CURSILLO DE YOGA MENTAL 2-18

12 03 2014

CURSILLO DE YOGA MENTAL
SEGUNDA ETAPA/CLASE DIECIOCHO

Saludo budista

En clase vamos alternando con los ejercicios de calentamiento de taichí, de energetización de kriyayoga, los pases mágicos de Castaneda, estiramientos, posturas de hatha yoga y todo lo que nos venga bien, pero debemos mentalizarnos de intentar también hacerlos en casa, no todos al completo porque nos llevaría mucho tiempo, pero sí aquellos que mejor nos vengan para nuestra situación energética y de ánimo en cada momento. Mentalizarnos de que la energía es como el alimento, imprescindible y que lo mismo que adecuamos nuestra dieta a nuestras necesidades debemos adecuar a cada momento el trabajo con nuestra energía.

PRANAYAMA Y MANTRAS

El trabajo con la respiración debe formar parte esencial de nuestros ejercicios. Deberemos aprovechar las salidas a la naturaleza para respirar bien y en cada momento del día adecuar la respiración a nuestras necesidades energéticas, existen diferentes respiraciones y no siempre una respiración profunda es la mejor a un determinado momento, conseguir prana para nuestras necesidades energéticas es fundamental, pero a veces una respiración negativa, por ejemplo, nos ayudará más a curar un catarro o una gripe que una respiración profunda. Lo importante es que en cada momento seamos conscientes de que la respiración nos va a solucionar mejor nuestros problemas mentales, emocionales o psíquicos que la voluntad de superar cualquier problema. La respiración nos vincula con el universo y con todas las energías espirituales y vitales que son como corrientes marinas en el infinito océano cósmico.

Hoy trabajaremos con los mantras AUM Y OM porque son los que mejor van a desarrollar el sexto chakra. Ya tenéis las fotocopias, como siempre, para comenzar a trabajar con él. Es un trabajo lento y constante, se trabaja utilizando los aromas adecuados, los ejercicios de reiki o de yoga físico, los mantras adecuados, contemplando colores, escuchando la música más adecuada. Pueden pasar meses hasta que comencemos a notar algunos efectos y años hasta que el desarrollo del chakra se haga evidente, pero eso es algo que no debe desalentarnos. En la vida a veces daríamos todo porque la persona de la que nos hemos enamorado nos correspondiera. Cuando el trabajo con los chakras comience a dar sus frutos daremos por buenas las horas y horas que hemos empleado en ello. Un enfermo mental aceptaría los sacrificios más duros si le pudieran garantizar que van a curarle o al menos a lograr que su calidad de vida suba muchos enteros. El trabajo con los chakras lo garantiza, pero como sucede en el atletismo de elite el trabajo debe ser constante y cada entrenamiento proporcional a lo que se pretende conseguir.

RELAJACIÓN Y MEDITACIÓN

Vamos a tumbarnos en la postura de relajación y vamos a hacer una relajación completa y profunda, como hacíamos al principio. La atención de la mente centrada en cada parte del cuerpo la va a relajar y a conseguir desbloquear la energía en los nadis o canales y que circule con fluidez. Hoy vamos a hacer un trabajo de meditación profundo e importante y vamos a necesitar estar muy relajados. Mientras nos relajamos nos vamos deteniendo en cada chakra y recordando los ejercicios que hicimos y a qué corresponde cada uno y los efectos de su desarrollo en nuestra evolución espiritual o las consecuencias negativas que tiene su bloqueo y falta de desarrollo.

Nuestra mente va dejando de tomar contacto con lo que nos rodea, incluso la vinculación con el cuerpo a través del sistema nervioso se va haciendo cada vez menos consciente. Vamos a salir de nuestro cuerpo y a realizar una misión de ayuda espiritual. Dejar nuestro cuerpo no es lo mismo que bajarse de un coche, por ejemplo. Todo cambia al salir del interior y tomar contacto con el suelo. Ya no podemos alcanzar ciertas velocidades o no podremos disfrutar de ciertas prestaciones o ya no tendremos necesidad de estar atentos a por dónde va el coche. Ahora son las piernas las que nos mueven y nuestra atención se dirige a otras cosas, por ejemplo al cruzar el paso de peatones o al orientarnos. Según dónde estemos nuestras conductas deben modificarse, según con quién estemos también.

La mente unida al cuerpo actúa en la dimensión física o material donde las leyes son las que son y no pueden ser superadas o cambiadas salvo que sepamos hacerlo y utilicemos otras leyes para contrarrestarlas, lo mismo que un avión está sometido a la ley de la gravedad pero ésta es contrarrestada por el poder de sus motores y el equilibrio que proporciona sus alas y su diseño. La mente unida al cuerpo tiene un ritmo, utiliza los sentidos físicos para que le llegue información, recibe lo que el cuerpo físico le da, sea lo que sea, y sus posibilidades de aislarse de la realidad estriban básicamente en la imaginación, la fantasía, el bloqueo de estímulos. Cuando nuestra mente está fuera del cuerpo está en otra dimensión, la dimensión mental o astral o espiritual, aquí las leyes que rigen son distintas y la mente debe adaptarse a ellas. La mente fuera del cuerpo es mucho más rápida y llega a tiempos y espacios vedados al cuerpo que debe someterse a leyes físicas que dicen que no podemos retroceder en el tiempo o adelantarnos al tiempo presente o recorrer grandes distancias en poco tiempo si no tenemos los medios adecuados… La mente fuera del cuerpo tiene unas increíbles facultades, pero también tiene serios obstáculos a los que enfrentarse y corre graves riesgos y peligros. Fuera del cuerpo la mente está indefensa frente a pensamientos y emociones, tanto propios, como ajenos. Si alguna vez nos hemos despertado de un sueño en mitad de la noche, notaremos que la realidad física nos afecta menos que durante el día y que la realidad mental, onírica o de nuestra mente nos afecta mucho más, así las ideas obsesivo-compulsivas que nos dejan un poco en paz durante el día, cuando estamos muy ocupados, en esos momentos se hacen tan intensas y fuertes que no somos capaces de enfrentarnos a ellas. Un problema, visto al despertarse de un sueño por la noche, cuando aún seguimos en terreno de nadie, puede cobrar formas de monstruo todopoderoso, y en cambio visto durante el día su monstruosidad disminuye y su forma se hace más natural.

Al desprenderse el cuerpo físico nuestra mente tiene que estar preparada para moverse en otra dimensión. Hoy vamos a llegar hasta la pineal y a formar la puerta luminosa, como hacíamos antes. Cruzamos y nos encontramos en la gran llanura oscura. Estamos en otra dimensión, las leyes son distintas, si pensamos en una persona su mente estará a nuestro lado y la nuestra a su lado, entraremos en contacto y de esta manera estaremos más pendientes de nuestros pensamientos sobre esa persona que sobre lo que deseábamos hacer. Nuestras emociones son motores poderosos que nos llevan de acá para allá, como si fuéramos aviones en viaje a alguna parte. Lo que vamos a hacer hoy exige nuestra máxima concentración.

MEDITACIÓN SOBRE EL 11-M

Hoy vamos a formar de nuevo nuestro grupo de ayuda espiritual. La misión que se nos encomienda nos supera, por eso nos ayudará Milarepa. Vamos a formar un círculo energético, uniendo nuestra manos. Milarepa se sitúa en el centro, nos hace el saludo budista, inclina la cabeza, y nosotros respondemos, nos tomamos de las manos y visualizamos cómo nos movemos en el aire hacia la izquierda, luego hacia la derecha. La rotación crea campos energéticos que transmitimos hacia el centro, hacia Milarepa. Hoy vamos a transmitir mucho amor y a centrarnos en lo que estamos haciendo de forma especial.

Milarepa abre una puerta dimensional, como una pantalla de cine, y nos trasladamos a un lugar, hace justo diez años. Vamos a viajar en el tiempo y el espacio. Estamos en la estación de Atocha, tal día como hoy, hace 10 años. Es muy pronto por la mañana. Observamos a los viajeros que se mueven por la estación, bajando de trenes o subiendo a ellos. Milarepa nos lleva, levitando formando el círculo hacia los andenes y nos conduce por una vía al encuentro de un tren que llega.

Nosotros sabemos ahora que es uno de los trenes en los que va a estallar una o varias bombas y en los que van a morir o resultar heridos un gran número de personas. Estamos reviviendo la tragedia del 11-M. Lo que sucedió una vez no se pierde para siempre, como al tirar una piedra al océano, luego ya no sabemos dónde encontrarla, ha desparecido de nuestra consciencia para siempre. Las paredes físicas que nos separan, las paredes temporales que separan el día de ayer del día de hoy, son ficticias, esto es el velo de Maya. El velo de Maya nos hace creer que no se puede retroceder en el tiempo o que no podemos trasladarnos de un lugar a otro sino es a través de los medios físicos habituales. En realidad nuestra mente, nuestra psiquis, nuestra alma, es tan poderosa que va arrastrando a nuestro cuerpo físico de un día a otro, de un lugar a otro, en un viaje espacio-temporal que llamamos vida. Ayer no es hoy y mañana no será ayer. Pero esto solo es posible cuando nuestra mente, nuestra alma arrastra a nuestro cuerpo físico a través de la dimensión espacio-temporal. Cuando estamos fuera del cuerpo el tiempo es el que nosotros queramos que sea, hoy queremos que el tiempo sea un 11 de marzo de hace diez años. Cuando estamos fuera del cuerpo el traslado de lugar físico es instantáneo, pero nosotros lo vamos a hacer a un determinado ritmo, para que nos de tiempo a mentalizarnos sobre lo que vamos a hacer.

Hacia nosotros viene un tren. Milarepa nos eleva y estamos ya sobre él, siguiendo su andar cansino. Milarepa hace que atravesemos el techo y estamos allí, en uno de los vagones. Observamos a los viajeros, son jóvenes, menos jóvenes, mujeres, hombre, niños, cada uno hace lo que hace habitualmente, hay quienes duermen, hay quienes leen, hay quienes miran por las ventanillas. Es un día más en sus vidas, un día que no tiene por qué ser especial. Nosotros sabemos lo que les espera, porque venimos del futuro. Nos encontramos en esa dimensión espiritual con grupos de ayuda que funcionaron en aquel presente, con maestros espirituales que acudieron en ayuda espiritual de quienes iban a fallecer o a sufrir graves lesiones o para llevar consuelo a sus familiares. Ellos sabían lo que iba a ocurrir porque, como nosotros, ya lo habían vivido, ya lo sabían. Nosotros retrocedemos desde el futuro y ellos bajan desde una dimensión espiritual que contiene todos los tiempos y acontecimientos, es como mirar desde arriba con ojos de águila, en realidad ya sabemos lo que va a ocurrir antes de que ocurra.

Cuando se produce una gran tragedia humana las dimensiones espirituales se movilizan para llegar en ayuda de quienes van a sufrir. Ellos ya saben quiénes van a morir o quiénes van a seguir vivos tras un duro sufrimiento, pero su ayuda la envían de la misma manera para todos. No es nuestra competencia decidir quién va a vivir o morir en una tragedia humana. Arriba hay entidades espiritualmente muy superiores y muy poderosas que deciden, de acuerdo a leyes kármicas y a otro tipo de leyes espirituales, algunas conocidas por nosotros o totalmente desconocidas. La vida es una escuela espiritual en la que solo los maestros conocen qué materias se van a dar durante el curso, qué alumno estudiará una materia y qué alumno estudiará otra, cuándo se van a producir los exámenes, cuándo saldrán al recreo y los criterios que obligarán a todos los alumnos durante ese curso.

Para un alumno puede suponer una gran tragedia ser suspendido o expulsado de clase o castigado sin recreo, pero los maestros saben muy bien que eso no es tan importante y que forma parte de la vida en la escuela. Hay alumnos que suspenderán curso y tendrán que repetir, que serán expulsados por un tiempo y solo regresarán cuando se considere necesario. No es lo mismo creer que un suspenso es para siempre y que nos privará de casi todo, que pensar que un suspenso es solo un retardo en el tiempo, que regresaremos a la clase y nos volverán a examinar. No es lo mismo pensar que la muerte es para siempre, que no hay nada más allá de la desaparición del cuerpo físico, que saber que la vida es solo un curso en una escuela. Nos esperan más cursos, más escuelas, nos esperan otras formas distintas de vivir, fuera de la escuela.

Para los que no saben la muerte es demasiado terrible como para plantearse nada más. Cuando un ser querido muere, creen que es para siempre, no lo aceptan, y cuando lo aceptan, cuando pasa el duelo, es como si les hubieran quitado un trozo de corazón, hay un vacío, hay un sentimiento de desesperación. No se merecía morir, nos ha dejado sufriendo. ¿Qué criterios sigue Dios para que unos mueran y otros no? ¿Por qué a menudo quedan los malos y se van los buenos? Puede que nos parezca muy importante saber eso, pero para los maestros que dan las clases, expulsar injustamente a un alumno, cuando lo que se puede conseguir a cambio es dar una dura lección a quienes permanecen en la clase, lección que les ayudará a ser mejores estudiantes, no es algo tan importante. Salir de clase no es una tragedia cuando sabemos que vamos a volver, cuando sabemos que la salida por la puerta no es la desaparición en la nada.

Cuando ocurre una tragedia humana de esta dimensión, todos los grupos de ayuda espiritual, que están fuera del colegio o en otros lugares del mismo colegio, acuden en ayuda. Saben que se van a encontrar con fallecidos por muerte violenta que salen bruscamente de sus cuerpos y se encuentran en esa oscuridad de la que se habla en el libro tibetano de los muertos, cuando el muerto no sabe que está muerto, cuando los monstruos de sus pensamientos y emociones son considerados como terribles monstruos surgidos de algún mundo extraño. Desconocen las leyes de esa dimensión y se empeñan en seguir actuando como en el mundo físico con el resultado de traslados de acá para allá, sufren el vértigo de quien se lanza desde una gran montaña al abismo sin ser conscientes de que tienen alas.

Ayudar a los muertos a ser conscientes de su muerte, a despedirse de sus seres queridos, a aceptar la nueva dimensión a la que han llegado, es una de las tareas de estos grupos de ayuda, que luego dejan que otros grupos más espirituales les ayuden a entrar en la otra dimensión con un cierto equilibrio mental y emocional. Hay quienes se dedican a consolar, a atenuar el terrible sufrimiento de los heridos, a consolar a los familiares que están sufriendo la pérdida. Como es arriba es abajo y como es abajo es arriba, dice el Kybalión. Lo que se hace desde el mundo espiritual no difiere mucho de lo que se hace desde el mundo material cuando se acude en ayuda de quienes han sufrido alguna tragedia.

Nosotros estamos aquí, llegando desde un supuesto futuro, para ayudar. Sabemos que no vamos a salvar de la muerte a nadie, porque quienes iban a morir ya fallecieron, de acuerdo a secretos designios en las alturas. Sabemos que los heridos ya se curaron o se han quedado con secuelas. Estamos aquí para que nuestra energía amorosa se acumule a todo el amor que llega de todas partes y de todas las dimensiones. Ese amor servirá para que se obtengan los resultados materiales y espirituales que se han considerado adecuados en las alturas. Estamos aquí porque estamos vinculados a nuestros hermanos y cualquiera que sufra en el pasado, en el presente, en el futuro, merece nuestro consuelo y nuestro amor. Estamos aquí porque sabemos que el tiempo y el espacio son el resultado del velo de Maya, en realidad todo es uno y no existe el tiempo salvo como escuela espiritual para que los viajeros del tiempo vayan aprendiendo según recorren su camino.

Dejamos que Milarepa lo canalice todo. Los maestros saben lo que se hace. Nosotros damos y dejamos que él distribuya. No dejamos que el espantoso sufrimiento de quienes vivieron en aquel presente la tragedia llegue hasta nosotros con toda intensidad y nos destroce. Ayudar, dar amor, no debe implicar sufrir todo y hasta el final, no nos exige meternos en su piel y sufrir como ellos, no significa que quien no sufre por otro no le ama o no le está ayudando. Solo los grandes maestros espirituales o entidades divinas pueden aceptar todo el sufrimiento de todos sobre sus hombros. Solo ellos están capacitados para la expiación o redención que en realidad no es otra cosa que aceptar el karma de otros y aceptar sus consecuencias y sufrimientos. Se cuenta de algunos maestros espirituales hindúes o tibetanos que han sido capaces de “quemar” el karma de otra persona asumiéndolo en su vida. A nosotros no se nos pide tanto, solo que estemos aquí, un 11 de marzo de hace 10 años, prestando ayuda espiritual, dando amor y energía que Milarepa está canalizando. Otros grupos están trabajando también, en el mismo tren o en los otros trenes. No hay interferencias porque en la dimensión espiritual hay sitio para todos. En la casa de mi Padre hay muchas moradas, dijo Jesús en el evangelio, en la dimensión espiritual hay espacio y tiempo para todos, lo mismo que sucede en el universo cuántico donde una partícula puede estar en varios lugares y tiempos a la vez sin interferir con otras partículas que también tienen su lugar y su tiempo.

Estas tareas de ayuda espiritual en catástrofes o tragedias humanas de grandes dimensiones requieren una especial contribución de quienes participan en ellas y podemos estar recibiendo con mucha intensidad el sufrimiento y el dolor de las víctimas. Por ello hemos utilizado a Milarepa como canalizador y como filtrador. Una vez cumplida nuestra misión seguimos a nuestro maestro que nos eleva y deja que descansemos en regiones elevadas, recibiendo energía y amor. No vamos a detenernos morbosamente en el sufrimiento presenciado. Ahora sabemos que todos pueden recibir ayuda en cualquier lugar y tiempo, pasado, presente o futuro, ahora sabemos que todos estamos vinculados y lo mismo que a veces se nos premia, sin saber muy bien por qué, tal vez méritos de otros que nos han cedido su recompensa, a veces nosotros tenemos que sufrir para disminuir el sufrimiento de otros.

Milarepa se despide de nosotros agradeciéndonos este trabajo. A veces el simple hecho de pensar en alguna tragedia ocurrida hace tiempo, de sentir compasión por quienes la sufrieron, de llorar y rezar por ellos, es suficiente para que sin saberlo estemos participando en estos grupos de ayuda. Nosotros, como grupo de yoga mental, hemos decidido formar parte consciente de estas misiones de ayuda espiritual. Nos despedimos de Milarepa con el saludo budista y regresamos a nuestros cuerpos en la forma que ya hemos aprendido a hacer.

RECAPITULACIÓN

La semana pasada os puse el deber de pensar en vuestra muerte, en haceros conscientes de que todos somos mortales y todos moriremos. Esto no es un simple ejercicio morboso, tiene pleno sentido. Don Juan le decía a Castaneda, que se imaginara que la muerte estaba tras de él, con la palma de su brazo derecho apoyada en su hombro izquierdo. Esa muerte era real y su presencia y su contacto le permiten al guerrero impecable saber que nada es para siempre y que la importancia de todo es relativa desde la perspectiva de la muerte. Quienes hemos vivido experiencias cercanas a la muerte sabemos muy bien cómo cambia una vida, cómo todo lo que pensábamos antes se desmorona y tenemos que comenzar desde el principio. Hasta los dogmas más sagrados, las aparentes verdades evidentes, dejan de serlo al contacto con la muerte y solo nos queda edificar otra vez desde cero, comenzar por los cimientos y construir otra casa sabiendo muy bien que será provisional y que mañana puede desaparecer.

La enfermedad mental tampoco es una tragedia tan formidable desde la perspectiva de la muerte. La muerte es más terrible que cualquier enfermedad mental o tragedia vital. Si todos vamos a morir, el hecho de estar enfermos o de estar tristes o de vivir de tal o cual manera es secundario. Nadie se lleva con él su salud más allá de la línea roja que existe entre vida y muerte, tampoco se lleva riquezas ni se lleva nada que no sea su ser espiritual, la chispa divina que hay en su interior y para la que todas estas cosas no tienen la menor importancia, son como las lecciones que aprendemos en la escuela, las memorizamos, aprobamos el examen y dejamos la escuela para realizar otras tareas en el largo Viaje en el tiempo como viajeros temporales.

Para la semana que viene me gustaría que intentarais vivir con toda intensidad cada instante, como si fuerais a morir mañana. Los despistes son signos de que no estamos viviendo el momento con toda intensidad, tomar nota de los despistes porque serán un claro signo de que no habéis vivido cada momento de ese día con toda intensidad.

Saludo budista

QUE LA PAZ PROFUNDA ESTÉ CON TODOS VOSOTROS Y CON LAS VÍCTIMAS Y FAMILIARES DE QUIENES SUFRIERON LA TRAGEDIA DEL 11-M

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2 responses

19 03 2014
12 03 2014
papus21

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