CURSILLO DE YOGA MENTAL 2-21

2 04 2014

CURSILLO DE YOGA MENTAL
SEGUNDA ETAPA/ CLASE VEINTIUNO

Saludo budista

Como siempre hacemos una pequeña mezcla de ejercicios de calentamiento de taichí, de energetización de kriyayoga, de estiramientos y seguimos practicando el tercer pase mágico de Castaneda.

Hoy vamos a trabajar también con los ejercicios de equilibrio de energía, utilizando los dedos de las manos para ello. Como sabéis consiste en estirar unos determinados dedos de una mano y otros, distintos de la otra. Vamos cambiando y poniendo mucha atención en ello, porque como observaréis los dedos de una mano y los de otra tienen tendencia a sincronizarse, si estiramos unos dedos en una mano, tenemos tendencia a estirar los mismos en la otra.

Además vamos a juntar las yemas de los dedos de cada mano sin que las palmas se toquen. Hacemos fuerza con los dedos de las manos mientras movemos ambas manos hacia delante y hacia atrás, hacia arriba y hacia abajo.

Aprovechamos para hacer algunos ejercicios con las dos manos. Tomamos las dos manos, entrelazando los dedos, para ello la palma de la mano izquierda que se coloca al lado derecho, mira al izquierdo y la otra al revés. Se entrelazan y volteamos hacia fuera, luego hacia dentro. Repetimos tres veces. Cambiamos la posición de las manos y repetimos el ejercicio.

Vamos a trabajar un poco con palmas y dedos. Nos damos energía, frotando con fuerza las palmas de las manos y las colocamos a ambos lados de la cabeza como en ese gesto tan característico de llevarse las manos a la cabeza tras un susto o sorpresa. Colocamos también las palmas en la nuca. En los hombros, cruzando los brazos como en la típica postura de los faraones egipcios sedentes.

Vamos a utilizar los dedos para darnos un poco de energía. Por ejemplo vamos a colocar el pulgar o el índice sobre las sienes y barrenamos suavemente, haciendo un masaje muy suave. Podemos utilizar los dedos en otras partes de la cabeza.

A los lectores del blog que tengan pareja les voy a remitir a un enlace sobre masaje japonés shiatsu que se pueden dar mutuamente los miembros de la pareja con las yemas de los dedos, la palma de las manos y los nudillos o los puños cerrados. Es un masaje muy energético y además muy placentero, puede servir como preparación para las relaciones sexuales o complemento de prácticas de yoga tántrico.

MUSICOTERAPIA

Hoy vamos a iniciar una serie de ejercicios de musicoterapia con los que vamos a trabajar a lo largo de muchas clases. Como ya sabéis en los resúmenes de los chakras se ponían las músicas más adecuadas para despertar cada chakra. Hoy vamos a escuchar la música de la película el jardinero fiel, con ritmos africanos. De pie relajamos todo el cuerpo y nos movemos al compás de la música, intentando escuchar más con el cuerpo que con el oído. Debe ser el cuerpo el que asimile el ritmo y se mueva con él. Al mismo tiempo podemos cantar el estribillo. Dejemos que la música penetre nuestro cuerpo y que nuestra mente y emociones sean únicamente música. La música es una muy buena terapia, lo mismo que los mantras o las respiraciones contribuye a equilibrar y recargar de energía nuestro cuerpo físico y psíquico.

MANTRAS Y PRANAYAMA

Hemos visto a lo largo del cursillo un gran número de mantras que afectan a determinados chakras y tienen determinados efectos. Nosotros en clase utilizaremos los mantras adecuados a los efectos que buscamos, pero tenéis que acostumbraros a utilizarlos en vuestras casas, en vuestra vida cotidiana como una herramienta básica. Es lógico que os de reparo vocalizar en presencia de otras personas que no comprenden qué son y para qué sirven los mantras pero en vuestro domicilio, a solas, podéis hacerlo como una práctica habitual.

Hoy utilizaremos el mantra EIM buscando la relajación. Es un excelente mantra para el sueño y se puede utilizar antes de dormir, especialmente si sufrimos de insomnio. Lo complementaremos con el mantra OM el mantra de la totalidad, de la divinidad, que eleva nuestras vibraciones para facilitar el contacto con la divinidad.

PRANAYAMA

Estamos trabajando para conseguir una respiración rítmica. Hoy haremos la doble respiración, como siempre. También vamos a hacer la respiración rítmica, buscando una regularidad y automatismo que será perfecto para lograr la relajación y hasta para conseguir el sueño. Inspiramos, cuento hasta tres, expiramos, cuento hasta tres. Vosotros solo tenéis que seguir el ritmo que os voy marcando.

Ahora hacemos una respiración profunda y cuento hasta 8, poco a poco iremos elevando los segundos hasta lograr alcanzar más de 20 segundos, lo ideal sería llegar al medio minuto. Más allá de ese tiempo podemos tener problemas si no somos maestros expertos.

MEDITACIÓN/ EL AJEDREZ DE LA VIDA

Nos relajamos como siempre y al llegar al final, como estáis tumbados en el suelo, visualizáis el punto de luz y lo vais elevando hacia el techo. Luego lo volvéis a bajar y al subir de nuevo visualizáis cómo vuestro cuerpo físico se va elevando, como si levitara, subiendo poco a poco, hasta llegar al techo. Es solo una visualización, no hay miedo de que lleguemos a levitar realmente, aunque ese es un fenómeno muy natural en los grandes maestros. Si alguna vez nos sucediera lo asimilaríamos con naturalidad, aunque no hay miedo de que lleguemos a ello en esta vida. ¡Ojala no fuera así!

Estamos en el techo, nos volteamos y miramos hacia abajo. Allí nos vamos a mantener durante toda la meditación, buscando una perspectiva elevada, de maestro o guerrero impecable sobre la vida. Porque eso es lo que estamos visualizando. En el suelo hay un gran tablero de ajedrez iluminado. Los cuadros son blancos o negros y resaltan mucho. El escenario de la vida está preparado, ahora vamos a hacer que aparezcan en el tablero las piezas, que en realidad son personas.

Visualizamos cómo las piezas de ajedrez, con piernas y brazos, como si fueran robots van desfilando y se introducen en el tablero por un lado y otro. Vemos a las torres entrando por uno y otro lado, luego los caballos, los alfiles, el rey y la reina. A continuación desfilan los peones y se colocan en sus sitios. Muy bien, ya tenemos a todas las piezas colocadas.

Como toda metáfora ésta tampoco será un remedo perfecto de la vida, pero nos puede servir para visualizar cómo es la vida y cómo nos comportamos. Desde arriba estáis viendo cada pieza. Vamos a hacer que se muevan las torres para comprobar su movimiento. Lo mismo que en el ajedrez cada pieza tiene su propio movimiento y no puede moverse de otra manera o la partida no podrá tener lugar, en la vida cada persona es una especie de pieza de ajedrez con sus movimientos propios, es decir con su carácter. Lo mismo que una pieza de ajedrez se mueve siempre de la misma manera, aunque podría no hacerlo y moverse de otra, las personas se mueven siempre de la misma manera, de acuerdo a su carácter, aunque nada les impediría conducirse de otras maneras diferentes. El tímido es tímido aunque bien pudiera no serlo, el atrevido lo es aunque podría volverse tímido.

Esta perspectiva nos va a ayudar mucho a ver en su justa medida las relaciones humanas. Nos empeñamos en cambiar a los demás, entablamos una verdadera batalla para conseguir que su carácter cambie y con él su conducta. Nos molesta lo que hacen, lo que dicen, lo que sienten, lo que piensan los demás, cómo se mueven, cómo se hurgan la nariz, el tono de su voz, la forma en que nos miran o gesticulan. Esta lucha es inútil y además nos produce una terrible hemorragia de energía. Se podría decir, aunque a lo mejor exagero un poco, no mucho, que hemos decidido estar en guerra con todo el mundo, emprender batallas todos los días para conseguir alcanzar el poder, que no es otra cosa que el control y manipulación de los demás. Nos molestan que ocupen un lugar en el espacio que bien podríamos ocupar nosotros, que estén a nuestro lado cuando no nos apetecería que estuvieran o que no estén cuando nos gustaría que estuviera. Nos molesta que nos miren cuando estamos nerviosos y nos molesta que no nos miren cuando estamos solos y angustiados. Podríamos seguir y seguir. De los demás nos molesta todo o casi todo en un momento determinado y nos gusta todo o casi todo en otro momento. Nos gustaría estar solos en algunos momentos y acompañados en otros, que los otros nos alegraran o se alejaran de nuestro lado cuando nos molestan. En realidad lo que queremos de los demás es que sean nuestras marionetas, nuestros robots particulares, nuestros esclavos, nuestros servidores. Que estén siempre a nuestras órdenes y que nos hagan caso en todo. Para ello utilizamos las farsas de control, entre otras conductas y estrategias. Chantajeamos a los demás, mentimos, utilizamos estrategias muy complejas o muy simples, y todas con el mismo fin: que los demás dejen de molestarnos y se pongan a nuestro servicio.

Esta es una de las luchas de poder de que le habla don Juan a Castaneda. Nos cuesta respetar a los demás, la chispa divina que hay en ellos, porque parece que no tenemos bastante espacio para expandirnos, porque nos molesta que estén a nuestro lado o que tengamos que adaptarnos a sus gustos y manías. La vida es una gigantesca lucha por el poder, para conseguir que nuestra personalidad se imponga a los demás y los demás acaben siempre por darnos la razón, por asentir a nuestras afirmaciones, por acatar nuestras órdenes. Para conseguirlo nos valemos de todo, desde las farsas de control más sofisticadas a las más estúpidas, desde las estrategias más astutas a las más evidentes. Cuando todo falla utilizamos la violencia, verbal o física, utilizamos el poder que tenemos, desde el dinero a las influencias. Los países utilizan sus ejércitos y van a la guerra, nosotros utilizamos nuestra personalidad y nos enzarzamos en guerras que nunca terminan y en las que a cambio de conseguir a veces una pequeña victoria que de poco nos sirve, nos desangramos y alcanzamos los más altos grados de angustia existencial.

Es cierto que ciertas luchas por la supervivencia son elementales y dramáticas. No podemos dejar que los demás acaparen todos los alimentos y a nosotros nos dejen morir de hambre. Esa es una lucha justa. No podemos dejar que los demás ocupen hectáreas y hectáreas de terreno y edifiquen mansiones de cuento de hadas y a nosotros nos dejen en el interior de una lata de sardinas, buscando acomodo, y eso quien logra encontrar una lata de sardinas para refugiarse de las inclemencias del tiempo. Hay luchas y luchas. Hay luchas que deben ser iniciadas y seguidas hasta el final, hasta la muerte o el jaque mate. Porque eso es lo que vamos a ver, cómo la vida es una gigantesca partida de ajedrez y cómo a lo largo de ella desarrollaremos millones de partidas, algunas las ganaremos, otras las perderemos y alguna que otra quedará en tablas, aunque eso es muy difícil en la vida, no en el ajedrez.

En esta lucha vital o partida de ajedrez cada cual lucha desde su posición de pieza en el tablero de ajedrez. Están las torres, verdaderos tanques de combate que arrasan todo allí por donde pasan. Serían los jefes, los poderosos, los ricos, las personas que tienen un poder circunstancial conseguido en base al dinero, la influencia, la posición social, etc. ¿Qué podemos hacer frente a las torres? ¿Rendirnos, tirarnos a sus pies, cantar sus loas, decirles lo guapas que son las torres? En el ajedrez hasta el jugar más lerdo sabe que una torre no es nada en una estrategia bien llevada, que a una torre la puede comer el peón más humilde. Una torre tiene sus debilidades, como cualquier hijo de vecino, puede ser imparable en sus movimientos en línea recta, verticales u horizontales, pero puede ser pillada por sorpresa por un alfil, desde lejos, o puede ser atrapada en una trampa de peones, o un caballo puede dar un saltito inesperado y la torre es comida y desaparece del tablero.

En el ajedrez no hay pieza que no pueda ser vencida y comida, salvo el rey, cuando comen al rey la partida termina, es decir la vida termina, no sucede como en el ajedrez, cuando el rey en la vida es comido se muere y ya no le veremos más entre nosotros. ¿Quién es el rey? El rey es nuestro yo interno, nuestro ser espiritual, nuestro cuerpo de luz, nuestra consciencia, la chispa divina que hay en nosotros. No muere nunca pero sí puede separarse del cuerpo y cuando lo hace el cuerpo muere y desaparecemos como piezas del tablero de ajedrez físico de la vida.

Siguiendo con las características de las piezas, podríamos decir que el caballo es la persona aventurera a la que le gustan las emociones fuertes, el viajar, que odia el aburrimiento y la rutina. Si un día les da por hacer “puentin” van y se atan una cuerda al tobillo y se tiran al vacío, un día están tan tranquilos en casa y al siguiente hacen la maleta y se van a recorrer mundo. Está en su naturaleza cambiar, ser imprevisibles, dar saltos incluso por encima de otras piezas. Pueden ser muy molestos, trastornan nuestras vidas, no podemos hacer planes porque nos los desbaratan. Si nos casamos con ellos estamos en un perpetuo sobresalto. Un día están alegres y otro, tristes, un día nos quieren y otro nos odian. Nos gustaría que cambiaran, que fueran más razonables, más reposados y tranquilos. Es inútil, en el ajedrez un caballo siempre dará saltitos y se moverá de forma extravagante. Si al caballo lo transformamos en peón será otro juego, pero no será ajedrez, será ficción, pero no será vida.

El alfil se mueve siempre en diagonal y siempre en su color. Nunca va de frente, siempre nos sale desde el costado, no hay manera con ellos, si empiezan en blanco siguen en blanco toda la partida, si empiezan en negro seguirán en negro así se caiga el cielo sobre sus cabezas. No podemos cambiarles y transformarlos en torres o peones. Está en su naturaleza. No podemos cambiar el carácter de las personas. ¿Entonces?

No cambiar el carácter de una persona no significa que debamos permitirle todo, si hoy no quiere hacer la cama la haremos nosotros, si mañana no quiere hacer la comida o la compra la haremos nosotros, si no quiere ir a trabajar, lo haremos nosotros y le daremos dinerito para sus gastos. Si hoy nos llama tontos le daremos la razón y dejaremos que mañana nos llame idiotas. Eso no es respetar su carácter, eso no es intentar cambiar y transformar una pieza de ajedrez, eso simplemente es ser un jugador tonto que permite que un peón se mueva a destiempo y desbarate toda su estrategia defensiva o que un caballo salte cuando menos se le espera y sea comido inútilmente. No es respetar el carácter, la peculiaridad de cada pieza, dejar que jueguen a su aire y permitan que el contrario nos de jaque mate en dos jugadas. No podemos cambiar el carácter y la peculiaridad de cada pieza pero sí podemos y debemos imponernos a sus caprichos y errores, a su ansia de poder y de trepar. Puede que a un caballo le gustara ser reina y a un alfil torre, pero no lo conseguirá nunca porque no está en su naturaleza. Los caprichos se pagan siempre en el ajedrez y los errores desbaratan las estrategias más complejas y trabajadas. No podemos permitir que los demás desbaraten nuestras vidas con sus caprichos, sus errores, sus poses estúpidas, que nos conviertan en sus esclavos serviles.

Cuando los demás se nos oponen y buscan nuestra “ruina” comienza la dura partida de ajedrez de la vida. En ella la estrategia es fundamental. Es posible que si vamos en línea recta contra una torre y somos un peón nos destroce, pero una torre no es invulnerable. Se la puede atacar desde un costado sin que ella nos pueda hacer nada, podemos tender una trampa de peones, podemos hacer un juego con los dos caballos. Nadie es invulnerable, hasta el rey puede desaparecer del tablero con la muerte y la muerte del rey en una partida de ajedrez es irreparable e irreversible en esa partida, puede que haya otras, otras reencarnaciones, pero aquí y ahora si el rey muere se acabó la partida.

Hasta las mejores estrategias de ajedrez a veces fallan. Un guerreo impecable no sufre por haber perdido una partida, en cada momento de nuestra vida jugamos una nueva partida. Un guerrero impecable hace lo que tiene que hacer en cada partida y si pierde aprende la lección pero no intenta hacer retroceder las piezas, como si fuera una partida virtual. Lo jugado, jugado está, como lo escrito, escrito está, que decían los romanos. Un guerrero impecable diseña estrategias para futuros movimientos pero no se inmuta si salen mal, nadie gana siempre y aunque ganáramos siempre una mano podría volar sobre el tablero y sacarnos de él. No controlamos todo, no somos perfectos, no sabemos quién está por encima de nosotros, ni de qué partidas de ajedrez somos piezas. Nos limitamos a hacer lo que tenemos que hacer en cada momento y a confiar en que la partida vaya bien.

Lo ideal sería que las piezas del ajedrez se quisieran mucho y se invitaran a picnics y cada uno, según su carácter, según su movimiento de pieza, conviviera con los demás pacíficamente y fuera muy feliz durante el tiempo asignado a la partida. Pero sabemos que no es así. La vida es dura y las partidas se suceden una tras otra, incluso si nos descuidamos alguien nos dará jaque mate y nos mandará al otro barrio, a jugar otras partidas de ajedrez.

Por lo tanto deberemos actuar como guerreros impecables y establecer una estrategia para cada partida según donde estén colocadas las piezas. Debemos observar a los demás y saber qué clase de pieza son y prever sus movimientos. Respetar y amar está muy bien cuando los demás nos respetan y nos aman pero cuando buscan su victoria por jaque mate hay que defender al rey a cualquier precio o nos sacarán del tablero. Llegará algún día en que observemos la partida de ajedrez de la vida desde lo alto, como estamos ahora, levitando, nada nos afectará. Seremos maestros y gurús, habremos alcanzado otro estado más elevado de consciencia. El guerrero impecable, según le dice don Juan a Castaneda, llega un momento en el que puede salir de la vida a través de una rendija dimensional, no necesita ni morir, simplemente se va porque ha alcanzado la maestría. Pero para ello necesita del grupo, compuesto por un nagual y guerreros acechadores y ensoñadores, de propios y de otras “figuras” más de las que se habla en alguno de los libros de Castaneda. Cuando un nagual se va a otra dimensión por la grieta que hay entre mundos lleva consigo a todos los demás de su grupo, a los guerreros y a los propios. Cuando el rey se va a jugar otra partida lleva consigo a todas las demás piezas, salvo que alguna no esté preparada, haya cometido errores que la incapacitan para atravesar la grieta. Entonces se queda y las demás se van.

Hemos visto cómo funciona la vida desde lo alto del techo, levitando, con la mirada clavada en ese tablero iluminado. Hemos sido observadores, pero tendremos que ser jugadores en cuanto finalicemos la meditación. Volveremos a utilizar esta metáfora y volveremos a trabajar las farsas de control, la estrategia del guerrero impecable, la ley de los tres círculos, el acecho… La vida es dura y necesitaremos de todo, de un bagaje muy amplio, desde escudos a espadas, desde ballestas a cuchillos. Podemos pensar que la vida es una batalla incruenta, pero que no se lo digan a quienes mueren de hambre o son asesinados en las guerras o tienen que arriesgarse en pateras o se pasan la vida intentando sobrevivir con un mendrugo de pan o quienes son violados o torturados o quienes pierden la partida desde el primer movimiento y son enviados fuera del tablero, asesinados, nada más nacer. La vida, la partida de ajedrez, no es una broma y un guerrero impecable no juega como si no le fuera nada en ello, en cada movimiento se juega la vida, lo sabe y lo acepta impasible.

Vamos a regresar al suelo, nos volteamos, miramos al techo y nos visualizamos descendiendo poco a poco, levitando. Entramos en contacto con el suelo, sentimos el peso de nuestro cuerpo y despertamos como hacemos siempre.

RECAPITULACIÓN

Como siempre analizamos cómo ha sido la semana, los movimientos de la partida de ajedrez y si hemos perdido aprendemos la lección. Lo importante de la recapitulación es saber porqué hemos estado deprimidos, tristes, angustiados, porqué nos han hecho daño o nos han sucedido cosas que no estaba en nuestra mano evitar. Las cosas suceden por algo, cada efecto tiene su causa y si el guerrero impecable no puede hacer nada permanece impasible pero no se tira del tablero al abismo. Quedan muchas partidas por jugar.

Como deberes para la semana que viene seguiremos con la musicoterapia. Os mandaré por correo la música de hoy, podéis buscar más música en Internet o escuchar diferentes músicas hasta percibir cómo repercuten en vuestros cuerpos, en vuestras mentes en vuestros sentimientos, deberemos escuchar con el cuerpo y no solo con las orejas. Como le decía don Juan a Castaneda, hay que conocer con todo el cuerpo y no solo con la mente. Al mismo tiempo podéis observar a las personas de vuestro entorno y catalogarlas como piezas de ajedrez, no siempre coincidirán y a veces tendréis que inventaros nuevas piezas, pero lo importante es que os deis cuenta de cuál es la característica más relevante de las otras personas. Es una torre-tanque que aplasta todo, es un humilde peón que intenta hacer las cosas lo mejor posible e incluso llega a la heroicidad en el servicio a los demás, es un caballo imprevisible y saltarín, es un alfil que mira de través y siempre se mueve en su color, su propio dogma, etc. Conocer a los demás es la mejor manera de diseñar una estrategia. Y al mismo tiempo tenemos que ser conscientes de lo que somos nosotros para los demás y cómo diseñan su estrategia ellos contra nosotros. No podemos vivir en un tablero caótico y anárquico donde cada pieza haga lo que le de la gana. Si los demás intentan expulsarnos del tablero porque les molestamos deberemos saber qué pieza está moviéndose ahora y jugando contra nosotros y cómo diseñar la mejor estrategia para obligarle a que nos respete. Todos nos molestamos unos a otros, todos tenemos defectos y cometemos errores, pero si alguien intenta hacerse el amo del tablero deberemos ser capaces de darle una lección que no olvidará.

SALUDO BUDISTA

QUE LA PAZ PROFUNDA ESTÉ CON VOSOTROS

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2 04 2014
papus21

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