IN MEMORIAM VÍCTIMAS 11-M 11

17 03 2014

11-M, DÉCIMO ANIVERSARIO

Todo lo que he subido hasta ahora está escrito hace ya muchos años, por eso quisiera escribir algo actual y retomar, si me es posible, aquella serie de relatos que me vi obligado a dejar porque el dolor era demasiado intenso.

Nada me gustaría más que poder volver atrás y convertir aquella tragedia en una simple pesadilla de la que podría despertarme en cualquier momento, o en una repugnante película violenta que olvidas al salir del cine o en una ficción creada para conmover al lector sensible y que ambos, autor y lector, olvidan después de haberla escrito o leído. Nada me gustaría más que subir ahora al desván, poner música y hacer los ejercicios de energetización de Yogananda y olvidarme de todo, pero no es posible.

He subido al desván y he buscado la carpeta donde hace diez años guardé los recortes de los periódicos con los datos del 11-M, especialmente los referentes a fallecidos, heridos y familiares. La enorme conmoción de aquella brutalidad demoniaca despertó la chispa divina que reside en mi interior, como en todos, en palabras de Milarepa, se agitó muy dentro, como las hojas de un árbol bajo el huracán, y me impulsó a hacer una promesa, casi un juramento, de escribir tantos relatos como personas brutalmente asesinadas.

Me puse a ello llorando, e intentando intensificar mi empatía, hasta conseguir ponerme en su piel y sufrir lo que ellos sufrieron. Al cabo de un tiempo lo dejé porque el sufrimiento era tan intenso que decidí darme un respiro. En el primer aniversario escribí el último relato y desde entonces he dejado pasar el tiempo, consciente de que el tiempo es solo el velo de Maya que nos oculta la Totalidad, porque somos incapaces de percibir y sentir la infinitud. El tiempo es un don concedido a los mortales para que puedan ir ampliando y extendiendo su consciencia poco a poco. Somos tan finitos y limitados que la infinitud, entrando abruptamente en nuestras frágiles vasijas de barro, a nuestra personalidad e individualidad nos rompería en infinitos pedazos. Por eso no podemos percibir y sentir a Dios, porque nuestras limitadas vasijas no contendrían tanta infinitud y bondad, y como consecuencia la desesperación nos llevaría a desear el regreso a la nada, de la que nos sacó la Infinita Bondad.

Se nos ha concedido el tiempo, se nos ha transformado en viajeros del tiempo, para que podamos ir asimilando toda la infinitud de la existencia, poco a poco, porque de otra forma la visión personal y física de Dios nos llevaría al suicidio y al deseo de la nada. La divinidad no se nos oculta porque no nos ame o porque quiera hacernos sufrir inútilmente, lo hace porque no puede mostrarnos su rostro sin hundirnos en la nada.

El mal, su existencia en un universo bello, hermoso, maravilloso, creado por el amor, es uno de los misterios más profundos e inextricables de la existencia. Nuestras mentes y corazones finitos no pueden comprenderlo. Tal vez sea la causa más clara y poderosa para que personas buenas, bondadosas, espirituales, no sean capaces de aceptar la posibilidad de la existencia de Dios, de un ser infinito y bondadoso. Si Dios existe, y es infinitamente bondadoso, amoroso y poderoso, ¿Por qué no acaba con el mal, por qué nos hace sufrir tanto? Es una pregunta que no he dejado de hacerme desde que adquirí el uso de la razón en la infancia, desde que la chispa divina se uniera al cuerpo animal que se me concedió. No he encontrado la respuesta, pero sí un atisbo de la verdad.

Si el tiempo es imprescindible para que nuestra consciencia pueda ir expandiéndose hasta la fusión con la divinidad, con el Todo, también parece imprescindible que de él brote el mal, como de una fruta podrida. Al fin y al cabo el tiempo es el límite y todo límite nos priva de disfrutar de toda la bondad y felicidad a la que hemos sido destinados. Sin límites no existiría el tiempo y con los límites nace la mortalidad, la ignorancia, el odio, el apego al yo, y de alguna forma misteriosa también nace la libertad. De alguna manera no podríamos ser libres con una consciencia infinita, con un conocimiento absoluto y total. De alguna manera Dios tuvo que hacernos limitados y situarnos en el tiempo, con todo el dolor que eso supone, para que fuéramos libres y pudiéramos libremente elegir fusionarnos con Él.

Esto no explica el misterio del mal, pero de alguna manera nos facilita una razón, una lógica, para que podamos mirar el misterio y no rebelarnos en un grito de absoluta desesperación.

No somos capaces de contener la bondad infinita y tampoco el dolor y el mal absolutos, por eso se nos permite disfrutar a pequeños sorbos de la felicidad y sufrir a traguitos amargos el dolor.

Por eso renuncié a seguir escribiendo sobre el 11-M y por eso retomo mi promesa donde la dejé. Mirando en los recortes de periódicos los rostros vivos de los que luego serían vilmente asesinados, mi fantasía, la imaginación, que es el otro rostro de la empatía y la solidaridad, me permite “ver” a esas personas, contemplándome desde la otra orilla, desde el más allá, como diciéndome:

“César, tienes que sufrir un poco más por nosotros, no porque nuestra limitada personalidad merezca más lágrimas, sino porque la chispa divina que sigue habitando en nosotros, lo exige. Como personas con defectos tal vez no merezcamos tu atención y tu sufrimiento, no formamos en su día parte de tu primer círculo de seres queridos, no estuvimos vinculados, ni siquiera nos llegamos a conocer, pero la chispa divina que habita en nuestro interior, gemela de la chispa divina que habita en tu interior, exige un esfuerzo más.

“Antes o después, en el momento de la fusión con la divinidad, que tanto anhelas, también tendrás que fusionarte con nuestras chispas divinas y entonces seremos tus padres, tus hijos, tus hermanos, tus amantes, esas personas que tú más quieres. Antes o después, al fusionarte con nosotros, en la gran fusión, nos conocerás íntegramente, tal como somos y tendrás que vivir nuestra muerte como parte que fue de nuestras vidas. Dios te lo va a exigir antes de fusionarte para siempre con Él. Por eso te pedimos un esfuerzo más. Tus lágrimas nos lavarán como nos lavó la sangre del cordero. Sabes que el olvido es solo un instinto de supervivencia, pero nosotros necesitamos que se nos recuerde, para que nuestra sangre no haya sido derramada en vano.

“Comprendemos tu miedo al dolor y a tus más bajos instinto animales. Sabemos que el apego a tu ego te pondrá delante fantasías mezquinas y miserables. Sabemos que no deseas utilizarnos para alcanzar metas materiales, tristes y paupérrimas. Siempre has querido ser un escritor, conocido, profesional, consagrado, y no quieres que algo así pudiera ser alcanzado comerciando con nuestra sangre. Pero recuerda que tus errores y debilidades también forma parte de tu naturaleza, de tu existencia. Que el reconocerlos no significa que seas malo, que claudiques ante el mal, no puede controlar tu mente ni tus sentimientos pero sigues siendo libre para decidir y nunca decidirás comerciar con la sangre de los corderos.

“Solo tienes que dejar que la chispa divina que habita en tu interior se muestre y guíe tu vida. Tal vez no puedas vernos a todos sin sufrir en exceso, tampoco te pedimos que escribas sobre todas las víctimas, las del 11-S, las de los atentados de Londres, las víctimas de ETA, las víctimas de todos los atentados terroristas, las víctimas del genocidio nazi, las víctimas del hambre y la insolidaridad humana, las víctimas de las pateras y las alambradas, las víctimas que han regado de sangre el planeta Tierra desde su primer alba. Pero nosotros estamos ahora ante ti, fuimos españoles como tú, residíamos cerca de ti, estuvimos más cerca que otros y como bien sabes el mandato de amar al prójimo es en realidad el mandato de amar al próximo. Tú también pudiste haber subido a aquellos trenes el 11-M. Hubiera bastado una circunstancia nimia que te hubiera llevado a Madrid en aquel momento. Nosotros fuimos elegidos como corderos para que nuestra sangre fuera derramada para abrir vuestros corazones a la luz, pero pudieron haber sido otros. Hubiera bastando con que los terroristas cambiaran el día o la hora o la ciudad, con que hubieran elegido aviones en lugar de trenes o la terminal de un aeropuerto, o un estadio de fútbol. En realidad hubiera bastado el movimiento de una hoja, porque lo mismo que no hay hoja que caiga al suelo sin que nuestro Padre lo permita, también pudo haber permitido tu muerte o la de tus seres queridos. No es que Dios elija degollar a unos para que otros vean la luz, simplemente unos eligen el mal y su elección genera consecuencias.

“Los terroristas no juzgan y ejecutan, los terroristas dejan caer su odio demoniaco sobre cualquier cabeza que esté a su alcance, el 11-M fuimos nosotros, el 11-S nuestros hermanos y mañana podrías ser tú o tus seres queridos, no hay límites para la maldad y el odio. No puedes olvidar y pensar que aquel día no te tocó y ya no te va a tocar nunca, porque la lotería solo toca una vez. Olvidar y callar es comprar boletos para el sorteo, puede que hoy no te toque, pero mañana está en el aire y quien mira para otro lado cuando la sangre de su hermano le salpica ha comprado ya demasiados boletos para el sorteo. Nosotros dimos nuestra sangre, a ti solo te pedimos unas palabras”

Puedo “ver” sus rostros sonrientes, en esos cuerpos de luz, flotando por encima de mi, contemplándome desde otra dimensión, puedo escuchar sus palabras, y soy consciente de que les hice una promesa, un juramento. Tengo una deuda con ellos y con sus seres queridos.

Mientras las lágrimas brotan de mis ojos, mirando esos rostros en el papel soy consciente de que el dolor se intensifica, de que el olvido sería un buen calmante para la angustia, de que escribir una historia divertida, erótica, un thriller, cualquiera de mis historias sería mucho más fácil y divertido, pero a veces hay que hacer lo más difícil para que el olvido no entierre otra vez a las víctimas, para que la humanidad por fin de un pasito hacia adelante en su evolución espiritual, en el reconocimiento de esa fraternidad espiritual que nos vincula a todos. Si nadie recuerda, si nadie da un paso al frente, no podremos esperar que estas tragedias se sigan repitiendo, habrá nuevas bombas, nuevas guerras, seguirán las muertes por hambre e insolidaridad. El mundo no puede ser mejor si todos no somos mejores, si alguien no da el primer paso y dice lo que tiene que decir, aunque eso le haga sufrir. El maestro Jesús se dejó clavar en la cruz, nosotros no estamos preparados para dar ese paso, para la redención y la expiación, pero sí lo estamos para decir una palabra, que es el primer paso, decir dos es el segundo, luego vendrá hacer algo, aunque sea poco, y luego habrá que hacer más, mucho más, porque el camino es largo y doloroso.

El planeta Tierra no puede ser establecido en la luz, en la bondad y el amor si alguien, uno, el primero, no dice la primera palabras. Mientras observo esos rostros en el papel me digo que ellos dieron su sangre, el que yo entregue una palabra no es tanto, es solo una palabra, ellos dieron sus vidas, su sangre su infinito sufrimiento, que gracias a Dios solo duró un instante en el tiempo. Por eso se estableció el tiempo, para que si no podemos disfrutar de la felicidad infinita y absoluta al menos tampoco tengamos que sufrir infinita y absolutamente.

Si no hablas, si nos callas, si nos olvidas, los demonios se harán fuertes y el mal, la oscuridad avanzará unos centímetros, los suficientes para que otros vuelvan a sufrir, tal vez no hoy, pero mañana puede tocarnos a nosotros y a nuestros seres queridos. Los demonios no cejan de tramar sus laberínticas maldades. Siguen en la sombra, acechantes. Todos los ejércitos del mundo no serán suficientes para sacarlos de sus cubiles, ni los programas espías más sofisticados serán útiles para descubrir la maldad oculta que late en sus corazones. No podemos dejar que e instaure el Gran Hermano entre nosotros, no podemos dejar que nos arrebaten la libertad y la dignidad en nombre de las víctimas, de su sangre derramada. Porque ellas no quieren eso. Al menos no es eso lo que me han dicho a mí.

Todos podemos hablar, podemos decirles a estos demonios que su tiempo acabará, antes o después, que ya no pueden esconderse tras disculpas políticas, ideológicas, tras supuestas metas aparentemente muy aceptables, que el tiempo de que el fin justifica los medios ha terminado para siempre. No hay disculpa para la violencia y el terror, para la maldad, no haremos un mundo mejor destrozando cuerpos, angustiando almas, privando del pan cotidiano a nuestros semejantes, refugiándonos en la idea cobarde de que un mundo mejor es imposible, porque solo es imposible lo que no queremos o no nos atrevemos a hacer.

No existe un camino visible ante nuestros ojos, que nos lleve a un mañana mejor, no existe una receta mágica, somos ciegos tanteando en el tiempo. No hay recetas mágicas para evitar las crisis económicas, la desigualdad, la injusticia, para conseguir la felicidad para todos, la solidaridad humana, el amor espiritual, la luz infinita que aleje para siempre la oscuridad. De existir una fórmula esta sería la del amor, pero el amor se manifiesta de mil formas, a veces contradictorias, a veces el amor hace sufrir y se tambalea como un ciego en la oscuridad, como un beodo.

No existe un único camino, ni un camino fácil, no existe el pase mágico que eleve por encima de la maldad y nos haga salir del túnel de la oscuridad. Pero algo hay que hacer, hay que dar un paso al frente, hay que amar ahora, aquí, o mañana explotará otra bomba en un tren o en un avión, o alguien se pondrá a nuestro lado, nos mirará con odio y hará explotar la bomba que llega pegada a su piel.

Mientras escribo estas palabras y miro los rostros den el papel soy consciente de que no soy yo quien las ha escrito, yo no podría escribir algo así. Milarepa ha guiado mi mano y me sonríe mientras trazo los últimos rasgos.

Soy el último entre los últimos, pero hasta el último puede dar el primer paso al frente.

QUE LA PAZ PROFUNDA ESTÉ CON TODOS NOSOTROS

QUE VUESTRA SANGRE NO HAYA SIDO DERRAMADA EN VANO.

QUE ASÍ SEA.

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