IN MEMORIAM VÍCTIMAS 11-M 10

17 03 2014

UNA MADRE DEL 11-M

La mujer enlutada se sentó, acercó el micrófono y colocó los folios escritos tras la plaquita de invitada en la Comisión investigadora del 11-M. Tomó un sorbo de agua del vaso que tenía a su derecha y se dispuso a leer un texto que había escrito con su corazón de madre. Las frases políticamente correctas se las había llevado la descarnada muerte, en una carpeta negra que sostenía con su deshuesada mano izquierda, mientras que con la derecha empujaba cariñosamente a su hijo hacia el más allá, de donde nadie vuelve.

La mujer enlutada se llama Pilar Manjón y se ha jurado no desmoronarse hasta que de nuevo se encuentre tras la puerta de su casa, donde no hay cámaras de televisión y el dolor es íntimo, no manipulable por unos o por otros.

Yo soy un espectador que está viendo las imágenes en el telediario nocturno y que luego leerá en la prensa un resumen de su intervención. A lo largo del día escucharé su voz en los boletines horarios de las diferentes emisoras de radio. Puedo intentar comprender su dolor, pero no he perdido a ningún ser querido en la tragedia del 11-M. La diferencia ser un espectador del dolor ajeno y sentir el corazón en la boca es el abismo que me separa de Pilar Manjón.

Su voz se le quiebra en varios momentos de su intervención. El espectáculo de algunos políticos que se arrojan los muertos a la cabeza, que jalean, protestan o aplauden, según el muerto esté en boca de estos o de aquellos, es un espectáculo tan poco edificante que puedo notar la santa cólera de esta mujer entre las astillas de su voz.

Los medios que utilizan las imágenes más morbosas para subir su imprescindible cuota de pantalla, también reciben su amargo merecido. Nadie podrá devolverles a sus seres queridos, pero ellos necesitan saber, saber que se ha hecho todo lo posible para que algo así no vuelva a suceder nunca.

Pilar Manjón termina su intervención y todos tenemos un nudo en la garganta. El tiempo transcurre inexorable y hoy, primer aniversario del 11-M, la sensación de que la sangre de las víctimas ha sido derramada en vano, es más fuerte que nunca. Sí, porque lo queramos o no, están condenadas al olvido, como les ha sucedido a todos los muertos a lo largo de la historia. Si ellos nos están contemplando, desde la imperturbable certeza que da estar del otro lado, donde ya no se puede volver a morir, ya saben que la injusticia de una salvaje muerte temprana está a punto de ser tapada por el velo de la fría estadística. Los millones de muertos del holocausto nazi se les unen, con el rostro inhumanamente matemático del número.

Es la ley de los vivos, que discuten sobre si algunas víctimas han merecido más atención que otras o sobre si los errores de estos fueron mayores que los de los otros. Las voces de los muertos no pueden zumbar en nuestros oídos su lamento, ni consolar, con caricias, a quienes alguna vez les quisieron. No pueden votar en unas elecciones ni contribuir a la economía globalizada. Los muertos del presente son lo mismo que seremos todos mañana: la certeza de que la condición humana no puede llegar más allá de un corto viaje en el tiempo. En el que cada cual ha cumplido su papel: unos de víctimas y otros de verdugos.

Imagino a Pilar Manjón llorando, este primer aniversario, sobre la foto de su hijo. Imagino a todos los seres queridos de las víctimas del 11-M llorando sobre las fotos de sus seres queridos. Imagino a todos los seres queridos de las víctimas de la violencia llorando sobre las tumbas de sus muertos. Imagino cómo sería la humanidad si los verdugos aceptaran que una vida, segada por sus manos, no puede servir de moneda de cambio para comprar otra cosa que no sea el demoniaco rostro del odio.

Imagino que algún día las voces de los muertos nos hablarán y entonces todos sabremos que, aunque el dolor estará siempre agazapado en algún recoveco de la memoria, la esperanza de una evolución espiritual de la especie humana confortará nuestros corazones. Imagino que habrá que instituir un Portavoz de los muertos, como ahora hay un defensor del pueblo o del menor. El Portavoz de los muertos sería una especie de sacerdote que uniría el abismo que separa el más allá del más acá. Un puente que nos elevaría hacia una nueva consciencia planetaria.

Mientras esto llega las voces de los muertos solo pueden ser oídas por almas sensibles que esconden la antorcha del amor en sus corazones, para que todos, vivos y muertos, tengamos un poco de luz en nuestro camino a través de la noche, donde las huellas de nuestros pasos solo pueden ser vistas por quien todo lo ve.

IN MEMORIAM VICTIMAS 11-M. PRIMER ANIVERSARIO.
QUE VUESTRA SANGRE NO HAYA SIDO DERRAMADA EN VANO.

Anuncios

Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: