CURSILLO DE YOGA MENTAL 2/25

1 05 2014

CURSILLO DE YOGA MENTAL

SEGUNDA ETAPA/ CLASE VEINTICINCO

Saludo budista.

ENTRENAMIENTO ENERGÉTICO

Aunque cueste hay que entrenar y estar en forma. No debería ser tan difícil como entrenar el propio cuerpo físico, porque el esfuerzo, al menos el esfuerzo físico es mucho menor. Confieso que a mí me cuesta mucho hasta salir a caminar, no digamos ponerme a correr o hacer algún otro ejercicio físico. En mi juventud fui un buen deportista, como lo somos casi todos. Fui jugador de fútbol, un deporte que me apasionaba, y si mi karma hubiera ido por ahí hasta hubiera podido llegar a futbolista profesional. Me gustaba el atletismo, especialmente las carreras largas, de resistencia, en el patio del colegio un compañero de Madrid, a quien llamábamos “madriles” y yo nos poníamos a dar vueltas y vueltas a un rectángulo marcado como campo de fútbol durante todo el recreo. Apretábamos los dientes y buscábamos mejorar cada día, si llegábamos a las cincuenta vueltas, mañana tendríamos que llegar a 51 y así sucesivamente. Llegué a jugar un poco a baloncesto, un poco a balonmano, todos los deportes me entusiasmaban. Dicen que al hacer deporte nuestro cuerpo segrega ciertas sustancias que nos alegran, que nos hacen felices. Es cierto. El deporte, bien entendido, equilibrado, es una fuente de salud, física y psíquica. Pero como sucede con casi todo en la vida, con los años uno va perdiendo entusiasmo, confianza, cada esfuerzo le cuesta más porque la batería energética cada día está un poco más vacía.

En el caso de los enfermos mentales hay pocas cosas que nos cuesten tanto como el ejercicio físico, el energético y hasta cualquier clase de actividad. Recuerdo muy bien cómo a partir de los 20 o 21 años mi frenética actividad como deportista cayó en picado. A partir de mi primer internamiento en un centro psiquiátrico y de la fuerte medicación que me obligaron a tomar me sentí incapaz de retomar cualquier actividad física. Debo decir que comprendo muy bien a los enfermos mentales que están tomando mucha medicación y muy fuerte. Entiendo su falta de interés por el deporte, por moverse, incluso por pasear, por salir a la calle, por todo lo que sea levantarse de la silla o del sofá y hacer algo. Aún teniendo en cuenta que la medicación ha evolucionado mucho desde mis tiempos de enfermo mental, hace más de 30 años, no deja de tener unos efectos colaterales, secundarios muy importantes.

Recuerdo cómo en el psiquiátrico me daban una medicación capaz de dormir a un elefante y aún así el psiquiatra le pedía a los celadores que me vigilaran y me obligaran a caminar, nada de sentarme y amodorrarme. Recuerdo cómo a pesar de todos mis esfuerzos de mi voluntad, me resultaba imposible llegar al final del pasillo y regresar. En cuanto encontraba una silla me sentaba. Llegaba el celador y me acuciaba a caminar un poco más y otro poco más. Conseguía enfadarme, encolerizarme. Le gritaba que cómo diablos pensaba que me iba a pasar el día caminando cuando me daban una medicación que podía dormir a un elefante durante un mes. Aquellas contradicciones del sistema de salud mental me repateaban las tripas y aún me siguen molestando mucho. Sigo viendo a enfermos que parecen zombies, a los que les cuesta desarrollar la actividad más elemental, que cuando tienen que pensar van al ralentí. Encima no se les puede pedir que hagan deporte. Pero yo sí os voy a pedir que hagáis un esfuerzo, los ejercicios de energetización no exigen esfuerzos físicos, son sencillos, solo hay que poner un poco de voluntad y de concentración.

Recuerdo cómo me sentía entonces, como un vegetal, y lo que pensaba, que para “ellos” era mucho más cómodo mantenerme dormido que enfrentarse a mis problemas cuando estaba despierto. Esta es una decisión muy importante, yo diría que hasta espiritual. Un enfermo mental debe saber que tiene todo el derecho del mundo a elegir su destino. Puede elegir ser un vegetal toda su vida o puede exigir al terapeuta que regule su medicación para que al menos pueda desarrollar alguna actividad. Ciertas enfermedades, ciertas patologías, requieren de una medicación constante, especialmente en las crisis, pero ello no implica que la medicación sea tan brutal que convierta al enfermo en un zombi. Puede que una medicación más suave pueda crear más problemas en el enfermo, pero aquí de lo que se trata no es de solucionar todos los problemas del enfermo mental, ninguna medicación conseguirá solucionar nunca todos los problemas de nadie, ni del enfermo mental, ni del enfermo físico ni e las personas sanas y normales. Aceptar que la vida es como es y que no hemos venido aquí de vacaciones es algo fundamental en cualquier persona, mucho más en un enfermo mental. Tenemos que mentalizarnos que se nos exige un esfuerzo, que nada se nos dará gratis, especialmente a los enfermos mentales.

Recuerdo cómo llegó un momento en el que me planteé que para mí era mejor estar muerto que vivir como un vegetal. Luché con denuedo para que la medicación no me convirtiera en un zombi. Durante años, décadas, no pude prescindir de ella, pero al final lo logré. No hay nada más descorazonador para un enfermo mental que tener que luchar con la vida, como una persona normal, al tiempo que luchas porque la medicación no te duerma, no te convierta en un vegetal. Pero ese es nuestro reto. No podemos luchar con lo imposible pero podemos hacer posible hasta aquello que a los demás les parece imposible. Por ello he decidido ir contando poco a poco mis experiencias como enfermo mental, bien dentro del cursillo o en archivos aparte, para que los enfermos mentales no os descorazonéis. No es un camino fácil, exige mucho esfuerzo, pero es posible llegar a la meta. Puede que algunos o muchos tengáis que seguir tomando medicación toda vuestra vida, pero si lográis un dominio de las técnicas de yoga mental es muy fácil que la medicación sea cada vez menor y os permita alcanzar una calidad de vida importante. Para ello hacer ese pequeño esfuerzo de los ejercicios de energetización es fundamental. Para que os hagáis una idea, cualquier persona en un día alegre, soleado, de primavera o verano, disfrutando de la naturaleza, respirando a pleno pulmón, puede, recordando algún momento desgraciado de su vida, la pérdida de un ser querido, por ejemplo, llegar a hundirse, a deprimirse, a llorar, a ver oscuridad donde solo hay luz, a ver nubes donde el sol se asoma radiante. Basta un pequeño esfuerzo, un tiempo prudencial dedicado con intensidad a pensar en esa desgracia para que se produzca una transformación profunda. Pues lo mismo podéis hacer, solo que al revés, podemos ver sol donde hay nubes y sentir alegría en medio de la tristeza. Podéis pensar que es más fácil estar triste que alegre, gran error, nuestra naturaleza está preparada para la salud, la felicidad, la alegría, para disfrutar de lo mejor de la vida, nada le resulta más fácil. La idea de que lo sencillo es dejarse deslizar por el tobogán, bajar la ladera, que subir la cuesta, no es errónea, pero sí lo es decidir dónde está o dónde no está la cuesta. La felicidad es un tobogán, la tristeza es decidir subir la cuesta cuando nada nos impide decidir bajarla.

Vamos a hacer un pequeño esfuerzo y vamos a trabajar con estos ejercicios como si fuera un entrenamiento deportivo. Recordad, ejercicios de calentamiento de taichí, de energetización de kriyayoga, estiramientos físicos, asanas o posturas de yoga físico, pases mágicos de Castaneda, ejercicios de equilibrio de energía. Somos deportistas y vamos a llegar a la meta, no importa tanto ser los primeros, como llegar, y para ello hay que entrenar. El enfermo mental que se deje llevar por la desesperanza será como un deportista que tras una lesión decide no entrenar o hacer el mínimo esfuerzo, nunca logrará llegar a ser lo que fue.

PRANAYAMA, MANTRAS, MUSICOTERAPIA

La respiración es muy importante. Ahora estamos trabajando con la respiración rítmica. Parece sencilla, algo natural, pero si nos observamos nuestra respiración suele estar siempre agitada, desacompasada. El ejercicio es muy sencillo. Inspiramos por la nariz, espiramos por la nariz, sin prisas, contamos hasta tres, 1,2,3 y volvemos a repetir. Estamos así varios minutos, centrándonos en la respiración, notaremos que nos vamos calmando y nos sentimos más vitales. Con este ejercicio entraremos con más facilidad en la relajación y en la meditación.

Cada uno va a elegir su propio mantra o sonido vocal, vamos a trabajar con los sonidos y la musicoterapia, estamos trabajando con el segundo chakra y hemos escuchado música brasileña durante los ejercicios. El canto gregoriano es un excelente mantra y no es tan duro de escuchar.

RECORDANDO EJERCICIOS/BORRAR EL PASADO

Nos vamos a situar en el centro de la alfombra, vamos a caminar como un robot o un hombre máquina al compás de la música que he elegido de Krafwer. Nos movemos como un robot hacia delante y marcamos un lindero. Hacia atrás y hacemos lo mismo, izquierda y derecha. Esas son las paredes de nuestra cárcel, de nuestra celda. Creemos que estamos allí porque nos han puesto y que no podemos salir, porque hay paredes y alguien tiene la llave y no somos nosotros precisamente. Hoy vamos a descubrir que eso no es cierto, que estamos en una cárcel con paredes de papel.

Retomamos el centro. Cerramos los ojos, nos movemos al compás de la música como robots. Y en efecto, así es, porque la imposición de conductas por parte de otros nos ha programado, nos ha transformado en robots, en máquinas programadas, actuamos de una manera determinada porque los demás creen que eso es lo correcto, son ellos los que nos han programado, codificado. ¿Cómo lo han hecho? Vamos a extender las palmas de las manos hacia delante, Vamos a caminar hasta encontrar la pared. La palpamos. Parece sólida, como si fuera de piedra o de cemento. Imposible de romper, imposible salir de ahí. Vamos a visualizar que la pared se ilumina y vemos titulares de periódicos en la pared. Tienen nuestro nombre y dicen cosas como estás: “Fulanita o fulanito -nuestro nombre- es tonto de capirote, no puede salir de casa solo porque siempre le ocurre algo malo, no puedes mandarle a la compra porque le timan el dinero o pierde lo que ha comprado; es tonto, es el último de la clase; es gordo o enclenque y más feo que Picio; no le puedes presentar a alguien porque siempre queda mal con sus tonterías; no le dan trabajo porque viste como un adán y pone cara de no querer trabajar; es un vago, un tonto, tiene mala suerte, es feo, es…” Esos son los titulares de los periódicos de nuestra vida. No los hemos escrito nosotros, los han escrito otros. Nos han programado, nos han convertido en robots, en hombres-máquina.

Nuestro comportamiento se ha basado en estos titulares de la prensa de “los otros”. Nos miramos al espejo y no vemos lo mejor de nuestro rostro, la mirada bondadosa, la boca abierta en una sonrisa, solo nos vemos feos, repugnantes, porque así reza el titular. El pasado nos encadena. Desde niños alguien está diciéndonos todo lo que somos, nuestros padres, hermanos, maestros, amigo, gente de nuestro entorno social…Han puesto una imagen en el espejo que no es la nuestra y nos tenemos que comportar como si lo fuera, tenemos que hacer de tontos del pueblo porque los demás dicen que lo somos, de feos porque alguien nos ha dicho que somos más feos que Picio. Huimos de que nos presenten gente porque en nuestra familia todos creen que les hacemos quedar mal. De aquí puede nacer la fobia social o puede nacer cualquier trastorno. Porque nos han encerrado entre cuatro paredes y nos han convencido de que estamos en una celda.

Vamos a movernos hacia atrás siguiendo el ritmo de la música, somos robots, vemos en otra pared otros titulares, todo lo que nos han dicho, nuestra pareja, nuestros jefes en el trabajo, los políticos en la televisión. “Tonto, eres un tonto, eres tontísimo”. No es de extrañar que nuestro subconsciente se lo acabe creyendo. Nos ponen anuncios todos los días sobre lo mismo, “compre esto, lo otro, es lo mejor, lo más barato”. Y nuestro subconsciente lo acepta y cuando tenemos que elegir, elegimos lo que ha sido publicitado. Nos llaman las operadoras de telefonía todos los días y nos ofrecen mejores condiciones si pasamos a su empresa. Decimos que no e insisten, insisten un día y otro, a una hora y otra. No sabemos por qué lo hacen, porque nosotros ya conocemos su número y no respondemos. ¿Qué buscan, qué pretenden? ¿Qué jefe estúpido les dice que insistan una y otra vez, un día y otro? Podemos entender al empleado que le pagan por eso, le da lo mismo llamar a un número u a otro mientras cumpla el horario y le paguen. ¿Pero y los jefes, la empresa, el consejo de administración? ¿Qué diablos buscan? ¿Creen que somos idiotas?

Esto es lo que nos llevan haciendo desde niños. No somos capaces de creer que nuestros padres quieran nuestro mal, que nuestra familia nos prefiera tontos, que los maestros prefieran suspendernos que aprobarnos, que nuestros amigos elijan tratar con un tímido que con uno seguro de sí mismo. No podemos aceptar que los políticos prefieran una sociedad de borregos que una sociedad formada por hombres libres que eligen pero piden cuentas, que no son irresponsables, que no aceptan que este sea el mejor de los mundos posibles. No podemos creer que a las empresas, a la publicidad le resultemos mejor si somos robots que si somos personas libres. ¿Qué sucede? ¿Estamos en un mundo de locos? Efectivamente, los locos nos han hecho creer que somos locos, los robots nos han programado para que seamos como ellos. Estamos en nuestra celda de tres por cuatro, formada con paredes de hormigón, somos robots y nos movemos al compás de la música.

Pero podemos romper las paredes, salir al aire libre, ser libres. ¿Cómo? Es un pasado robótico el que nos ha encerrado aquí. Borremos el pasado. Borremos los titulares de las paredes y si las personas que los han escrito insisten y nos intentan controlar y manipular, también les borramos a ellos de nuestra mente, de nuestro pasado. Ya no están. Ahora vamos a tomar una decisión: Quiero ser libre, voy a borrar mi pasado, las paredes de mi celda no son de hormigón, son de papel.

Desde el centro caminamos, pero ahora no como un robot, sino como una persona, segura de sí misma, firme en su decisión. Damos dos pasos, doblamos las rodillas, nos situamos en la postura del jinete. Vamos a hacer el ejercicio de artes marciales, Movemos el brazo izquierdo, con el puño cerrado hacia delante, lo hacemos retroceder y ahora disparamos el derecho con toda nuestra fuerza, en un impulso poderoso e irresistible. Gritamos como en artes marciales.

Ahora avanzamos y palpamos con la palma de las manos. Hemos hecho un gran agujero. Efectivamente las paredes de hormigón era de papel. Los titulares de los periódicos eran mentira, una farsa. No somos tontos, no somos feos, no somos borregos, no somos robots. Somos lo que somos, ahora, no lo que fuimos en el pasado, lo que nos han dicho que fuimos. Somos personas libres, tomamos nuestras decisiones. Hacemos lo mismo con las otras tres paredes. Ahora abrimos los ojos y salimos al campo, saltamos de alegría, éramos prisioneros, reclusos y ahora somos libres. Éramos prisioneros de nuestro pasado, de los otros, de la imagen en el espejo y ahora somos libres, podemos empezar desde cero. Nos miramos en el espejo y vemos lo que somos, no lo que los demás quieren que seamos. Somos asertivos, no nos asustamos, no tenemos miedo. Lo hemos hecho y lo podemos hacer todos los días. Nada nos lo impide porque nuestra cárcel es de papel y nosotros somos hombres libres.

RELAJACIÓN Y MEDITACIÓN

TRABAJANDO CON CONOS DE LUZ

Vamos a trabajar con todos los chakras a la vez en el ejercicio de los conos de luz. Nos relajamos tumbados en el suelo, como siempre. Ojos cerrados, respiración rítmica. Nos visualizamos en el bosque. Somos sacerdotes druidas. El suelo es verde, la hierba suave y agradable de pisar. Escuchamos música celta, una danza ritual. Nos tomamos de las manos, danzamos. Nos movemos hacia la izquierda, nos detenemos, nos movemos hacia la derecha. Nos detenemos vamos hacia el centro con las manos extendidas. Retrocedemos. Seguimos el compás de la música. La tarde cae sobre el bosque. Escuchamos ruidos de pájaros, la brisa en las hojas de los árboles, el rumor del agua en los arroyos. Estamos protegidos por el círculo de nuestras consciencias, nadie puede llegar a nosotros, nadie puede hacernos daño. No buscamos nada, no tenemos prisa. Danzamos.

Nos separamos, buscamos nuestro propio ritmo, nuestra propia danza. La noche cae, sale la luna. El claro se ilumina con luz blanca. Nos tumbamos sobre la hierba.

Visualizamos que de la planta de los pies sale un cono de color rojo-sangre que se enraíza en la tierra, nos ata a ella y por ese cono recibimos la energía terrestre. Visualizamos que de la coronilla sale un hilo blanco de luz que sube hasta el cielo, hacia las estrellas y se une a ellas. Estamos atados a la tierra y al cielo.

Visualizamos un cono de color rojo-anaranjado que sale del primer chakra, del perineo, hacia lo alto, y otro hacia abajo, enterrándose en la tierra. Vemos con claridad el color, el cono de luz, es intenso. Ahora subimos y visualizamos que del plexo solar salen dos conos de luz amarillo-sol, hacia arriba y hacia abajo. Del corazón otros dos conos color verde. De la carggante dos conos color índigo. De la frente y nuca dos conos color azul

Vamos a visualizarnos como pintores, tomamos un pincel limpio, lo introducimos en el cono rojo y lo cargamos de pintura. Ahora, meticulosamente, sin prisa, nos pintamos el bajo vientre, intestino, riñones, órganos, genitales, ano… donde sentimos dolor, molestias, allí donde hemos sufrido enfermedad el pincel se detiene y pinta con mayor intensidad. Ahora vemos cómo nuestro bajo vientre vibra y es de un color rojo intenso.

Hacemos lo mismo con el resto de conos, cambiamos de pincel, lo introducimos en el color, tomamos pintura y pintamos cada parte del cuerpo. Ahora todo vibra y nuestro cuerpo de luz tiene diferentes colores, rojo, amarillo, verde, índigo, azul. Somos un arcoiris.

Somos luz, somos libertad, nuestra mente nos lleva a donde queramos, a cualquier lugar del mundo. Estamos en el desierto, tumbados en la arena cálida, caminamos hacia las pirámides, nos introducimos en ellas, vocalizamos mantras, Regresamos al desierto y a la noche, al silencio, somos luz y libertad, no hay temor, no hay miedo, no hay enfermedad. Elegimos despertarnos en cualquier parte del mundo. Retomamos nuestro cuerpo físico y nos despertamos como siempre.

RECAPITULACIÓN

Es importante que sigamos con nuestro cuaderno de autoestima, aunque no anotemos, al menos que cada semana elijamos un momento del que sentirnos orgullosos. Escuchemos música. Hagamos los ejercicios y esta semana, como deberes, vamos a trabajar con los conos de luz antes de dormir.

Siempre atentos, un guerrero impecable no se duerme en los laureles. Nos autoobservamos y elegimos la estrategia, aceptamos en cada momento lo que tenemos que hacer y no nos dejamos atrapar por lo que hicimos. No sentimos remordimiento, no sentimos culpa. Hacemos lo que tenemos que hacer. Confiamos en que las fuerzas que dirigen el universo nos sean favorables.

En cuando pueda os pasaré unas fotocopias. Vamos a trabajar con la astrología unida a las flores de Bach que nos permitirán conocer el material de que está hecho nuestro carácter. Luego si alguno quiere ir a algún terapeuta naturista y trabajar con la flor de Bach Adecuada a su carácter, puede hacerlo.

Saludo budista.

QUE LA PAZ PROFUNDA ESTÉ CON VOSOTROS.

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4 responses

1 05 2014
papus21

1 05 2014
papus21

1 05 2014
papus21

1 05 2014
papus21

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