LAS FARSAS DE CONTROL II

23 10 2013

bajaautoestima

FARSAS DE CONTROL II

Si ciertas farsas de control son disculpables, como es el caso de los bebés que deben llorar hasta desgañitarse para que a la madre y a las personas que le cuidan no les quepa la menor duda de su necesidad, y en el caso de los adultos también podría ser disculpable la mentira para evitar el férreo control y manipulación del semejante (la mentira es una poderosa farsa de control que veremos en otro capítulo), lo cierto es que toda farsa de control en el mundo adulto genera problema tras problema y no resuelve ninguno. Hoy vamos a ver una de las más frecuentes, socorridas y efectivas, a pesar de su uso y abuso.

LA FARSA DE CONTROL DE BAJAR LA AUTOESTIMA DEL OPONENTE

Siguiendo con la metáfora del partido de tenis podríamos decir que la técnica de bajar la autoestima al contrario sería utilizar los defectos del oponente para lanzarle pelotas envenenadas. Si sabemos que le va peor el lado derecho que el izquierdo, allí le van las pelotas, si no domina el revés, pelota al revés, si no tiene fondo físico… pues a hacerle correr todo el partido.
La estrategia de la farsa de control para bajar la autoestima del contrario es muy parecida. Todos tenemos defectos, no hay ser humano que sea perfecto. Si bien en el evangelio el maestro Jesús nos pedía que “fuéramos perfectos como nuestro padre celestial es perfecto” lo cierto es que estamos muy lejos de la perfección, quien no cojea ve mal de un ojo o tiene un poco de chepa o tartamudea… y los hay que parecen reunir todos los defectos a la vez. Pues bien, bajar la autoestima al oponente no es difícil, basta con fijarse en sus defectos de carácter más sobresalientes y hablar de ellos. Es curioso pero es habitual entre los que utilizan con frecuencia esta farsa de control que no se conformen con su lengua viperina o su habilidad para el histrionismo o la pantomima, necesitan público que les jalee. Es como si en un partido de tenis un jugador se burlara del contrario y se lo señalara al público, como diciendo: ¡Veis que tonto es este “gachó”!
Cuantos más espectadores le animen y abucheen al contrario… pues más presión para el oponente y mejor le pinta al farsista de turno. Es por eso que muchos “profesionales” no tienen empacho en utilizar esta farsa con otro en público. Los “no profesionales” huyen de se indiscretos y procuran que el partido se juegue en la intimidad, en casita.
Esta farsa de control se utiliza tanto en el primer círculo de las personas queridas como el segundo de “los conocidos y ya es bastante” o incluso en el tercer círculo, el de los desconocidos. Hay quienes son capaces de utilizarla al segundo siguiente de serles presentada una persona. Ya comienzan a decir en voz alta y sin la menor vergüenza que el otro es esto o es lo otro. Si se lo ha presentado una persona querida del primer círculo son capaces de comentar en voz alta, para que el otro se entere “bien enterado” de que le sobresale demasiado la nariz o le bizquea un ojo. Las personas queridas que no son profesionales de estas farsas se sienten avergonzadísimas y procuran que la otra persona les presente a muy pocos desconocidos. Ya les han dicho un millón de veces que no soportan que hagan esos comentarios en voz alta, pero que “si quieres arroz Catalina”, no hay manera, repiten y repiten la farsa de control hasta encender de rabia a quienes procuran ser discretos.
El argumento que suelen emplear estos descarados es más o menos éste: “Yo no soy un hipócrita, digo lo que pienso, no ando por ahí poniendo paños calientes, si uno es bizco le digo que es bizco y si tuerto que es tuerto”. Claro que parece que no quieren darse cuenta de una ley elemental de la física: donde las dan las toman. En un partido de tenis podríamos decir que si te han mandado una bola al cuerpo, con toda intención, donde más duele, tu podrás tener serias dificultades en devolver la pelota y el punto será del otro, pero hay muchos puntos en un juego y se la guardas… ¡vaya si se la guardas!

LA FARSA DE CONTROL EN EL PRIMER CÍRCULO

Todos hemos visto algunos programas televisivos, comedias sobre parejas o matrimonios, donde el marido le dice a la esposa, por ejemplo, que es una foca y ella le responde que él es un tortugo, un hipopótamo y un rinoceronte a la vez. Claro que es un diálogo metafórico y ficticio, aunque no se aleja mucho de la realidad. La peleas matrimoniales, las broncas, están sembradas de farsas de control para bajar la autoestima al contrario. Tu eres… y tú más… y el doble… y el triple… Esto es muy común en la infancia, lo que significa que los adultos en realidad no evolucionamos tanto como nos gusta pensar.

Mi hija Sara, para quien va un cariñoso besito por si se le ocurre leer esto, llama a estos diálogos, “diálogos de besugos” y con toda razón. No sé quién inventaría la frase pero la verdad es que lo bordó porque los peces no hablan, se lanzan burbujitas unos a otros, burbujitas que estallan y no pasa nada, el agua sigue tan tranquila y los demás peces ni se inmutan, pero hay que jugar el partido de tenis, pelota tras pelota, a ver si el otro termina agotado y pidiendo la hora.

A mí me sucede en mi relación de pareja y a todo el mundo (si hay alguno al que no le suceda que se ponga en contacto conmigo porque quiero saber el truco). Cuando tu pareja te echa en cara esto o aquello, que puede ser verdad y muchas veces lo es, no te limitas a tomar la pelota del suelo, guardarla en el bolsillo y decirle: “punto, juego, set y partido, tú ganas”. No, no hacemos eso, tenemos que seguir ese estúpido juego del peloteo. Le respondemos que ella es esto o es lo otro y que basta ya de pedirnos que cambiemos si ella no cambia y… Estos partidos son interminables, agotadores y nadie gana y todos pierden, hasta el perrito que pasaba por allí y que puede recibir una patada perdida si se descuida.

Es común en la pareja y entre hermanos y padres e hijos y primos y tíos y… Aquí todo el mundo gusta de jugar, a ver si da muchos pelotazos y no recibe ninguno. Lo que suele pasar es que de tanto pelotazo mandamos al otro al tercer círculo y él nos manda a nosotros y nos comportamos como dos desconocidos, y no nos hablamos, ni nos miramos, y procuramos que uno esté en el polo norte y el otro en la Antártida, o lo que es lo mismo, que uno esté en el salón y el otro en la cocina, uno en el retrete y el otro en el dormitorio. Lo cierto es que estés donde estés siempre hará un frío que pela porque el ambiente es gélido, realmente gélido.

Como esta farsa de control se las trae, dejaremos el tema por hoy y hablaremos más y mejor del “gobierno” en próximos capítulos. Buscaremos sus mecanismos, quiénes la utilizan, cómo, para qué y sus efectos devastadores. La solución es casi siempre la misma: “punto, juego, set, partido, tú ganas, la bola queda en mi terreno, concretamente en mi bolsillo, pero no quiero seguir con el partido, esto se acabó-yseacabó-yseacabó y ya está”. Es la única forma de que el maldito partido se acabe de una vez.
Continuará.

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