bach, Haendel, alguna pieza de música electrónica o celta o incluso una pieza de jazz agradable o una balada… Sentaos en una silla o en el sofá, las piernas sin tocarse, las manos sobre los muslos. Si no estáis solos tomad las manos de vuestros seres queridos que estén a vuestro lado y tras una breve contemplación de la fotografía cerrad los ojos y disponeos a meditar unos minutos. No os hará ningún daño y tal vez algo en vuestro interior despierte y os haga cosquillas.
Imaginaos que estáis en el paisaje que habéis visto, sentados en la postura del loto o tumbados. Imaginaos que ese paisaje es una burbuja de belleza y felicidad. La oscuridad y la desesperación no os tocarán mientras estéis en su interior. Ahora imaginaos que os eleváis hacia lo alto, que estáis levitando. Olvidaos de la aparente realidad que os transmiten vuestros sentidos. La realidad mental, la realidad imaginativa no es menos real. Estáis ascendiendo y bajo vuestros pies queda vuestro hogar, vuestro pueblo o ciudad, vuestro país, el planeta al que llamáis Tierra. Desde lo alto podéis ver nubes y océanos, ciudades, continentes. Sois como astronautas contemplando por la ventanilla de una nave espacial. A vuestro alrededor se van juntando las burbujas que han creado todos los habitantes del planeta. En su interior, en ese hermoso paisaje que han creado, están todos, vuestros hermanos espirituales. También se acercan todos los seres humanos ya fallecidos, hemos superado la barrera del tiempo y del espacio. A vuestro lado vuestros seres queridos, vivos o fallecidos. Las burbujas se tocan y se transmiten calor humano, amor espiritual.

Hemos creado una cadena mental, de solidaridad y amor, alrededor de nuestro triste planeta. Pero no vamos a quedarnos ahí. Seguimos elevándonos y sin el menor obstáculo vemos ahora nuestra galaxia, La Vía Láctea, vemos el universo entero, infinito. Sentimos su corazón palpitar, es un sonido poderoso, rítmico, infinito. Nuestros corazones forman parte de ese pálpito poderoso de la divinidad, del Todo.

Nos dejamos llevar. Inhalamos profundamente por la nariz. Retenemos el aliento, sin forzar, y expulsamos por la boca al tiempo que formamos el sonido de la “O” alargándola y luego nuestros labios vibran con el sonido de la “M”. Vamos a pronunciar el mantra sagrado de la totalidad.
OOOOOMMMM
Inhalamos otra vez, retenemos sin forzar y exhalamos. Repetimos.
OOOOMMMM
Una tercera vez.
OOOOMMMM
QUE LA PAZ PROFUNDA ESTÉ CON TODOS NOSOTROS
FELIZ NAVIDAD OS DESEA VUESTRO HERMANO MILAREPA.

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