IN MEMORIAM VÍCTIMAS 11-M 3

17 03 2014

VÍCTIMAS DEL 11-M SEGUNDA PARTE


LA NOVELISTA

A pesar de su juventud llevaba tiempo escribiendo una novela. La escondía en el fondo de un cajón, para que no lo supiera ni su novio, con el que convivía desde hacía unos meses. Tampoco sus padres estaban enterados de esta afición. Tal vez se avergonzara un poco de que otros supieran que pasaba tanto tiempo en el universo de la ficción. La realidad es lo único que cuenta, parecían decir las conductas de la gente de su entorno.

Dos días antes, al pasar frente al escaparate de una librería, le llamó la atención un libro. Lo estuvo contemplando un tiempo con una extraña aprensión en la boca del estómago. Era de Ernesto Sábato y se titulaba “Abbadón el exterminador”. Finalmente se decidió y entró para comprarlo.

Aquella mañana, en el tren, con el libro de Sábato en el regazo, recordó las delirantes ideas que no dejaban de acosarla constantemente desde que comprara el libro. Alguien la estaba avisando de la trama demoníaca que se entretejía alrededor de su vida. No encontró una respuesta lógica a aquella aprensión. Sin embargo ficción y realidad se fusionaron una décima de segundo después de oír la explosión. Supo, cuando ya era demasiado tarde, que su subconsciente había empleado el truco de la novela de Sábato para darle el último aviso de su vida. Desgraciadamente llevaba algún tiempo intentando no dejarse llevar por la imaginación, no perder pie en la sólida realidad. De otra manera hubiera encontrado la respuesta que necesitaba para salvarse. A veces el destino intenta avisarnos, pero estamos demasiado anclados en la realidad para decidirnos a escuchar su voz.

EL JOVEN ÁRABE

Había nacido en un país árabe. El nacimiento es una elección del destino en la que no tenemos parte. Habida cuenta de lo que iba a suceder, lo mismo hubiera podido nacer en Madrid, donde ahora estaba residiendo.

Sus padres emigraron buscando una salida, igual que hacemos todos, emigrantes en una tierra que no nos pertenece. Él se debatía entre la ancestral cultura de sus padres y la nueva sociedad que le ofrecía tantas cosas agradables. Sentía pasión por los coches deportivos, la velocidad le atraía como atrae a muchos jóvenes que aún no han comprendido que la gran ilusión de los adultos es ralentizar el tiempo.

Quien puso la bomba y él tenían la misma piel, pero no los mismos sentimientos. Por eso no se salvó aquel día, porque los sentimientos son los que unen y no las pieles. El odio no conoce fraternidad alguna, ni de pieles, ni de emociones. El odio terrorista no perdona porque al mirarse en el espejo es incapaz de aceptar la fragilidad de la condición humana. Solo quien se acepta como es, puede comprender debilidades ajenas.

Anuncios

Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: