Preguntas y respuestas sobre el mundo de los sueños V

18 06 2014

PREGUNTAS Y RESPUESTAS SOBRE EL MUNDO DE LOS SUEÑOS


¿DE QUÉ SIRVE RECORDAR LOS SUEÑOS?

Si no recordáramos los sueños las horas que pasamos durmiendo todas las noches no tendrían otro sentido que el de un descanso físico necesario, imprescindible, pero nada más. Es el recordar los sueños lo que nos permite acceder a otra dimensión, a otra vida distinta a la que llevamos durante la vigilia, con otras reglas, normas y leyes. La diferencia entre recordar o no recordar los sueños tiene cierta semejanza a recordar o no recordar vidas pasadas, o para los que no creen en la reencarnación, sería como sufrir amnesia, es cierto que el que no recuerda no sufre por el recuerdo, pero la personalidad del amnésico está siempre incompleta y pueden existir traumas o patologías que estén influyendo en la conducta de esa persona y a las que no tenga acceso debido a la falta de memoria.

El trabajo que supone recordar y anotar los sueños puede que no interesara demasiado si solo se tratara de pura curiosidad o un juego, un divertimento. Incluso para los escritores que aprovechamos muy bien los sueños y les sacamos un gran partido, resulta penoso el trabajo de recordar y anotar sueños. Tiene que existir alguna motivación más profunda para que ese trabajo merezca la pena. Veamos alguna de esas posibles motivaciones.

Don Juan, en el arte de ensoñar, le habla a Castaneda de la importancia de los sueños y de recordarlos. Bueno, en realidad él habla de “ensoñaciones” que diferencia de los sueños normales. Una de las características de la ensoñación es el color del sueño, un color como rojizo, anaranjado, como el estar viviendo en una atmósfera que nada tiene que ver con la de todos los días. Por mi propia experiencia puedo decir que son inconfundibles, nada que ver con la luz diurna, con el sueño que se desarrolla durante una supuesta vida diurna. Ese color como rojizo se parecería bastante al estar en un planeta que no fuera la Tierra, algo así como Marte, aunque nunca haya estado. Don Juan desprecia bastante el sueño normal con la luz diurna y acontecimientos cotidianos. Es normal porque él está tratando de formar guerreros impecables, hombres de conocimiento, y si para un guerrero hasta la vida cotidiana en estado de vigilia no tiene gran importancia, la vida cotidiana en sueños tendría bastante menos. Don Juan le enseña un montón de técnicas oníricas y Castaneda nos cuenta sus experiencias oníricas, para mí apasionantes.

El control de la mente es mucho más difícil en sueños por lo que el sueño, el mundo onírico, es un terreno perfecto para experimentar y trabajar con la mente. Tras largos años de trabajar con los sueños puedo decir que algunos avances son importantísimos, casi milagrosos. Pero eso lleva mucho tiempo, es un trabajo meticuloso y prolongado en el tiempo. No acto para quienes no aspiren a ser guerreros impecables, hombres de conocimiento o iniciados en las grandes verdades. Los logros alcanzados en el mundo onírico repercuten en nuestra vida cotidiana y el control de la mente en sueños es como el malabarista que es capaz de trabajar con una docena de objetos, si le dan dos o tres o cuatro el trabajo será mucho más sencillo.

El mundo onírico es apasionante, es una puerta a nuestras vidas pasadas, a otras dimensiones, al contacto con las mentes de nuestros familiares o seres queridos (compartir sueños) una especie de viaje dimensional en el que no necesitamos naves ni agujeros de gusano, podríamos viajar por el universo, dentro de unas limitaciones de las que habla el libro de Urantia, pero esos límites son inalcanzables para la mayoría de nosotros por lo que la libertad que uno puede sentir o alcanzar en sueños es suficiente en nuestro grado de evolución.

Todo parece maravilloso, pero como ocurre con todo en la vida, hay riesgos y hay un lado oscuro. Por ejemplo cuando se habla de la posibilidad de la muerte física si mueres en sueños. Creo recordar que Don Juan le habla a Castaneda de esta posibilidad, si bien también la he visto en otros libros, incluso de ficción, como la Rueda del tiempo de Robert Jordan. El riesgo de morir en sueños y de que al mismo tiempo se produzca la muerte física no es desdeñable y debe obligar al soñador a redoblar la atención y ser prudente con los “juegos oníricos”. Otro de los riesgos que yo mismo he experimentado es que al aumentar la memoria de los sueños se produzcan algunos fenómenos en la vida diurna que deben ser analizados y uno debe estar muy atento a las posibles consecuencias. En mi caso se ha producido una pérdida de memoria física, de la vida cotidiana, esto puede ser achacable a que mis años van siendo muchos y es normal ir perdiendo la memoria con los años, pero algunos despistes han sido muy sintomáticos y me han preocupado. La conclusión provisional que saco al respecto es que ambas memorias, la física y la onírica, son de alguna manera incompatibles por lo que si amplias mucho tu memoria onírica puede que pierdas terreno en la memoria física. Es solo una hipótesis de trabajo.

Don Juan le proponía a Castaneda el sueño lúcido, o una especie de sueño lúcido, consistente en estar dormido mientras estás despierto y haciendo cosas en la vida cotidiana. Esto parece contradictorio pero al parecer factible teniendo en cuenta los resultados que obtuvo Castaneda. No soy el primero que se ha quedado dormido de pie y conozco fenómenos de sonambulismo, incluso en mi familia. Digamos que el sueño lúdico de Don Juan sería algo parecido al sonambulismo, solo que al revés, es decir mientras el sonámbulo es capaz de caminar, hablar y actuar en el mundo físico, pero está dormido, la propuesta de don Juan sería entrar en el mundo de los sueños sin perder la consciencia del mundo físico, es decir estar despierto actuando en el mundo de lo sueños. Es algo que aún no he conseguido, aunque se podría decir que la meditación es algo muy parecido.

También existen otros riesgos, bien pudiera ocurrir que uno se encuentre tan a gusto en el mundo onírico que no desee despertar o que cada día vaya despreciando más la vida cotidiana, el estar despierto. Lo mismo puede ocurrir con la meditación o con otras técnicas mentales, una vez que uno se encuentra a gusto en el lado izquierdo, como diría Don Juan, le resulta más difícil regresar al lado derecho, o dicho de otra forma, una vez que mueves el punto de encaje de su lugar habitual y lo sitúas en otro donde te sientes a gusto, el punto acaba “encajando” allí como algo habitual y esto no es moco de pavo. Don Juan pensaba que cada movimiento del punto de encaje era como ingresar en un nuevo mundo o dimensión, algo que por otro lado hace bastante verosímil la física cuántica moderna. En esos mundos o dimensiones existen entidades distintas, paisajes distintos, mundos distintos, es como estar aquí, en esta realidad física, solo que en otra diferente. Don Juan le pone en guardia a Castaneda contra el excesivo riesgo, esto no es un juego, bien puede ocurrir, como le dice don Juan que le ocurrió a otros naguales anteriores a él, que uno se pierda en cualquiera de esos mundos y ya no regrese a éste.

Recordar los sueños es esencial para moverse y controlar el mundo onírico, mal vas a vivir de una determinada forma si ni siquiera recuerdas quién eres y lo que haces en ese otro lugar, en ese otro mundo. Recordar los sueños te añade un plus de creatividad, en el caso de los artistas y te permite desarrollar ciertas facultades mentales que solemos tener adormecidas. Se podría decir que recordar los sueños no es una futesa, una tontería que no sirve para nada, como comer pipas cuando estás aburrido y tienes que hacer algo. Recordar o no recordar los sueños es una decisión trascendental, es como aceptar pasar por la iniciación esotérica o continuar siendo una persona normal, pensando lo que piensan los normales, sintiendo como ellos, y llevando su misma vida anodina y sin sentido. Todo puede ir bien, mientras no te vaya mal, lo que suele ser habitual en la vida, pero en algún momento te enfrentarás con la enfermedad y la muerte y toda esa vida “habitual” no te servirá de nada. Escoger recordar sueños es también escoger aceptar y asumir nuestra propia muerte, nuestra mortalidad, el lugar que ocupamos en el universo, perder la importancia personal. El mundo onírico no es una broma, una vez que tomas una decisión, especialmente si has comenzado a recordar sueños de forma habitual, ya no se puede volver atrás. Es algo parecido a decidir abrir o no los ojos y mirar el regalo que acaban de colocar frente a ti. Una vez que abres los ojos y ves el regalo ya no puedes renunciar a él, venga con lo que venga, y en el caso de los regalos divinos del conocimiento, esoterismo y misticismo todo regalo viene siempre envenenado, aunque esa expresión no es muy acertada, digamos que en el Cosmos todo es dual, la luz no viene sin algo de oscuridad y hasta la oscuridad más impenetrable tiene algo de luz.

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18 06 2014
papus21

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