CURSILLO DE YOGA MENTAL 2-24

23 04 2014

CURSILLO DE YOGA MENTAL

SEGUNDA ETAPA/ CLASE VEINTICUATRO

Saludo budista

No he tenido tiempo de estudiarme el nuevo pase mágico de Castaneda. Cuesta un poco a pesar de que en el libro aparecen ilustraciones que ayudan mucho. Os remitiré a un nuevo vídeo para que vayáis practicando por vuestra cuenta.

No es fácil practicar estos ejercicios todos los días, ni siquiera yo soy capaz, pero al menos deberemos aprovechar los fines de semana o en momentos puntuales en los que las circunstancias nos sean propicias para hacer alguna serie completa o ir mezclando a nuestro gusto. Como sabéis los ejercicios de calentamiento de taichí son sencillos y rápidos, en menos de 10 minutos podemos hacerlos y completarlos con algún movimiento de taichí como los que hacemos de vez en cuando, mover las menos como nubes, abrazar el árbol, etc. Los ejercicios de kriyayoga nos llevan algo más de tiempo pero podemos escoger algunos e ir rotando. Los estiramientos los podéis hacer siguiendo las fotocopias que tenéis, con mucho cuidado de no forzar y lesionaros. Es importante que os mentalicéis de que los ejercicios de equilibrio de energía os ayudarán mucho en cualquier circunstancia, especialmente antes de dormir para poder conciliar un buen sueño. En público siempre es posible hacer algunos ejercicios que no llamen la atención y que nos ayudarán a calmarnos y superar el estrés del momento, entre ellos el movimiento de los dedos de las manos o incluso podemos hacerlo con los dedos de los pies dentro del calzado. Situar las palmas de las manos de forma tal que la izquierda esté en posición contradictoria con la derecha o situar brazos y piernas ligeramente adelantados y de forma que las posturas y los movimientos sean siempre asimétricos y contrapuestos es sencillo y se puede hacer en público con total discreción. No le damos mucha importancia a estos ejercicios pero por mi parte os puedo decir que para un fóbico social el poder disponer de una técnica como ésta es algo maravilloso, nada desaparece por ensalmo pero poder calmarse, aunque sea un poco en ciertas circunstancias es la diferencia entre un ataque de pánico o un comportamiento aceptable. Más adelante trabajaremos un poco con la relajación dinámica que es sobre todo muy interesante para las mujeres que suelen tener serias dificultades para relajarse en las posturas clásicas de relajación, sin movimiento. El taichí es excelente como relajación dinámica.

Siguiendo con la musicoterapia vamos a hacer los ejercicios al ritmo de la música africana que es excelente para el desarrollo del primer chakra.

MANTRAS

Hoy vamos a probar algo nuevo. El mantra clásico puede llegar a resultarnos un tanto aburrido. Para evitar cansarnos y encontrar nuevos alicientes vamos a utilizar también la música. Vamos a trabajar con el canto gregoriano que es una especie de mantra cantado y con un ritmo perfecto para despertar los chakras de la misma forma que lo hacen los mantras o sonidos vocales. Hoy vamos a probar con Perotinus Magnus, a quien a mí me gusta llamar como el rock and roll del canto gregoriano. Son sonidos muy melódicos y pegadizos. Vamos a seguir la música cantando a nuestro aire, sin intentar seguir exactamente el canto. Buscamos nuestro propio sonido personal y utilizamos las vocales o el conjunto de vocales más consonantes que nos surjan espontáneamente, según vamos cantando.

PRANAYAMA

Estamos trabajando con la respiración rítmica. Me he dado cuenta que a mí particularmente me ha venido muy bien en momentos de estrés, de fobia, cuando me costaba buscar una respiración adecuada o no era capaz de hacer los ejercicios de equilibrio de energía. Como sabéis consiste en inspirar por la nariz, espirar por la nariz, contar hasta tres y repetir durante un número indeterminado de veces, pueden ser 10, hasta que nos notemos más calmados. Podemos hacer la respiración doble, doble inspiración, doble espiración, con fuerza, cuando nos resulte complicado tomar la respiración rítmica porque estamos demasiado nerviosos.

RELAJACIÓN Y MEDITACIÓN

Hoy vamos a dejar el sueño profundo aunque os sugiero que lo sigáis practicando en casa en momentos puntuales y adecuados. Vamos a retomar la meditación sobre la vida. Habíamos pasado por el nacimiento, la infancia, la adolescencia, la juventud y hoy llegaremos a la madurez que puede ir en una horquilla de los treinta y tantos años a los cuarenta y tantos. Todo es muy flexible, por supuesto, hay personas que son maduras en la juventud y hay otras que llegan a la ancianidad y siguen siendo niños. Estoy hablando de una madurez vital, emocional, intelectual, personal. La madurez corporal o física también depende mucho de cada uno, yo por ejemplo, al borde de los sesenta ya me siento un anciano, a los cincuenta me veía como un maduro cayendo o resbalando por la ladera. A los treinta me consideraba tan maduro como una manzana con gusano. Eso depende mucho de cada persona, pero lo cierto es que la madurez se caracteriza porque la energía arrolladora con la que llegamos al mundo (el bebé) que luego derrochamos en la infancia, que guardamos para el sexo en la adolescencia, que expresamos en el deporte, el romanticismo e idealismo en la juventud, en la madurez la vamos perdiendo en diferentes etapas e intensidades. Es como un coche que pierde aceite, las piezas se desgastan más, rechinan, todo se hace más difícil.

Vamos a hacer una relajación rápida, incluyendo algunos movimientos y posturas de equilibrio de energía. Llegamos a la glándula pineal y nos disponemos a llamar al punto de luz que es nuestra mente, como si llamáramos a su puerta y le dijéramos, es hora de ir a dar un paseo. Nuestra mente no suele necesitar de estas llamadas, de por sí es muy extrovertida, le gusta estar fuera de casa, moviéndose constantemente de acá para allá. Vamos a visualizar ese punto de luz frente a nosotros, a la altura del entrecejo. Lo miramos y hacemos que avance hacia delante. Todo es oscuridad, solo ese punto de luz aparece en ese universo oscuro que es nuestra mente y nuestra personalidad. Nos visualizamos moviendo el cuerpo físico y encarando nuestra espalda, como si fuéramos a desandar el camino andado.

Hacemos que el punto de luz avance y al hacerlo somos conscientes de que estamos retrocediendo en el tiempo. En cada tramo vemos otro punto de luz, como farolas en la noche, situadas unas a la misma distancia de las otras. Son esos acontecimientos, esos momentos en nuestro viaje en el tiempo que han tenido especial relevancia y nuestra mente, ese punto de luz, ha brillado con especial intensidad y ha salido de su casa, la glándula pineal, para dar una vuelta. Vamos a llegar a los treinta años o a los treinta y cinco o cuarenta, según cada cual. Elegimos un acontecimiento de esa etapa y nos centramos en él. Si algún lector del blog es muy joven lo que tiene que hacer es avanzar, en lugar de retroceder, y visualizarse en el futuro, a esas edades.

Bien, el puntito de luz se funde con el punto que hemos elegido de ese tramo en el tiempo. Digamos que nuestra mente, aunque es atemporal, acompaña siempre al cuerpo físico. Nuestra mente a los 10 años no es la mente que tuvimos a los 20 o a los 30 o a los 50. Muchas veces lo decimos en forma coloquial: ¡si hubiera tenido yo a los 20 años la mente que tengo a los 50! Cierto, la mente madura como una fruta, pero se produce un curioso fenómeno que tiene que ver mucho con la física cuántica. Una partícula puede estar aquí y allá a la vez, puede estar en una dimensión y en otra, abajo y arriba. Nuestro cuerpo físico no lo puede hacer, no puede estar aquí, a los cincuenta, pongamos por caso, y al mismo tiempo estar en el tiempo y el espacio de nuestros 10 años. Si tenemos la clara sensación de ir avanzando en el tiempo, de ir creciendo, madurando hasta caer al suelo de la muerte de tan maduros como estamos es porque nuestro cuerpo físico va cambiando y no puede retroceder. Es decir no podemos volver a tener el cuerpo que tuvimos a los 10 años por mucho que lo intentemos. No es posible. Sin embargo eso no cuenta cuando hablamos de nuestra mente. Nuestra mente puede retroceder a los 10 años sin el menor obstáculo. Si no tenemos sensación de ello es porque no nos hemos fusionado con la mente que acompañaba al cuerpo de 10 años. Es decir, para que nos entendamos, es como si la mente de los 50 saliera de su casa y viajara hacia el pasado, a los cuarenta, pongamos por caso, encuentra a la mente que teníamos a esa edad que ha salido de casa para dar una vuelta, si la mente de los 50 se funde con la de las 40 la sensación que tendríamos, en todos los aspectos, es la de haber retrocedido diez años en el tiempo. Pero eso es algo que solo se puede hacer en la meditación o en el sueño, en otra dimensión atemporal, porque cuando estamos despiertos, en vigilia, dentro de nuestro cuerpo actual, la fuerza, el poder el cuerpo físico es apabullante y no podremos sentirnos con 10 años cuando nuestro cuerpo deteriorado dice a las claras que tenemos 50, por ejemplo.

Esto que nos parece tan lógico y natural no lo es tanto. Si tenemos en cuenta que en sueños nos desprendemos del cuerpo físico y viajamos hacia atrás o hacia delante, hasta donde queramos, el contacto que tenemos con lo que fuimos o con lo que seremos es tan habitual que nos sentiríamos aterrorizados si fuéramos conscientes de ello. Lo que ocurre es que al despertar nos olvidamos de todo y solo quedan unas escenas de sueños, inconexas, sin el menor sentido. Todos hemos experimentado en sueños la identificación con el niño que fuimos en una escena onírica muy vívida, al despertar nos cuesta incluso asumir que ahora tenemos 50 años y no 10. Eso se debe a que la mente viaja y a que se puede fusionar con la mente pasada o futura y de esta manera nos sentimos como se sentirá nuestro cuerpo físico a esa edad concreta. Todo dependerá del grado de fusión, puede ser muy superficial o muy profunda.

Eso es lo que vamos a hacer ahora. Nos fusionamos profundamente con la mente que teníamos a los 30 o 40 años y repasamos con ella nuestra vida. Como es lógico la mente actual está más avanzada y experimentada, la vamos a utilizar como una especie de Pepito Grillo que nos va a ayudar a interpretar lo que vivimos entonces.

Con la madurez hemos ido perdiendo fuerza, vitalidad, nos gusta menos hacer deporte, dejamos que el cuerpo engorde, se deteriore. Nos cansamos más fácilmente. Antes salíamos de juerga y al día siguiente por la mañana estábamos dispuestos para iniciar la jornada laboral. Ahora si salimos de juerga una noche a la mañana siguiente estamos moribundos, agonizantes. Eso ya no es para nosotros. Se debe a que la batería se carga con mayor dificultad y no se carga tan bien como antes, digamos que necesita más tiempo y nunca llega al 100 por 100. Nos tenemos que adaptar al nuevo cuerpo físico, a la nueva capacidad para recargar energía. No podemos derrochar energía, como cuando éramos niños. Comenzamos a medir el esfuerzo en consonancia con la disponibilidad de energía.

Pero eso no es lo peor. Perdemos ilusiones, esperanzas, confianza. De jóvenes pensamos que nos íbamos a comer el mundo, que todo estaba a nuestro alcance. La plenitud de energía, de vitalidad, tiene esos efectos, el de la capa de superman que nos permite volar. Pero luego viene la realidad y nos recorta. El maravilloso trabajo que íbamos a encontrar se ha convertido en un trabajo temporal y mal pagado, a menudo estamos en el paro, no podemos hacer planes, no podemos plantearnos crear una familia, comprar una casa, un coche. Algunos han tenido mejor suerte, pero no tanta como para echar las campanas al vuelo. Unos pocos, muy pocos, lo han conseguido casi todo, ellos creen que es por su esfuerzo y méritos, pero como veremos en otra meditación, sin duda se trata de un karma positivo que están gastando, derrochando sin tino y sin mesura y pagarán las consecuencias. Como todos sabemos el triunfo en la vida no depende solo del trabajo, de la voluntad, de nuestras capacidades y méritos, sino de lo que algunos llaman “suerte”. Hay muchas personas que se merecen mucho más de lo que tienen, cuyas capacidades les permitirían estar arriba del todo en una sociedad más justa, y sin embargo están muy bajo, son anónimos, son parados, son personas sin futuro. Como veremos al meditar profundamente sobre el karma, la profunda decepción ante la no recompensa por un gran esfuerzo hay que buscarla en el karma acumulado en vidas pasadas.

De jóvenes soñamos con el amor, con la pareja perfecta. Puede que no la hayamos encontrado y estamos solos o puede que hayamos creído encontrarla pero la convivencia, el trabajo duro de cada día, la erosión constante, nos hace pensar que no todo era tan bonito como creímos. En esto también influye nuestra cada vez más escasa energía. La alegría, la felicidad, la competitividad en la vida tienen mucho que ver con la energía de que podemos disponer. Una persona enferma todo lo ve negro porque le falta energía para verlo de otra forma. La madurez es el periodo en el que nos hacemos por fin conscientes de que la energía es limitada, de que el tiempo pasa, de que somos mortales y la muerte es algo que nos espera al final del túnel. Es como subir una montaña. En el valle, descansados y vitales, creemos que es pan comido llegar a la cima. El niño es un torbellino porque le sobra energía y no es consciente de lo mucho que le resta por trepar. Vamos subiendo y cada vez nos pesa más la mochila kármica con las piedras que seguimos echando en ella. Aún así somos jóvenes, idealistas, vitalistas, pero cuando ya estamos llegando a la cumbre, la madurez, el cansancio nos agobia. Carecemos de energía, de vitalidad, de ilusión, de confianza en nosotros mismos y en los demás. Ya no soñamos con el amor romántico, nos limitamos a que la convivencia de pareja no acabe con nosotros. Ya no soñamos con triunfar en la vida, nos conformamos con poder comer todos los días o uno sí y otro no. Ya no queremos cambiar el mundo, el mundo nos ha cambiado a nosotros, ahora somos más cínicos, estamos más desesperanzados.

Digamos que estamos en la cumbre de la montaña, ya solo podemos bajar. Es la sensación que se tiene a ciertas edades maduras, ya no “crecemos”, ya no vamos, regresamos, ya no subimos, descendemos. La sensación puede llegar a ser demoledora. ¿Esto es la vida? ¡Vaya una mierda! Afrontar nuestra mortalidad es algo espantoso si no tenemos una visión espiritual de la vida. Todo va muy bien, nos basta con la materialidad, con la ciencia, somos nuestro cuerpo, no hay nada más, pero cuando se acerca la muerte eso ya no nos sirve de nada. Ya no nos conformamos con lo poco que se nos ha dado, la vida, un cuerpo, y la posibilidad de obtener placeres terrenales y desarrollar nuestras capacidades, esto se nos va, el tren se marcha y aquí nos quedamos nosotros, en la cuneta. La vida se nos va entre los dedos como un puñado de agua. Sin una visión espiritual la vida se transforma en una terrible tomadura de pelo de un dios sin entrañas.

Solo la visión de Milarepa, la vida como una escuela espiritual, nos permite aceptarnos como somos en cada etapa de la vida, nos permite encontrar en todas alicientes. Hemos venido para aprender lecciones espirituales, no importa lo bien que nos lo pasemos en el recreo, lo importante será el examen y sus consecuencias: repetir curso o pasar a otro superior. Solo desde esta visión la bajada de la montaña puede tener tantos alicientes o más de los que tuvo la subida. La vida solo tiene sentido cuando aceptamos su fugacidad, cuando comprendemos sus lecciones , cuando evolucionamos y amamos sin miedo al final de la consciencia, porque no hay final de la consciencia, solo hay un final para el cuerpo físico.

Escuchamos la música celta, somos druidas en un bosque tupido, vital. Estamos danzando, mano a mano con nuestros seres queridos. Esa era la juventud, ahora muchos se han ido, nosotros nos iremos, nuestros pies están encallecidos, estamos agotados, pronto la música cambiará, el canto gregoriano nos recordará lo cerca que estamos de la muerte.

Vamos a regresar a nuestro cuerpo actual, nos desvinculamos de la mente a la que estuvimos fusionados. Estamos dentro de nuestro cuerpo, aquí y ahora. El punto de luz se fusiona con nuestros nervios, nuestros músculos, sentimos el peso del cuerpo. Movemos las manos de dedos y pies, regresamos como siempre.

RECAPITULACIÓN

Es importante como os dije que iniciéis vuestro cuaderno de autoestima. Es mucho más complicado de lo que siempre pensamos el ver nuestras cualidades, lo mejor de nosotros. Hay que centrarse en ello. Hay que abrir un archivo, colocar una foto y poner un texto, lugar, tiempo, qué hicimos, cómo éramos, buscando siempre lo mejor. Hay que comprar un cuaderno, pegar una foto, poner un texto. Es el cuaderno que vamos a enseñar a las puertas del cielo cuando nos encontremos a la puerta con el guardián del umbral. No podemos acercarnos a esa puerta pensando que somos unos “mierdecillas” porque nos dirán que si así pensamos de nosotros mismos la mejor morada será un cubo de basura. En nuestro interior habita la chispa divina, somos Dios y por lo tanto no podemos humillarle echándonos basura encima. Como dijo San Pablo, recordad que vuestros cuerpos son templo del Espíritu Santo. Nuestros cuerpos están habitados por la chispa divina. No permitamos que nos humillen que nos hagan sentir como si fuéramos “mierdecillas ambulantes”, somos luz, somos divinidad, por lo tanto a pesar de nuestros errores, de todo lo malo que hemos hecho en la vida y nos han hecho, la alegría suprema de la divinidad que habita en nosotros debe ser encontrada a través del cuaderno de autoestima.

Vamos a seguir trabajando con la musicoterapia. Y para la semana que viene retomaremos la estrategia del guerrero impecable, nuestra estrategia en las relaciones interpersonales, la “regla” como la llama don Juan Mathus, cuando le habla de ello a Castaneda. Vamos a seguir con las farsas de control y vamos a ver cómo nos echan la red en la “cadena de favores”. Paso a paso el guerrero impecable sigue su camino, aprendiendo, haciéndose un hombre de conocimiento, enfrentándose a la vida y a sus enemigos, sin miedo, sabiendo que es nada pero que lo es todo, sabiendo que lo único importante es hacer lo que tiene que hacer a cada momento.

Saludo budista

QUE LA PAZ PROFUNDA ESTÉ CON VOSOTROS.

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23 04 2014
papus21

23 04 2014
papus21

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