Cómo tratar a un enfermo mental II

21 12 2013

CÓMO TRATAR A UN ENFERMO MENTAL II

CÓMO TRATAR A UN ENFERMO MENTAL QUE SUFRE UNA CRISIS AGUDA DE SU PATOLOGÍA

-Hay algunas leyendas urbanas sobre el enfermo mental que deberíamos intentar echar abajo de una vez: El enfermo mental no es más agresivo que las personas “normales”. Si se hiciera una estadística seria y científica sobre los enfermos mentales que agreden físicamente a otras personas de su entorno y que incluso llegan a causar su muerte y una estadística sobre personas “normales” que agreden físicamente y causan la muerte de sus semejantes, descubriríamos que el enfermo mental es bastante menos agresivo que las personas “normales”. El enfermo mental es más empático, más sensible y siente terror a causar daño a los demás porque sabe muy bien lo mal que se siente él cuando los demás le causan daño. Es esta sensibilidad excesiva la que crea graves problemas al enfermo mental siempre preocupado por su imagen y porque los demás no se sientan heridos por sus palabras o por su conducta. Esto genera ideas obsesivo-compulsivas e intensifica su patología.

CUÁNDO EXISTE PELIGRO DE SER AGREDIDO POR UN ENFERMO MENTAL

-Habitualmente un enfermo mental no agrede físicamente y existen muchas menos posibilidades de ser agredido por un enfermo mental en cualquier momento o circunstancia de las que existen cuando enfadamos a una “persona normal” en una discusión y ésta pierde el control. Hay muchas más personas que sufren lesiones físicas debido a personas “normales” que han perdido el control que a enfermos mentales que no controlan lo que hacen. Es cierto que los enfermos mentales son menos estadísticamente que las personas “normales” aunque no se crean que la diferencia es tanta a favor de la normalidad. Si tienen curiosidad pueden buscar en Internet las estadísticas de enfermedad mental en las poblaciones y se darán cuenta de que hay un porcentaje muy elevado de enfermos mentales en cualquier sociedad y en cualquier país. Enfermedades tan comunes como la depresión asolan a nuestra sociedad.

-Para que un enfermo mental pueda llegar a agredir físicamente se tienen quedar estas circunstancias: Que sufra una severa patología y haya dejado la medicación; que no tenga el apoyo ni el cariño de sus seres queridos o familiares, que esté sufriendo un acoso psicológico constante en su entorno laboral o social y que haya entrado en un delirio que le puede ocasionar una doble personalidad. Es cierto que cada enfermo mental es un mundo como cada persona “normal” tiene su carácter, por eso no se puede generalizar. Pero a mismas circunstancias y parecido carácter es más fácil que nos agreda una persona normal que un enfermo mental.

-¿Qué protocolo seguir para evitar agresiones de un enfermo mental? Lo mismo que con una persona “normal” seguimos un protocolo que puede ser intentar calmar al agresor, contemporizar y sino es posible buscar ayuda o huir y llamar a la policía, con un enfermo mental deberemos tener en cuenta estos pasos en el protocolo.
Observar y ser consciente de si el enfermo mental está descontrolado y puede estar sufriendo delirios. En ese caso la agresión no se producirá de inmediato sino que llevará un tiempo. Hay que tener en cuenta que un enfermo mental, incluso en pleno delirio, no agredirá a no ser que le provoquemos.
Tener en cuenta que el cariño y la bondad siempre funcionan con cualquier persona y mucho más con un enfermo mental que es más sensible a estos sentimientos. No debemos burlarnos de él, ni darle la razón como a un loco aunque esté delirando, nadie pierde tanto la consciencia como para no darse cuenta de lo que esté haciendo el otro, ni la doble o múltiple personalidad implica que sean agresivas y los actos de agresividad se produzcan sin más, sin previo aviso, toda personalidad tiene una forma de ser y un carácter y una determinada conducta.
Si hablar funciona se le debe hablar con cariño. Si no funciona mejor es estar callado. No se le debe llevar la contraria con ironía o agresividad, aunque tampoco es bueno dar la razón sin más, como a un loco, porque los enfermos mentales, salvo que hayan sufrido una erosión brutal e irremediable de su mente, no son locos.
Si somos familiares o personas que convivimos con el enfermo mental nunca tendremos que enfrentarnos a una agresión física a no ser que no sintamos afecto por el enfermo y ni siquiera nos preocupemos de observar su conducta y evolución. Si lo hemos hecho habremos tenido tiempo más que suficiente para notar sus cambios de conducta y para poner remedio antes de que se produzca una crisis aguda e incontrolable. Hay que tener en cuenta que el internamiento forzado de un enfermo mental es el último paso que debe darse y solo cuando no han funcionado los anteriores. Como dijo Asimov en una de sus novelas, la violencia es la estrategia del incompetente. Una persona competente solo llega a la violencia al final de un larguísimo recorrido, cuando está en juego su supervivencia. Internar a la fuerza a un enfermo mental es ejercer violencia sobre él porque deberemos plantearnos si antes hemos dado todos los pasos o somos unos incompetentes y tenemos que dejar el problema en otras manos.
El internamiento y la incapacitación solo son aceptables en casos muy concretos, muy agudos, en mentes que sufren un gravísimo deterioro. El internamiento puede ser una solución en una crisis aguda sino hemos conseguido nada en las etapas anteriores y el terapeuta que trata el enfermo así lo aconseja. La incapacitación es un paso gravísimo que solo debe darse cuando el deterioro psíquico del enfermo le impide ser autónomo para regir su vida durante largos periodos de tiempo. Un enfermo mental que conserve la consciencia y un importante control sobre sí mismo no aceptará nunca la incapacitación total y legal de cara a su convivencia social y solo sentirá odio hacia quienes le incapacitan, hacia sus familiares, personas que le cuidan y todos los que han intervenido en su incapacitación. Por lo tanto es un paso muy grave que solo debe tomarse tras meditar mucho y cuando se ha llegado a la conclusión de que no existe otra fórmula para conseguir que el enfermo mental esté controlado y tenga alguna posibilidad terapéutica de mejorar, tal es el caso de drogadictos o enfermos con severas patologías y grave deterioro mental que les ha llevado a conductas que pueden dañar a los demás y generar graves daños en sí mismos, como puede ser el caso de graves intentos de suicidio o la ingestión de drogas o alcohol que pueden acabar y pronto con su salud física o psíquica.

PROTOCOLO PARA ACTUAR EN LAS CRISIS AGUDAS, PREVENTIVAMENTE Y CUANDO YA SE HAN PRODUCIDO

-Salvo que el enfermo mental sea ya un demente y haya perdido de forma absoluta la consciencia y la razón, hay que tener en cuenta que el enfermo que sufre una crisis es consciente de lo que le sucede. Por lo tanto el tratarle como a un animal o a un delincuente es lo peor que se puede hacer.
-Cuando se observan síntomas de que se acerca una crisis aguda hay que extremar la observación, el cariño, los intentos de comunicación. Hay que procurar que el enfermo vaya al terapeuta voluntariamente y que siga tomando la medicación. Es imprescindible que intensifique los ejercicios que ha aprendido en yoga mental o con otra técnica de control mental. Estas técnicas son absolutamente imprescindibles en el caso de prevención de las crisis agudas y con posterioridad, para su recuperación. Mientras se sufren también pueden ayudar a combatir el delirio si el enfermo acepta practicar sencillos ejercicios de respiración y de relajación. No es fácil pero si el enfermo ha estado asistiendo a cursillos y practicando estas técnicas su crisis no le impedirá intentarlo, aunque no es fácil.

COROLARIO

Un enfermo mental no es un desahuciado. Incluso en los casos más graves de deterioro mental y psíquico la esperanza nunca debe perderse. Recordad que no somos solo cuerpo, no somos solo vehículo, y por lo tanto no deberemos plantear llevar al “desguace” a nadie. Dentro del cuerpo, del vehículo, hay un conductor, un espíritu, un alma, una chispa divina, que es inmortal, cuya consciencia nunca se deteriora de forma irreversible. Por lo tanto, salvo que un deterioro mental haya afectado al soporte, al “hardware” de forma irrecuperable, todo conductor puede volver a tomar las riendas de su vehículo, de su cuerpo. Incluso en los casos más graves de trastornos de la personalidad siempre es posible acceder a la personalidad original a través del yo interno, del alma o del espíritu, que siempre es sólido, que posee una naturaleza divina. Si la medicina puede llegar a descartar un vehículo porque no existen posibilidades actuales de ser reparado, con el yo interno, el espíritu o alma, nunca se deben adoptar estas posturas drásticas. El yo interno puede estar sufriendo situaciones kármicas o puede haberse perdido en aventuras peligrosas, dejándose llevar por pasiones egoístas, exacerbadas por la droga o por una intensidad desmesurada de deseos de placer, pero siempre es recuperable a través del amor y de las técnicas mentales que nos permiten vincularnos a la mente y al yo interno de las otras personas.

Es muy importante que los familiares se mentalicen de que ellos no pueden curar al enfermo ni obligarle a seguir un camino de curación y terapia, la persona es un mundo individual, independiente y libre, sino quiere curarse nunca se curará, si está sufriendo graves lecciones kármicas puede que el sufrimiento no sea evitable. Es durísimo aceptar la posibilidad de que un enfermo mental no quiera curarse y de que su deterioro mental esté cercano a lo irreversible, pero es ley de vida, lo mismo que cuando un ser querido sufre una grave enfermedad, tal como el cáncer, solo nos queda ponernos en las manos de Dios y alcanzar el milagro a través de la meditación, la mejor forma de unirse a la divinidad.

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2 responses

9 10 2016
Gloria villafuerte Guzman

Me gustaría q me oriente y me aconseje yo trabajo cerca a dos enfermas mentales medicados y una de ellas me ostiga diariamente ya no se q hacer

9 10 2016
Slictik

Estoy de viaje ya te contestaré a mí vuelta puedes ir leyendo los textos de esta sección

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