CURSILLO DE YOGA MENTAL 2-30

4 06 2014

CURSILLO DE YOGA MENTAL

SEGUNDA ETAPA/ CLASE TREINTA

Saludo budista

Hoy además de hacer los ejercicios habituales vamos a trabajar un poco con los dedos y las palmas. Como sabéis en el centro de las palmas de nuestras manos está un chakra secundario de gran importancia. El hombre primitivo, el “homo faber” comenzó a utilizar sus manos como una extensión de su inteligencia para cambiar su entorno material. A través de los dedos, de nuestras manos, podemos transmitir energía de una forma importante como se hace en la tradición de cura a través de la imposición de las manos. Algunos ejercicios con los dedos y las palmas nos ayudarán al equilibrio de energía, algo muy importante. Don Juan le habla a Castaneda de dos energías básicas, la del lado izquierdo y la del lado derecho, que generan distintas formas de conocimiento y hacen que el guerrero esté en la primera o segunda atención.

Vamos a hacer que las yemas de los dos demos más largos de nuestras manos se junten, apretamos con fuerza, vamos doblando el resto de los dedos hasta hacerlo con los pulgares. Hacemos lo mismo con los otros dos dedos. Ahora juntamos las yemas de todos los dedos, las apretamos con fuerza, unas contra las otras y vamos haciendo que la mano se encoja o extienda poco a poco. Al mismo tiempo vamos subiendo ambas manos hacia arriba, las bajamos y recomenzamos los ejercicios. Ahora repetimos el ejercicio que ya hemos hecho muchas veces, la muñeca derecha pasa por encima de la izquierda, juntamos los dedos entrecruzados y volteamos hacia fuera y luego hacia dentro respirando. Cambiamos la posición de las manos y repetimos.

AHORRO DE ENERGÍA

Llevamos ya muchos meses trabajando con la energía y hemos tenido muy poca teoría. Ha llegado el momento de conocer un poco qué es la energía y cómo funciona.

¿QUÉ ES LA ENERGÍA?

La Biblia habla de que en el principio fue el Verbo y el Verbo era Dios. En el principio fue la palabra o el sonido o la vibración primigenia. En realidad la energía no es otra cosa que vibración. Las partículas subatómicas vibran y según vibren en una frecuencia o en otra las situaríamos en una dimensión o en otra, como en la física cuántica. Según sus vibraciones se producen afinidades y vinculaciones, que dan lugar a la existencia del mundo físico que ya conocemos bastante bien.

En la Cábala judía y esotérica se hace un pormenorizado estudio de las letras del alfabeto, desde Alfa a Omega. En realidad estas letras se identifican con las vibraciones primigenias de las que se formó el universo. En la filosofía chamánica de don Juan estas vibraciones se denominan emanaciones que brotan del Águila, es decir de la Mente universal. En el budismo se habla del ying y el yang las fuerzas primordiales del universo.

En el estudio pitagórico de los números el 1 sería la unidad, donde están todas las fuerzas, emanaciones y vibraciones, a partir de su división se irían formando otros números que serían la suma de las partes de que se compone el número 1 o unidad. Así el 2 sería 1+1 y el resto de los números serían distintas posibilidades de combinación de los números simples. Según esta filosofía matemática del Cosmos todo lo que existe funcionaría como en las matemáticas, de la unidad saldrían todos los números y todos los números se reducirían a la unidad.

Digamos que la vibración primigenia, la energía más simple y total, sería el amor divino. De ella surgirían, en sucesivas divisiones, todas las energías restantes. En el libro de Urantia se habla de cómo del Padre brotan el Hijo y el Espíritu, formando la primera Trinidad divina y totalizadora. De ella irían surgiendo otras trinidades, por debajo de la primera, y cada vez con menos cualidades divinas. Hasta llegar a los estadios más bajos de la creación, donde estaría el ser humano y por debajo de él los animales, plantas y minerales.

El trabajo con distintas energías no es otra cosa que las operaciones matemáticas que realizamos para lograr resolver un problema. En realidad todos los problemas estarían resueltos si llegáramos a la energía primaria y totalizadora, el amor. Se puede decir que amando estamos en la raíz de las energías y todas las energías de nuestro ser estarían ahí almacenadas, revitalizadas y armonizadas, pero como esa meta es tan complicada (ama y haz lo que quieras, decía San Agustín) intentamos ir poco a poco y de abajo a arriba. Como dice una de las máximas del Kybalión, que es uno de los principios fundamentales esotéricos, como es arriba es abajo y como es abajo es arriba. Ello quiere decir queso aquí, en el mundo físico, reproducimos las leyes que rigen los mundos superiores lograremos que todos estos mundos o todas estas partes de nuestra personalidad funcionen y funcionen bien.

En el libro de Urantia se habla de tres energías básicas: energía física, energía mental y energía espiritual. La energía física sería la de nuestro cuerpo físico y de acuerdo a sus leyes funcionaría todo el mundo material.

ENERGÍA FÍSICA

Sabemos muy bien que nuestro cuerpo funciona de una determinada manera y de acuerdo a unas leyes concretas, si no las seguimos nuestro cuerpo se deteriora y muere. El cuerpo físico necesita ALIMENTO, RESPIRACIÓN, EXCRECIÓN, UNIDAD Y FLUIDEZ.

Nos alimentamos para conseguir energía para el cuerpo físico, bebemos para facilitar agua y líquidos a nuestros tejidos. La alimentación debe ser armoniosa y estar en consonancia con nuestros cuerpos, cada uno distinto a los demás. Si la única fuente de energía fuera el alimento bastaría con comer desaforadamente y siempre estaríamos repletos de energía física, mental y espiritual. Sería divertido conseguir energía espiritual a través de la comida, no sufriríamos tanto como cuando tenemos que recargar nuestra energía espiritual a través del amor al próximo, eso sí que es difícil y doloroso.

Tenemos que comer lo suficiente porque si comemos en exceso la energía sobrante se acumula en forma de grasa y nuestros cuerpos se convierten en botijos o toneles. El cuerpo necesita una energía concreta y en la forma que el propio cuerpo le pide. Necesitamos proteínas, minerales, etc. No podemos comer solo de unja cosa hasta hartarnos. Hay que seguir una alimentación armoniosa.
RESPIRACIÓN

El pranayama es fundamental en la captación de energía. Sin respiración sabemos que morimos y de forma inmediata. El aire nos aporta oxígeno pero también prana o energía más sutil. Una buena respiración es esencial para una buena salud física, mental, emocional y espiritual.

EXCRECIÓN

Si no excretamos, reventamos, podríamos decir. Los desechos deben ser expulsados. Todo desecho que se forme al utilizar las diferentes energías deben ser expulsados para no intoxicarnos. Y esto se refiere tanto a los desechos de la alimentación y bebida como a los “desechos” emocionales, mentales o psíquicos. Es por eso que muchas terapias se basan en hacer hablar al paciente, tiene que “excretar” sus venenos emocionales y mentales.

UNIDAD Y FLUIDEZ

Un cuerpo físico está unido, es un universo en miniatura y todo funciona de forma armoniosa para el conjunto, cuando no es así se producen las enfermedades, por ejemplo el cáncer. Al mismo tiempo todo debe fluir, porque la falta de movimiento sabemos que es la muerte. Lo mismo sucede con nuestra energía, debe ser captada de las fuentes correspondientes, procesada, asimilada, excretada si es necesario y debe estar siempre en movimiento. Los bloqueos energéticos son como las grasas acumuladas en el cuerpo físico, no traen nada bueno.

ENERGÍA MENTAL

El universo es mental, dice el Kybalión. Todo funciona de acuerdo a una mente, incluso los minerales, la materia más sólida e inconsciente del universo se forma y se organiza porque detrás de ella hay una menta universal. Si contactamos con esa mente y la convencemos de un cambio éste se producirá con mayor facilidad que si intentamos romper el átomo o destruir una galaxia. Las partículas vibran y si cambiamos su vibración cambiamos su dimensión, su lugar en el espacio y en el tiempo y sus funciones determinadas en un organismo.

Por eso es tan importante que nuestros pensamientos estén dirigidos a la alimentación energética, al equilibrio y a la comunicación a través del amor. Porque si nuestros pensamientos son caóticos y destructivos, todas las partículas a las que llegue ese pensamiento modificarán su vibración en el sentido destructivo y modificarán nuestras vidas trayendo constantes desgracias sobre nosotros. El universo es mental y nuestros pensamientos modifican el universo, y antes nuestros propios cuerpos, nuestras emociones y todo lo que somos.

ENERGÍA ESPIRITUAL

En el libro de Urantia se habla del estado “morontial” que es el que adquirimos cuando morimos. Se nos dota de un cuerpo “morontial” energético y seguimos el camino evolutivo. Conforme avanzamos y evolucionamos estos cuerpos energéticos son cada vez más perfectos y sutiles hasta alcanzar el cuerpo espiritual. La energía espiritual es sustancialmente diferente y superior a las otras energías. Es por eso que nuestras almas son sustancialmente diferentes a nuestros cuerpos. La energía espiritual está basada en el amor como los cuerpos físicos están basados en el carbono. Sin amor el cuerpo espiritual se consume. Es por eso que nadie puede sobrevivir sin amor, porque si su cuerpo espiritual se deteriora, todo lo demás se deteriora en cadena. Quienes se quejan de sus enfermedades físicas, deberían analizar sus mentes y sobre todo sus espíritus. No podemos sobrevivir sin amor. A lo mejor no habíamos caído en algo tan elemental. Los enfermos van a los hospitales y se quejan si no se curan rápida y totalmente. Puede que la cura que necesiten sea el amor y si no hay amor es posible que no haya ninguna otra cura para ellos.

Como me he extendido demasiado dejaré para otra clase algunos pormenores más de la energía, la posibilidad de “ahorrarla”, cómo equilibrarla y cómo utilizarla y compartirla.

RELAJACIÓN-MANTRAS-MUSICOTERAPIA

Como siempre nos tumbamos en postura de relajación, hacemos algunos mantras, escuchamos música y encendemos una vela e incienso. Esto forma parte del trabajo con los chakras, que no debe decaer nunca porque forma parte esencial de nuestro caminar evolutivo.

MEDITACIÓN SOBRE LA MUERTE

A lo largo de varias meditaciones hemos seguido la evolución de la persona, desde su nacimiento. Hoy nos toca despedirla, provisionalmente, con la muerte. Esta meditación le vendrá bien a aquellas personas a las que se les haya muerto algún ser querido no hace mucho tiempo.

Don Juan le dice a Castaneda en reiteradas ocasiones que solo la presencia de la muerte nos convierte en guerreros impecables. Ella está tras nosotros, tocando nuestro hombro izquierdo. Ella nos recuerda que en cualquier momento nos tocará y nos pedirá que la acompañemos. El tiempo es fugaz, todo lo que somos ahora desaparecerá. Nuestros cuerpo son mortales, nuestro tiempo es limitado, nuestra misión de aprendizaje en esta vida acabará por llegar a su término. Un guerrero impecable, le dice don Juan a Castaneda no duda ni siente remordimientos porque ante la muerte no valen dudas (en otro capítulo de las enseñanzas de Don Juan aportaré nuevas citas al respecto). La consciencia de la muerte, de nuestra mortalidad, no nos hace más débiles, sino más fuertes, aleja nuestras dudas, convierte nuestros remordimientos en tonterías y hace que nuestras patologías como enfermos mentales o que el sufrimiento de nuestras vidas sea algo sin la menor importancia al lado de la muerte.

Los enfermos mentales podemos pensar que a veces es mejor morir que seguir sufriendo, que no merece la pena seguir viviendo en estas circunstancias. Fantaseamos sobre la muerte y la vestimos con ropajes agradables. Al fin y al cabo descansaremos de una vez. Nada más incierto. Cuando nos enfrentamos realmente a la muerte, fuere lo que fuere lo que nos encontremos luego, el descanso anhelado o un trabajo aún más duro, lo cierto es que no tiene ni punto de comparación con cualquier circunstancia que estamos viviendo. Quienes nos hemos enfrentado a ella, hemos vivido experiencias cercanas a la muerte, sabemos muy bien que el terror, la angustia, el sufrimiento físico, es tan espantoso que cualquier otra circunstancias en nuestras vidas nos parece tonta y sin la menor importancia. Un depresivo puede estar tocando el fondo del abismo y desear la muerte pero cuando se enfrenta a ella, bien por su propia mano, bien por circunstancias dramáticas, el rostro de la muerte paraliza hasta la última fibra vital. Nada se parece a contemplar el rostro de la muerte, nada.

Vamos a visualizarnos en una catedral. Acabamos de entrar por la puerta y caminamos sin prisa, dando una vuelta, observando las capillas, los arcos, sintiendo el frescor del ambiente. Llegamos a las vidrieras y contemplamos su belleza y colorido. La luz del sol penetra con fuerza, atraviesa los cristales de diferentes colores y todo el suelo resplandece. Nos sentamos en un banco de madera, advertimos su solidez, sentimos la carne de nuestras nalgas en contacto con la madera.

Miramos hacia el techo y nos deleitamos con la belleza. Entonces advertimos, sorprendidos, que frente al altar un ataúd reposa sobre una repisa de madera. Sentimos curiosidad y nos acercamos. La parte de la cabeza está abierta. Nos asomamos y aterrorizados comprobamos que es nuestro rostro. Es nuestro cuerpo físico el que está en el ataúd. Tiene que ser un sueño, nos decimos, quiero despertar. Nos atrevemos a tocar el rostro del cadáver, es sólido, pero nuestra mano lo atraviesa. Eso nos encoge el corazón. ¿Estaremos realmente muertos?

Intentamos alejarnos, huir, pero algo parece retenernos. Se escucha el sonido del órgano. Se abre la puerta y la comitiva fúnebre entra. Llega el cura con la cruz, los monaguillos, hay un fuerte olor a incienso. Los familiares entran llorando. Hay mucha gente que se disemina por los bancos y se sientan. Se oyen toses, lloros. El cura sube al púlpito y comienza la ceremonia.

Nosotros no podemos creérnoslo. No podemos estar muertos. No recordamos cómo ocurrió. Nuestra memoria parece haber sufrido un gran trauma. Intentamos acercarnos a nuestros seres queridos y consolarlos. Nos basta con pensarlo y estamos a su lado. Acariciamos sus rostros pero ellos no sienten nuestra mano que atraviesa su cuerpo físico. Alguno se estremece como si un soplo de aire frío le hubiera tocado.

Aún no estamos convencidos. Deseamos estar lejos de allí y de pronto estamos fuera de la catedral, observando el gentío que se mueve por allí, como todos los días. La gente va a lo suyo, sigue su vida. No nos ven, no nos perciben. Para ellos nosotros no somos nada, aire, viento, somos invisibles. Eso nos aterra y deseamos estar dentro de la catedral y de nuevo estamos allí. La ceremonia está acabando. No sabemos qué hacer. Nos habían dicho que al morir no había nada o se abría un agujero de luz y nos absorbía, o alguien venía a buscarnos. Aquí no hay nadie. Estamos solos y estamos muertos… al parecer, porque aún no estamos convencidos. Intentamos despertar del sueño, pero todo es muy sólido, muy real. La comitiva sale, se monta en los coches y se dirigen al cementerio. Nosotros estamos sobre ellos, viendo nuestra ciudad, viendo un día cualquiera en la vida de todos los días. Pero es como si ya no existiéramos, nadie nos ve, no podemos tocar nada ni interactuar con nadie.

Llegamos al cementerio y asistimos al entierro. Las últimas despedidas, la tierra que cae sobre el ataúd. Pensamos que es nuestra última oportunidad. Tal vez si entramos de nuevo en nuestro cuerpo podríamos producir un milagro y volver a la vida. Lo intentamos, pero nuestro cuerpo físico ya no nos pertenece. La sangre no circula, los tejidos están muertos, todo es pura materia inerte. No podemos vincularnos con ese cuerpo físico, no responde a nuestras órdenes. En cambio sentimos la putrefacción que se está produciendo, como si nos estuviéramos descomponiendo. Salimos y decidimos por fin que estamos muertos. No sabemos qué hacer, vamos a nuestra casa e intentamos consolar a nuestros seres queridos. Nos gustaría gritarles: estoy aquí, estoy bien, no lloréis por mí, continuad con vuestras vidas, esto no es tan malo como parecía.

No sabemos cómo es la muerte, seguramente hemos vivido y muerto muchas veces, nos hemos reencarnado en multitud de ocasiones, pero no recordamos nada. El libro tibetano de los muertos nos habla de cómo se supone que es la muerte. Don Juan le dice a Castaneda que al morir, si no hemos recapitulado bien y le hemos ofrecido al Águila una copia de nosotros mismos, seremos absorbidos y perderemos nuestra personalidad, como una gota de agua en el océano. Si somos guerreros impecables, hombres de conocimiento, si hemos recapitulado bien, nos dejará pasar y seremos libres. En el libro de Urantia se habla de planeta morontiales donde viviremos diversas etapas en cuerpos energéticos. El catolicismo habla de la resurrección de los muertos y del juicio final. En realidad nadie ha vuelto del más allá, nadie a quien hayamos podido tocar y escuchar. La muerte es un misterio. Sin embargo en sueños hemos percibido cómo podría ser. La vida es sueño, dijo Calderón de la Barca. Nada se parece tanto a la muerte como el sueño. Cuando soñamos creemos que todo es real y sólido y sin embargo al despertar lo real y sólido es lo que vivimos a continuación. Puede que la muerte sea algo parecido, despertamos y todo lo que vivimos anteriormente nos parece un sueño sin relevancia.

No importa, porque lo único cierto es que nos vamos a morir y que antes o después sabremos lo que nos espera. Lo importante es que la muerte, que está a nuestra espalda, tocándonos el hombro izquierdo, es lo único real. La única realidad incontrovertible es que vamos a morir. Podemos aceptarlo o no, pero la mentira no va a solucionar nuestros problemas y será la causa de nuestras enfermedades y patologías. No podemos vivir sanos en la mentira. La muerte puede que no sea tan dura y puede que nos espere un largo camino, del que se habla en el libro de Urantia.

Retornamos a la catedral, a nuestro cuerpo físico. No fue un sueño, pero sí una visualización, una meditación. Hemos viajado con nuestras mentes a un futuro más o menos lejano y hemos visto nuestras muertes. Ahora retomamos nuestros cuerpos físicos, aquí y ahora y recobramos la consciencia sabedores de que la muerte nos ayudará a que nuestra perspectiva de la vida sea la verdadera. La muerte nos hará guerreros impecables. Nada de lo que hagamos será importante y vivir en la “sin importancia” será una nueva vida para nosotros. Desaparecerán las tragedias, los problemas irresolubles, nuestros apegos a las cosas materiales…Nos podremos reír con ganas sin miedo a que nos miren o nos llamen locos, porque la muerte nos hace iguales a todos y ante la muerte cualquier cosa que nos haya sucedido o que nos vaya a suceder carece de importancia. Salimos de la meditación como siempre.

RECAPITULACIÓN

Os puse como deberes hablar con las plantas durante esta semana. Tenía como objeto haceros perder la importancia personal, un ejercicio que le hace don Juan a Castaneda, y también haceros sensibles a que todo lo que nos rodea de alguna manera está vivo puesto que la Mente Universal está en el fondo de toda materia.
Por mi parte viví una curiosa experiencia al actuar haciendo un ejercicio muy consciente para perder la importancia personal. En unas circunstancias que me estaban generando fobia decidí actuar sin el menor sentido del ridículo y haciendo lo que el común de los mortales no se debe hacer en público porque sería hacer el ridículo y llamar la atención. Me puse a hacer taichí en un banco donde llevaba esperando más de media hora. Ya había empezado mal la mañana y todo se fue complicando, mi paciencia estaba en las últimas y mi fobia en las primeras. Decidí actuar de forma consciente sabiendo muy bien que la raíz de la fobia social, lo mismo que la raíz de otras patologías está en nuestra excesiva importancia personal. Nos damos demasiada importancia y no soportamos que nos miren, nos señalen, nos digan, piensen… En realidad deberíamos estar agradecidos a que los demás se aperciban de nuestra existencia.

Esta actitud parece estar en contradicción con la estrategia del arte de acechar, donde el cazador se esconde y procura pasar lo más desapercibido posible. Don Juan le dice a Castaneda que un guerrero no se queda en el camino a la vista de todos, en la encrucijada, para que todo el mundo lo vea y lo encuentre. El acechador debe pasar desapercibido, debe ser anónimo, debe camuflarse, esconderse. Pero ello no contradice ninguna estrategia del guerrero impecable quien decide en cada momento cuál es la mejor estrategia, puede que lo primero sea perder la importancia personal para evitar consecuencias nefastas y si para ello tiene que hacer el ridículo en público lo hace, y si lo más conveniente es emboscarse y acechar, lo hace. Un guerrero impecable hace lo que tiene que hacer cuando tiene que hacerlo, unas veces serán mejores unas estrategias que otras.

Os estoy mandando archivos por correo para que trabajéis un poco sobre ellos este verano. En cuanto el calor se haga insoportable dejaremos las clases y nos reencontraremos en el otoño.

Saludo budista

QUE LA PAZ PROFUNDA ESTÉ CON VOSOTROS.

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4 06 2014
papus21

4 06 2014
papus21

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