CURSILLO DE YOGA MENTAL 2-27

14 05 2014

CURSILLO DE YOGA MENTAL

SEGUNDA ETAPA/ CLASE VEINTISIETE

Saludo budista

Hoy vamos a tener una clase atípica. Un compañero nos va a hacer una demostración del péndulo de cuarzo, pasándolo por los diferentes chakras de nuestro cuerpo con objeto de ayudar a su apertura. Para ello a quien le corresponda por turno se tumbará en el suelo en postura de relajación y cerrará los ojos. Los demás podemos permanecer sentados observando o tumbados en postura de relajación. Mientras trabajan con los demás nosotros haremos unos ejercicios de equilibrio de energía, de pranayama y vocalizaremos algunos mantras. Como música he elegido el canto gregoriano que nos ayudará a entonarnos espiritualmente.

Luego tendremos una meditación dinámica y al final una pequeña sesión de cuencos tibetanos. Como hoy no tendremos recapitulación podéis tomaros como deberes la contestación al test de las flores de Bach que os envié por correo. Consiste en poner un aspa o una cruz en aquellas características psicológicas que se acomoden a vuestro carácter. Luego buscaréis la flor de Bach que consideréis ser aproxima más a lo que vosotros sois, nunca puede haber una coincidencia de un cien por cien, pero siempre habrá una afinidad importante. Una vez que todos tengamos clara nuestra flor, la comparemos con el signo astrológico en las fotocopias que os di. Vamos a comenzar a trabajar individualmente con nuestras características psicológicas, para ello trabajaremos con el chakra correspondiente. Si alguno tiene interés específico en ser tratado con flores de Bach deberá ir a una parafarmacia y ponerse en manos de un terapeuta profesional que sepa de las flores y pueda confeccionarlas. Se trata de una especie de tratamiento homeopático, como una vacuna, que para hacernos resistentes a nuestros virus psicológicos, digámoslo así, nos inoculará una sustancia que acentuará los defectos de nuestro carácter y actuará sobre ciertos órganos físicos. Pero eso será una decisión vuestra porque yo no soy un gran conocedor ni un profesional de las flores de Bach.

MEDITACIÓN DINÁMICA Y PSICODRAMA

Esta técnica la aprendí de una profesora de yoga Argentina. En un cuadernillo he ido anotando todas estas técnicas, algunas inventadas o creadas por mí, que iremos desarrollando en otra etapa del cursillo.

La meditación dinámica, acompañada de unos ejercicios de psicodrama, consistirá en lo siguiente:

He enlazado una serie de archivos con música de diferentes tipos. Vamos a permanecer de pie, observamos nuestro lugar y lo delimitamos mentalmente. Cerramos los ojos. Nos vamos a mover siguiendo las pautas que os iré dando. Si alguno choca con otro abre los ojos, le pide disculpas, se vuelve a situar y sigue con el ejercicio.

Comenzamos con música africana. Nuestro cuerpo intenta asimilar esa música y se mueve a su ritmo. Utilizamos la voz para cantar o expresar lo que sentimos ante ese ritmo. Cada uno es libre de moverse a su aire, de utilizar la voz cuando quiera o de sentarse o tumbarse en la esterilla cuando lo considere oportuno. Hacemos ejercicios de taichí mientras nos vamos moviendo, pasamos a ejercicios de equilibrio de energía sin seguir pauta alguna, conforme nuestro cuerpo nos lo pida. Vamos caminando sobre la esterilla, pasito a pasito, a cámara lenta, conforme lo hacemos vamos imaginando y visualizando nuestra vida, desde el nacimiento hasta el momento actual. Cuando llegamos al final de la esterilla nos damos la vuelta y retrocedemos, como si estuviéramos recapitulando, tomando los hilos de energía que hemos ido dejando por el camino, en nuestra vida. Visualizamos que son como telarañas brillantes, alzamos la palma de la mano derecha, tocamos ese hilo de energía, recordamos el momento que está asociado a esa pérdida energética. Cerramos el puño y lo aproximamos al plexo solar, abrimos la mano y “pegamos” el hilo energético. Nos movemos sin prisa, pasito a pasito, recordando y visualizando los momentos importantes de nuestras vidas.

Recuperamos el movimiento normal con el nuevo archivo de música. Nos movemos con más soltura y si queremos hacemos alguno de los pases mágicos de Castaneda que hemos estado haciendo en clases anteriores. Utilizamos la voz para expresar nuestros sentimientos y emociones, nuestro estado energético y emocional, si estamos tristes o alegres, enfadados o arrepentidos….

EL ARCOIRIS EMOCIONAL O EL PIANO EMOCIONAL

Vamos a llevar a cabo un ejercicio emocional para hacernos conscientes de que nosotros no somos nuestras emociones, ellas están fuera, son como los colores de un arcoiris que vemos en el horizonte o como las teclas de un piano que nosotros vamos tocando con los dedos, creando una determinada música. Movemos los dedos como si estuviéramos tocando el piano. Algunos creen que el ser humano es básicamente emocional, que eso es lo que nos distingue de los animales o de los robots. Si no tenemos emociones, piensan, no somos humanos. Y por lo tanto huyen de la frialdad emocional, de la objetividad, del equilibrio en las emociones. Creen que es la emoción lo que distingue a una persona “normal” de un asesino en serie, pongamos por caso. Confunden emotividad con empatía. Tengamos claro que la emoción es algo que nos sucede, una música que tocamos con nuestros dedos, un color que vemos en el arcoiris sobre el horizonte. Si nos identificamos con nuestras emociones lo único que conseguiremos es vivir en una especie de montaña rusa donde algo nos llevará de acá para allá y determinará si ahora vamos a estar tristes o alegres, felices o amargados, si hoy va a ser un día malo, bueno o regular. Con cada emoción, especialmente con las más intensas y violentas, perdemos un gran chorro de energía, es como una hemorragia, solo que en lugar de echar sangre echamos energía. Las emociones nos vacían, nos dejan exhaustos. No es necesario que “demostremos” a los demás lo humano que somos expresando nuestras alegrías saltando como cabras o llorando a lágrima viva cuando estamos tristes o lo mucho que nos enfadamos por su conducta. No es preciso que hagamos teatro cada vez que nos vamos a relacionar con alguien, porque solo de esta forma se dará cuenta de que somos “humanos”.

Como vamos a ver es muy malo mantener las emociones dentro, que se vayan pudriendo. Nuestra sociedad a veces nos obliga a ello, pero nada impide que cuando estemos a solar, en nuestro hogar, podamos expresarnos con la intensidad requerida para que el gusano que tenemos dentro no siga royendo nuestras entrañas. No es contradictorio hacer esto, no estoy pidiendo que no expresemos las emociones y al mismo tiempo que vayamos a casa a expresarlas en la intimidad, mediante el psicodrama o el teatro psicológico. Lo que os pido es que viváis las emociones como el pianista que toca al piano melodías, unas veces serán tristes y otras alegres, podrá identificarse con ellas durante el recital, pero cuando acabe seguirá “viviendo”. Os pido que viváis vuestras emociones como actores que deben interpretar un papel durante un tiempo. Viven esas emociones intensamente, dentro del personaje, pero cuando terminan esas emociones no le acompañan en la vida, son “interpretaciones”.

Algunos pensarán que todo esto es muy frío y que si no nos identificamos con la emoción y la vivimos a fondo no podremos “creernos” que estamos amando a los demás. Bien, no es bueno confundir emoción con consciencia espiritual, con sentimiento espiritual. Una emoción sin consciencia, sin mente, sin control, puede ser tan dañina como una plaga. A menudo nos encontramos con personas que nos dicen que nos aman mucho y que acaban imponiéndonos su forma de pensar y de vivir, nos quieren tanto que no soportan que suframos, que nos equivoquemos, que pasemos por etapas de mala salud, para ellos querernos es dedicarse en cuerpo y alma a nuestra felicidad, sin darse cuenta de que no se lo hemos pedido, de que nos molesta esa actitud de esclavo y de que a lo mejor, en la mayoría de las ocasiones es así, su concepto de la felicidad no encaja para nada con el nuestro. Lo que están haciendo esas personas es confundir emoción con amor, es confundir la música que están tocando en el piano con la persona para la que la están tocando, es querer apropiarse del arcoiris dando saltitos, porque sin una piel “arcoiris” no se puede vivir.

Aunque nos cueste visualizarlo la consciencia no tiene por qué ser emoción, y mucho menos una emoción descontrolada que entra en nuestros hogares como un elefante en una cacharrería. El amor no tiene porqué expresarse como en una película en la que todos los actores sobreactúan. La espiritualidad lo es todo, abarca todo, incluso las emociones, las ideas, todo, pero no es bueno confundir espiritualidad con emoción. Digamos que nuestra consciencia es como una especie de vasija con paredes de cristal, invisibles. Vamos expandiendo la consciencia, conforme evolucionamos, y al expandirse lo que hacemos es introducir todo lo que captan nuestros sentidos en nuestra vasija de consciencia, de esta forma vinculamos a personas, entornos, todo tipo de “datos” o de “cosas existentes”. Al ampliar nuestra consciencia nos vinculamos con todo y lo introducimos en “nuestra vasija” pero al mismo tiempo perdemos “consciencia” de nosotros mismos y dejamos que otros nos vinculen y nos metan en sus consciencias. Compartimos ideas, emociones, visiones, percepciones de nuestro entorno y por eso sentimos como “propio” y al mismo tiempo como “común” el entorno en el que vivimos y las personas con las que nos relacionamos.

Es cierto que no podemos comunicarnos si no hablamos, si no expresamos emociones en nuestro rostro. La inteligencia emocional es fundamental en nuestras vidas y más vale muchas veces que el otro conozca lo que “sentimos” que no lo que pensamos, porque con lo que pensamos puede no haber posibilidad de acuerdo, pero con lo que sentimos sí, puesto que la emoción vincula mucho más que el pensamiento. Todo esto es cierto pero quien se identifica demasiado con sus emociones acaba viviendo en una montaña rusa y despeñándose al suelo cada dos por tres. Vamos a sonreís mientras caminamos o nos movemos al compás de la música, vamos a gesticular, a expresar nuestras emociones de cualquier manera. Incluso vamos a expresar nuestras emociones más negativas, sobre todo ellas, puesto que son las que más ocultamos y las que más acaban enquistándose en nuestro subconsciente. Para ello vamos a practicar el arcoiris emocional o vamos a tocar el piano emocional.

Comenzamos con las emociones más fuertes, la rabia, el odio, el sentimiento del caos destructivo. Es más fácil comenzar a tocar las teclas más intensas e ir deslizándose a las más “sensibles” y tiernas que al revés. Como es más fácil que una persona acabe calmándose tras una explosión de cólera que conseguir que estalle en cólera tras una fortísima depresión en la que ha llorado y se ha hundido en el abismo. Voy a imaginarme todo lo que me ha salido mal a lo largo de la semana, todo lo que me asquea, me repugna. Lo expreso con la voz, intensifico el volumen, no necesito utilizar palabras completas, solo sonidos. Muchas veces nos sentimos agredidos cuando otra persona nos levanta la voz en una discusión, efectivamente así es, porque nos está lanzando su peor energía, la más potente, como si fuera una estaca, para darnos donde más duele. En el psicodrama, en este ejercicio, aprenderemos a percibir ese tono de voz como un sonido del piano, una tecla más, ni más ni menos. Nosotros gritamos, ellos gritan, pero esto es una representación, una obra de teatro, somos actores y este es nuestro papel, por lo tanto no vamos a permitir que los demás nos afecten con sus voces, que nos saquen de quicio. Estamos representando.

Podemos cerrar los puños, gritar, podemos farfullar, balbucear, estamos expresando la rabia que sentimos, la tristeza, la cólera ante lo que nos ha sucedido y que no creemos merecer. Ahora, cambiamos la música, escuchamos una música más relajada y tranquila. Estamos en otra escala, estamos en otro lugar del teclado. Vamos a intentar pasar hacia la alegría a través de la risa. La cólera más espantosa está más cerca de la risa de lo que pensamos, algunos dicen del amor, y es cierto, pero antes de llegar al amor hay que pasar por otros espacios. Para ello vamos a utilizar la escala de la risa que ya utilizamos en el taller de humor. Comenzamos: jaja,jeje, jiji, jojo, juju. Subimos el tono, lo bajamos, impostamos la voz. Somos la orquesta de la risa. Entramos en automático y nos reímos, luego recordamos algún acontecimiento gracioso y nos reímos conscientemente.

Tras la risa llega la calma, nos sentamos o echamos un poco, si queremos, recobramos la inmovilidad. Escuchamos la música. Luego nos levantamos y caminamos, gesticulamos, hablamos, hacemos algún pase mágico, vamos a seguir, vamos a intentar llegar al otro extremo, a la sensibilidad, la ternura, la lágrima. Para ello la muerte es siempre la imagen que más nos va a ayudar. No podemos pensar en la muerte, sensibilizarnos con determinados tipos de música, por ejemplo con el ritmo africano, es imposible ponernos a llorar mientras nos movemos al compás de esta música. La razón es que cada música afecta a un determinado chakra que regula determinadas emociones. Por eso cambiamos de música y visualizamos, antes de la imagen de la muerte, la ternura que nos produce un bebé, el cariño que sentimos hacia un niño candoroso. Visualizamos a nuestra pareja y le decimos: “TE QUIERO”. Visualizamos al bebé y le expresamos nuestra ternura, te voy a comer precioso. Esta emoción nos prepara para llegar al otro extremo, la lágrima, el sufrimiento. Recordamos la muerte de algún ser querido, visualizamos cómo fue, sentimos húmedos nuestros ojos, dejamos que del pecho salgan sonidos de congoja. Caminamos y de pronto sentimos la fría mano de la muerte sobre nuestro hombro izquierdo, como le aconsejaba don Juan a Castaneda que pensara en la muerte. Notamos su frío penetrar en nosotros. Ha llegado el momento, puede ser un disparo, un atropello, una caída desde una altura, un infarto. La muerte se va a producir. Sentimos una angustia infinita, no podemos soportar perder la vida, perder la luz del sol, la belleza de un paisaje, el contacto con los seres queridos. Nos sentimos subir y abajo queda nuestro cuerpo físico, caído en el suelo. Nos hubiera gustado disponer de más tiempo, apreciar más el don de la vida. Pero aquí estamos, la muerte nos tocó con su gélida mano y estamos muertos. Suplicamos, rezamos: ¡Oh, Dios! No me abandones, no permitas que muera ahora, déjame que termine lo que dejo a medias.

Las lágrimas fluyen de nuestros ojos, la angustia nos oprime el corazón… Pero ahora dejamos el teclado emocional y recordamos que somos pianistas tocando una pieza, que somos actores representando una obra. Sentimos y vivimos como si fuera real mientras duró pero ahora somos conscientes de que solo fue un concierto, una representación. De nada sirve prolongarla, de nada sirve vivir la muerte con intensidad y angustia absolutas, eso no cambiará nada, no mejorará nada. La muerte es un paso más, una tecla en el piano, un color en el arcoiris, todo lo demás es sobreactuar y ahora no tenemos público, estamos solos. Hemos desahogado nuestros miedos, angustias, temores, nuestra cólera, nuestro odio, nuestro afán de venganza, nuestra impotencia. Lo hemos arrojado fuera, pero solo era un concierto, una representación teatral. Ahora regresamos al cuerpo físico y nos hacemos conscientes de estar aquí y ahora, representando un psicodrama, meditando dinámicamente.

Lo ideal sería que nuestra sociedad aceptara la expresión sincera de nuestros pensamientos y sentimientos, nos comunicaríamos mejor y el gusano de la represión no nos transformaría en enfermos mentales, no sufriríamos tantas patologías y tan intensas, nos comprenderíamos mejor y sería más fácil amarnos. Pero no es posible porque nuestra sociedad castiga severamente a quien no sigue sus normas. Por lo tanto cuando lleguemos a la intimidad de nuestro hogar, si aún siguen coleando emociones que no hemos podido expresar, lo haremos a través del psicodrama, de la meditación dinámica, si tenemos que expresar odio lo haremos, si tenemos que maldecir o insultar, lo haremos, pero no nos olvidemos nunca, al final, de pedir perdón a las personas que ofendemos, como un actor pide disculpas al público por el personaje malvado que le ha tocado interpretar.

Trabajaremos más con el psicodrama y la meditación dinámica. Haremos pequeñas representaciones de nuestras patologías, de nuestros conflictos emocionales, de cómo vivimos nuestra enfermedad mental. Sacarlo al exterior es bueno, muy bueno. Nos vamos a convertir en pianistas, en actores, vamos a vivir nuestras emociones como artistas que tocan o representan. De esta forma nos afectarán menos y nuestras espaldas se librarán de una mochila llena de piedras que es parte fundamental de nuestra enfermedad mental.

Hemos llorado, estamos vacíos, ahora vamos a retomar el camino hacia el otro extremo, para darnos cuenta de su dificultad, vamos a intentar pasar de la lágrima a la ternura, lo que no es difícil, de esta a la risa, lo que es un poco más complicado, de la risa a la alegría, lo que es muy sencillo y de ésta al malhumor, la cólera, la agresividad. Ahora nos costará mucho más llegar a esas emociones. Seremos buenos actores, buenos pianistas, no deberemos sentirnos culpables de estar “actuando” frente a los demás. Don Juan tiene toda una sección del guerrero impecable dedicada a esto: el arte de acechar. No queremos menos a nuestros seres queridos por el hecho de que intentemos evitar las broncas y las agresiones; no seremos peores personas por el hecho de que seamos grandes concertistas de piano o formidables actores. La labia no nos hace mentirosos, astutos, zorrunos, saber hablar bien es solo un instrumento que nos puede ayudar o puede dañar. Tocar el piano es un “plus” no una flauta de Hamelín para llevar a las ratas al abismo. Aquí no hay ratas, aquí hay personas, y nosotros vamos a aprender que no somos emociones, “tocamos” emociones al piano, “interpretamos” emociones en el escenario de la vida. En realidad lo que verdaderamente somos, lo que somos en esencia, es seres espirituales.

Saludo budista.

QUE LA PAZ PROFUNDA ESTÉ CON VOSOTROS.

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14 05 2014
papus21

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