Cursillo de yoga mental VIII

2 06 2013

CURSILLO DE YOGA MENTAL

CLASE NÚMERO VIII

Saludo budista.

Como al comienzo de todas las clases vamos a hacer una recapitulación de lo que ha sido la semana y cómo nos ha ido con los ejercicios. La meta de este cursillo es conseguir que todos los participantes lleguen a practicar por su cuenta todas las técnicas de yoga mental, sin necesidad de guía. Esa posibilidad es ideal y más aún tener a nuestra disposición a un auténtico maestro de yoga, pero como eso no va a ser posible intentaremos automatizar todo lo que hacemos en las clases para que con el tiempo podamos practicarlo nosotros mismos sin necesidad de guía.

El chamán don Juan Mathus, en los libros de Carlos Castaneda, le explica que el ser humano nace a este mundo con una cantidad limitada de energía, algo así como con una batería rellena de electricidad. Ya nunca tendremos más energía que al comienzo de nuestra vida, todo serán pérdidas y las recuperaciones solo son posibles con mucho trabajo y nunca llegan a rellenar esa batería al completo. Es por ello que necesitamos ser muy ahorrativos con nuestra energía. No deberemos derrocharla nunca, por ningún motivo, la emplearemos cuando sea necesario y en las cantidades imprescindibles. Lo mismo que hacemos con las baterías del móvil o del ordenador, es preciso cargarlas cada cierto tiempo, pero al contrario que hacemos con esas baterías, es decir, esperar a que estén completamente vacías para rellenarlas de nuevo, la batería de nuestra energía vital nunca deberá estar completamente vacía o estaremos muertos. Lo ideal es recargarla cada vez que empleamos energía, aunque sea en cantidades mínimas.

La forma de recarga la tenéis en las fotocopias que os pasé. El cuerpo físico se recarga con la comida y la bebida, fundamentalmente; nuestro cuerpo psíquico puede recargarse de muy diversas maneras, el contacto con la naturaleza, la audición de una maravillosa obra musical, la creatividad de nuestra mente… y sobre todo con la práctica del yoga mental y especialmente de la meditación.

Los ejercicios de energetización son fundamentales, deberéis practicarlos en casa siempre que podáis. Os llevará un tiempo memorizarlos y automatizarlos. Lo ideal es que al cabo de unos meses os los conozcáis de memoria y los practiquéis durante unos quince minutos diarios. Si no es posible, por lo menos un par de veces a la semana, al menos durante el fin de semana.

La relajación debería ser ya automática a estas alturas. El mecanismo es sencillo y fácil de aprender. Solo necesitáis práctica, hay que insistir, lo mismo que un bebé no aprende a andar a la primera, nosotros necesitaremos mucha práctica hasta llegar a dominar la relajación en cualquier lugar y circunstancia.
Los mantras los acabaréis conociendo y su práctica, especialmente en la bañera, ayudará mucho al desarrollo de vuestras mentes. En cuanto a la respiración es un tema delicado, sin un maestro lo único que podemos hacer es practicar los ejercicios más simples hasta que lleguemos a respirar bien, es decir con el diafragma.

Hoy nos saltaremos estas etapas habituales en nuestras clases y nos concentraremos en la meditación, que versará sobre el mundo de los sueños. Para ello nos prepararemos como siempre con el mantra EEEEIIIIMMM que ayuda a la relajación y al sueño.

Ahora nos prepararemos con dos ejercicios muy buenos para dormir y que podéis utilizar cuando sufráis de insomnio. El primero ya lo conocéis, se trata de los ejercicios de equilibrio energético estático. Es decir cuando estéis en la cama movéis la mitad de vuestro cuerpo, la izquierda, de una manera y la derecha de otra, y luego cambiáis. Por ejemplo, doblar la rodilla izquierda y mantener estirada la derecha, la palma de la mano derecha, pegada al suelo con la palma hacia arriba. Luego al revés.
Ahora vamos a realizar un ejercicio nuevo, se trata de la técnica del bostezo artificial. En la sociedad occidental se considera de mala educación bostezar en público, no obstante el bostezo es una maravillosa técnica que nos proporciona el cuerpo para forzarnos a dormir cuando lo necesitamos y no podemos por estar ocupados o por padecer insomnio.

Vamos a abrir la boca y emitir el sonido típico del bostezo. Podemos estirar también los brazos como hacemos cuando bostezamos. Primero lo forzamos artificialmente y poco a poco se convertirá en algo natural. Bostezar en público ayuda mucho, por contagio. Podéis seguir bostezando mientras yo os guío en la relajación.

Es rápida, puesto que ya la dominamos , y al llegar a la glándula pineal, en el centro de la cabeza, visualizamos como siempre la puerta de luz o el rectángulo luminoso. Pero en lugar de pasar a través de ella como hacemos siempre, es decir, erguidos, hoy nos vamos a visualizar en nuestros lechos, estamos en horizontal, con las piernas ligeramente abiertas y las manos a los costados sin tocar el cuerpo. Nos visualizamos levitando ligeramente y atravesamos la puerta en horizontal, primero con los pies y luego con el resto del cuerpo.

Una vez al otro lado ya estamos en la llanura oscura que conocemos muy bien de otras meditaciones. Pero hoy, en lugar de crear una pantalla luminosa y dibujar el lugar donde nos vamos a trasladar, lo que hacemos es quedarnos ahí, como si estuviéramos dormidos, en horizontal. Al dormir el cuerpo astral se despega ligeramente del cuerpo físico y permanece un poco por encima de él. El viaje nos da miedo por lo que procuramos dormir muy pegados a nuestro cuerpo físico. No obstante como ya hemos visto que la mente odia el vacío, “horror vacui”, incluso en el sueño intenta llenarlo con imágenes. Son escenas de nuestra vida en estado de vigilia, durante el día. Las proyectamos como en una pantalla de televisión y las vamos viendo. Esa sería la primera fase del sueño, la proyección mental de nuestra mente sobre las escenas vividas a lo largo del día. Esta mezcla de escenas, como una especie de cóctel, hace que el sueño nos resulte bastante confuso.

Ahora entramos en la segunda fase, cansados de repasar las escenas diarias, elevamos ligeramente la cabeza y vemos en la llanura oscura algo que no habíamos visto en las meditaciones hasta ahora: una lucecita a lo lejos. La curiosidad nos impulsa a movernos, a acercarnos, pero como sabemos, en esta dimensión no hay espacio ni tiempo, basta con pensar algo y allí estamos. Al desear aproximarnos a la luz lo hemos hecho casi sin darnos cuenta. Estamos cerca de la luz y la curiosidad aumenta. Nos acercamos aún más y entonces notamos cómo hemos sido atrapados por un círculo de energía. Al mirar esa luz nos damos cuenta de que es otro durmiente, es el cuerpo de luz de otro durmiente que está flotando por encima de su cuerpo físico. Al mirar vemos que es transparente, y al fondo está su cuerpo físico, incluso podemos percibir la habitación donde duerme.

Nos sentimos curiosos y nos dejamos llevar. El otro durmiente está repasando sus escenas diarias y nosotros nos identificamos con ellas y con el durmiente. Es como si tuviéramos una doble personalidad, por un lado somos nosotros y nuestros recuerdos, y por el otro somos otra persona con otros recuerdos. Esta dicotomía es muy normal en el sueño y hasta ahora no hemos sabido explicarla.

Aunque siempre creímos que los sueños eran individuales, que no se podían compartir, hoy estamos viendo que eso es, no solo posible, sino incluso frecuente. Los sueños compartidos suelen serle a menudo con personas cercanas, con las que estamos vinculados afectivamente, pero también se pueden producir con cualquier otra persona, aunque es menos frecuente.

Al repasar sus escenas diarias el otro revive un momento duro, dramático, agresivo o muy molesto. Como nosotros lo estamos viviendo como si fuéramos él, nos sentimos tan afectados. Sin saberlo estamos entrando en una pesadilla. La mayoría de las pesadillas tienen esta base: el sueño desagradable o dramático compartido con otro durmiente. Llega un momento en que nos sentimos mal y deseamos salir de allí.

Entonces pueden suceder dos cosas: la orden al subconsciente de que nos saque de allí hace que nos despertemos bruscamente. Ya sabemos lo que ocurre. ¡Qué pesadilla tan horrible! Nos levantamos, bebemos agua e intentamos seguir durmiendo. Es posible que no lo consigamos y suframos una noche de insomnio.
La otra posibilidad es que sigamos con el sueño pero atrapemos un intenso recuerdo propio. De esta manera nos libramos del sueño compartido al introducir en él una escena personal y con la que estamos muy conectados.

Nos hemos librado de la pesadilla. Pero como hoy necesitamos explorar todas las posibilidades del sueño, vamos a hacerlo. Pensamos en escenas más alejadas de nuestro presente. Nos damos cuenta de que en sueños podemos retroceder en el tiempo cuanto queramos, incluso podemos llegar a la infancia. Aunque los sueños regresivos a la infancia no son muy frecuentes, ocurren a veces y se puede viajar hacia atrás en el tiempo sin dificultad.

En cambio hacia delante es más complicado, porque nos produce miedo, incluso terror. Por eso los sueños hacia el futuro se suelen limitar al día siguiente. Nos aventuramos a explorar qué nos puede suceder al despertar. De ahí que la mayoría de sueños premonitorios sean sobre un periodo corto de tiempo. El miedo hace que regresemos al presente.

En el sueño no hay barreras espacio-temporales, o son tan sutiles e invisibles que las atravesamos casi sin darnos cuenta. Hemos aprendido que en sueños se puede viajar hacia el pasado o hacia el futuro. Pero solo cuando el sueño se haga lúcido, consciente, y consigamos recordarlo al despertar, tendrá alguna influencia en nuestra vida. El viaje hacia el futuro puede ser muy traumático, de ahí que solo los más avezados en sueños, a los que podríamos llamar “Los caminantes de sueños” como en la novela La rueda del tiempo de Robert Jordan, se atrevan a realizar estos viajes. Aunque hay muchas perspectivas sobre los sueños, por ejemplo ciertas ramas del budismo desprecian el mundo onírico, otras le dan importancia y aun cuando los maestros espirituales no estén muy interesados en lo que nos sucede en sueños, la verdad es que nada de lo que nos ayude a evolucionar espiritualmente debería ser desaprovechado, y los sueños pueden ayudarnos.

En sueños nos recargamos de energía, de “vitatrones” como los llama Yogananda. Es una buena forma de recarga energética, no tan buena como la meditación, pero sí interesante. Pero además podemos entrar en el sueño profundo, una especie de nirvana inconsciente y esto ya son palabras mayores.

Para entrar en el sueño profundo desatendemos la curiosidad que nos genera la posibilidad de seguir explorando la llanura oscura y nos elevamos hacia lo alto. Levitamos y nos sentimos muy ligeros. Conforme vamos ascendiendo nuestro cuerpo astral va vibrando de forma más elevada. Al hacerlo vamos perdiendo el contacto con nuestra mente más baja, con nuestro psiquismo más bajo, y de esta manera entramos en una dimensión superior. En las dimensiones espirituales encontraremos a maestros espirituales con los que hablar y a criaturas espirituales que no poseen cuerpo físico. Esto sí nos ayudará mucho a evolucionar espiritualmente. Lo que ocurre es que al despertar no recordaremos nada. Las vibraciones son tan diferentes que resulta muy complicado establecer un puente. Pero no obstante ello sabremos que hemos estado en un sueño profundo porque al despertar, aunque no recordemos nada estaremos muy alegres, profundamente felices, vitales, ligeros, sin saber cómo tenemos respuestas para problemas que considerábamos insolubles. Cuando hemos estado en un sueño profundo sus efectos no pueden pasarnos desapercibidos.

Regresamos volvéis a escuchar mi voz, estáis en la llanura oscura de nuevo. Por hoy ya hemos explorado lo suficiente. Hemos aprendido que el mundo de los sueños es más misterioso y apasionante de lo que pensábamos. Ahora vamos a despertarnos. Para ello nos dejamos caer con mucha suavidad sobre nuestro cuerpo físico. Nos situamos encima, en horizontal y poco a poco vamos descendiendo. Es el momento más importante. Es ese instante de duermevela en el que no estamos dormidos ni despiertos. Si entramos con demasiada brusquedad en el cuerpo físico no recordaremos nada del sueño. Por eso lo vamos a hacer muy pausadamente, y mientras lo hacemos vamos a utilizar una técnica para memorizar el sueño. Hoy elegiremos solo uno y nos daremos las siguientes claves: lugar del sueño, una palabra, por ejemplo, montaña; persona con la que hemos estado en el sueño, nombre; tema del sueño, por ejemplo puesta de sol.

Al despertar, una vez que el cuerpo astral se ha introducido en el cuerpo físico, y una vez que en esa duermevela hemos memorizado lo esencial del sueño: lugar, persona, tema, nos despertamos del todo y anotamos en el cuaderno o libreta que por la noche dejamos en la mesita de noche. Primero anotamos esos tres extremos y luego los vamos rellenando con los detalles que recordemos. Incluso a lo largo del día podemos recordar más detalles y anotarlos.

Y ahora como siempre sentís el peso del cuerpo, movéis los dedos de los pies, de las manos, movéis los pies, abrís los ojos y cuando os sintáis preparados os ponéis de pie.

Para la semana que viene el ejercicio será recordar y anotar al menos un sueño.
Y por hoy daremos por finalizada la clase.

Saludo budista
QUE LA PAZ PROFUNDA SEA CON VOSOTROS

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2 06 2013

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