IN MEMORIAM VÍCTIMAS 11-M 7

17 03 2014

LOS QUE SE QUEDAN

Pude verlo en la pequeña pantalla, en un programa televisivo rememorando el 11-M a los seis meses de la tragedia. Las imágenes lo mostraban en el salón de su casa, un hogar de clase media que desprendía calidez. A su lado sus padres pugnando por mantenerse serenos.

Se encontraba en una silla de ruedas, delgaducho y con la cabeza vendada. Aguardaba el injerto de medio cráneo, que le había volado un terrorista con nombre y apellidos. No costaba imaginarse su viacrucis.

En contraposición a los familiares que clamaban un minuto antes por el olvido, como la única forma de poder seguir viviendo, él, no puedo recordar su nombre, lamentaba el olvido en que estaban sumidas las víctimas unos meses después. Era estudiante y esperaba continuar su carrera en cuanto le taparan ese enorme agujero que le habían dejado en la cabeza.

Intenté ponerme en su lugar. Imaginé el sofá, donde estaba sentado, como una silla de ruedas y toqué mi cráneo, duro, con mis dedos, como si la mitad de mi cabeza estuviera al aire. Los sesos, donde se refugian nuestros pensamientos y emociones, bajo la venda, tan frágiles que el filo de una uña los hubiera perforado. Me sentí mal, con ganas de vomitar, pero continué la visualización. ¿Qué puede esperar de la vida un joven cuando te han arrebatado el futuro de entre tus manos? Puede que éste hubiera sido bueno, regular, malo, muy bueno y hasta muy malo. Pero era su futuro y se lo arrebataron con la facilidad con la que se corta el tallo de una planta.

Somos tan frágiles que damos pena, pero aún así estamos vivos y tenemos derecho a caminar hasta el fin, sea este el que sea. Se puede amar a cualquier persona, pero un hombre con medio cráneo tiene menos posibilidades de ser amado. Somos así de materialistas. Su alma es hermosa pero el futuro que le espera clavado en una silla y con los sesos al aire no es muy atractivo. Tal vez pueda recuperarse y llevar una vida relativamente normal. Sin embargo algo quedará podrido en su alma para siempre. No será fácil confiar en el hermano.

Lo peor del terrorista no es que nos arrebate la vida, sino que hace desaparecer la confianza que tenemos en el otro, en el desconocido. Sin ella la soledad se transforma en un rostro horrible, que nos mira con los dientes afilados.

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