CONOCIENDO AL ENFERMO MENTAL III

11 08 2014

Dalí Narciso

CONOCIENDO AL ENFERMO MENTAL III

EL DELIRIO  II PARTE

LA TEMÁTICA DEL DELIRIO

Muchos profesionales asocian determinadas temáticas delirantes a patologías concretas de ciertas enfermedades mentales. Estando de acuerdo con la evidencia de que algunas temáticas se repiten y pueden ser asociadas a determinado tipo de delirios, como el delirium tremens alcohólico con sus bichos repugnantes y monstruos o los típicos delirios generados por las drogas, o cualquier otro trastorno producido por lesiones cerebrales concretas, en mi opinión subjetiva y nada profesional puesto que no soy terapeuta ni profesional de la psicología o la psiquiatría, creo que ciertos delirios que viven enfermos mentales que padecen enfermedades psicológicas y conductuales generadas por trastornos de su mente o de su personalidad, están más bien asociados a su carácter que a su patología concreta. Me explico.

Cuando la cabra loca de la mente toma el control, el mando, los abismos a los que nos lleve van a tener más que ver con nuestra personalidad, nuestras ideas, nuestros trastornos de conducta, nuestras fantasías e incluso con nuestra carga kármica que con un esquema teórico dentro de una patología concreta. Incluso como enfermos mentales seguimos conservando nuestra propia personalidad, carácter e individualidad, algo que muchas veces olvidan los terapeutas que desean curarnos. Es la forma típica de tratamiento de taller. Cuando llevas tu coche averiado a un taller y observan que una pieza está mal la cambian por otra salida de la misma cadena de montaje y con las mismas características. Esto le puede ir muy bien al coche pero el ser humano es individual y su consciencia es única e irreemplazable. Ningún delirio se parece a otro más de lo que una persona concreta se parece a otra persona concreta.

Aunque todo delirio tiene como base la fuga de la realidad y el camino que elige siempre es el de la imaginación, la fantasía, en cada delirio está nuestra personalidad con todas sus cualidades y defectos, con todo lo que somos e incluso lo que fuimos en vidas pasadas. No obstante, aunque el delirio sea tan individual, sí podemos establecer algunas temáticas que son típicas del enfermo mental y de ciertas patologías. Ello no quiere decir que las personas ”normales” no sufran este tipo de delirios en los que se repiten temas muy concretos. En realidad, como ya hemos visto, toda persona, se considere sana o no, sufre de delirios de forma más o menos habitual en su vida cotidiana. El primero de ellos y fundamental es el delirio de la inmortalidad. Vivimos como si fuéramos inmortales y la aceptación teórica de nuestra mortalidad no deja de ser la estructura lógica corriente en un delirio hasta que se rompe con el salto en el vacío. Pero existen otros delirios que nuestra sociedad acepta como normales y propios de personas “sanas”. La mayoría de ellos tienen una estrecha vinculación con ciertos defectos de carácter o “pecados capitales”. Así, por ejemplo, entre nosotros, considerados como “perfectamente normales” tenemos a los que se apegan al dinero, a la riqueza, a los bienes materiales, sería el pecado capital de la avaricia. Observamos sin pestañear cómo los especuladores viven auténticos delirios bursátiles, auténticos saltos en el vacío; cómo algunos se montan empresas de la nada y las venden como tesoros, en lingotes, cuando en realidad son solo humo, coloreado, y a veces ni eso. Muchas de estas personas sufren de auténticos delirios que envidiaría un enfermo mental. Crean universos de la nada, diseñan estrategias que parecen tan “reales, lógicas y materiales” como ya hemos visto que ocurre en las primeras etapas del delirio en un enfermo mental. Estas personas se convencen de que están con los pies en el suelo y de que no deliran porque sus cuentas corrientes engordan y no de aire precisamente. Sus dineros contantes y sonantes en sus bolsas o faltriqueras les hacen creer que tienen los pies en el suelo y que el peso del vil metal será siempre suficiente para que no salgan volando como globitos. En realidad todos sabemos que antes o después se produce el salto en el vacío en este delirio tan lógico e indestructible. Así vemos cómo algunos corruptos que pensaban nunca iban a ser descubiertos terminan en la cárcel, vemos que empresas que volaban hacia arriba en los índices bursátiles se desploman como un simple castillo de naipes ante el soplo de un niño. Resulta increíble pensar cómo estas personas pudieron dar semejante salto en el vacío, pensar que delinquían pero nunca iban a ser descubiertos, que vendían humo y nadie se iba a dar cuenta, que su pirámide nunca iba a fallar por la base, que la economía asimilaría cualquier agujero que ellos crearan, como un queso de gruyere y la crisis no llegaría nunca.

Aunque nos cueste creerlo estas personas son delirantes, aunque la sociedad se encoja de hombros y acepte estas conductas como normales en realidad son mucho peores que los delirios de cualquier enfermo mental, porque el delirio del enfermo mental solo le perjudica a él y a sus seres queridos que están vinculados por un estrecho afecto. En cambio estos delirios megalomaniacos de personas que se consideran sanas y al margen de cualquier lógica o por encima de cualquier ley, pueden hundir en una crisis económica galopante a todo un planeta o dejar sin trabajo a miles de personas o hacer tales agujeros que ni echando tierra encima durante décadas se logra rellenar el vacío.

Hemos puesto un ejemplo, la temática de la avaricia para que seamos conscientes de que el delirio no es algo propio y exclusivo del enfermo mental. Son delirantes los que sufren de celos extremos llegando al maltrato o a la violencia física; son delirantes los narcisistas que exhiben sus ropas interiores en los reality shows; son delirantes quienes utilizan la violencia para masacrar a todo el que les estorba, por motivos políticos, ideológicos o religiosos. Cada día podemos contemplar en nuestros televisores los efectos de los delirios de personas que se creen sanas porque están en puestos altos  de jerarquías gubernamentales o militares o tienen riqueza y poder. Si el razonamiento que lleva al salto en el vacío que supone el asesinato, el genocidio, la muerte de millones de víctimas inocentes, de niños, de mujeres de ciudadanos de cualquier territorio es impecable, entonces nosotros los enfermos mentales, los únicos y auténticos delirantes podríamos reclamar, con toda razón, que se nos quitara de la lista puesto que nuestros delirios jamás producirán los terribles, infernales efectos que general otros delirios sufridos por personas que se consideran sanas y que son aceptados por nuestra sociedad con el mismo encogimiento de hombros que un chaparrón en un día de canícula. Si las personas que razonan que no es posible impedir que millones de personas mueran de hambre o que las epidemias en países del tercer mundo no pueden ser controladas hasta que llegan a nuestro primer mundo y nos afectan, si creemos que todas estas personas están realmente sanas y su razonamiento es impecable, que no hay salto en el vacío en algún momento de su especial delirio, nosotros los enfermos mentales podríamos reclamar, con toda razón, que nos dejaran gobernar el mundo, puesto que nuestros delirios siempre serían más livianos que los de las personas “sanas” que generan estas consecuencias infernales.

Una vez situado el delirio en su auténtico contexto, podemos intentar analizar un poco los principales delirios que se atribuyen a los enfermos mentales y que son muy típicos de determinadas patologías:

DELIRIO PROFÉTICO

Se podría decir que este delirio sería propio de personas que se consideran buenas, de carácter bondadoso, con ideas religiosas, que cuando tienen que dejarse llevar por su imaginación hasta el delirio prefieren hacerlo por el camino de la profecía, de la misión salvadora de la humanidad, de la lucha contra el Apocalipsis que nos aguarda. Tal vez se produzca en determinadas patologías psiquiátricas más que en otras, pero desde mi punto de vista va estrechamente asociado a una forma de ser y de pensar.

Como sucede en todo delirio, las primeras fases son de una lógica impecable, y cualquier obstáculo que se ponga en el camino es orillado con razonamientos ante los que hay que quitarse el sombrero. Veamos la lógica del delirio profético.

A un delirante profético le podrías decir:

-¿Cómo piensas que Dios te ha elegido a ti, un mierdecilla, para semejante misión espiritual?

La respuesta lógica sería la siguiente:

-Los últimos serán los primeros (evangelio), sino os hiciereis como niños no entraréis en el reino de los cielos (evangelio), Dios escribe derecho con renglones torcidos (sabiduría popular).

-¿No te parece que tu mensaje es estúpido, que tu misión es ridícula, que no tiene el menor sentido que te pongas a profetizar por las calles sobre el Apocalipsis cuando maestros tan evolucionados como Jesús fueron crucificados y maestros tan elevados en el conocimiento como Buda han sido, son y serán despreciados, como unos inútiles utópicos y delirantes?

La respuesta lógica sería la siguiente:

-Cuando la palabra de Dios late en tu corazón debes sacarla al exterior o explotará dentro de ti y te destruirá. No sé por qué me ha elegido Dios ni para qué, pero si escucho su voz debo seguirla.

-Si Dios te ha elegido realmente para alguna misión, ¿por qué no esperas a que te muestre el camino y te diga el mensaje y te dé señales inequívocas de qué es lo que quiere de ti, porque si es tan poderoso y sabio y bondadoso como dices no te extraviará por laberintos de humo, te llevará a los verdes pastos para que puedas gozar de los dones místicos que te esperan?

Y es aquí donde se produce el salto en el vacío, el puñetazo en el tablero de ajedrez. Porque ante  una pregunta tan lógica y razonable el delirante profético tiene que dar un salto en el vacío. Es cierto que la supuesta voz de Dios que le habla puede ser tan poderosa, tan “real” para él que debe hacer algo al respecto, pero si continuara en la cadena de la lógica esta última pregunta le mantendría a la espera, sin hacerle partícipe de conductas que todo el mundo consideraría delirantes. Si Dios me ha elegido a mí para dar un mensaje, veamos primero cuál es ese mensaje. Puede que sea irracional puesto que contradeciría lo que es Dios, bondadoso (los mensajes de destrucción del prójimo no pueden provenir de él), omnisapiente (no me necesitaría a mí para saber lo que va a ocurrir o cómo organizarse para que no ocurra), todopoderoso (no me necesita a mi para nada, ni a nadie, si nos ha hecho libres él sabrá la razón). Una lógica impecable arrinconaría todos estos mensajes dogmáticos, destructivos, que en el supuesto nombre de Dios pretenden acabar con todos los hijos que él ha creado, porque supuestamente les ha elegido a ellos y desechado a los demás como juguetes rotos.

Una vez que se ha producido el salto en el vacío todo es posible puesto que ya no existe lógica alguna en el razonamiento delirante y en las conductas delirantes que siguen a estros razonamientos y emociones. Uno podría creerse un profeta y salir a la calle con un rifle y matar a todo el que se le pusiera a mano. Una vez que se ha llegado a la etapa delirante que consiste en dar el salto en el vacío, todo es aceptable y razonable para el delirante. Las misiones proféticas o salvadoras pueden ser tan variadas e intensas como lo permita la imaginación del delirante. No hay límites que no se puedan cruzar.

Sin embargo resulta curioso cómo estos procesos delirantes no suelen llegar muy lejos en los enfermos mentales, que enseguida son observados y catalogados por su entorno social y acaban siendo encerrados a la fuerza en centros psiquiátricos, medicados y sometidos a terapia hasta que ponen los pies en el suelo y reconocen su delirio. En cambio estos delirios en personas supuestamente “sanas” están llegando hasta los extremos infernales que vemos en las noticias. Terroristas que dan el salto en el vacío y defendiendo cosas razonables como su propia lengua, cultura y territorio, terminan masacrando sin piedad a personas inocentes. Han perdido totalmente el contacto con la realidad, ¿cómo sino podrían matar a otras personas que no les han hecho nada, cómo sino podrían poner por encima de la vida de otra persona la posibilidad de tener un autogobierno? Creyentes religiosos que llegan a olvidarse de que Dios está en el fondo de todos nosotros, que somos habitados por la chispa divina, y una vez que dan el salto en el vacío y entran en un delirio espantoso podrían acabar con el resto de la humanidad si les dejaran, porque una vez que te convences de que estás oyendo la voz de Dios, de que Dios solo te habla a ti, y de que las voces que escuchas en tu mente son la única y verdadera voz de Dios, el salto en el vacío se ha producido y cualquier atrocidad te parecerá buena con tal de que los demás reconozcan el mensaje divino y profético para cuya divulgación te han elegido.

Hemos visto las diferentes consecuencias del delirio en enfermos mentales y personas “sanas y normales”. No podemos hacer nada frente a estas atrocidades generadas por el delirio de los “sanos” pero sí podemos hacer todo para que nosotros, los enfermos mentales, podamos bloquear, encarrilar y someter nuestros delirios mentales en el puzzle complejo que es nuestra personalidad, nuestra psicología y nuestro carácter. En los capítulos finales de este trabajo analizaremos las diferentes técnicas mentales e instrumentos que están a nuestro alcance para el control del delirio. Antes veremos las perspectivas que sobre el delirio tiene el esoterismo, el budismo, el chamanismo y otros conocimientos y filosofías que nos han acompañado a lo largo de la historia.  No doy por terminado el capítulo sobre la temática delirante, porque aún nos quedan algunas temáticas muy interesantes, entre ellas “las voces que nos hablan”.

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