FARSAS DE CONTROL V

25 04 2014

FARSAS DE CONTROL V

LA CADENA DE FAVORES

Hay una película con ese título en la que se aprecia muy bien el lado positivo del favor y de lo que supone una cadena de favores, hoy vamos a ver el lado negativo, el lado oscuro de esta farsa de control. Como sucede con todo en la vida nada es en sí bueno o malo, todo depende de cómo lo instrumentalicemos. El favor no es otra cosa que un acto generoso que hacemos por alguien –normalmente por nuestros seres queridos, amigos o personas con las que nos sentimos vinculados afectivamente- no esperando nada a cambio. No se trata de una deuda que estamos pagando o de remordimiento por algún daño causado. El favor es el brazo amoroso que extendemos, como un puente, para que la comunicación con el otro se afiance y por ese puente se produzca todo tipo de intercambios.

El favor nos vincula con aquel a quien hacemos el favor y asimismo cada vez que nos hacen uno nos sentimos vinculados con la persona que nos lo está haciendo. Forma parte de esa vinculación afectiva que es una tupida tela de araña en nuestras vidas. Dentro de la teoría de los tres círculos, el favor sería un paso que estamos dando para atraer al primer círculo a quienes están en el segundo o tercero.

Un favor es siempre un don que se da sin esperar nada a cambio, un regalo que hacemos, no para que nos lo devuelvan, sino para mostrar nuestro afecto y hacer más sólido el vínculo afectivo. No es malo ser conscientes de que aún en el caso de generosidad más extrema y espiritual de alguna forma siempre estamos buscando una respuesta, un “toma y daca”. Puede que no se trate tanto de pesar en la balanza lo que damos y lo que nos dan o esperamos recibir, como de crear vínculos afectivos o espirituales con otras personas, algo que a la postre es mucho más valioso e importante que cualquier respuesta material a un favor o a un regalo.

Damos regalos en fechas señaladas o tenemos un detalle con un ser querido aunque no sea una fecha establecida, simplemente porque nuestro afecto nos impulsa a ello. Dentro del primer círculo, entre los seres queridos, los regalos suelen ser frecuentes y los favores algo cotidiano. Esta estrategia en las relaciones interpersonales es positiva y hace más sólidas nuestras relaciones, pero como sucede con todo en la vida siempre hay un lado oculto, un reverso oscuro, siempre hay personas que utilizan y se aprovechan hasta de los instrumentos más positivos o aparentemente inocuos para intentar “captarnos”, controlarnos, manipularnos. Vamos a estudiar cómo funciona esta farsa de control.

Incluso en el primer círculo, entre los seres queridos, entre la pareja, las farsas de control de la cadena de favores están al día. Si la relación es positiva, afectiva, amorosa, los regalos, los favores, no se “interpretan”, simplemente se dan y se reciben, se agradecen. Ahora bien, cuando se busca una respuesta excesiva a nuestra “súplica” estamos cayendo en la farsa. Un familiar nos pide que avalemos un crédito que ha pedido al banco, él sabe y nosotros sabemos que si no paga nosotros tendremos que hacerlo en su lugar o nos embargarán. El favor que se pide es excesivo, el riesgo inasumible. Y, sin embargo, el familiar insistirá y nos achacará falta de afecto, egoísmo, si no aceptamos caer en la trampa. Lo mismo que la cadena de favores puede vincularnos espiritualmente, también puede atraparnos en una tela de araña o atarnos con grilletes a otra persona o personas y tendremos que ir donde vayan ellos. En el caso del crédito también se ha podido desarrollar antes una estrategia de araña acechante, ese familiar ha insistido en hacernos favores que no queríamos durante un tiempo y de alguna manera ha conseguido que nos sintamos deudores. Si no andamos con cuidado podremos acabar como avalistas de un préstamo y candidatos al embargo y al desalojo de nuestro propio hogar. Si decidimos hacer el favor siempre debe ser con plena consciencia de todo lo que está sucediendo. Nosotros sabemos el riesgo, él sabe el riesgo y nos lo explica, buscamos alternativas y no las encontramos, decidimos arriesgarnos porque la persona que nos pide el favor es para nosotros más importante que los bienes materiales. Bien, en ese caso no existiría farsa de control, cada uno es muy dueño de hacer lo que considere oportuno por sus seres queridos, como si quiere sacrificar su vida si es necesario. Aquí estamos hablando de esos chantajes psicológicos, de esas farsas de control que buscan atarnos con grilletes, atraparnos en una tela de araña para que la araña de turno nos sorba la energía.

La farsa de control de la cadena de favores es mucho más frecuente de lo que nos imaginamos, incluso en la convivencia diaria con nuestros seres queridos. No es infrecuente que en la pareja que en los malos momentos se echen en cara lo que uno hace o ha hecho por el otro y el otro por el uno. Que si yo soy tu esclava porque hago todas las tareas de la casa y tú no colaboras; que si yo soy el que traigo el dinerito a casa porque tú no tienes trabajo; que si yo quiero favores sexuales y tú no me los das porque quieres que haga esto, lo otro o lo demás allá. Suena muy mezquino, pero es muy frecuente. Hay parejas en las que se necesitaría una balanza de precisión para pesar y medir los favores que se hacen uno al otro y el otro al uno y si uno es acreedor en un momento determinado o deudor y si debe más o menos, o si… Caer en esta farsa de control es jugar un partido de tenis en el que ambos jugadores terminarían agotados y con ganas de darse de raquetazos. Es aquí cuando hay que emplear la estrategia del guerrero impecable. No vuelvo la vista atrás, no peso en la balanza lo que me deben o debo, hago lo que tengo que hacer y confío en que todo salga bien y si se producen nuevas circunstancias que exigen nuevas decisiones vuelto a actuar como un guerrero impecable y hago lo que tengo que hacer.

Todos funcionamos de una manera u otra con esta farsa de control en nuestras vidas y la sociedad se mueve al ritmo de la cadena de favores. En la política esto resulta especialmente visible y claro. Tú haces el favor de votar a un partido político y él te dice que te devolverá el favor haciendo aquello por lo que tú le votaste. Luego resulta que donde dije digo ahora es Diego. O puede que alguien done una cantidad importante a un partido y a cambio pida una concesión de una obra. Los enchufismos laborales, políticos, es tú me haces este favor y a cambio yo te haré este otro, o eres familiar y me debes esto o lo otro cuando llegues al poder, es algo tan cotidiano en nuestras vidas que casi ni nos fijamos en ello. Sin embargo es una de las farsas de control más efectivas y terribles, es la imagen perfecta de la araña que atrapa a la mosca y luego la va devorando poco a poco.

Por eso hay personas que son muy reacias a que les hagan favores. De alguna manera inconsciente saben que si reciben muchos favores luego se sentirán en deuda y no quieren estar en deuda con ciertas personas en ninguna circunstancia. En cambio otras parecen estar siempre dispuestas a hacer favores, pero solo determinados favores, en determinadas circunstancias y con determinadas personas. Esto resulta bastante sospechoso. Es como aquel que te presta un bolígrafo BIC cuando observa que tienes que anotar algo y te has olvidado tu bolígrafo. Luego te dicen aquello de quédate con él y no aceptan una negativa. Tiempo más tarde un día te ven con una pluma estilográfica de valor que te han regalado por tu cumpleaños y te la piden para anotar algo. Si te descuidas se quedan con la pluma y te hacen creer tácitamente que no debes quejarte puesto que él te hizo aquel “favor”, ¿recuerdas? Es un ejemplo basto pero que ilustra ciertas conductas farsantes. Hay quienes creen que hacerte un pequeño favor les da derecho a luego pedirte un gran favor. El caso de los acosadores es patológico. Hay hombres que hacen el favor de contratar a mujeres para su empresa y luego a cambio les piden sus favores más íntimos, como si el contrato de trabajo, yo te doy un sueldo y a cambio tú me das tu trabajo, no fuera suficiente. Los acosadores sexuales son auténticos depredadores que acostumbran a engañar a sus presas con una sutil cadena de favores.

Hay quienes son invitados a comer a casa de alguien y luego tienen a ese alguien todos los días en su casa, comiendo, cenando, desayunando, a por sal, a por huevos, a por lo que sea. Es un típico caso de la farsa de control. Hay quienes no son capaces de medir ni el valor material de los favores, ni el valor afectivo, ni el valor espiritual. Hay familiares que por el mero hecho de llevar tu misma sangre ya se consideran con derecho a chupártela, como si fueran vampiros. Mucho cuidado con los desvergonzados, los que no tienen el menor rubor en utilizar otras farsas de control como la mentira, porque acabarán utilizando también ésta y con la sutileza de la araña. Mucho cuidado con quienes se ofrecen a hacerte favores sin que tú se los pidas porque detrás puede haber gato encerrado.

Incluso hay personas que son buenas, generosas, que se han propuesto como la meta de su vida ayudar al prójimo allí donde se encuentre, se lo pida o no y hasta las últimas consecuencias. Personas que están convencidas de su bondad sublime y de su sacrificio hasta el martirio y que luego se enfadan muchísimo contigo si no estás de acuerdo con sus ideas, si no te consideras deudor de favores que no has pedido, si te niegas a abdicar de tu libertad y dejarte controlar y manipular. Lo curioso de muchas de estas personas es que no actúan de forma consciente, buscando atrapar a la mosca en su tela de araña, no, te lo dan todo, son unos verdaderos mártires, unos héroes, pero luego, a la hora de la verdad, son incapaces de respetar tu libertad, tus ideas, tu dignidad, tu personalidad. ¡Con lo que yo he hecho por ti! Te lo dicen con tal sentimiento que se les cae el alma a los pies. ¡Pero quién te pidió nada! Acabas sintiéndote como un auténtico verdugo. Estas cadenas son las más difíciles de romper, te sientes culpable, porque al fin y al cabo es verdad que el otro hizo mucho por ti y cosas importantes y te dio de comer cuando tenías hambre y de beber cuando tenías sed y te acogió en su casa cuando estabas en la calle y te vistió cuando estabas desnudo e incluso te dio sexo cuando estabas desesperado, cuando llevabas años sin un contacto piel con piel. Hay quienes son capaces de llegar hasta esos extremos, hasta de acostarse con las personas a las que quieren hacer favores a toda costa. Hay quienes son capaces de transformarse en verdaderos esclavos a tu servicio. Y entonces, poco a poco, día a día, te van pidiendo pequeñas cosas, que les dejes decidir en esto o aquello, que cambies esa forma de pensar que les gusta tan poco, que dejes de ser asertivo y digas a todo que sí. Mucho cuidado con estos farsantes. El verdadero amor respeta la libertad del otro y no mide en una balanza lo que ha hecho por ti para que se lo devuelvas, hasta el último céntimo. Abdicar de nuestra libertad, de nuestra dignidad, de nuestra personalidad, de nuestras ideas más profundas, de lo que somos y queremos, solo porque alguien nos hizo o nos está haciendo un montón de favores que no hemos pedido, es caer prisionero en esta sutil farsa de control que tanto se parece a la verdadera bondad, generosidad, al verdadero amor. Nada engaña tanto como lo mejor y lo máximo. Ojo con la trampa de comprar una prenda de diseño, de los mejores diseñadores del mundo, en el rastro, a un precio de ganga. Podemos hacerlo si queremos pero conscientes de que no estamos comprando un carísimo diseño a un precio ridículo, estamos comprando lo que estamos comprando. Podemos aceptar, si así lo queremos, la farsa del supuesto amor, del sexo que se entrega con generosidad casi surrealista, de los favores sin pedir nada a cambio que se repiten una y otra vez, un día y otro, pero si lo hacemos tenemos que ser conscientes de que en algún momento nos van a pedir la devolución y puede que el precio sea demasiado alto para nosotros. No nos engañemos, un favor recibido de una persona que no está en nuestro primer círculo, a la que no conocemos bien, que he demostrado ser más interesada que bondadosa, puede ser la trampa de la tela de araña. Incluso entre nuestros seres queridos se pueden producir estas farsas. Ahora bien, la convivencia estrecha e íntima con las personas hace que no sea posible el engaño por mucho tiempo. Todos podemos caer en la tentación de utilizar esta farsa de control contra un ser querido, pero solo durará un instante, será un “calentón” porque quien ama verdaderamente no se pasa la vida pesando en la balanza lo que él hace por el otro y lo que el otro hace por él. Y si estamos intentando atraer a un desconocido a nuestro primer círculo tendremos que medir mucho cada paso que damos porque en una cadena de favores nada es más fácil que los anillos de desposados se transformen en grilletes.

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