CURSILLO DE YOGA MENTAL 2-31

12 06 2014

CURSILLO DE YOGA MENTAL

SEGUNDA ETAPA/CLASE TREINTA Y UNA

Saludo budista

ENTRENAMIENTO ENERGÉTICO-AHORRANDO ENERGÍA

Como buenos deportistas que somos nos entrenamos todos los días. El entrenamiento es fundamentalmente rutina, hacer los mismos ejercicios, estirar los mismos músculos, ejercitar cada parte del cuerpo para que responda a las órdenes de nuestro cerebro, de nuestra voluntad.

Con el entrenamiento energético sucede lo mismo, solo que en lugar de entrenar músculos entrenamos canales energéticos. Un deportista se alimenta equilibradamente, procura no deshidratarse, descansa siguiendo un ritmo concreto y ahorra energía para utilizarla en el entrenamiento y en la competición. Nosotros hacemos lo mismo, recargamos energía a través de la alimentación, a través de la respiración, a través de un control de nuestra mente y emociones, nos relajamos cuando es necesario y “ahorramos energía”.

Sí, suena raro, el cuerpo almacena alimentos cuando le sobran, por eso engordamos y la grasa se acumula en esas partes de nuestro cuerpo que todos conocemos muy bien. Cuando bebemos nuestro cuerpo tiene líquido suficiente, como un tonel al que se acaba de llenar. El agua se contamina, se intoxica y la arrojamos al exterior en forma de orina. Luego recargamos, lo mismo hacemos con el alimento, con la respiración que llega cargada de oxígeno y la arrojamos al exterior como anhídrido carbónico. Podemos entender que suceda algo parecido con nuestro cuerpo energético, pero lo que se nos escapa es eso del “ahorro”.

¿Cómo ahorra nuestro cuerpo energético? Don Juan le dice a Castaneda que un “brujo” un guerrero, un hombre de conocimiento, tiene un lugar en la segunda atención donde “guarda” su “poder”. Es como si tuviéramos unas monedas de sobra y buscáramos un lugar para esconderlas. La parábola evangélica de los talentos, también se podría aplicar en este sentido. Se supone que la energía circula por nuestros nadis o canales energéticos, se quema o recicla en los chakras y… ¿Y? ¿Podemos arrojar la energía al exterior?

El intercambio de energía es uno de los fenómenos más importantes en la vida de un guerrero. Como diría Milarepa, todos estamos vinculados, todo está vinculado, no podemos pretender que los vasos comunicantes funciones como si estuvieran separados, aislados, bloqueados. “El vampirismo energético” es uno de los fenómenos más peligrosos que nos quedan por estudiar. Lo hemos hecho, muy superficialmente, en las farsas de control que hemos visto hasta ahora. Entre nosotros andan algunos “vampiros psíquicos” que nos “roban” toda la energía que vamos almacenando con mucho esfuerzo. Son estas personas que se acercan a nosotros alicaídas, con muy poca vitalidad, tan pesimistas que sentimos la necesidad de tocarles el hombro y decirles una palabra amable. Tras un tiempo de conversación ellos parecen irse más animados y nosotros nos quedamos tristones, alicaídos, con ideas fijas, incapaces de recobrar el estado de ánimo anterior, que por cierto era bastante bueno.

Lo vemos como algo normal. Cuando consuelas a otro tú te quedas más triste, cuando das cariño tú te quedas como deprimido. Pues no es tan normal. Cuando dos personas se aman con intensidad, pongamos una pareja, y se expresan su amor a través del beso, del contacto, de las relaciones sexuales, lo “normal” es que ambos se queden pletóricos y se amen más intensamente. La razón es que ambos dan y reciben energía de forma equilibrada. Es cierto que algunas parejas en determinadas relaciones sexuales sufren desequilibrios preocupantes. Uno parece haber gozado del sexo plenamente y se siente alegre, vital, con ganas de juerga, mientras el otro se ha quedado como vacío, sin fuerzas, agotado, con ganas de dormir. Eso no es precisamente “normal”. En el yoga tántrico se estudian estos problemas energéticos. En todos los aspectos de nuestras vidas, especialmente en el sexo, se produce un intercambio de energía, pero hay que estar muy atentos porque algunos parecen haber aprendido a recibir todo lo que les den y a no dar nada, ni las gracias.

Si tenemos en cuenta lo que nos cuesta salir de un estado depresivo, una vez hemos caído en él, lo que nos cuesta recuperar la alegría y la vitalidad una vez que alguien o algo nos ha puesto tristes, nos daremos cuenta que si pudiéramos conservar esa vitalidad, esa alegría, sin tener que pasar por el duro proceso de recuperarla de nuevo, nuestras vidas serían mucho más felices, nuestros cambios emocionales o de humor mucho menos frecuentes y nos resultaría mucho más fácil enfrentarnos a nuestros trabajos, sentirnos a gusto en nuestras relaciones interpersonales y no con esa cara mustia que llevamos casi siempre, como una planta que no ha sido regada en mucho tiempo.

Especialmente los depresivos sabemos muy bien lo duro que es recuperar la energía perdida o que nos ha sido “robada”. En mi caso pasaban meses hasta que lograba alcanzar un estado de ánimo parecido al que tenía antes de ser consciente de estar cayendo en una depresión. Puede que nos cueste aceptar el concepto de “ahorro energético”. ¿Dónde demonios se guarda la energía? No preguntamos eso cuando comemos en exceso, simplemente nos pesamos en la báscula, nos tocamos la barriguita y ya sabemos a dónde ha ido a parar el alimento sobrante. Vaya a donde vaya, lo cierto es que nos quedamos sin ella, y suceda lo que suceda con el resto, que se bloquea, que se “intoxica” lo cierto es que cuando queremos “cargarnos” de energía tenemos que hacer algo. Respirar, relajarnos, meditar, hacer ejercicios de energetización, pensar en cosas alegres, salir a la naturaleza, hacer deporte, escuchar música espiritual, encender barritas de incienso, oler aromas adecuados. Es decir, no se recupera energía pensando que queremos estar alegres y vitales. El proceso es mucho más complicado y duro. Si queremos comer tenemos que hacernos con determinados alimentos, prepararlos y cocinarlos, masticarlos con lentitud y pasar por un largo y a menudo molesto proceso digestivo. Con la energía pasa lo mismo, si la perdemos nos va a costar mucho recuperarla.

Dejemos de momento la cuestión de saber a dónde va la energía, aunque haríamos bien en prepararnos para guardarla en alguna parte, como dice don Juan, en otra dimensión, por ejemplo. Algo de eso veremos hoy en la meditación. Lo importante es saber cómo perdemos energía y cómo evitarlo. Eso, sencillamente, es el ahorro. Y una de las formas más terribles de perder energía es dejar que nos la roben. Dejar que otra persona venga a nosotros quejándose de todo, previendo futuros apocalípticos, maldiciendo de su suerte, de la humanidad, de todo lo que se ponga a tiro. Permitimos que hable con nosotros largo rato, le intentamos convencer de que no todo está tan mal, le damos palmaditas, le permitimos el contacto físico, dejamos que hable y hable en tonos agresivos, malhumorados, deprimentes, que nos apabulle con sus razonamientos, que nos contamine con sus emociones tóxicas… y luego nos quejamos de que cuando él se va, tan feliz, como unas pascuas, a pesar de su aparente falta de vitalidad, nosotros nos quedamos hundidos en la miseria y tardamos mucho tiempo en recuperarnos. De forma insconsciente huimos de esas personas como de la peste, pero una falsa generosidad nos lleva a repetir una y otra vez lo mismo. Si dejas que un vampiro psíquico te muerda y te chupe la sangre, luego no te quejes de que está anémico. Un guerrero impecable actúa como debe actuar. A los vampiros hay que cortarles los colmillos. No estoy dispuesto a escuchar tus pronósticos apocalípticos se le dice, y si continúa insistiendo te vas o te pones a acechar y te conviertes en un actor representando un papel en una escena. El otro terminará tan desconcertado que no sabrá si esta vez en lugar de robarte la cartera has sido tú el que le has robado la camisa o simplemente le has tomado el pelo. Ojo con los vampiros, no podemos ahorrar energía si nos dejamos vampirizar constantemente.

Es un chorreo constante de energía el que sufrimos y luego nos quejamos de que estamos deprimidos y bajos de energía. Los vampiros nos chupan la sangre energética, nos dejamos llevar por nuestras emociones sin el menor control y creemos que “dar sangre” es muy bueno y generoso. Bien, si quieres donar toda tu sangre, allá tú, pero luego no te quejes de que estás moribundo. Nuestros pensamientos nos agotan, ese bucle perpetuo, ese machacar y machacar que cansaría hasta a una hormiga con alas. Dejamos que nuestros pensamientos se dirijan a lo peor y caven allí su propia tumba, y luego, cuando ya no tenemos energía, nos quejamos de nuestras ideas obsesivo-compulsivas. Hay que ahorrar como un guerrero impecable que hace lo que tiene que hacer cuando tiene que hacerlo y derrocha en ello su energía y su poder, pero no hace todo lo que no debería hacer, ni se queda pensando y dándole vueltas a todo, ni sintiendo remordimientos por todo, ni pensando en la batalla que libró ayer o en la batalla que librará mañana. Nuestro poder es limitado, nuestra energía es como la gasolina que le echamos al coche, podemos hacer cien kilómetros con los cinco litros que nos dicen, pero si no corremos demasiado, si conducimos bien, lo que nunca lograremos es dar la vuelta al mundo varias veces repostando una sola vez en la gasolinera, mal y deprisa.

Dejemos de momento la cuestión de dónde guardamos la energía, lo importante es saber cuándo la estamos perdiendo, por qué razón, lo que podemos hacer para evitarlo y llevar una contabilidad extrema, como un usurero. Puede que con una sola bronca al día ya tengamos más que de sobra. Pues bien, si viene otro con ganas de bronca salgamos corriendo. Puede que con una hemorragia emocional por hoy ya tengamos para recuperar durante varios días. Pues anotemos esas pérdidas en el “debe” y no paremos hasta que nuevos ingresos nos permitan equilibrar nuestras finanzas. Para los depresivos, para los enfermos mentales, esa contabilidad, ese ahorro de energía es tan fundamental que sin ello nunca lograremos sobrellevar nuestras patologías y obtener una mínima calidad de vida. Si otros deberían tener mucho cuidado con los vampiros y con esas hemorragias orgíasticas emocionales, los enfermos mentales no podemos ceder ni un milímetro. ¡Fuera vampiros de nuestras vidas! No permitiré que esa maldita idea obsesiva me machaque ahora que estoy bien y puedo controlarla. No retrocedamos en esto ni un solo centímetro, cada paso atrás nos arrebata una importante cantidad de nuestra cuenta corriente y cuando necesitemos comprar algo importante con urgencia puede que estemos en números rojos y nadie nos fie.

Hemos hecho nuestros ejercicios, hemos trabajado con el pranayama, hemos cumplido con nuestra dosis de mantras. Ahora vamos a tumbarnos y adoptaremos la postura de relajación. Vamos a relajarnos con intensidad y vamos a recogernos porque hoy vamos a realizar un viaje muy importante.

MEDITACIÓN/EL SANCTUM CELESTIAL

Estamos relajados. Nos centramos en la respiración. Vamos a levitar, a ascender, como si fuéramos globos, llegamos a las nubes, sentimos el suelo algodonoso bajo nuestros pies. Seguimos ascendiendo. A lo lejos vemos un fuerte resplandor.

Nos aproximamos, es una catedral maravillosa, transparente, como de cristal, perfectamente iluminada. Estamos ante su puerta abierta de par en par. Antes de entrar, vamos a recogernos y rezar la oración del Sanctum, un concepto muy rosacruciano del que nos vamos a servir en esta meditación.

Que la energía del Cósmico se infunda dentro de mi ser y me limpie de todas las impurezas de mente y cuerpo para que pueda entonarme en el Sanctum Celestial con la debida dignidad y pureza. Que así sea.

Entramos en la catedral. Cada uno tiene su propia catedral, su propio sanctum. No es exactamente un lugar sino un estado de ánimo. Este será desde ahora en adelante nuestro lugar de recogimiento, nuestro templo espiritual, está en nuestro interior, aunque lo visualicemos en lo alto, como una catedral. Aquí nos refugiaremos de las batallas de la vida, de nuestros enemigos, aquí buscaremos la luz que nos falta en nuestra oscuridad, la alegría espiritual que colme nuestras vidas. Habrá también un sanctum compartido, pero este es el nuestro propio donde nadie puede entrar, donde iremos elevando poco a poco un altar al Dios de nuestro corazón, a la chispa divina que late en nuestro interior.

Caminamos por la catedral, escuchamos la música gregoriana, escogemos un lugar en un banco y nos sentamos, sentimos la suavidad algodonosa del banco, sentimos el fuerte olor a incienso, todo llega con intensidad a nuestros sentidos. Vemos la luz blanca y pura que se derrama sobre nosotros a través de las vidrieras. Sentimos su calor, su cosquilleo en nuestra piel. Nos relajamos, nos dejamos ir un poco hacia atrás y el respaldo algodonoso del banco nos acoge. No pensamos en nada, no sentimos nada, no tenemos prisa, no buscamos nada, Dejamos que la paz profunda vaya naciendo en nuestro interior y se vaya expandiendo, como una luz, por todo nuestro cuerpo de luz, desde el corazón. Esa es la paz profunda que vendremos a buscar siempre aquí en cada meditación. Ya no necesitamos utilizar nuestra menta como un punto de luz, ni viajar de acá para allá, ni movernos como comandos espirituales en nuestro grupo de ayuda espiritual. Eso solo fue un entrenamiento. Cuando llegamos aquí y nos entonamos con la debida dignidad y pureza, con verdadero amor, estaremos en todas partes y haciendo todo lo que debe hacerse. No será necesario pensar en ello ni esforzarnos por visualizar ni por controlar nuestra mente. Estamos en el Sanctum Celestial y la chispa divina que hay en nosotros nos llevará a donde tenga que llevarnos y hará lo que se tenga que hacer.

En esta catedral no hay altar. Lo vamos a construir nosotros con nuestros mejores pensamientos y sentimientos, con nuestra espiritualidad. Será un altar de luz, como cristal transparente, que irá creciendo y formándose en cada una de nuestras visitas. Este será nuestro templo, nuestro altar, nuestro refugio, el vínculo permanente con el Dios de nuestros corazones.

Nos dejamos ir, nos dejamos ir….

Antes de regresar hacemos un saludo budista al altar que hemos empezado a construir y deseamos la paz profunda para toda la humanidad. Nos retiramos en silencio, con respeto y dignidad. Salimos fuera y nos movemos sobre nubes algodonosas. Y comenzamos a sentir el peso de nuestro cuerpo y eso hace que vayamos descendiendo, poco a poco. Ya estamos sobre nuestro cuerpo físico, entramos y nos unimos a él como de costumbre y despertamos a esta realidad.

Se acercan los calores y el mundial de futbol. Vamos a dejar el cursillo hasta el otoño. Ya os he mandado algunos deberes a través del correo electrónico y os mandaré más. Es importante que cuando estéis solos os entrenéis. En la tercera etapa habrá cada vez menos meditaciones guiadas y la rutina de los ejercicios tendrá que empezar a ser interiorizada. Nos dedicaremos sobre todo al trabajo del carácter. Pronto subiré al blog un ejemplo de cómo hacer un estudio de nuestro carácter a través de las flores de Bach y la astrología. Aprenderemos a confeccionar una pirámide de nuestro carácter y a trabajar, con los chakras que afectan a esos defectos de carácter y con la estrategia del guerrero impecable aplicada individualmente a los defectos de carácter de cada uno.

Os deseo un feliz verano y nos reencontraremos de nuevo en el otoño.

Saludo budista

QUE LA PAZ PROFUNDA ESTÉ CON VOSOTROS.

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papus21

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