LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN IV (LA SOLEDAD DEL GUERRERO)

30 08 2014

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN IV

LA SOLEDAD DEL GUERRERO

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Un guerrero siempre está solo al enfrentar sus batallar de poder.
Cito de memoria. Cuando leí por primera vez esta frase sentí que era la explicación más razonable para explicar la soledad que me ha acompañado a lo largo de toda mi vida.
Todo guerrero impecable debe librar sus batallas de poder, no hay alternativa posible. Sin ellas el guerrero no alcanza la condición de hombre de conocimiento, ni siquiera se le puede llamar guerrero impecable, ni siquiera guerrero a secas, no es más que una persona común y corriente enfrentada a los miedos que tenemos todos a lo largo de una vida corriente y moliente.

¿QUE ES EL PODER?

A Don Juan no le gustaba nada que Castaneda le preguntase continuamente por las razones de todo. El suele contestar que la vida es un misterio impenetrable y que de nada sirve buscar razones o explicaciones porque lo único que le sirve a un guerrero es actuar. Ya sabemos cuál es su máxima, hacer lo que tiene que hacer, sin necesidad de preguntas, explicaciones o dudas razonables.

Castaneda insiste una y otra vez porque sin explicaciones para él nada tiene sentido. Además debe anotarlo todo muy cuidadosamente en sus libretas, Don Juan cede, como casi siempre, tal vez porque como en algún momento le confiesa a Carlos ambos se parecen mucho, él también buscaba explicaciones y es un nagual al que le gusta más enseñar con explicaciones que con hechos contundentes, tal como le enseñó a él su maestro, el nagual Julián, que utilizaba con auténtica maestría el arte de acechar. Don Juan nos cuenta en otra ocasión una escena antológica del arte del acecho de su nagual en la que se aprecia la auténtica maestría en este arte, si bien el pobre Don Juan se lleva un susto de muerte. En otra ocasión analizaremos el humor en Don Juan, algo que va inextricablemente unido en toda su conducta al drama más profundo.

Castaneda se brega e insiste en sacarle a Don Juan una explicación mínima. Este accede a describirla con una sola palabra. Vale es una emoción. Pero qué clase de emoción, insiste Castaneda, ¿es una alegrí, es un sentimiento de tristeza, es una persona que tiene emociones, es una cosa? Don Juan insiste. El poder es indefinible, es misterioso, no es una persona, no es una persona pero tampoco una cosa que pueda ser dibujada ni contenida en otra y no se trata, por supuesto de una emoción común y corriente.

-¿Entonces?

Es una emoción absoluta, sin forma, en la que no existe la menor duda. Cuando un guerrero impecable tiene poder, lo sabe, y eso basta.

Y aquí nos encontramos con una misteriosa afinidad con la fe cristiana, o mejor dicho con la sabiduría evangélica, como a mí me gusta llamarla. El maestro Jesús les dice a sus discípulos, y no cito literalmente, si tuviereis fe como un granito de arena, podríais decirle a esta montaña que se arrojara al mar y la montaña lo haría.

¿Podríamos decir que fe =poder? Creo que sí, solo que la fe evangélica tampoco es una fe común, no es la fe del que confía en pedirle un favor a un amigo y que éste se lo conceda o la fe del que cree que le va a tocar la lotería porque tiene un pálpito muy fuerte. Es una fe absoluta, sin fisuras, una fe que es un conocimiento interior una fe parecida a nuestro convencimiento de que existimos realmente y nadie puede convencernos de lo contrario.

También encuentro en el concepto de poder de Don Juan ciertas afinidades con el concepto rosacruz de la Mente Universal o Mente Cósmica. Se trata de algo semejante a la mente del universo, lo mismo que nuestro cuerpo físico posee una mente, el universo, como una especie de infinito cuerpo físico también tiene una mente cósmica o universal.

Los rosacruces también hablan de que es una mente impersonal y con esto don Juan estaría de acuerdo, el poder no es personal. ¿Qué significa esto? Que no tiene preferencias ni favoritos. Una persona puede sentirse más vinculada a otra que a las demás personas de su entorno o del universo, por la sencilla razón de que hay lazos de sangre, de parentesco, de simpatía, de convivencia… Pero para la Mente Universal no hay favoritos ni parientes, ni pareja, ni hijo, ni padre, ni hermano, todos somos iguales. No podemos, pues dirigirnos a ella y decirle algo así, como “yo soy tu preferido, te quiero mucho y tú me quieres mucho, concédeme lo que te pido”. Sería inútil, no vamos a conmover el corazón de la Mente Cósmica. Todos son iguales, todo lo que existe es igual para ella, lo mismo que nosotros no tenemos preferencias cuando ingerimos alimento, no decimos al estómago “reparte más a esta célula de mi cerebro que es una delicia, la quiero mucho”. De hacer eso otras células del cuerpo no recibirían alimento y se querían a través del dolor y todos sabemos lo poco que nos gusta el dolor.

Es como si la Mente Cósmica nos observara a todos desde dentro, desde nuestro interior, cuando mira a través de nuestros ojos tenemos la fuerte sensación de que somos sus favoritos, no en vano está dentro y mira con nuestros ojos y desde nuestra perspectiva. Pero no somos conscientes de que también está en el interior de los demás y nos mira, a nosotros, con sus ojos. Pedirle algo en detrimento de otro o de otros sería lo mismo que pedirnos a nosotros mismos algo en detrimento de nosotros mismos. Pedirnos que se nos conceda algo muy importante, al tiempo que se nos quita algo muy importante, quedamos igual o peor. Es un sin sentido.

Tal vez la personalidad no ea otra cosa que la sensación que tenemos, la certeza absoluta de que cuando la Mente Cósmica mira a través de nuestros ojos de que no existe nada más que nosotros, todo lo demás es decorado para que nosotros nos sintamos a gusto. Esa sensación hace que nazca en nuestra consciencia la certeza de que somos muy poderosos, de que nada existe sino nosotros y si existiera algo estaría sometido a nuestro poder. Para que pudiéramos identificarnos con la Mente Universal, ser nosotros la Mente Universal, tendríamos que estar viendo a través de los ojos de todos y como si esos ojos fueran únicos y tener las mismas sensaciones dentro de éste que de aquel. Para ello se requiere tal infinitud de consciencia, tal amplitud y concreción como si nosotros pudiéramos ver y sentir por toda la especie humana en todo momento. Es imposible, somos finitos mientras que ella es infinita y está conectada con Todo, mientras nosotros apenas podemos conectarnos un poco con los demás, a través de la empatía, y eso con un gran esfuerzo y no siempre.
Es por eso que cuando queremos cosas que dañan a los demás la Mente Universal se retira, porque le estamos pidiendo que haga algo contra sí misma, que se haga daño a sí misma, en realidad que se suicide porque cada parte de sí misma es su totalidad. Y es entonces cuando nuestra soledad se convierte en absoluta, nos sentimos vacíos, nos sentimos nada.
También este concepto tiene afinidad con el budismo. El nirvana es la disolución en lo Absoluto y el velo de Maya la sensación de que somos individuales y lo único que existe.


Los rosacruces dicen que no podemos comunicarlos con la Mente Cósmica mientras no hagamos en nosotros el vacío y dejemos de ser egoístas, creernos únicos e irreemplazables. Los demás también lo son y por tanto si le pedimos que destruya a los demás para quedarse solo con nosotros le estamos pidiendo que renuncia a la infinitud, a lo absoluto, par quedarse con lo limitado, con la mierdecilla que somos. ¿Quién haría algo así?

Por eso cuando don Juan le dice a Castaneda que debe atrapar el poder, batallar con él, acceder y hacer acopio de poder poco a poco, lo que en realidad le está diciendo es que debe expandirse poco a poco para abrazar a los demás, a todo lo existente. Porque la única forma de comunicarnos con la Mente Cósmica es abandonarte a ella, dejarde luchar porque nosotros seamos sus preferidos, los únicos. En cuanto vemos al otro expandimos nuestra consciencia y penetramos un poco más en la Mente Cósmica. Cuando renunciamos a nuestra personalidad hemos adquirido una parcelita más de la Mente Cósmica, entonces hemos conseguido un granito de poder, porque el poder absoluto solo lo posee la Mente Universal, pero aún así un granito contiene el todo, un poco de fe la contiene toda. Con un poco de poder podríamos hacer muchas cosas porque la Mente Universal, el poder absoluto, lo puede todo, pero nunca para destruir a los otros. La Mente Cósmica jamás se destruirá a sí misma.

Don Juan le llega a decir a Castaneda que podría cederle su poder personal, el que ha conseguido batallando con el poder y que ha almacenado en un lugar oculto, pero solo para conseguir cosas que no hagan daño a los demás, no puede cederle su poder personal para destruir a otros. Y aquí don Juan alcanza una de las cúspides de su sabiduría chamánica.
Ahora, que sabemos esto, alcanzan mucho más sentido las técnicas chamánicas de perder la importancia personal o borrar el pasado, es la única forma de comunicarnos con el poder o con la Mente Universal.

Y es en estas batallas con el poder cuando el guerrero impecable pierde su importancia personal o su forma, como lo expresa don Juan de otra manera, y olvida su personalidad, su individualidad. Pero antes de conquistar una nueva parcelita en la Mente Universal, un granito de poder, el guerrero está solo, absolutamente solo, porque ha abandonado su personalidad y ya no puede comunicarse con otras personalidades a través de los canales que ponen en contacto a una persona con otra en la vida cotidiana, haciendo notar su presencia, su afecto, está más solo que la una, podemos decir, porque el uno ya no es el Todo, la Mente Cósmica nos ha abandonado. No estamos en contacto con el poder, con la Mente, y por lo tanto ni podemos comunicarnos con los demás a través de ella ni en la forma externa en que lo hacemos en la vida cotidiana. La soledad no puede ser más absoluta. Estamos viviendo lo que un místico cristiano llamaría “la noche oscura del alma”. Estamos en terreno de nadie, ni siquiera en el nuestro, y hasta este terreno de nadie tendremos que abandonar para entrar en contacto con el poder. Y es entonces cuando nos asalta la sensación de soledad más absoluta, de desesperación, de terror, una angustia indescriptible, porque no tenemos nada, estamos vacíos, y nos lanzamos al vacío más absoluta. De ahí que la tentación de retroceder, de regresar a ser como éramos antes se haga tan acuciante. Pero como le dice don Juan a Castaneda en otra ocasión, un guerrero ya no puede volver atrás, no se puede abandonar el camino del conocimiento una vez que se ha emprendido. Estamos solos, no tenemos nada ni a nadie que nos proteja. Este sería un buen resumen. Justo antes de alcanzar el poder somos el vacío y el dolor infinito, después lo seremos todo y la certeza no podrá ser oscurecida por nada, como el sol no puede ser oscurecido por ninguna nube.

No podemos permanecer mucho tiempo en ese terreno de nadie porque la desesperación nos llevaría a la nada. Por eso las batallas de poder son cortas y muy numerosas. En cada una conquistamos un granito de poder, una parcelita de la Mente Cósmica. Utilizando la sabiduría evangélica, podríamos decir que el que pierde gana. Hemos perdido parte de nuestra personalidad pero hemos ganado parte de la personalidad de la Mente Universal. Se puede decir que hemos ganado.
Un guerrero impecable acaba siendo consciente de la importancia de este proceso, por ello busca la batalla de poder y la pelea con todo su ser, consciente de que aquí no hay medias tintas, podría quedarse sin su personalidad habitual y morir o podría conseguir un inapreciable granito más de poder.

El guerrero impecable acaba desapegándose de las cosas materiales, porque no le sirven de nada, no sin el poder, y éste no encuentra las cosas desde fuera, sino desde dentro, la única manera no perecedera y frágil de alcanzarlo todo, hasta las cosas, y con absoluta libertad, es desde dentro, desde el poder, desde la Mente Universal. Y el guerrero cuando lucha con el poder por ese granito los demás desaparecen y la soledad se convierten algo abrumador. Entonces solo le queda actuar como un guerrero impecable, no hay otra alternativa, no le sirve de nada entregarse a la desesperación, así no consigue su granito de poder, ni le sirve de nada regresar a los demás por el camino exterior, porque los demás son nada sin el poder, sin la presencia de la Mente Cósmica.

Y entonces hace lo qe tiene que hacer, aunque eso pueda suponer la ficción de hacerse daño a sí mismo, o la ficción de hacer daño a los demás. El guerrero impecable ya no piensa en no hacerse daño a sí mismo o en no hacer daño a los demás. Ya no está en ese terreno, en ese mundo. Hace lo que tiene que hacer y confía en conseguir su granito de poder, en que sus actos no le hagan año o hagan daño a los demás. Como eso es imposible confía en que los poderes que rigen el Cosmos le sean favorables y el daño que se haga a sí mismo o a los demás no sea irreversible. Está siempre preparado para afrontar su muerte o la de los demás, porque eso no es importante, porque nuestras vidas no han sido entregadas gratuitamente por la Mente Universal al empaparnos de su propia visión.

A menudo esta soledad es tan espantosa que el guerrero se pregunta qué está haciendo y desea renunciar a todo, regresar a la vieja y estúpida guerra, apegarse a los seres queridos y librar la batalla de quién quiere más a quién y prepararse para la ruptura, la desvinculación. Nada es tan doloroso como la ruptura con la pareja, con los hijos, con los amigos, con los padres, con los seres queridos, porque pensamos que los hemos perdido y son irrecuperables, sin embargo aunque en la soledad que precede a la batalla de poder siempre debería haber la certeza de que todo lo que perdemos lo ganaremos en la Eternidad, esto no es así, es incluso mucho más desesperante que la pérdida de los seres queridos. El guerrero sabe que es inútil la batalla del apego, que podría entregar su vida por su pareja o por los seres queridos, pero mientras éstos sigan apegados su sacrificio habrá sido inútil. De nuevo la sabiduría evangélica: no se pueden arrojar perlas a los cerdos. El sacrificio del guerrero impecable por la humanidad será inútil mientras ellos sigan apegados, mientras no libren sus propias batallas de poder, mientras la lucha se desarrolle en el terreno exterior. La redención solo puede llegar desde dentro, desde la Mente Cósmica, desde la infinitud, desde el absoluto poder. Por eso el maestro Jesús se atrevió a dar el paso de la redención, porque él a era la mente Cósmica, ya era infinito, ya era Todopoderoso, ya era Dios. Solo puedes bajar al encuentro de los demás cuando has ascendido hacia lo alto.

Un guerrero impecable es consciente de ello y por eso libra sus batallas de poder, granito a granito, sin importarle la soledad que eso conlleva, la ruptura con los seres queridos, el sufrimiento de la pérdida de lo material, está aquí solo y sin nada,desnudo bajo la lluvia, desnudo bajo la tormenta, con el pecho desnudo ante el rayo.

Un guerrero impecable sabe que puede equivocarse más veces de las que acierta y que los demás pueden acertar más veces de lo que él piensa, sabe que sus acciones pueden hacer mucho daño, sabe que incluso puede destruirse, pero no le importa, porque no hay otra opción. La batalla por el poder debe continuar, no hay alternativa y se equivoque o acierte, solo le queda hacer lo que tiene que hacer, cuando tiene que hacerlo y confiar en que las poderosas fuerzas que rigen el universo le sean favorables, consciente de que un guerrero impecable está absolutamente solo hasta que alcanza la libertad absoluta que se obtiene tras una durísima batalla con el poder absoluto. Sabe que va a ser derrotado, pero no le importa porque EL QUE PIERDE GANA.

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30 08 2014
papus21

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