Cartas de Milarepa desde el Tibet V

27 07 2013

CARTAS DE MILAREPA DESDE EL TIBET
NOTA: Mi solidaridad espiritual más profunda para con todos los afectados por la tragedia ferroviaria de Santiago de Compostela. Que la paz profunda esté con todos los fallecidos.

LA TEORÍA DE LA VINCULACIÓN-CONTINUACIÓN
NUESTROS “YOES” Y EL TIEMPO

Querido amigo, querido hermano en el Todo: Ha pasado algún tiempo desde mi última carta. No es precisamente a mí a quien le falta tiempo para escribirte y continuar hablando de estas grandes verdades. Eres tú, que ocupado en tantas cosas que consideras importantes, y apegado al deseo de alcanzar tantas metas, sin la menor importancia, me has pedido que vaya espaciando mis cartas, para que te dé tiempo a pensar en otras cosas, a deprimirte y a olvidarte del sentido de la vida. Puesto que haga lo que haga siempre estaré en el mismo sitio, sintiendo las mismas angustias e ignorando las grandes verdades que dan sentido a la vida… pues dejemos que pase el tiempo sobre mí en lugar de pasar yo sobre el tiempo y que los afanes de cada día me mantengan tan entretenido como hastiado de todo.

Eso piensas, y tú lo sabes muy bien. No obstante me ha parecido oportuno irrumpir en tus inaplazables desvelos para recordarte que el tiempo pasa, tu vida se acaba y aún no has aprendido lo que viniste a aprender en esta reencarnación. El tiempo siempre te ha parecido uno de los grandes misterios de la vida, de la existencia, del Cosmos, de todo lo que ha existido y existirá. Y tienes mucha razón, porque el tiempo es como un tabique que separa cada uno de tus “yoes” en esta vida y en otras vidas anteriores, si pudiéramos juntarlos a todos en un mismo tiempo y lugar… se volverían locos o se acabarían matando entre sí. El tiempo los separa para que tú puedas ir evolucionando, pasito a pasito, como si estuvieras en una escuela y todo el conocimiento hubiera sido repartido en diferentes cursos. Ahora estás en primero de bachiller y el año que viene estarás en segundo, y así sucesivamente. Eso te dará tiempo a asimilar los diferentes conocimientos al tiempo que puedes salir al recreo, comer, dormir y hacerte la ilusión de que el tiempo es eso… un suceder de cosas, una tras la otra, para que puedas reaccionar a cada una de ellas sin que el caos acabe contigo.

Siguiendo con la metáfora del aparato de radio, aunque a ti te guste más otra metáfora, la de las emanaciones del Águila que has leído en los libros de Castaneda, podríamos decir, sin faltar a la verdad, que la existencia permanece para siempre, no nace en este segundo y se aniquila al siguiente, como si el tiempo, al pasar fuera haciendo nacer y morir todo lo que somos y todo lo que existe. En realidad la existencia se parece más bien a un conjunto de ondas que permanecen siempre en el aire, con existencia propia, el presente, pues, no sería otra cosa que captar esa frecuencia de ondas en un momento concreto, pasado el cual cambiamos de emisora y lo que sintonizamos antes ya es pasado, ahora estamos en la frecuencia del presente.

La pregunta del millón, como tú dices, es desentrañar el misterio de por qué vamos cambiando de emisora de una forma concreta y cronológica y no de otra. Así, por ejemplo, nada impide, al menos de forma teórica, pensar que ahora estás sintonizando determinada emisora, a la que llamamos presente y luego cambiamos la aguja en el dial y sintonizamos otra emisora llamada un momento del pasado y a continuación otra a la que llamaremos un momento del futuro. Ese saltar como un cangurito gentil, utilizando la expresión que tanto te gusta, de una emisora a otra, de forma totalmente aleatoria debería ser posible si la existencia fuera algo parecido a la radio y las diferentes frecuencias o a las emanaciones del Águila, de Castaneda, sintonizadas al mover el punto de encaje. Y si no lo fuera deberíamos cambiar de teoría y formular otra. Ahora bien, si aceptamos que esto sucede en el sueño, y de ahí que los sueños sean tan extraños y confusos, no debería existir obstáculo para que también sucediera en el mundo de la vigilia. Y de hecho sucede, aunque estamos tan centrados en escuchar nuestra emisora favorita, el presente, que a menudo nos pasan desapercibidas ciertas circunstancias que conocemos muy bien, tales como ponernos a pensar en un ser querido fallecido y emocionarnos tanto como si el hecho de su fallecimiento acabara de ocurrir, y así es, en efecto, porque hemos sintonizado la emisora del acontecimiento pasado y estamos sintonizados con lo que ocurrió en aquel momento, pasado si lo miramos desde el presente, pero presente si sintonizamos la emisora del pasado.

Nuestros diferentes “yoes” son uno solo, si bien, digamos, que a cada momento sintoniza una emisora distinta y de ahí que tengamos la impresión de que nuestro “yo” va evolucionando, viajando en el tiempo y cambiando en ese viaje. De esta manera podemos sintonizar la emisora de nuestra infancia y vernos con un cuerpo infantil, viviendo determinadas experiencias, y luego sintonizamos la emisora de nuestro presente y nos vemos con un cuerpo adulto, viviendo experiencias de adulto. La razón por la que nuestros cuerpos son tan distintos, tanto que bien podríamos considerarlos personas distintas si no estuvieran unidas por el vínculo de la consciencia, es muy sencilla: nuestros cuerpos forman parte de la frecuencia de onda, de la emisora que sintonizamos, quien sintoniza es una personalidad que no cambia, es nuestra consciencia que permanece inalterable, solo que “viendo diferentes películas en la pantalla de nuestra mente”. Diremos pues que todo lo que cambia forma parte de la frecuencia de ondas que sintonizamos en determinada emisora temporal y que todo lo que no cambia es nuestra verdadera personalidad, nuestra consciencia.

Esta división de nuestra verdadera personalidad en compartimentos-estanco o emisoras es una necesidad imperiosa de nuestra consciencia que aún no ha alcanzado el nivel espiritual necesario para lograr una expansión casi infinita de consciencia sin tener que recurrir a la locura. Utilizando una metáfora gastronómica que te gusta mucho, podríamos decir que cuando una boca, un aparato digestivo, no puede tragarse entero un salchichón, lo vamos partiendo en rodajitas para que al irlas comiendo, una tras otra, tengamos tiempo para masticar y digerir. Algo así es nuestra vida en el tiempo, una forma de escuchar la programación de una emisora concreta e ir aprendiendo lo necesario para que pueda llegar el momento de mover la ruedita de emisora en emisora y hacernos una idea más clara de todo lo que está pasando en el éter, es decir, en el universo.

Esta vinculación de nuestros “yoes” como si fueran emisoras de radio que sintonizamos solo cuando así lo deseamos y tras un costoso proceso de “sintonización” nos permite permanecer en nuestro “yo” presente el tiempo necesario para asimilar lo que nos está pasando aquí y ahora sin tener que estar preocupados o “anegados” por lo que nos sucedió en otro tiempo. Si nuestra memoria no estuviera dividida en compartimentos-estanco de alguna manera “reventaríamos” de emociones, buenas y malas. Su intensidad nos volvería locos. Es el traslado en el tiempo el que permite “aflojar” la vinculación con un acontecimiento y verlo desde una distancia suficiente para que no nos haga daño. Por eso hay una frase popular, que tú conoces muy bien, que dice que el tiempo todo lo cura. Al aflojar la vinculación con el “yo” y con el acontecimiento podemos pensar en ello sin sufrir la espantosa angustia, pongamos por caso, que nos embargó cuando sufrimos un acontecimiento especialmente trágico.

Pero por hoy basta, en otra carta intentaré explicarte un poco más de este complejo entramado vinculatorio que son nuestras vidas. Nos vinculamos con la realidad, con el pasado, el presente y el futuro, nos vinculamos con los demás, y con todas estas vinculaciones vamos tejiendo nuestras humildes vidas.

Que la paz profunda esté contigo.

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