IN MEMORIAM VÍCTIMAS 11-M 9

17 03 2014

LOS PADRES

Estaban desayunando cuando por la radio oyeron la noticia. Al principio no la dieron demasiada importancia. Tal vez se trate de otra de esas bombas fallidas que dejan algún herido y poco más. Pero conforme los datos fueron llegando comprendieron la magnitud de la tragedia y lo que era peor, su único hijo podía estar en uno de esos trenes.

No pudieron terminar el desayuno. Intentaron llamar por teléfono para confirmar si el tren de su hijo estaba implicado. Las líneas telefónicas estaban bloqueadas y todo era un gigantesco caos. Decidieron utilizar su propio coche a pesar del bloqueo en que estaría sumida la ciudad. Se pasaron media mañana de acá para allá intentando encontrar alguien que pudiera informarles. La angustia se hizo irrespirable. Solo les mantenía en pie la esperanza de que su hijo estuviera vivo.

Por la radio oyeron que en los hospitales empezaban a sacar listas de heridos y de fallecidos. Se dirigieron al más cercano. Allí fueron recibidos por una psicóloga, una jovencita que seguramente haría muy poco que habría terminado la carrera. En una sala de espera se derrumbaron y la psicóloga no pudo hacer otra cosa que pasarles el brazo por los hombros y compartir su dolor. Al cabo de un rato les trajo un vaso de agua y un tranquilizante. Les dijo que pidieran todo lo que necesitaran. Ellos respondieron que solo necesitaban una: saber si su hijo estaba vivo.

La jovencita salió a buscar una lista y cuando volvió tenía el rostro pálido y temblaba. Los padres habían facilitado su nombre y apellidos al entrar al hospital, por eso la psicóloga sabía que el nombre de uno de los fallecidos bien podría ser su hijo. No sabía cómo darles la noticia. La madre la intuyó cuando vio lágrimas en sus ojos. Con mano temblorosa puso la lista en una mano firme. Y entonces presenció una escena que no olvidaría el resto de su vida. La madre no tuvo dudas que se trataba de su hijo y compartió su seguridad con su marido. Los padres, en vez de ponerse a llorar o a gritar histéricamente, entraron en un estado catatónico del que tardaron en sacarles varios días.

La jovencita acostumbra a visitarles con frecuencia. Los padres la reciben con cariño, preparan un café y charlan de cosas intrascendentes. La psicóloga cree que acabarán por superar la tragedia, lo que no sabe es que el estado catatónico de su cuerpo se ha trasladado a su alma. Ahora apenas son algo más que robots que siguen haciendo las mismas cosas que hacían antes. La vida no es hacer cosas, sino sentirlas. Por eso aquellos padres no están vivos por mucho que se empeñe la jovencita, que les ha tomado un cariño muy especial.

Anuncios

Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: