Curso de yoga mental X

12 06 2013

CURSILLO DE YOGA MENTAL

CLASE NÚMERO X

SALUDO BUDISTA
Como en todas las clases vamos a comenzar haciendo una recopilación de lo que ha sido nuestra semana, cómo nos hemos sentido, los problemas que han surgido, las experiencias que nos han marcado…
En mi caso ha sido una semana complicada en extremo. A veces, no muy a menudo, gracias a Dios, parece como si todos los posibles problemas que se nos pudieran presentar durante un año, o una década, o incluso una vida, se amontonaran, unos sobre otros durante el transcurso de una semana o un mes. Esto es algo insólito y que merece un análisis.

Aprovecho la ocasión para proponeros, como deberes para la próxima semana, comenzar a trabajar con la estrategia del guerrero impecable. Es un tema complicado de entender y de asimilar, pero no tenemos prisa, podemos iniciarlo ahora e ir trabajando a lo largo del tiempo.

LA ESTRATEGIA DEL GUERRERO IMPECABLE
Ya hemos conocido la máxima fundamental de todo guerrero impecable: “Un guerrero impecable hace lo que tiene que hacer cuando tiene que hacerlo y confía en que las poderosas fuerzas que dirigen y controlan el universo le sean favorables”.

Esto no significa que un guerrero sea un veleta, un irreflexivo, que tome decisiones al buen tun-tún, sin reflexionar.

Un guerrero no es un tonto, ni va por la vida con una venda en los ojos para no ver la a veces cruda y dura realidad. Un guerrero reflexiona, medita y diseña una estrategia para enfrentarse a los problemas de su vida. ¿Cómo es esta estrategia?

Tiene varias etapas.
La primera: Observar lo que nos sucede, nuestro entorno, incluso todo lo que ocurre en el mundo en que vive.

Según le dice el chamán don Juan a Castaneda un guerrero impecable debe dominar ciertas técnicas o artes. Una de ellas es el arte de ensoñar, que ya hemos visto en otra clase anterior. Otra es el arte de acechar. Pero éste lo vamos a dejar para otra ocasión, aunque en el paso de la observación tiene mucha importancia.

La segunda: Analizar, reflexionar, meditar sobre lo que nos está sucediendo.
Por muchas vueltas que le demos, hay tres puntos o conclusiones básicas de esa observación.
-Lo que nos sucede se debe en parte a los errores cometidos.
-Se debe también en parte a la conducta de los otros.
-Se debe a un cúmulo de circunstancias, aparentemente fortuitas, que ni un guerrero ni una persona normal pueden controlar. No está en su mano hacerlo.

La tercera: diseñar una estrategia.
-Si los errores han sido nuestros deberemos evitarlos. En buena parte se deben a falta de atención, o lo que es lo mismo, a un escasez de energía que nos impide emplearla en lo que estamos haciendo o en las tareas que nos hemos impuesto. Cuanta menos energía poseemos menos tareas podremos hacer y aunque sea solo una, no podremos dedicarle mucha atención. Como nuestra vida moderna nos exige llevar a cabo un cúmulo de tareas a lo largo del día, una persona muy baja de energía está vendida y será inevitable que cometa errores, algunos muy graves.

La estrategia no puede ser otra que ahorrar energía y recargarse en cuanto sea posible.
También los errores se cometen por seguir una forma de pensar que puede estar equivocada. Insistir en esa forma de pensar, a pesar de las veces que nos hemos roto la cabeza contra la pared, es inútil y estúpido. La estrategia exige repasar nuestras ideas, nuestra filosofía de la vida y cambiar.

-Si es la conducta de los demás la que nos crea problemas, deberemos analizar si esta conducta es inconsciente, si los otros actúan por puro egoísmo, por puro apego a la materialidad de las cosas y nosotros sufrimos las consecuencias como “daños colaterales”, lo mismo que ocurre cuando un ejército dice tirar una bomba contra una instalación militar y mueren civiles.

Frente a esta conducta la estrategia más ética y humana es hacerles ver a esas personas el daño que están haciendo, abrirles los ojos.

Si esa conducta es consciente y alguien pretende hacernos daño a sabiendas, estamos ante un enemigo. Deberemos analizar las razones por las que el otro nos ve como su enemigo.

La estrategia más humana y espiritual es convertir a nuestro enemigo en amigo. Es una maravillosa victoria en esa batalla. Pero como eso solo lo consiguen las grandes almas, deberemos conformarnos con diseñar una estrategia defensiva, de pura supervivencia.

Las normas del guerrero impecable en estos casos son claras: Nunca librar una batalla cuando no deseamos hacerlo; si es preciso librarla y hemos decidido hacerla, atraer al enemigo a nuestro terreno. Nuestro terreno son aquellas circunstancias que nos son favorables. Por ejemplo si nos manejamos mal en público y nuestro enemigo bien, lo razonable es evitar un enfrentamiento público y llevarlo al terreno privado, personal. Elegimos enfrentarnos con él a solas. Si su terreno favorable es la mentira y el nuestro la verdad, elegimos la verdad.

Y una vez que libramos la batalla debemos actuar como un guerrero impecable, haciendo lo que tenemos que hacer cuando hay que hacerlo y confiando en que el resultado sea favorable. Sobran las dudas, sobran los miedos, sobran las fantasías sobre hipotéticos futuros. Está en juego nuestra supervivencia y hemos elegido sobrevivir haciendo el menor daño posible. Si durante el transcurso de la batalla llegara un momento en que es preciso elegir entre nuestra supervivencia y la del otro, el guerrero no tiene dudas, él no ha elegido ser enemigo de nadie ni batallar, elige su propia supervivencia. Estas circunstancias, gracias a Dios, son muy escasas en la vida, tan escasas que algunas personas no se enfrentarán nunca a ellas. Pero puede ocurrir… puede ocurrir que un delincuente nos secuestre o intente matarnos para robarnos. Un guerrero impecable no tiene dudas. Su actuación es sagaz, impecable y de una dureza diamantina.

-Los problemas son causados por un cúmulo de circunstancias fortuitas sobre las que no tenemos control. Si la circunstancia es única y fortuita deberemos aceptar que vivimos en un mundo imprevisible e intentar salir lo mejor librados que podamos. Si son un cúmulo de circunstancias, entonces hay que plantearse que las fuerzas poderosas que controlan el universo están actuando de esa forma por algún motivo. Un guerrero impecable no cree en la suerte ni en la casualidad. Si las fuerzas poderosas nos están haciendo eso es por un motivo. Puede ser que nos estén dando una lección. No somos impecables, estamos haciendo daño al seguir nuestro egoísmo a ultranza, tenemos una filosofía de la vida que choca frontalmente con las leyes espirituales más básicas.

La estrategia no puede ser otra que la aceptación humilde de nuestro error y el cambio, pidiendo perdón.
A veces nos sentimos tentados a pactar con ellas. Es factible, pero muy, muy arriesgado. Es una especie de voto, algo muy común en el entorno en que viví mi infancia. Si un familiar, un ser querido, tiene una grave enfermedad, pactamos que si esas fuerzas (algunos creían incluso que era el propio Dios) nosotros daremos a cambio algo muy importante, incluso nuestra propia vida. Cuidado con esos pactos, porque las fuerzas poderosas no se andan con chiquitas, si realmente estamos dispuestos al pacto, puede que esas fuerzas cumplan su parte pero exijan el cumplimiento de nuestra promesa. Salvo que no haya otra opción que la desesperación, un guerrero impecable nunca pacta. Hace lo que tiene que hacer.

Existe un pacto espiritual de altísimos vuelos, solo al alcance de maestros espirituales. Se podría llamar Expiación o Redención. Se puede decir que el maestro Jesús pactó su muerte física a cambio de la redención de los seres humanos. Nosotros no podemos ni plantearlo, no estamos a suficiente altura espiritual.
Avanzamos un paso más. Una vez diseñada la estrategia, actuamos. Es aquí cuando entra en juego la máxima del guerrero impecable. Creemos que nuestra estrategia es la mejor y no dudamos, actuamos, con impecabilidad, hacemos lo que tenemos que hacer y punto. La esperanza en que las fuerzas poderosas nos sean favorables no se desdeña por un guerrero, que no se engaña pero tampoco cae en la desesperación.
Es una estrategia un poco complicada, pero asequible si seguimos los pasos y trabajamos en ello de forma constante. Ese será nuestro trabajo durante la semana que viene y seguiremos a lo largo del tiempo.
En cuanto a los experimentos para desarrollar la intuición, es conveniente convertirlos en algo rutinario, con el tiempo la intuición se habrá desarrollado y podremos confiar en ella.

En cuanto al trabajo con los sueños, esta semana he tenido un sueño en el que he visto mi cuerpo. He tenido éxito con la programación. Me he visto en una playa, en bañador, me he visto de cuerpo entero. Esto es posible porque en sueños no existe el tiempo y el espacio y podemos encontrarnos con nuestros “yoes” que están actuando en diferentes puntos del tiempo. El sueño era extraño, tomé nota de los detalles y analicé posibles mensajes. Ha quedado archivado. No deberéis forzar, una vez programado el subconsciente, solo hay que esperar. El éxito llegará en su momento, sin duda el más adecuado.

Como en todas las clases haremos unos sonidos vocales para prepararnos para la meditación. Como veis utilizo incienso para elevar las vibraciones del entorno. Los mantras que os pongo, de auténticos monjes tibetanos, están sacados de Internet. Podéis buscarlos y utilizarlos al meditar en casa, algo que deberías comenzar a hacer de forma más o menos habitual, una vez a la semana, cada quince días, al menos una vez al mes.
Hoy trabajaremos con el mantra ZOOOO un sonido para recuperarnos rápidamente del agotamiento. También el mantra OOOOOMMMM para elevar nuestras vibraciones.

MEDITACIÓN/EL PROFUNDO SENTIDO DE LA EXISTENCIA

Como hemos automatizado la relajación nos basta con adaptar la postura de relajación, respirar centrándonos en la respiración que es sosegada. Subimos desde la planta de los pies a la cabeza. Llegamos a la glándula pineal, en el centro.

Ya estamos otra vez ante la puerta luminosa. La cruzamos. Estamos en la llanura oscura. Creamos una pantalla luminosa, de cine y en ella visualizamos el valle entre montañas que hemos utilizado en otras meditaciones. Vamos a iniciar una serie de meditaciones en grupo. Sin olvidarnos de la meditación individual, centrada en el encuentro con nuestro yo interno y en alcanzar mayor sabiduría personal, ha llegado el momento de trabajar en grupo.

En el valle es noche profunda. Es la primera vez que estamos en él de noche. No vemos el verde, ni el bosque, los pájaros están dormidos, hay un profundo silencio. Alzamos la cabeza y vemos un cielo estrellado, maravilloso, casi podemos tocar las estrellas con las manos, es hermoso. A lo lejos vemos una luz que avanza. Es Milarepa, avanza hacia nosotros con un candil en el que hay una vela encendida. Nos saluda y nos invita a seguirle a la cabaña, a su escuela espiritual. Entramos elegimos nuestro lugar, ese lugar que inconscientemente sabemos es el más adecuado a nuestra energía y nos sentamos.

Milarepa toma la palabra:
Estamos convencidos de que nunca podremos desentrañar el profundo sentido de la existencia. No está a nuestro alcance, por eso ni lo intentamos. Recordad que hay un hilo luminoso que nos comunica con Dios. Podemos limpiar ese hilo y Dios podrá revelarnos sus secretos, cuando estemos preparados.
Tal vez hasta ahora hemos sido incapaces de atisbar el profundo sentido de la vida porque nos hemos centrado en la individualidad. Somos individuos y todo gira a nuestro alrededor. De esa manera surge la infelicidad y los problemas que no tienen solución. La solución individual no es posible en un universo que está diseñado para la totalidad.

Os invito a visualizaros como una célula. Imaginaos que sois una célula del intestino grueso. Estáis en contacto con los excrementos. Es un trabajo repugnante. Pensáis que os merecéis más, que esa no es vuestra misión en la vida. Habéis nacido ahí y todas las circunstancias han complotado para que no seáis otra cosa. Surge la rebelión, no os merecéis eso, vais a ascender hasta la cabeza, las neuronas son las que toman las decisiones, las que viven mejor, según vosotros. Nada os importa salvo vuestro camino hacia arriba.

Os desvinculáis del resto de células del intestino grueso y comenzáis a ascender. Para ello tenéis que enfrentaros a vuestras compañeras en el intestino y cada paso que dais es una nueva batalla. De pronto llegan los escuadrones de anticuerpos, dispuestos a terminar con vosotros. Os han confundido con un extraño, puesto que os comportáis como tales. No seguís las instrucciones de la cabeza, habéis roto con vuestras hermanas y estáis sembrando el caos. Habéis intentado que el resto de células olviden su programación, su misión, y se comporten como individuos que no tienen que dar cuenta a nadie.
Ha surgido una célula cancerosa, pronto surgirán más. El organismo no tiene alternativa. O acaba con el cáncer o el cáncer acaba con él. Se establece una lucha a muerte. Os olvidasteis de que formabais parte de un organismo, os creísteis individuos con derecho a todo, puesto que todo estaba a vuestro servicio. Si la vida fuera así, si el universo hubiera sido diseñado para la individualidad, puede que estuvierais en posesión de la verdad y todo os rindiera pleitesía, porque todo estaría hecho para vosotros.

Pero no es así. Vosotros no creasteis el universo, el universo os creó a vosotros. No sois islas en un mar infinito, no sois una estrella en el centro de la oscuridad infinita. Formáis parte de un plan, formáis parte de un organismo. El organismo es el universo y la cabeza es la Mente universal. Dios está ahí, observando y actuando, es el creador, el único que puede decidir. Los demás formamos parte de un plan.
Milarepa abre el techo y podemos ver el cielo estrellado.

Imaginaos que estáis creciendo, sois gigantes, seguís creciendo, ocupáis una gran parte del universo, sois dioses. Imaginaos que vuestro problema de mortalidad se termina, ahora sois inmortales. Imaginaos que todo está a vuestro alcance. Tenéis toda la Eternidad para hacer lo que gustéis.

¿Creéis que esa es la felicidad, que eso es todo a lo que podéis aspirar? Toda la Eternidad. Tenéis tiempo para esto, para aquello, os aburrís. Os habéis librado del dolor, pero no del aburrimiento. Todo lo que hacéis es para llenaros, todo es egoísmo. Os atiborráis de comida hasta reventar y sin embargo no tenéis hambre, ya no encontráis placer en nada de lo que hacéis.

La individualidad es una meta vacía, sin sentido. Es como una célula del intestino grueso que se desvincula del cuerpo y salta al vacío. Si pudiera convertirse en un dios, puede que le encontrara sentido, al menos de momento, pero no es así. Ha quedado sola en el vacío y la oscuridad. ¿Y ahora qué?
Existe un profundo misterio en la existencia. No sabemos cómo es Dios, ni conocemos sus profundos planes. Algo atisbamos, pero poco. Sin embargo hay algo que sí sabemos ahora, que formamos parte de un organismo, que estamos junto al excremento por algo, que el cuerpo funciona a la perfección cuando todas las células están donde deben estar y cumpliendo su misión. El cuerpo está sano, es vital y feliz.

La historia de la humanidad es la historia del sufrimiento. Guerras, masacres, violencia, sangre, torturas, violaciones. Millones de personas mueren de hambre, todo es una lucha perpetua por el poder, por estar arriba, en la cabeza. Vemos la televisión y las noticias son terroríficas. La guerra en Siria es demencial. Hay otras guerras de las que ni oímos hablar. Millones de personas mueren de hambre. Niños esclavos. Niñas violadas. Mujeres violadas y asesinadas. Crisis económica galopante. Corruptos que se llevan el dinero de los demás y luego hay que recortar. Esto parece un infierno, y tal vez lo sea.
Todo ello porque las células han olvidado su misión. Cada una va a lo suyo, quieren ascender a la cabeza, pensando que estar arriba es mejor. Para conseguirlo todo les vale. El poder, la dictadura, la corrupción, la mentira… masacran todo lo que pillan.

Se ha generado un cáncer en el organismo. Llegan los anticuerpos. Catástrofes climáticas, crisis económicas que se repiten y se repiten y se… Guerra y violencia, hambre e injusticia. El cáncer sigue avanzando. Pero nos olvidamos de que esto no es un cuerpo físico, esto es el universo. El universo es infinito, sus poderosas fuerzas son inimaginables. Podrían aplastarnos como a sapos. Las leyes cósmicas son inquebrantables, las leyes espirituales no pueden ser doblegadas. Dios es omnipotente y ha diseñado el universo así y puede mantenerlo y puede destruirlo.

¿Por qué no nos obliga a cumplir nuestra misión? ¿Por qué no obliga a la célula del intestino grueso a seguir ayudando a la evacuación? ¿Por qué no la cambia de sitio? ¿O tal vez ya lo ha hecho, o tal vez todos hemos pasado alguna vez por el intestino grueso, o tal vez en cada vida tenemos una misión distinta?
Nos ha dado la libertad. Formamos parte de un organismo pero somos libres. Podemos elegir la rebelión y el cáncer o podemos elegir nuestra misión, aquí y ahora.

El misterio no se ha desvelado, pero ahora lo comprendemos un poco mejor.

Milarepa sonríe. Toma velas de las estanterías y las enciende en la llama y las coloca sobre la mesa.
El maestro Jesús dijo que no se enciende una vela para ponerla debajo de un celemín, sino sobre un candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Dijo a sus discípulos que habían tenido hambre y no le habían dado de comer, sed y no le habían dado de beber…Y cuando ellos horrorizados, creyendo que deliraba, le preguntaron cuándo había ocurrido algo así, él respondió que cuando lo hicieron con un hermano con él lo hicieron.

Quien quiera ser vuestro maestro, que sea primero vuestro servidor, quien quiera ser vuestro jefe, que primero os sirva. Quien quiera llegar a lo más alto que primero se arrodille ante vosotros y os lave la mugre de vuestros pies, atrapada en el largo y doloroso camino.

Hasta ahora hemos meditado para encontrarnos con nuestro yo interno, para conocernos y curarnos. Ahora comenzamos a estar preparados para un trabajo común. Ahora que comprendemos que somos células, es preciso que comencemos a trabajar para el organismo.

Milarepa hace el saludo budista y nos despide.

Salimos a la noche, miramos las estrellas. Vamos en grupo, ya no somos células rebeldes. Visualizamos la pantalla, pasamos al otro lado, estamos en la llanura oscura. Atravesamos la puerta luminosa… y ya estamos en nuestros cuerpos. Es cierto, somos individuos, cada uno tiene su cuerpo. Pero no olvidemos la profunda lección sobre el sentido de la existencia. Hay un plano, el plano espiritual, donde todos estamos conectados, somos células de un solo organismo. En ese plano podemos comenzar a trabajar, a hacer algo por los demás. Podemos trabajar en sueños, podemos trabajar a través de la meditación. Nuestra misión es pequeñita, pero imprescindible. A veces nos sentiremos como células del intestino grueso, en contacto constante con el excremento. Pero ahora sabemos que eso no es malo, es nuestra misión aquí y ahora. No sabemos lo que os espera, pero sin duda será algo maravilloso.

Movemos los dedos de los pies, los dedos de las manos, sentimos el peso del cuerpo. Abrimos los ojos. Estamos aquí y ahora. Nos ponemos en pie. Estiramos piernas y brazos, recuperamos la energía en el cuerpo.

Saludo budista.
QUE LA PAZ PROFUNDA ESTÉ CON VOSOTROS.

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13 06 2013

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