IN MEMORIAM VÍCTIMAS 11-M 8

17 03 2014

EL MEDICO ILEGAL

Un hombre sin papeles está en los sitios porque así lo quiere el destino. Su libertad solo tiene una dirección: la huida. No importa su nacionalidad ni lo que hacía en la estación de Atocha. Oyó la explosión y supo que su presencia era necesaria. Años antes había hecho el juramento hipocrático de intentar salvar vidas humanas allí donde estuviera. Por un segundo dudó si acudir o no. Pronto aquello estaría lleno de policías y un hombre sin papeles sabe que debe de estar siempre muy lejos de cualquier uniforme.

La duda apenas duró un microsegundo. Se lanzó hacia los andenes buscando dónde era más necesario. El espectáculo dantesco le revolvió el alma. Apestaba a pólvora quemada, a sangre vertida y los gritos y gemidos hacían pensar que el tiempo era más que oro, era vida. Apoyado en una columna encontró un guardia de seguridad, se estaba desangrando, su rostro estaba lívido como el de un cadáver, pero mantenía la serenidad a pesar de todo.

Se inclinó sobre él y como médico acostumbrado al diagnóstico rápido supo encontrar la herida y taponarla con lo que tenía a mano. Nunca olvidaría la mirada de agradecimiento de aquel hombre. Pronto llegó el Samur y se hizo cargo del herido. El médico ilegal, al que nadie le preguntó por sus papeles, continuó atendiendo heridos en los andenes. Cuando todo acabó regresó a la estación, recuperó su mochila y en los servicios se lavó y se cambió la ropa manchada de sangre.

Tiempo después, cuando todo el mundo parecía haber recuperado la calma, intentó encontrar al guardia de seguridad que le había dirigido aquella mirada que aún tenía clavada en el alma. Le costó pero pudo dar con él. Se abrazaron como dos almas gemelas e hicieron un tácito pacto de sangre. Serían amigos de por vida.

No sabemos si el médico ilegal obtuvo los papeles. No era familiar de los fallecidos, no entraba en las condiciones legales que se pusieron para que los sin papeles pudieran obtenerlos. Los que ayudaron en aquella tragedia son héroes, menos los sin papeles que siguen siendo anónimos a la busca de un documento que certifique que son personas. Ayuda pensar que tal vez hicieran una excepción con el médico ilegal o que el guardia de seguridad, que le debía la vida, pudiera obtener documentos para su amigo insistiendo aquí y allá. La tragedia de los sin papeles es que no pueden traspasar fronteras con lo puesto, su cuerpo; necesitan papeles que certifiquen que son personas, que comen y beben, que piensan y sienten, sin ellos la economía no puede funcionar, sin ellos el primer mundo perdería sus privilegios económicos y el tercer mundo entraría hasta las puertas de nuestras casas. Por suerte para nosotros siguen siendo personas y los médicos ilegales nos pueden tender una mano cuando nos estamos desangrando.

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