CURSILLO DE YOGA MENTAL 2-16

26 02 2014

CURSILLO DE YOGA MENTAL SEGUNDA ETAPA, CLASE DIECISÉIS

Saludo budista

Hoy haremos como siempre los ejercicios de calentamiento de taichí, algunos de energetización de kriyayoga, repasaremos el segundo pase mágico de Castaneda para iniciar en próximas clases el tercero y haremos algunos estiramientos y alguna posturita de yoga. Es básico que en casa hagáis algo porque una clase a la semana no es suficiente para que estos ejercicios hagan su efecto. Estamos buscando recargarnos de energía, equilibrarla y hacer que nuestro cuerpo se haga sensible y consciente a la energía. Lo mismo que sabemos cuándo tenemos que comer o beber, porque el cuerpo nos lo pide o cuándo estamos enfermos porque el dolor es una señal de alarma que nunca cesa, la sensibilidad a la energía es tan fundamental que sin ella nunca alcanzaremos ni una buena salud física ni tampoco psicológica, mental o espiritual. Nos hemos acostumbrado a considerar como normales todas las molestias que arrastramos en nuestra vida cotidiana, desde el insomnio y la falta de descanso en el sueño hasta esos malestares que nos acompañan a lo largo del día como si formaran parte del hecho de estar vivos. En realidad por el hecho de vivir no tenemos por qué soportar el dolor, el malestar constante de algo que no va bien, el malhumor, la tristeza, la depresión, la agresividad, el desequilibrio emocional, la visión trágica de la vida… La mayoría de las cosas que funcionan mal en nosotros se deben a que la energía no fluye bien, derrochamos mucha energía en cosas que no merecen la pena, bloqueamos los canales o nadis y solo advertimos un comienzo de dolor articular o que ya no estamos tan alegres como hace un minuto o que nos vamos sintiendo más y más cansados conforme transcurre el día. Aceptar todo esto es como morirnos de sed, pensando que estamos en un desierto y que el terrible sol en lo alto acabará con nosotros cuando en realidad estamos a la sombra, en la terraza de nuestra casa, con el botijo lleno de agua fresquita a nuestro alcance. Si pasmos sed es porque queremos, si permitimos que la enfermedad se apodere de nosotros, que el malestar y el dolor nos acompañen toda la vida es porque así lo queremos, porque nos han convencido de que el viaje en el tiempo conlleva ineludiblemente erosión, deterioro, dolor, agotamiento… Tenemos a nuestra disposición toda la energía del universo, el no disfrutar de ella es cosa nuestra, no echemos la culpa a quien diseñó todo esto, porque no fue así, la tristeza que embarga nuestra alma no es causada por el hermoso día de sol que estamos contemplando sino por lo que hemos dejado anidar en nuestro interior.

PRANAYAMA Y MANTRAS

No estamos trabajando mucho con la respiración porque es una técnica muy delicada y yo no soy un maestro que la domine. No obstante tenemos que hacernos conscientes de que la respiración es fundamental en nuestro esquema energético y que no podemos estar sanos, vitales, ni conseguir elevarnos a través de las técnicas de yoga mental sin una buena respiración. Los principios básicos son muy sencillos y ya los hemos visto: respiración profunda, diafragmática, de la que seremos conscientes poniendo un libro pesado sobre nuestro ombligo cuando estamos en postura de relajación y comprobando si sube y baja con naturalidad o no se mueve; respiración rítmica, centrándonos en ella hasta que se haga automática; respiración a través de las fosas nasales, alternando; respiración cada vez más profunda reteniendo el aliento al menos ocho o diez segundos e ir aumentando conforme nuestra capacidad pulmonar nos lo permite; respiración positiva inspirando por la nariz y manteniendo la respiración y respiración negativa, inspirando, espirando y manteniendo una vez hemos expirado. Existen numerosas técnicas de pranayama que podemos encontrar en los libros, pero no es conveniente profundizar demasiado en las más complejas sin un maestro que nos esté vigilando y supervisando. El prana o energía vital entra en nosotros a través de la respiración, respirar en la naturaleza aire puro, practicar allí pranayama, acostumbrarnos a hacer ejercicios de respiración en cuanto notemos un desequilibrio de energía (dolor, depresión, malestar) nos ayudará extraordinariamente a sentirnos dueños de nosotros mismos y libres como mentes, espíritus y cuerpos.

En cuanto a los sonidos vocales o mantras podemos experimentar cuanto queramos con las vocales, sonidos bajos y agudos, uniendo consonantes a vocales, haciendo escalas musicales…No obstante deberemos tener muy en cuenta que todo sonido nos está influyendo y que lo mismo que el ruido de una moto que pasa a escape libre por nuestra calle mientras estamos durmiendo puede hacer que nos despertemos con un intensísimos malestar, una reiteración de sonidos, de mantras, sin hacernos sensibles a sus efectos en nosotros, pueden llegar a causarnos ciertos problemas como ligeros vértigos, sensación de que la cabeza se nos va, de que nos sentimos demasiado raros como si la realidad se difuminara y no pudiéramos palpar las cosas… Cada mantra o sonido influye en un chakra y genera unos efectos, experimentar con ellos no es malo, pero abusar es como hiperventilarse o jugar con la respiración, trae consecuencias, como dice la frase popular: no juguemos con las cosas de comer.

Hoy haremos una escala de sonidos, desde los más graves a los más agudos, con las vocales. Es interesante que logremos encontrar nuestro propio sonido, el tono que más nos afecta y el mantra o sonido vocal que más nos influye. También es interesante que cada vez lo hagamos mejor y nos perfeccionemos. Necesitamos respirar bien, mantener el aliento y lanzar el sonido hacia el velo del paladar, haciendo que retumbre nuestra cabeza, nuestro cráneo. Cuando hacemos bien un sonido o mantra lo notamos inmediatamente porque toda nuestra cabeza retumba y hasta nuestro cuerpo, es como si pudiéramos palpar la vibración, como si estuviera en el aire, como si arrojáramos una piedra al agua y viéramos con nuestros ojos los círculos que se forman.

EJERCICIOS DE RELAJACIÓN, CONCENTRACIÓN Y VISUALIZACIÓN

Durante estas últimas clases os he estado dando algunos ejercicios para aumentar la concentración y la visualización, para que nos sirvan de guía en el camino de la meditación y nos permitan controlar nuestra mente. Debo deciros que estos ejercicios no son para llevar a rajatabla ni tienen unas cualidades intrínsecas que a cualquiera le producirán un efecto intenso. Se trata de conocer las nociones básicas de la técnica para que luego cada uno busque la suya propia y trabaje con las que más se armonizan con su forma de ser, su carácter, su forma de pensar…

En mi caso he ido buscando, conociendo y experimentando técnicas a lo largo de mi vida. Algunas las he abandonado porque no me iban bien o no notaba sus efectos o me sentía a disgusto con ellas. En cambio otras me han ayudado mucho y se han ajustado perfectamente a mis necesidades. Con el tiempo he ido confeccionando yo mismo algunas técnicas aplicadas a mi forma de trabajar con la mente y que me resultan mucho más divertidas, atractivas y positivas que otras confeccionadas por otros.

Cada cual debe encontrar aquellas técnicas que le resulten más sencillas de practicar y le den mejores resultados. No existe una técnica clave que todo el mundo debería conocer y practicar. Eso sí, los principios de cómo funciona nuestra energía, cómo funciona nuestra mente y nuestros chakras, los consejos que nos dan los maestros que nos han precedido en el camino, deben ser tenidos en cuenta porque de otra forma estaremos dando palos de ciego constantemente. Necesitamos aprender a respirar, necesitamos técnicas que nos permitan hacer acopio de energía y equilibrarla, necesitamos algo que centre nuestra mente o ésta seguirá saltando como una cabra loca de abismo en abismo.

Debo confesar que una de las razones fundamentales por las que me siento tan a gusto con las técnicas que don Juan Mathus enseñó a Carlos Castaneda es porque yo también necesito superar algunas debilidades esenciales de carácter que me llevaron a la enfermedad mental y a sufrir constantes problemas en la vida. Una de esas debilidades, tal vez la mayor en mi caso, es la autocompasión. Ese estado permanente de compadecerme a mí mismo. Cuánto sufro, no me merezco lo que me pasa, no entiendo por qué me suceden a mí estas cosas y no a otros, pobrecito de mi, qué habré hecho yo para merecer esto, me están castigando desde arriba. Debo poner cara compungida a ver si los demás se apiadan de mí y Dios desde el cielo me echa un cable… Esta letanía, esta serie de monsergas, me hicieron un terrible daño. Yo soy bueno, soy un niño bueno, por qué sufro tanto, por qué todo me sale mal, por qué precisamente yo he sido castigado con la enfermedad mental cuando soy una buena persona, creyente, espiritual, bondadoso con todo el mundo… Al final acabas llorando de lástima por ti mismo y compadeciéndote y desesperándote, yo nunca superaré esto, me dejaré llevar y que la muerte me acoja, no merece la pena vivir así, sufriendo de esta manera…

Una de las cosas que más me sorprendió y atrajo de los libros de Castaneda fue la forma expeditiva y asombrosamente efectiva con la que el chamán don Juan Mathus fue consiguiendo que Castaneda dejara de compadecerse. La estrategia del guerrero impecable es clave para alcanzar este logro. Haces lo que tienes que hacer en cada momento y confías en que desde arriba te echen una mano, pero no te lamentas, no pataleas, no lloras, no maldices tu mala suerte ni a los que desde arriba están controlando nuestras vidas. No te preguntas la razón por la que te está sucediendo esto o aquello por la que eres un enfermo mental y en cambio el resto de tu familia, de tu entorno anda por ahí, pimpante, como si no les ocurriera nada. Podríamos buscar razones y tal vez las encontraríamos, en el karma, en nuestra propia decisión al reencarnarnos. A mí me conmovió lo que el maestro Jesús le dice a Mateo que tiene un hijo discapacitado en el último libro de la serie Caballo de Troya de Juanjo Benitez. Cuando le dice que no debemos despreciar ni compadecer a estas personas porque son unos auténticos héroes, porque han elegido venir aquí con esta enfermedad para generar amor en su entorno, para conmover sus conciencias, para no dejarles indiferentes e insensibles, para que se puedan hacer preguntas sobre el sentido de la vida. Ya en mis relatos esotéricos hablo de esa posibilidad, de que al reencarnarnos decidamos por nosotros mismos padecer una determinada enfermedad o sufrir determinadas circunstancias dramáticas en nuestras vidas. Aceptamos algún tipo de misión cuando bien podríamos pasar de ella. Es un acto heroico como le dice el maestro Jesús a Mateo para consolarle. Es un párrafo de Caballo de Troya verdaderamente conmovedor.

Puede que hayamos elegido esto, puede que hayamos aceptado una misión o puede que estamos sufriendo las consecuencias kármicas de nuestros actos en vidas pasadas, no importa, estamos aquí y esto es lo que hay. No sirve de nada compadecerse y lamentarse. La autocompasión nos debilidad y nos hace caer por un tobogán acolchado hasta el fondo del abismo. Cuando os oigo en las recapitulaciones lamentándoos una y otra vez de que vuestros estados de ánimo no mejoran, de que vuestras patologías os siguen machacando, pienso en que yo ahora mismo estaría igual que vosotros si no hubiera tomado la senda del guerrero impecable. Nada más fácil para mi que encamarme cuando me siento mal y dejar que pase el tiempo, decidir que ya he sufrido demasiado, que me he esforzado demasiado, que estoy harto y dejarme llevar. Pero eso no solucionaría nada, regresaría a mis primeros estadios de enfermo mental. Dejaría de trabajar, me encerraría en mi mismo, despreciaría toda ayuda, buscaría la muerte…El camino hacia el abismo es sencillo, solo hay que dejarse llevar en la caída. Algunos días estoy mal, tan mal como vosotros o aún peor, pero actúo como un guerrero impecable, hago lo que tengo que hacer a cada momento y no me compadezco, no busco la compasión en los demás, no lamento que para un día que tengo bien debo sufrir un mes de estados de ánimo depresivos y fóbicos. No me quejo de que en determinadas circunstancias todo me salga mal y de que mis esfuerzos no sirvan para nada. No me digo que tal vez otros en mi lugar ya habrían conseguido publicar libros o ser escritores famosos o llevarían una vida muelle y agradable. Estoy aquí, mi vida es lo que es y lo único en que pienso es hacer lo que tengo que hacer, ahora, no ayer o mañana o dentro de un momento, ahora.

Cuando los enfermos mentales se repiten una y otra vez que no se merecen lo que están pasando, que sus esfuerzos son inútiles, están cayendo en la autocompasión que no sirve de nada. Cuando sus familiares se desesperan y se hunden pensando que no pueden ayudarles y que mejor hundirse con ellos que están bien, están cayendo en la autocompasión. Si no puedes hacer nada por otro, porque es el otro quien debe tomar decisiones, al menos no te hundas, no permitas que la vida de otro, que las decisiones de otro acaben con tu vida. Estás aquí para hacer lo que tienes que hacer en cada momento y tomar decisiones por los demás y salvar sus vidas no es lo que tienes que hacer, eso no te corresponde a ti.

EL AJEDREZ MENTAL

Adoptáis la postura de relajación y escucháis la música y los sonidos elegidos para hoy y vamos a trabajar otro poco con el ajedrez mental. Como os he dicho es una técnica inventada por mí y que me sirve a mí. Puede que a algunos os resulte más sencilla que la del punto de luz o puede que no o puede que ninguna de las dos. Cada cual debe buscar su propia técnica y experimentar con ella.

El sentido del ajedrez mental es lograr despertar la parte lúdica de la mente y hacer que se entretenga mientras nosotros pasamos el mal momento de la emoción incontrolada debida a un acontecimiento o un problema que nos está afectando. Una vez que hemos analizado un problema y tomado la decisión que nos parece mejor, seguir insistiendo en el análisis y dudando si deberemos hacer esto o aquello es entrar en un bucle mental que nos agota, que nos hace perder energía y que nunca mejora las posibles soluciones a nuestros problemas. Por ello es mejor entretener a la mente en un juego que permitirle que nos destroce con el maldito bucle: creo que me he equivocado al pensar que… creo que no he tenido en cuenta que… creo que tal vez si pensara más en ello encontraría una solución mejor… Sabemos que no es así, mejor que la mente se entretenga con un juego inocuo que nos lleve una y otra vez al problema. No es sencillo pero si nos mentalizamos de que tener a la mente en un tablero virtual de ajedrez no es peor que tenerla dando vueltas al mismo problema una y otra vez, e incluso es mucho mejor, porque no nos agota tanto, seguro que este juego no nos parecerá una pérdida de tiempo.

Visualizamos el tablero de ajedrez ante nosotros, cuadros negros y blancos luminosos, ocho cuadros por cada lado. Está vacío. Nuestra mente, el puntito de luz, llega allí y se traslada por el tablero virtual, juguetona..Vamos a darle algo con lo que entretenerse, porque esto está demasiado vacío. Colocamos la torre blanca en a1, ya sabemos que la primera fila ante nosotros, tiene clave alfabética, de la “a” a la “h”. Ocho letras. Que las filas que parten verticalmente tienen clave numérica, del 1 al ocho. Estamos en a1, en la esquina izquierda. Colocamos la torre, la visualizamos, le damos la forma que deseemos.

LA TORRE EN EL AJEDREZ DE LA VIDA

Este ajedrez mental nos permitirá visualizar nuestras conductas en la vida y diseñar estrategias de guerreros impecables. ¿Cómo funciona la torre? Los jugadores de ajedrez sabemos que la torre se mueve siempre en línea recta, directa, hacia delante, hacia atrás, a la derecha o a la izquierda. Esta es una facultad de nuestra mente (cada pieza del tablero del ajedrez es una facultad de nuestra mente) que nos impulsa a actuar de forma lineal y directa. No es que sea malo. No es malo intentar atajar un problema de una forma directa y drástica. Pero esto tiene su lado negativo. Ahora que el tablero está vacío nos podemos mover directamente a donde queramos, por ejemplo a “d1”. Bien ya estamos allí, hemos alcanzado la meta sin problemas, pero no siempre es así, diría que nunca es así salvo que el tablero esté vacío y en el tablero de la vida el tablero nunca está vacío.

Para movernos a otro sitio, para alcanzar una meta tendremos que superar a otras piezas que están en nuestro camino. No podemos hacer como el caballo que salta por encima de ellas. Y si nos enfrentamos a otras piezas solo podemos “comerlas” o huir de ellas, no hay otra alternativa. De esta forma, funcionando como torres en la vida, solo encontraremos dos opciones, “comer” masacrar al prójimo o huir de él.

Antes de abandonar la figura de la torre vamos a realizar otro pequeño ejercicio con ella. Por un lado nos servirá como una pieza de la estrategia en la vida del guerrero impecable, y por otro nos ayudará para empezar a recordar vidas pasadas. Hacemos que la torre crezca, como una torre de castillo medieval, la adornamos como nos parezca oportuno, entramos… Y en lugar de ascender por la escalera de caracol, como el otro día, vamos a descender a los sótanos, las mazmorras. Lo hacemos con cuidado, no utilizamos la vista porque todo está oscuro y porque es el sentido que más nos ata al presente y nosotros queremos retroceder en el tiempo, hacia nuestras vidas pasadas. Utilizamos la palma de la mano izquierda para apoyarnos y recibir sensaciones de las paredes. Bajamos sin buscar nada, abiertos, pasivos. Recibimos sensaciones y las procesamos sin más. Nos estamos entrenando para un viaje hacia el pasado, en busca de nuestras reencarnaciones. Llegamos al sótano y caminamos por el piso de piedra. Nuestras palmas tocan las puertas de los calabozos. Recibimos sensaciones de personas que estuvieron allí, sufriendo tormento. Nos pueden parecer imaginaciones, fantasías nuestras, y tal vez lo sean. Con el tiempo aprenderemos a distinguir la fantasía de lo que podría ser una realidad de una vida pasada. Nos vamos a centrar en el dolor o las molestias que sintamos en nuestro cuerpo. Lo mismo que las enfermedades, los dolores físicos, dejan una huella en nuestro cuerpo –la cojera por la rotura de una pierna, la falta de un dedo en una mano debido a un accidente- que retorna a nosotros de acuerdo a ciertas circunstancias, así, como es mi caso, cada vez que cambia el tiempo o debido a otras circunstancias comienza a molestarme el tobillo derecho que me rompí en mi juventud. El cuerpo tiene una memoria especial para estas cosas, como le dice don Juan a Castaneda. A través de esta memoria del cuerpo podemos despertar viejos recuerdos porque si bien la memoria del cuerpo desaparece al morir y destruirse, el cuerpo astral, un remedo perfecto de nuestro cuerpo físico, retiene esa memoria, el cuerpo de luz recuerda lo que le sucedió a los diferentes cuerpos físicos que habitó. A través de estos dolores o molestias, despertando la memoria del cuerpo de luz, vamos a recordar las primeras escenas de nuestras vidas pasadas. Es más fácil recordar a través del dolor que del placer, como advertiremos con el tiempo. Es más fácil recordar el día en que falleció nuestra madre, pongamos por caso, que el día en el que probamos por primera vez un plato de marisco, por ejemplo, y nos pareció exquisito.

MEDITACIÓN SOBRE LA JUVENTUD
Estamos de nuevo fuera de la torre. La achicamos. Estamos en el tablero virtual. Vemos la torre blanca en la esquina, ahora vamos a colocar un caballo blanco a su lado, en la casilla b1. Observamos que el movimiento del caballo es muy distinto al de la torre. El caballo puede saltar por encima de otras figuras, puede saltar por encima de los obstáculos, pero no lo hace de forma directa, lineal, el caballo se mueve en forma de “L”, es decir si movemos dos casillas en línea recta, luego tendremos que mover una hacia un lado u otro, si movemos una casilla en línea recta, luego tendremos que mover dos hacia un lado u otro. La facultad maravillosa de saltar por encima de los obstáculos va unida en el caballo a la complicación de su movimiento, que nunca es directo, nos resulta complicado pensar el movimiento, es como si el subconsciente tomara las riendas y se moviera fuera del alcance de nuestra lógica.

Esta es otra facultad de nuestra mental, una facultad no lineal, que si bien nos permite saltar por encima de obstáculos, lo hace siempre de una forma compleja, enrevesada, siguiendo una estrategia complicada de seguir. Esto nos ocurre cuando alcanzamos soluciones a nuestros problemas a través de la intuición, de la meditación o de los sueños. Nunca sabemos cómo hemos superado el obstáculo y por qué ahora estamos en esa nueva casilla, pero el subconsciente nos ha llevado hasta allí.

Ya tenemos dos piezas en el tablero, iremos aprendiendo a que nuestra mente funcione no solo con una pieza sino con muchas, la estrategia requiere que haya muchas piezas en movimiento. Por hoy dejaremos el ajedrez mental y nos preparamos para la meditación que será breve porque nos hemos centrado más en los ejercicios de concentración y visualización.

De nuevo tenemos el puntito de luz frente a nosotros, nos damos la vuelta y miramos hacia atrás puesto que vamos a retroceder hacia el pasado. Lanzamos el punto de luz en medio de la oscuridad, hacia atrás. Nos encontramos con otros puntos de luz de nuestro pasado que como ya vimos son hitos de los acontecimientos más importantes e impactantes en nuestra vida. Llegamos al final de la adolescencia. En la meditación anterior ya vimos cómo fue nuestra adolescencia y las razones de que fuéramos tan “raros” entonces, las hormonas, el descontrol emocional, el miedo al sexo, un instinto poderoso que nos controlaba, el miedo a la muerte… Ahora estamos al final de la adolescencia, entrando en nuestra juventud, tenemos 16, 17 o 18 años. Hemos superado la fase del crecimiento físico, las hormonas están más tranquilas y eso nos permite funcionar con más calma. Nos planteamos nuestro futuro y buscamos tres cosas esenciales para un joven: un trabajo o futuro económico, relacionarnos con los demás, con nuestros afines, el grupo o la pandilla, y la satisfacción del deseo sexual, si es posible a través del hallazgo de nuestra media naranja, el complemento perfecto. Estas tres metas serán básicas en el comportamiento juvenil: su inserción en la sociedad, el apoyo del grupo o pandilla y la relación con el otro sexo, a la busca de la satisfacción sexual y del encuentro del alma gemela. Pero por hoy lo vamos a dejar. Ya profundizaremos en ello en otra meditación.

Lanzamos el punto de luz hacia el futuro que ya es presente, nos encontramos con el punto de luz delante de los ojos, lo calmamos, disminuimos su tamaño y dejamos que regrese de nuevo al interior de nuestro cráneo, a su hogar, la glándula pineal. La mente ha tomado contacto con las terminaciones nerviosas de nuestro cuerpo, percibe su peso, el contacto con el suelo, nos movemos como siempre para despertar. Abrimos los ojos y ya estamos aquí y ahora.

RECAPITULACIÓN

Aunque hablar de lo que nos sucede es muy importante para los enfermos mentales, también es cierto que a veces nos molesta o intensifica nuestra angustia. Lo esencial es que tengamos un control por parte exterior de nuestra conducta. Entrar en delirio o permitir que nuestra mente nos conduzca a donde ella quiera es sencillo para el enfermo mental, siempre dispuesto a fugarse de la realidad para no sufrir. Por ello hablar de ello a alguien, no solo al terapeuta, es esencial. A veces los terapeutas insisten demasiado en determinadas terapias o métodos que nos hacen sufrir inútilmente. Entonces debemos ser nosotros los que propongamos otro tipo de terapia y otros controles o pautas. El terapeuta es sabio en el sentido teórico, porque ha estudiado una carrera universitaria y tiene un título, también es sabio porque ha tratado a muchos enfermos y conoce muchas patologías, pero tal vez le falta algo importante: si no ha sido enfermo mental y no tiene una excesiva empatía tal vez tenga problemas para ponerse en la piel del enfermo y saber qué le pasa. Ningún terapeuta, ningún maestro es perfecto y lo sabe todo, ni sabe cómo nos sentimos en cada momento ni experimenta lo que nosotros experimentamos con la medicación la terapia o al enfrentarnos a los problemas de nuestra vida. No es conveniente enfrentarnos nunca a un terapeuta porque sus conocimientos y su ayuda nos serán imprescindibles, pero tampoco podemos ser tan ingenuos de verlo como un dios o el sumo sacerdote de la divinidad. A veces se equivocan y nos hacen mucho daño. De nuevo hay que insistir en que el enfermo mental debe transformarse en un guerrero impecable, hacer lo que tiene que hacer, y seguir su propio camino hasta lograr sino la curación, al menos una alta calidad de vida. Un guerrero impecable no rechaza nada ni acepta todo porque si, cada momento es único y cada momento tiene su estrategia. Tal vez debamos replantearnos un poco lo de la recapitulación para conseguir que no se convierta en una rutina que permita pasar desapercibidos ciertos síntomas importantes. Pensaré en ello.

SALUDO BUDISTA
QUE LA PAZ PROFUNDA ESTÉ CON VOSOTROS

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2 responses

26 02 2014
26 02 2014
papus21

Esta es la música de relajación que no pude incluir en el texto.

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