CITAS DE KRISHNAMURTI IV

30 09 2013


LIBERTAD

Pero mirar, ver, escuchar sin esta conciencia ‑un salir, un avanzar en el que no existe el recibir‑ es el movimiento total de la libertad. Este avanzar no tiene un centro, un punto, pe­queño o extenso, desde el cual moverse; así es como se mueve en todas las direcciones sin la barrera del tiempo‑espacio. Su escuchar es total, su mirar es total

ATENCIÓN

Este movimiento es la esencia de la atención. En la atención están contenidas todas las dis­tracciones, y entonces no hay distracción. Solamente la concen­tración conoce el conflicto de la distracción. La conciencia toda es pensamiento expresado o no expresado, pensamiento verbal o en busca de la palabra; el pensamiento como sentimiento, el sentimiento como pensamiento.

PENSAMIENTO

El pensamiento jamás está quie­to; la reacción que se expresa a sí misma es pensamiento, y el pensamiento a su vez multiplica las respuestas. De este modo la belleza es el sentir expresado por el pensamiento, y el amor está aún dentro del campo del pensamiento. ¿Hay amor y belleza dentro del cerco del pensamiento? ¿Hay belleza cuando hay pen­samiento? La belleza y el amor conocidos por el pensamiento son los opuestos de la fealdad y el odio. La belleza no tiene opuesto, ni lo tiene el amor.

La esencia del pensamiento es ese estado en el que no hay pensamiento. Por mucha que sea la hondura y la amplitud a que el pensamiento pueda ser segui­do, éste siempre permanecerá siendo poco profundo, superficial. El cese del pensamiento es el principio de esa esencia. El cese del pensamiento es negación, y lo que es negativo no tiene medios positivos; no hay método ni sistema para terminar con el pensamiento. El método, el sistema es un modo positivo de abordar la negación, y es así que el pensamiento jamás puede encontrar su propia esencia. Para que la esencia sea, el pensa­miento debe cesar. La esencia del ser es el no‑ser, y para «ver» la profundidad del no‑ser, uno debe estar libre del devenir. La li­bertad no existe si hay continuidad, y aquello que tiene con­tinuidad está atado al tiempo. Cada experiencia ata la mente al tiempo, y es la mente que se halla en un estado de no‑experi­mentar la que percibe todo cuanto es esencia. Este estado en que ha llegado a su fin todo cuanto sea experimentar, no es la pará­lisis de la mente; por el contrario, es la mente aditiva, la mente que está acumulando la que decae y se marchita. Porque el acumular es algo mecánico, es repetición; el negar para adquirir y la mera adquisición son ambos repetitivos e imitativos. La mente que destruye de modo total este mecanismo de acumu­lación y defensa, es una mente libre y, por lo tanto, el experi­mentar ha perdido su significación.

HECHO

Entonces existe el hecho y no la experiencia del hecho; la opinión acerca del hecho, su evaluación, su belleza y no-belleza, son la experiencia del hecho. Experimentar el hecho es negarlo, es escapar de él. El experimentar un hecho sin pen­samiento ni sentimiento es un suceso de gran profundidad.

LA ESENCIA DEL PENSAMIENTO

Era la esencia de lo profundo. La esencia del pensamiento es ese estado en el que no hay pensamiento. Por mucha que sea la hondura y la amplitud a que el pensamiento pueda ser segui­do, éste siempre permanecerá siendo poco profundo, superficial. El cese del pensamiento es el principio de esa esencia. El cese del pensamiento es negación, y lo que es negativo no tiene medios positivos; no hay método ni sistema para terminar con el pensamiento. El método, el sistema es un modo positivo de abordar la negación, y es así que el pensamiento jamás puede encontrar su propia esencia. Para que la esencia sea, el pensa­miento debe cesar. La esencia del ser es el no‑ser, y para «ver» la profundidad del no‑ser, uno debe estar libre del devenir. La li­bertad no existe si hay continuidad, y aquello que tiene con­tinuidad está atado al tiempo. Cada experiencia ata la mente al tiempo, y es la mente que se halla en un estado de no‑experi­mentar la que percibe todo cuanto es esencia. Este estado en que ha llegado a su fin todo cuanto sea experimentar, no es la pará­lisis de la mente; por el contrario, es la mente aditiva, la mente que está acumulando la que decae y se marchita. Porque el acumular es algo mecánico, es repetición; el negar para adquirir y la mera adquisición son ambos repetitivos e imitativos. La mente que destruye de modo total este mecanismo de acumu­lación y defensa, es una mente libre y, por lo tanto, el experi­mentar ha perdido su significación.

LA NATURALEZA DEL HECHO

Entonces existe el hecho y no la experiencia del hecho; la opinión acerca del hecho, su evaluación, su belleza y no-belleza, son la experiencia del hecho. Experimentar el hecho es negarlo, es escapar de él. El experimentar un hecho sin pen­samiento ni sentimiento es un suceso de gran profundidad.

LA CONCIENCIA

La conciencia no puede contener la in­mensidad de la inocencia; puede recibirla, pero no proseguirla ni cultivarla. La conciencia toda debe estar quieta, sin desear, sin buscar y sin perseguir en modo alguno. Sólo cuando hay quietud en la totalidad de la conciencia, puede surgir eso que no tiene principio ni fin. La meditación es el vaciado de la conciencia, no con el propósito de recibir, sino que es el vaciado de todo esfuerzo por alcanzar algo. Debe haber espacio para el silencio, no el espacio creado por el pensamiento y sus activi­dades sino el espacio que adviene por la negación y la des­trucción, cuando nada ha quedado del pensamiento y sus pro­yecciones. Sólo en el vacío puede haber creación.

La copa no es solamente la forma, el color, el diseño, sino que es también ese vacío que hay dentro de la copa. La copa es el vacío retenido dentro de una forma; sin ese vacío no ha­bría copa ni forma. Nosotros conocemos la conciencia por los signos externos, por sus limitaciones de altura y profundidad, de pensamiento y sentimiento. Pero todo esto es la forma exte­rior de la conciencia: por lo exterior tratamos de encontrar lo interno. ¿Es esto posible? Las teorías y especulaciones carecen de significación; de hecho, impiden todo descubrimiento. Par­tiendo de lo exterior tratamos de encontrar lo interno, desde lo conocido exploramos con la esperanza de encontrar lo descono­cido. ¿Es posible investigar desde lo interno hacia lo externo? Conocemos el instrumento que investiga a partir de lo externo, pero ¿existe un instrumento que, desde lo desconocido, pueda investigar en lo conocido? ¿Existe? ¿Y cómo podría existir? No puede. Si lo hubiera seria reconocible, y si es reconocible está dentro del área de lo conocido.

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