Cursillo de yoga mental IV

1 05 2013


CURSILLO DE YOGA MENTAL

IV CLASE

Saludo budista.
Antes de comenzar esta clase vamos a hacer, como siempre, un repaso a lo que ha sido la semana, si hemos tenido algún problema, cómo nos hemos encontrado de ánimo, etc. Es conveniente practicar la técnica de autoobservación todos los días, pero si no lo hacemos, al menos recapitulemos semanalmente. Cada uno comentará cómo se ha sentido a lo largo de la semana, los problemas a los que se ha enfrentado y cómo ha reaccionado. Luego hablaremos de los deberes, si hemos recapitulado y cómo nos hemos sentido con el recuerdo elegido.
Comenzaré yo. Postura de circuito abierto energético, piernas separadas a la altura de las caderas, mirada al frente, brazos a los costados, con las palmas mirando al frente…
Esta semana iniciaremos también el camino del guerrero impecable. Se trata de un término que aparece en los libros de Carlos Castaneda. Don Juan Mathus, el chamán que le enseña, le dice que su meta es convertirse en un guerrero impecable, también habla en otras ocasiones de “hombre de conocimiento”. Tiene mucho parecido con el término budista de “Buda impasible o buda imperturbable”. Contemplar la vida como una película, sin que nada nos afecte, como quien contempla un río desde la orilla, observa el río de la vida pero no se tira al agua, no se involucra en el movimiento aparente de lo que en el fondo es la quietud absoluta.
Para ello interiorizaremos la máxima suprema del guerrero impecable:
-Un guerrero impecable hace lo que tiene que hacer cuando tiene que hacerlo, y confía en que las poderosas fuerzas que controlan y dirigen el universo le sean favorables.
Ahora repetid conmigo: Un guerrero impecable…
Los deberes para la próxima semana serán: en algún momento observarnos y observar lo que sucede a nuestro alrededor como si fuera una película y nosotros los espectadores. Que nada nos afecte.
EJERCICIOS DE ENERGETIZACIÓN
Como todos los días utilizaremos la palma de las manos para darnos energía y pasarlas por las partes del cuerpo. Como hoy la meditación será larga, os remito a los ejercicios de las clases anteriores.
RELAJACIÓN
Es una técnica básica e imprescindible en el yoga mental. Tenemos que interiorizarla y automatizarla con la repetición hasta conseguir hacerla en cualquier momento y con cualquier estado de ánimo, como algo natural de lo que nunca nos olvidamos, algo así como decir “buenos días” cuando entramos al trabajo por las mañanas.
Tan solo recalcar que la relajación es cuestión de centrar la atención, la consciencia, en cada parte del cuerpo, siguiendo el camino que hemos recorrido en clases anteriores. Os remito a ellas y a la relajación que he subido a este blog y al archivo de sonido con mi relajación guiada.
MEDITACIÓN
CÓMO BLOQUEAR LA MENTE
En la meditación anterior nos transformamos en espectadores en una estación de trenes. No podemos parar las ideas y por lo tanto nos sentamos y las vemos pasar. Hoy vamos a utilizar una técnica más agresiva, es cierto que no podemos parar las ideas pero sí podemos cerrar nuestro hogar a visitantes extraños. Vamos a aprender a bloquear nuestra mente.
Estamos de nuevo ante la puerta luminosa, como en la meditación anterior, pasamos al otro lado, estamos en la llanura oscura, creamos un rectángulo luminoso, una pantalla de cine. Pero esta vez, en lugar de ir hasta la estación de Alcázar de San Juan, nos iremos a nuestros domicilios. En el mundo espiritual no hay espacio ni tiempo, por lo tanto nos visualizamos ante la puerta de nuestro domicilio y allí estamos, instantáneamente.
Sacamos llaves y abrimos la puerta. Entramos y cerramos con doble vuelta de llave. La llave es una metáfora de la voluntad y nuestro domicilio es nuestro propio cuerpo. Recorremos la casa cerrando ventanas, que no quede ni un solo hueco que nos comunique con el exterior. Digamos que la puerta podrían ser nuestros ojos, cuando los abrimos y centramos la atención en el exterior, dejamos la puerta abierta y por ella puede colarse todo. Las ventanas son el resto de nuestros sentidos, si dejamos las ventanas abiertas se colarán en nuestro hogar todo tipo de visitantes. Así pues es como si cerráramos también los oídos, la boca, los orificios nasales, etc.
Todo está cerrado y en silencio. Estamos solos. Ahora nos hacemos conscientes de que hemos dejado nuestro hogar abierto a todo el mundo. La puerta abierta día y noche, las ventanas abiertas, e incluso a veces hemos puesto el cartel de “pasen y vean, están en su casa”. No es de extrañar que nuestra casa haya sido “la casa de tócame Roque”, aquí todo el mundo entra y sale cuando quiere, la han hecho suya, han tomado sus propias decisiones, la han ordenado a su manera, se han tumbado en nuestro sofá, han dormido en nuestra cama, han saqueado el frigorífico y han cocinado para ellos. No es de extrañar que a veces nos hayamos sentido tan bajos de energía, tan decaídos, tan hundidos, en realidad hemos estado alimentando a un regimiento, una legión. No contentos con ello hemos permitido que nos dieran órdenes, que nos dijeran lo que teníamos que hacer, que pensar, que vestir, que comer, cuándo deberíamos irnos a la cama y cómo debería ser nuestra vida, minuto a minuto… No es de extrañar que nos hayamos sentido tan mal, como esclavos de amos invisibles. Nuestras ideas no son nuestras, nuestros sentimientos no son nuestros, incluso nuestra casas no es nuestra, es de todos.
Hay que poner remedio a semejante desbarajuste o nuestras vidas dejaran de ser nuestras y se convertirán en las vidas de “otros”. Sentimos pánico a lo que puedan decir de nosotros, a cómo puedan reaccionar a nuestras palabras o conducta. Hemos permitido que ocupen nuestro hogar personas extrañas, que no siempre son buenas, de buen corazón, espirituales, que nos consuelan, nos acompañan, nos quieren. A veces son verdaderos delincuentes que lo saquean todo, que nos insultan, nos agreden, se aprovechan de nosotros con total desvergüenza.
En la misa católica habréis oído aquello de “la comunión de los santos”. Cierto, todos estamos comunicados y no hay nada maravilloso que “una comunión de santos”, pero también es cierto que no hay nada más espantoso que una “comunión de perversos”. Es un verdadero infierno. Hemos dejado que cualquiera que pase ante nuestro hogar se cuele por la puerta abierta de par en par, y cuando no ha sido la puerta, se han colado por la ventana. Se han colado personas, que nos miran y nos hablan, a las que miramos y observamos, se han colado paisajes, entornos, acontecimientos, sucesos, se ha colado todo lo que pasaba frente a nosotros.
Ahora está todo cerrado. Deberíamos estar solos y aislados, pero no es así… Nos hemos olvidado de la cabra loca, de nuestra mente. Digamos que la mente es como el televisor que está frente a nosotros. Estamos sentados en el sofá o en nuestro butacón favorito, frente al televisor, sentimos la tentación de encenderlo y comenzar con el zapping, pasamos de un canal a otro y nos empapamos de estímulos. La mente odia el vacío, necesita estimulación constante y variedad, más, más, más… Datos, datos, datos, como decía aquel simpático robot en una película mientras pasaba páginas de un libro a toda velocidad y tenía encendido el televisor. Datos, datos, datos…
Rechazamos la tentación. No es que sea malo, pecaminoso, tener visitantes en nuestro propio hogar. Es maravilloso celebrar fiestas e invitar a los amigos, charlar, comer, reírnos, comunicarnos, sentir el placer maravilloso de la amistad y del amor chorreando por todas partes. Cierto. Pero no es tan maravilloso dejar pasar a cualquiera, delincuentes que nos atracan, nos secuestran, nos agreden, personas desconocidas que nos insultan mientras saquean nuestro frigorífico. Incluso a veces es maravilloso cerrar la puerta, cerrar las ventanas, bajar las persianas, quedarnos a oscuras y en silencio. Especialmente cuando nos duele la cabeza, sentimos fuertes jaquecas o migrañas. ¡Cómo no vamos a sentirlas si ha estado pasando un auténtico batallón ruidoso por nuestro hogar durante días, semanas, incluso años! Lo extraño sería que no nos doliera la cabeza.
Entonces, cuando estamos solos y en silencio podemos hablar con nuestro “yo interno”, nuestra alma, nuestro espíritu, nuestro ser de luz, la chispa divina que está en nosotros y que nos conecta con la divinidad. Ahora nos damos cuenta del maremágnum de voces que hemos soportado. Todo el que entraba se ponía a charlar con nosotros y le respondíamos en diálogos que no tenían fin, auténticos “diálogos de besugos” que no dicen nada, no van a ninguna parte y que son una pura pérdida de tiempo. Ahora notamos el silencio y la voz sutil de nuestro yo interno que nos habla con inmenso amor, que nos dice cosas profundas. Es maravilloso escucharnos a nosotros mismos, lo mejor de nosotros, en lugar de oír de continuo esas voces destempladas que solo buscan pelea, sojuzgarnos, controlarnos.
Pero para ello tenemos que resistir la tentación de encender el televisor de nuestra mente. Es increíble lo que se puede colar por ese rectángulo de luz. Locutores diciendo que la situación es crítica y llega el apocalipsis, los escuchamos, les damos la razón y nos hundimos en la miseria. Creemos a cualquiera que nos dice cualquier cosa y no nos creemos a nosotros mismos cuando estamos en contacto con la divinidad a través de nuestra alma. No es extraño que nos sintamos tan deprimidos y que una inmensa ola de oscuridad lo invada todo. Hay demasiados profetas agoreros, hay demasiados cuervos negros graznando sobre un futuro terrible. ¡Cómo conservar entonces la esperanza!
Sabemos que ahora estamos solos y que nadie puede entrar en nuestro hogar, hemos cerrado la puerta, las ventanas, tenemos el televisor apagado. Y por si fuera poco el “Guardián del umbral” está vigilante. ¿Quién es? Somos nosotros mismos, la mejor parte de nosotros, nuestra alma, conectada con la divinidad, poderosa, sapiente, maravillosa. Nadie podrá entrar nunca a nuestro hogar sin nuestro permiso. El guardián del umbral se lo impedirá. Es como si el mismo Dios estuviera a la puerta de nuestra casa, vigilando que nadie entre sin permiso. ¿Quién conseguiría entrar? ¿Quién se atrevería a entrar?
El miedo no tiene sentido. Controlamos nuestro hogar, somos los amos, los dueños, somos los dueños de nuestros cuerpos, somos los dueños de nuestro ser. Aquí, en esta fortaleza impenetrable, estaremos a salvo de cualquiera que intente hacernos daños, encontraremos el reposo, la luz, la verdad. A veces dejamos entrar a personas que se creen en su propia casa, los drogadictos pueden salir de su cuerpo con la droga y entrar en nuestro hogar, pensando que es el suyo e intentando echarnos. Si les dejamos actuar se apoderarán de nuestro hogar. Un enfermo alcohólico que haya ingerido grandes cantidades de alcohol saldrá fuera de su cuerpo, su mente viajará y si encuentra nuestro hogar abierto entrará en él y andará allí como “Pedro por su casa”. Cualquier emoción fuerte puede proyectar a alguien fuera de su hogar, de su cuerpo y hacerle viajar, si encuentra puertas abiertas, entrará, si encuentra ventanas abiertas, se colará por ellas. Nosotros mismos lo hacemos a veces, y sin darnos cuenta invadimos hogares ajenos. No es de extrañar que a veces nos sintamos tan mal cuando pensamos en otras personas con odio y deseemos su mal y nos imaginemos haciendo caer sobre sus cabezas los rayos de nuestra cólera.
Si estamos en su hogar seremos rechazados, si queremos hacerles daño, su guardián del umbral nos rechazará y no nos dejará pasar. Hay que tener mucho cuidado con lo que pensamos, porque lo mismo que nosotros podemos visualizar un rectángulo de luz y pasar al otro lado y viajar instantáneamente, los demás pueden hacer lo mismo. Controlar el pensamiento es controlar nuestras vidas, somos lo que pensamos y vivimos de acuerdo a nuestros pensamientos.
Pero no todo es malo, en realidad nada es malo de por sí, per se, el día tiene sus ventajas y la noche las suyas. El día es maravilloso para ciertas cosas, pero no para otras, mientras la noche es maravillosa para que no nos vean, para sentirnos a gusto con nosotros mismos. Podemos invitar a nuestro hogar a nuestros seres queridos, vivos o difuntos, podemos invitar a maestros cósmicos, maestros espirituales como Buda o Jesús, podemos llamar a ángeles y arcángeles, a maravillosas entidades espirituales. Ellos acudirán si son invitados con amor y hablarán con nosotros y nos darán su amor y nos sentiremos plenos y felices. Pero si invitamos a desalmados, ellos convertirán nuestro hogar en un infierno.
Y ahora vamos a ascender, nos sentimos ligeros, como globos, ascendemos, ascendemos, escucháis mi voz cada vez más lejos. Ahora realmente comienza la verdadera meditación. Ya no escucháis mi voz. Estáis muy lejos, en el interior más profundo de vosotros mismos………………………..
Volvéis a escuchar mi voz. Sentimos el peso de vuestros cuerpos. No hay miedo de que os perdáis en los viajes meditativos porque un cordón de luz os une a vuestros cuerpos, solo tenéis que seguirlo para volver. Y si sentís miedo, si os sentís perdidos solo tenéis que llamar al guardián del umbral, vuestro yo más profundo y decirle con claridad, quiero regresar al cuerpo. Y él os traerá de vuelta. El miedo es nuestro peor enemigo, el miedo es el peor enemigo del hombre de conocimiento, como le dice don Juan Mathus a Carlos Castaneda. Otro día meditaremos sobre el miedo.
Estáis de nuevo en vuestros cuerpos, abrís los ojos, estamos aquí y ahora. Cuando os sintáis con ganas os sentáis. Vamos a practicar mantras, sonidos vocales. Ahora estáis mucho más sensibles, las vibraciones son más elevadas, por ello sentiréis con más fuerza los mantras.
MANTRAS Y SONIDOS VOCALES
Hoy practicaremos un mantra más complejo, la unión de varios.
AUUUMMMM RAAAAMMMMAAAA UUUMM
Al acabar el primero respiráis de nuevo y al acabar el segundo también, son tres respiraciones, solo un gurú avanzado con gran control sobre su respiración puede hacer el mantra seguido sin respirar.
Y ahora haremos algunos ejercicios para equilibrar la energía y volver con fuerza a nuestra energía cotidiana. Ejercicios de artes marciales, piernas separadas, rodillas dobladas, disparamos el puño derecho, exhalando un grito, ahora el puño izquierdo.
Ejercicio de taichí, abrazando el tronco del árbol. Otro día lo trataremos ampliamente en el resumen de la clase. Hoy me he extendido en exceso.
Saludo budista.
Que la paz profunda esté con todos vosotros.
Me voy a ver el partido del Real Madrid. Chao. Hasta la próxima semana.

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