CONOCIENDO AL ENFERMO MENTAL I

5 05 2014

CONOCIENDO AL ENFERMO MENTAL I


EL MIEDO A LA PÉRDIDA DE CONTROL

Comienzo esta serie que tiene como objetivo el que los enfermos mentales sean mejor conocidos. Hay una auténtica leyenda negra sobre la enfermedad mental y aún en estos tiempos sigue habiendo personas para quienes los enfermos mentales somos extraños “monstruitos” a quien la vida ha maldecido con un gen torcido y a quienes la historia ha llamado “locos” durante mucho tiempo y que hoy, gracias a Dios, nos hemos transformado en personas “normales” con una enfermedad, que en este caso no es física, sino psíquica, como también, demos gracias a Dios asimismo, porque las mujeres estén en el camino de la igualdad de derechos y aquella increíble estupidez aristotélica de que las mujeres no tenían alma y los hombres sí hoy no deja de ser una “boutade” (salida de tono que pretende ser ingeniosa aunque no lo consiga) que demuestra lo mucho que hemos evolucionado los humanos a pesar de que aún nos queda un largo trecho.

Como enfermo mental que ha vivido todas las experiencias posibles creo que estoy en condiciones de hablar “desde dentro” y no con extrañas terminologías en la boca y con una perspectiva, que por muy erudita y científica que sea, no deja de ser la de alguien que contempla “el espectáculo” desde el patio de butacas. Esta serie pretende también ayudar al enfermo mental a conocerse mejor y a saber por qué le ocurren las cosas y sobre todo a no sentirse solo y abandonado en un camino que hemos recorrido muchos, con mayor o menor fortuna.

Si hay algo a lo que un enfermo mental tiene auténtico pánico, es a perder el control, el control de su mente, con lo que conlleva de pérdida de control de su cuerpo físico, de su conducta, de las relaciones interpersonales y sobre todo con la pérdida de su propia autoestima.

Este miedo no es algo gratuito o irracional, se basa en razones poderosas, de ahí que sea tan difícil extirpar ese miedo con las terapias convencionales. La medicación no la extirpa, la traslada en el tiempo. Dormir al enfermo, tranformarle en un vegetal, atenuando drásticamente sus percepciones y la recepción de los estímulos, dormir su mente, bloqueándola, solo traslada el problema en el tiempo, puesto que no se puede tener al enfermo mental “dormido” para siempre, no se le puede transformar en un vegetal de por vida.

Esta es la constatación de que la medicación no cura, solo bloquea por un tiempo las manifestaciones de la enfermedad, de su patología. Es como quitarle al conductor las llaves de su coche, ya no puede trasladarse en su automóvil ni vivir la vida de los conductores. Esto que no sería tan trágico en el caso del conductor, puesto que puede ir andando o ser llevado en otro vehículo, conducido por otra persona, es absolutamente trágico y drástico en el caso del enfermo mental, puesto que “privarle” de su cuerpo es reducir su vida a mínimos, es “privarle” de la vida humana, no de la instintiva o vegetal, puesto que se puede ser un vegetal sin la mente, pro no se puede “vivir” sin la mente.

El enfermo mental tiene pánico a la falta de control, puesto que sabe muy bien las consecuencias de la misma. Las ha experimentado en multitud de ocasiones y ha supuesto la aparición de efectos muy negativos para él. Cada momento de pérdida de control ha disparado su patología, ocasionándole problemas que van desde conflictos en las relaciones interpersonales, muy serias, hasta la pérdida de la percepción de la realidad, llevándole al terreno del delirio, un auténtico infierno cuando no ha podido conservar un anclaje mínimo en la realidad. Romper relaciones afectivas no es moco de pavo, ser internado en un centro psiquiátrico durante una larga temporada no es una broma. Pero lo peor de todo es el sufrimiento. La angustia, el miedo, el dolor psíquico, es tan terrible para el enfermo mental como la exacerbación del dolor físico en las enfermedades del cuerpo, incluso puede ser mucho peor, puesto que el enfermo físico tiene la esperanza de que ese dolor pueda ser atenuado o suprimido mediante medicamentos, la morfina, los medicamentos que inhiben el dolor.

El dolor psíquico, el dolor espiritual no puede ser suprimido ni siquiera atenuado con la medicación, solo se puede “dormir” el cuerpo, lo que en la enfermedad física puede ser algo casi instantáneo, y con efectos durante un tiempo (incluso en los casos de enfermos terminales el tiempo siempre tiene un límite y la muerte acechante puede ser incluso una esperanza cuando el dolor es insoportable) en el caso del dolor psíquico o espiritual éste se prolonga durante toda una vida, que puede ser muy larga. En el caso del enfermo físico el dolor desaparecerá con su curación o se atenuará o se producirá el fin de la vida con la muerte, con lo que el dolor, de una forma u otra siempre desaparece. En el enfermo mental el dolor es de por vida, de ahí que la tendencia al suicidio sea algo casi inevitable en la mayoría de los enfermos mentales. Puesto que la enfermedad no le mata, busca la muerte voluntariamente para suprimir el dolor.

Es cierto que el enfermo mental no está en crisis permanente y por lo tanto el dolor, en los periodos de calma, de relativa calma, puede ser asumible, pero para eso está la mente, recordando las crisis, reviviendo el dolor pasado. A menudo estas rememoraciones pueden ser tan vívidas y dolorosas como el propio periodo de crisis y aún más desesperantes puesteo que no hay razón alguna para sufrir como en un periodo de crisis, cuando no se está en crisis. Es como si un enfermo físico sufriera dolor físico al recordar la enfermedad, a pesar de estar ya curado y de que este dolor físico haya desaparecido. Esto no es así, ningún enfermo físico sufre tanto estando curado como cuando está enfermo, salvo patologías que ya son enfermedades mentales. La capacidad, terrible, inhumana, de volver a sufrir dolor psíquico con la rememoración es una de las características más infernales de la enfermedad mental.

Es el recuerdo de ese sufrimiento el que hace que el enfermo mental sienta pánico a la pérdida de control, el primer paso hacia el desencadenamiento de la crisis en la enfermedad mental. Aún siendo terrible la consciencia de la pérdida de afectos, de personas queridas, de la soledad en las relaciones interpersonales, del internamiento en un centro psiquiátrico, de la medicación drástica con su efecto de pérdida de la consciencia, de la capacidad de vivir, nada es comparable a la exacerbación del dolor psíquico.

Un enfermo mental podría llegar a aceptar la ruptura afectiva con los seres queridos, el internamiento en la cárcel psiquiátrica, la fama de loco, la pérdida de la autoestima, si al menos no tuviera que sufrir tan intensamente ese dolor psíquico, esa angustia infernal, esa absoluta pérdida de la esperanza. Para un “sano mental” (no existe el sano mental absoluto) resulta incomprensible ese miedo a la pérdida de control. El sano lo sufre a diario, se enfada, está malhumorado, está triste o melancólico, no posee un control absoluto sobre sus pensamientos y emociones. Es cierto, pero las consecuencias de esa falta de control, son muy diferentes. A los sanos no se les encierra en centros psiquiátricos, ni pierden el trabajo, salvo en improbables circunstancias. El remordimiento no se prolonga meses y meses, la angustia no es infernal, la tristeza o depresión es siempre temporal. Un sano mental sigue viviendo, mejor o peor, a un enfermo mental se le “suspende” la vida. El miedo a una dosis de medicación insufrible, a realizar actos que le marcarán de por vida, a llevar a cabo conductas inadmisibles para la sociedad y sobre todo a sufrir ese espantoso dolor psíquico durante meses y meses, hace que el enfermo mental esté aterrorizado de continuo ante la posibilidad de perder el control.

Huye de enfrentamientos con otras personas que generen broncas, insultos, humillaciones, y sobre todo esa mezquina farsa de control consistente en recordarle al enfermo mental no solo que es un enfermo, lo que sería hasta cierto punto aceptable, sino que es un “loco” que no tiene remedio, esperanza, que no puede relacionarse con los demás, que no puede trabajar y vivir una vida aceptable. Un enfermo mental es capaz de soportar las mayores humillaciones solo para que alguien no se enfade con él y evitar de esta manera la pérdida de control en sus reacciones. A menudo ciertos comportamientos de enfermos mentales producen una inmensa pena en las personas sensibles. Le ven moverse como si pisara huevos, como si temiera que el menor gesto, la más mínima expresión de su rostro pudiera ser considerada como una ofensa. No habla por miedo a no expresarse bien y a herir a los otros. No mira por miedo a que en su mirada se trasluzca ese infinito sufrimiento, a que alguien pueda observar en sus ojos esa rabia inhumana ante un castigo que él no cree merecer. No desea comer para que no le puedan achacar que vive a costa de los demás, que no es productivo. Busca la soledad para no ofender, se transforma en un misántropo como la única alternativa a la ofensa, desea hacerse invisible, ser tragado por la tierra. Se convierte en un misógino, o si es mujer en una “odiadota de hombres”. Renuncia a la poca sexualidad que le queda tras ser “anulado” por la medicación para librar a los demás de su patética danza de cortejo, para evitar sufrir como un condenado en el infierno de Dante.

Para evitar perder el control un enfermo mental es capaz de renunciar a ser humano, a trabajar, a relacionarse, a la vida familiar, a la vida de pareja, a la sexualidad… No es extraño que produzca tanta lástima en las personas sensibles. En cambio las insensibles se aprovechan de ese “esclavo” que se les ofrece en bandeja, como una diana para sus dardos, como un factotum sumiso que hará cualquier cosa para que le dejen en paz. A veces resulta repugnante contemplar cómo los insensibles utilizan y se aprovechan del enfermo mental. Se convierte en chivo expiatorio de sus problemas, en la diana de sus juegos sádicos, en el empleado sin sueldo, en la alfombra para que los insensibles limpien sus pies embarrados.

Pero ni esto funciona, el enfermo mental no pasa desapercibido, al contrario, no se hace invisible como él desea, no evita los conflictos, no le dejan en paz, y sobre todo, no soluciona sus problemas, no es feliz, no se siente mejor, no logra ni siquiera atenuar sus emociones, controlar sus instintos, no puede renunciar a “vivir”.

Al contrario, su huida de ofender hace que muchos se sientan ofendidos, le toman por tonto, les convence de que no le gusta lo que anhela, de que ciertas conductas no le ofenden, de que está bien cuando está muy mal. Su falta de asertividad le convierte en un títere manejado por las manos de todos. No puede renunciar a su naturaleza humana y ese intento desesperado por conseguirlo hace que la presión se convierta en insufrible y acabe explotando como siempre en los momentos más inadecuados y con las personas que menos se lo merecen. Sus seres queridos acaban pagando el pato de los insultos de los desconocidos insensibles, su agresividad se multiplica por cien al no dejar que ésta vaya fluyendo poco a poco por los cauces adecuados y aceptables en sociedad. Su sexualidad despierta, rabiosa, y se manifiesta en formas ridículas o patológicas. Su desesperado intento por alcanzar el control absoluto acaba manifestándose en el descontrol absoluto. Es ley psicológica, es ley natural. No es que el enfermo mental no lo sepa, sencillamente está dispuesto a encadenarse a la montaña y a permitir que los buitres le coman las entrañas, pensando que tal vez así desaparezca ese dolor psíquico inhumano. Los que no creen en el espíritu, en el alma, solo en el cuerpo, no pueden hacerse una idea de lo que puede doler el alma. Lo mismo que el cuerpo físico está hecho de materia, el alma está hecha de energía, y sus dolores no tienen por qué ser menor, al contrario, la consciencia exacerba el dolor. Lo mismo que un cuerpo físico puede sufrir graves heridas y enfermedades, un alma puede ser herida y padecer enfermedad durante años, durante toda una vida, durante muchas vidas.

Cuando el enfermo mental entra en delirio y pierde por completo el control, toda esta presión tanto tiempo controlada, estalla como una bomba atómica. Esta desvinculación de la realidad, unida al odio y a la rabia acumuladas puede llegar a veces, en casos extremos, a la agresión física que en algunos casos termina con vidas humanas.

No es fácil comprender este proceso y mucho menos las terribles y trágicas consecuencias. Para evitarlas muchos insensibles estarían dispuestos a terminar con la vida humana del enfermo mental. Incluso, si no fuese tan irracional y tan poco aceptado, no tendrían la menor vergüenza de aplicarles la pena de muerte. Es más fácil suprimir el problema suprimiendo al que tiene problemas que enfrentarse a éste con todas las consecuencias, poniendo en solfa la terapia que se aplica a los enfermos mentales, la sociedad en la que viven, generadora de enfermos mentales como el estiércol hace crecer al champiñón. No es aceptable para ellos una revisión drástica y en profundidad de la vida humana. A lo mejor, solo tal vez, estamos diametralmente enfrentados a las leyes cósmicas, a las leyes espirituales, y las consecuencias solo pueden ser el infierno, un infierno de violencia, de falta de solidaridad, de empatía, una injusticia atroz, una vida hedonista al precio de convertir al humano en esclavo, de matarle de hambre, de humillarle y degradarle. Tal vez, solo tal vez, una de las causas profundas de la enfermedad mental sea someter a la humanidad a una vida degradante, carente de espiritualidad, de fraternidad, de amor. Pero sería demasiado duro plantearse siquiera esta posibilidad, nos obligaría a todos a un cambio drástico y en profundidad en nuestras vidas, y eso para muchos es inaceptable. Mejor pensar que la culpa de la enfermedad mental es del propio enfermo o de un gen torcido.

Es cierto que el enfermo mental no está libre de responsabilidad en su propia enfermedad. Ciertos pensamientos, emociones, conductas, acaban general enfermedades mentales, lo mismo que un atracón genera indigestión o una adicción al alcohol y a las drogas la pérdida de la dignidad de la persona. Es cierto que algunos enfermos mentales se buscan su propio dolor y se aferran a él como el náufrago al madero en medio del océano. Es cierto que uno puede arrastrar efectos kármicos de una vida a otra y sufrir las consecuencias. No podemos ser tan ingenuos como para cerrar los ojos a estas realidades incontrovertibles. Pero eso no debe impedirnos la empatía, la solidaridad, la fraternidad consciente, sabiendo que todos podemos ser mañana enfermos mentales, lo mismo que podemos sufrir un cáncer. Nadie está libre. Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra y que confíe, si quiere, en que no le caerá en la cabeza.

¿Cómo luchar contra este terror a la pérdida de control? Es una de las tareas más duras y complejas a que debe enfrentarse un enfermo mental. Puede que nunca lo consiga del todo, es lo más fácil. En mi caso aún sigo luchando y seguiré luchando hasta mi muerte por perder ese miedo patológico a perder el control. Muchas veces no soy todo lo asertivo que debería por miedo a que alguien descubra mi pasado y tener que escuchar una vez más la terrible condena: eres un loco, un loco, un loco… y no tienes remedio. Muchas veces renuncio a la vida por miedo a ofender, a que alguien se sienta molesto conmigo. Renuncio a metas que considero están a mi alcance por miedo a que la dificultad e intensidad del esfuerzo me haga perder el control. Muchas veces no digo lo que quiero decir, miento para evitar la bronca y el conflicto. Tengo que hacer un gran esfuerzo para no salir a la calle pisando huevos, mirando a mi alrededor para prever posibles conflictos con otras personas. Me levando dándome órdenes: no te dejes llevar, controla tu mirada, tus pensamientos, tus emociones, tu agresividad, tu mal humor, tus peores defectos de carácter. No tropieces en la misma piedra, evita las circunstancias, las personas que te ponen fuera de ti. No huyas con tu mente cada vez que notas la aproximación de un conflicto. Te resulta fácil utilizar tu vivísima imaginación para anular la realidad y trasladarte a mundos imaginarios, literarios. Nada más sencillo que dejarte llevar por el diálogo interno y pasarte el día imaginando historias, personajes, dialogando como un socrático consigo mismo, empezando desde cero, sólo sé que nada sé y a partir de ahí poner en solfa todo lo que has aprendido,, lo que te han dicho, mover como un Sansón las columnas del templo del dogmatismo y observar cómo todo se desmorona a tu alrededor. Lo haces muchas veces y resulta reconfortante ver cómo los problemas cotidianos se diluyen, desaparece, ante la fuerza poderosísima de tu mente. Pero esa no es la solución, perder pie en el terreno de la realidad, levitar en el aire de la imaginación, mover el punto de encaje e ir a otra realidad a otro universo, no soluciona nada. Estás aquí y ahora, viviendo esta vida, los problemas no desaparecen volando sobre ellos, al contrario, se acrecientan. El delirio está a la vuelta de la esquina, al otro lado de la línea roja en el suelo que tienes a un metro de tus pies.

La filosofía del guerrero impecable ha sido la palanca de Arquímedes, con ella moveré el mundo. Pero no es fácil, no es fácil levantarse como un general dando órdenes a tus facultades mentales, como un ejército dispuesto a la batalla. Cambia de acera si ves a… No te dejes ir por la ensoñación, tienes que conducir hasta el trabajo. Si eres agresivo tendrás problemas. Es una maldita cárcel de papel, cada vez que doy un paso extiendo la mano para no golpearme contra la pared.

Pero al menos ahora mi batalla tiene sentido y mis armas son cortantes y duras como el cristalino filo de un diamante. Haz lo que tienes que hacer cuando tienes que hacerlo. Levántate cuando suena el despertador, no pienses en que hoy estás mal y no puedes ir a trabajar. Acepta tus necesidades humanas más bajas, cuida tu aspecto, vives en sociedad. Atento a la conducción, la vida de los demás es sagrada, y la tuya también. Trabaja honradamente porque debes aportar a la sociedad lo mismo que ella te aporte a ti. No te entretengas pesando en la balanza, es mezquino. Los defectos de los demás te hieren lo mismo que los tuyos hieren a los demás. Sé un guerrero impecable. Si tienes que defenderte hazlo, pero sin juzgar, sin cebarte en las heridas que causas en tu batalla impecable. Haces lo que tienes que hacer y no te entregas al remordimiento, a la inútil compasión. Ama cuando tienes que amar, pelea cuando tienes que pelear, diseña estrategias cuando sea preciso disponer de estrategias en la lucha de poder. Cuando estás cansado descansa, cuando estás deprimido sabes que eso es falta de energía, cuando la fobia te golpea alzas el escudo y sigues haciendo lo que tienes que hacer, una vez y otra y otra, hasta que la fobia desaparezca. Comes cuando tienes que comer y si lo haces en exceso sufres las consecuencias, con responsabilidad, sin quejarte ni lamentarte, intentas aprender la lección y sino la aprendes decides aprenderla. Cada día es un regalo, podrías estar muerto, lo sabes muy bien, los poderes que controlan nuestras vidas te han librado de la muerte, una vez, y una vez más. Pero la muerte está a tu espalda, tiene la mano en tu hombro izquierdo, notas su frío y te estremeces. Puedes estar muerto al minuto siguiente, por eso la fobia no es importante, es una tontería creada por tu importancia personal. La enfermedad mental es una cárcel de papel, puedes quebrar la pared con un golpe de tu puño de guerrero. Si llueve es hermoso y si hace sol es hermoso. Si estás alegre eres feliz y si estás triste es el movimiento de los astros, implacable, pero fugaz. El tiempo pasa y tu cuerpo envejece, pero el guerrero es cada día más sabio, más fuerte, más poderoso. No temes a la muerte porque forma parte de ti, es la mano en tu hombro, como tu cuerpo es la prolongación de tu consciencia. Las guerras se incuban en la sangre de tus hermanos, algún día llegarán a tu sangre, pero el guerrero hace lo que tiene que hacer, en la paz como en la paz, en la guerra como en la guerra. Hay un tiempo para todo, un tiempo para el amor y un tiempo para la guerra, un tiempo para la risa y un tiempo para el llanto. Cada hora tiene su afán, cada tiempo su batalla, cada guerrero tiene su talón de Aquiles y su espada. Cada chispa divina recorre su camino, cada luz ilumina un pedazo de oscuridad. Cada loco tiene su tema, cada músico su melodía, cada esperanza una meta, cada desesperación es un enemigo a combatir. Cada batalla tiene su fin, unas veces vences y otras eres derrotado. La dignidad nace de Dios y Dios habita en ti, en todo, aunque seas débil, eres sabio aunque yerres a cada paso. Eres día con la luz y noche con la oscuridad. Eres agua que fluye y viento que sopla, nada permanece y nada ha cambiado. Eres individuo y eres infinito. Eres gota de agua y eres océano.

Algún día alcanzarás la sabiduría suprema del guerrero impecable, la batalla es lo mismo que la calma y la enfermedad lo mismo que la salud. El electrón no deja de vibrar, unas veces en una frecuencia y otras en otra. Unas veces estás aquí y otras allí, vives una vida y mueres, mures y renaces, recuerdas y olvidas, eres niño y anciano, mujer y hombre, eres enfermo mental y estás curado.

El guerrero impecable vive el instante como si fuera el último día de su vida y no se lamenta ni gimotea. Danza en la muerte como en la vida. Crea su propia música y baila con sus pies sobre el sol y lasa estrellas. No intenta desentrañar el misterio de la vida, porque ningún misterio tiene sentido cuando uno mira con sus ojos fulgurantes, como carbones encendidos. Quien ve no necesita hacerse preguntas, ve. Quien vive no se pregunta cuándo ha nacido y cuándo morirá, abre la boca y respira y el aire empapa sus pulmones como fuego y todo él se convierte en una tea encendida.

El control y el descontrol son una y misma cosa, el movimiento del guerrero que como un cometa ardiendo cruza el cielo sin preguntarse en qué galaxia se formó y en qué galaxia se extinguirá.

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4 responses

19 05 2014
papus21

Querido amigo: He aprobado tu comentario porque todo el mundo merece una respuesta. Los budistas creemos que en el interior de cada persona hay una chispa divina, el alma, el espíritu, que procede de Dios y merece todo nuestro respeto. No obstante eso no nos obliga a estar de acuerdo con todo lo que piensan o hacen los demás. En tu caso entiendo que eres un familiar de un enfermo mental y que has sufrido mucho. No tendría el menor sentido que no fuera así, que no fueras familiar de un enfermo mental y te limitaras a desearnos toda clase de males simplemente porque confundes la enfermedad mental con la maldad. Si así fuera permite que te diga con todo el respeto y amor fraternal que estarías muy cerca de la enfermedad mental y eso no sería agradable ni para ti ni para tus seres queridos ni para quienes sabemos lo que es la enfermedad mental. Quien odia tanto a sus hermanos de alguna manera ya está incubando la enfermedad mental.

A lo mejor eres de los que piensan que la enfermedad mental es una decisión de la persona que la sufre. Voy a convertirme en enfermo mental y hacer todo el daño que pueda. Si piensas así deberías informarte y conocer este mundo infernal de la enfermedad mental antes de hablar y lanzar maldiciones y deseos nefastos que bien podrían caer sobre tu propia cabeza, como una consecuencia kármica de tus pensamientos, emociones y acciones. El que tira la piedra debe saber por qué la tira y contra quien la tira, no sea que la tire al aire y le acabe cayendo en la cabeza.

A lo largo de mis años como enfermo mental me he encontrado con bastantes personas como tú, que pensaban que yo era una especie de deshecho humano, por desgracia algunas de ellas acabaron sufriendo enfermedades físicas o psíquicas con el tiempo. No se puede desear lo peor a nuestros semejantes y creer que vamos a estar para siempre libres de la enfermedad y el sufrimiento, porque somos mejores que los demás, más guapos, o porque tenemos una especial protección divina. Quien piensa así es un ignorante, un ciego que debería abrir los ojos antes de caer al abismo.. No conozco a nadie que no sea mortal, que no haya muerto o vaya a morir antes o después, desde esa perspectiva creerse superiores a los demás es intentar convencerse de la propia inmortalidad. No te vendría nada mal practicar la técnica de Castaneda de perder la importancia personal. Cuando uno sabe que es una partícula infinitesimal en un universo infinito, el simple hecho de que otro sea consciente de su existencia ya es algo por lo que tendríamos que estar infinitamente agradecidos. En este caso yo he decidido apercibirme de tu presencia, cuando eres como yo una simple partícula subatómica en un universo infinito, cuando hubiera podido eliminar tu comentario como un spam repugnante. Es algo por lo que todos deberíamos mostrar agradecimiento, por ser reconocidos como personas, como existencias por los demás.

El afecto se genera a partir del conocimiento y la convivencia. Tú no me conoces de nada ni has convivido conmigo un solo segundo por lo que tu odio hacia mí solo puede nacer de la extensión injusta de un odio hacia persona o personas concretas que te han podido hacer algún daño. Si no fuera así tu dogmatismo, tu odio, esa maldad que destilas y que estás eligiendo libremente te acabarán convirtiendo en un enfermo mental más bien a corto que a largo plazo, sino lo eres ya. Y si no fuera así sería aún peor porque la elección libre de la maldad y la oscuridad nos lleva por caminos infernales donde el sufrimiento es el suelo que uno pisa.

Al contrario que tú yo no te deseo ningún mal, el karma caerá sobre ti, como ha caído sobre mí y como ha caído y caerá sobre todos.. Mi único deseo es el de que abras los ojos antes de que el sufrimiento te obligue a hacerlo. Por desgracia a veces solo el sufrimiento nos hace evolucionar espiritualmente. Espero que no tengas que arrepentirte de tus palabras y que la piedra que nos acabas de tirar con odio no caiga sobre tu cabeza.

Me gustaría invitarte a un diálogo fraternal y espiritual, pero deliberadamente has escogido el odio y ser nuestro enemigo, el enemigo de los enfermos mentales, y concretamente mi enemigo. No me queda otro remedio que actuar como un guerrero impecable y utilizar la primera estrategia de un guerrero cuando debe enfrentarse en una batalla a su enemigo: traerle a su terreno y no dejar nunca que la batalla se libre en el suyo, en el momento y el lugar que él escoja.

Mi terreno es la sinceridad, dar la cara, y por eso te reto en mi terreno. Te reto a que te identifiques a que nos digas a todos quién eres, a que nos cuentes por qué odias a los enfermos mentales, por qué nos deseas lo peor y nos lanzas esa especie de maldición que espero que no acabe cayendo sobre tu propia cabeza.Te reto a que nos digas por qué piensas que tú estás libre de llegar a sufrir la enfermedad mental generada por tu propio odio, por la muerte de un ser querido, por la pérdida de un trabajo, por circunstancias dramáticas que pueden caer sobre tu vida como sobre la de todos. Te reto a que nos digas quién crees que eres para mirarnos desde arriba, como un dios, y vernos como cucarachas. Te reto a que digas cuál es tu pensamiento, tu filosofía de la vida, a que si te consideras tan maravillosa persona, merecedora de todo lo bueno, no te ocultes en las sombras y lances maldiciones como un demonio de pacotilla de serie B. Un guerrero lucha a cara descubierta y no se oculta cobardemente en el anonimato. Un guerrero impecable te reta porque has decidido ser su enemigo, y te reta en su terreno, el de la sinceridad. Nada más amigo, podría comprender que tu actitud naciera de alguna tragedia ocasionada en tu vida por algún enfermo mental, eso sería comprensible. Pero si no es así tu odio es simplemente consecuencia de una elección, entre el bien y el mal, y tú has elegido el mal.

A pesar de ello reconozco la chispa divina que hay en ti como en todos y te deseo lo mejor.

QUE LA PAZ PROFUNDA ESTÉ CONTIGO

11 05 2014
José

Los locos deberíais sufrir lo indecible cada día por todo el daño que ocasionáis a vuestras familias.
No merecéis nada.

29 11 2016
Elena

Entre en su magnifico blog y solo puedo dedicarle palabras de profunda admiración .Tengo un familiar directo que padece una enfermedad mental y luego de años recorriendo la web,los libros de psiquiatría,etc ,he hallado aquí la lucidez y solidez necesaria para abordar tanto el enfermo como su familia ese camino difícil como es la enfermedad de la psiquis pero que corre paralelo muchas veces como pude constatar leyendo sus escritos,a la profunda sabiduría de quienes los han transitado Pura alquimia . Gracias!

30 11 2016
Slictik

Muchas gracias Elena, los budistas creemos que el cuerpo causal o alma solo se alimenta de felicidad, si su alimento es escaso enferma y transmite su enfermedad a los restantes cuerpos, incluido el cuerpo mental. La enfermedad mental no sería otra cosa que una enfermedad del alma. Una inyección de cariño en vena no puede curar definitivamente pero nos ayuda mucho, es lo único que nos hace mejorar realmente. Los enfermos necesitamos que se nos escuche, se nos apoye y sobre todo se nos de mucho cariño. La enfermedad es dura para todos, enfermos y familiares, pero con cariño se puede andar el camino.Los enfermos estamos aprendiendo la lección de que el cariño es lo único que merece la pena en esta vida y además es gratis, al menos el verdadero cariño, la humanidad debería aprender que solo el camino del cariño lleva a alguna parte, las cosas materiales ayudan al cuerpo físico pero no alimentan el alma. Los enfermos lo aprendemos con suma dureza pero tal vez esa sea nuestra misión en la vida, transmitir un mensaje de amor e iluminar la oscuridad que la materia pone ante nuestros ojos. Un abrazo fraternal para ti y para tu familiar.

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