CONOCIENDO AL ENFERMO MENTAL IV

20 09 2014

CONOCIENDO AL ENFERMO MENTAL IV

CONOCIENDO AL ENFERMO MENTAL IV

EL ENFERMO MENTAL Y LA MANIPULACIÓN

Interrumpo la serie sobre el delirio para centrarme en un tema muy importante para conocer al enfermo mental y que quiero poner de relieve ahora por motivos personales. Tras cada crisis de mi enfermedad lo primero que se me achaca, especialmente por mis seres queridos es la supuesta manipulación a que les he sometido. Parece como si enfermo mental y manipulación fueran sinónimos y estuvieran estrechamente unidos. No hay cosa que más me moleste y me enfade.

Lo mismo que sucede en las relaciones de pareja (en las que no se puede buscar un chivo expiatorio al que echarle la culpa de todo porque en los problemas de pareja los dos tienen parte de culpa y si la tuviera uno solo el otro sería culpable de no poner de inmediato y drásticamente fin a la relación) en las relaciones entre seres queridos y enfermos mentales la manipulación es mutua y buscar la mayor intensidad o culpabilidad en uno o en otros sería una pérdida de tiempo, puesto que en algunas ocasiones manipularían más unos que otros. En las relaciones humanas no se puede ser tan mezquino como para pesar en la balanza cada acto del otro, a ver si nos debe y así poder exigírselo, ni tampoco se puede ser tan tonto como para aceptar que el otro siempre tiene razón y siempre hace más por nosotros que nosotros por él y por tanto nuestra deuda será infinita e impagable. Seamos menos mezquinos y miremos las relaciones interpersonales con elevación espiritual. Aceptemos que a veces el otro nos manipula y que a veces nosotros manipulamos al otro. Estoy convencido de que en el juicio divino no se pesarán nuestros actos o manipulaciones para ver si nos deben o debemos, se pesarán nuestras almas (como en el mito egipcio) y si no son sutiles y se elevan no pasaremos el juicio.

En las relaciones enfermo mental-seres queridos hay manipulación por ambas partes. Vamos a ver cada parte y cada manipulación, desenredaremos la madeja e intentaremos que conociendo cómo funciona podamos hacernos conscientes de cómo somos manipulados y evitarlo y de cómo nosotros manipulamos y evitarlo. Esto forma también parte de las farsas de control que trataremos en la serie dedicada al tema. Pero antes vamos a sentar una premisa.

PREMISA

Una persona que manipula a sus seres queridos es un enfermo mental o no lo es. Si no lo es y su conducta manipulatoria es tan destructiva y cínica como lo son a veces la conductas de los enfermos mentales que están sufriendo una grave crisis en su patología, si estamos convencidos de que quien nos manipula así no es un enfermo mental lo mejor que podemos hacer es huir lejos, cuanto más lejos mejor, si es posible al otro lado del universo muchísimo mejor. Y todo ello porque nos estaríamos enfrentando a un sociópata, a un asesino en serie psicológico que no solo acabará con nosotros sino que nos torturará hasta hacer de nuestra vida un infierno.

Así de claro, esto se lo he dicho a mis seres queridos y me ratifico en ello y se lo digo a todo el que quiera escucharlo. Las conductas manipuladoras de un enfermo mental son inadmisibles e inaceptables salvo que las consideremos como efecto de una patología mental. Lo mismo que sería inaceptable que una persona sana nos insultara gravemente, nos faltara al respeto y nos hiciera todo el daño que pudiera, podría ser comprensible, no diría que aceptable que, por ejemplo, un enfermo terminal que está sufriendo como un condenado al infierno le diga a la persona que más quiere que su vida a su lado ha sido una mierda y le insulte gravemente. Esa persona puede decidir que lo que está haciendo su ser querido es producto de su enfermedad terminal, cuando ya ha perdido toda esperanza, cuando el dolor es insufrible y lo mismo que no le importa insultar gravemente al ser que más ha querido y que más le ha querido a él, tampoco le importaría apretar un botón y terminar con el mundo. Es así, la muerte es terrible, nadie puede enfrentarse a ella con equidad, salvo unas pocas almas privilegiadas. Un ser querido puede aceptar que el enfermo terminal no está en sus cabales, como se dice coloquialmente, y sufrir heroicamente lo que “la vida le tiene destinado”, en frase también muy coloquial, o puede decidir que bastante ha sufrido, que lo siente mucho pero que al enfermo le cuiden otros, porque no quiere vivir un infierno.

Todo esto es comprensible, lo que no sería comprensible es negar sistemáticamente que el enfermo terminal no es terminal, ni siquiera está enfermo, lo digan los médicos que lo digan, lo muestre el enfermo con sus dolores y su deterioro físico. No, no y no, no está enfermo, se hace el enfermo y me está manipulando. Esta situación que parece tan ridícula, se da en el enfermo mental. Hay familiares que niegan la enfermedad de su ser querido. No está enfermo, dicen, solo se hace el enfermo para manipularnos y hacernos daño. Bien, si están tan convencidos ¿por qué no abandonan al supuesto enfermo, que no es tal a su suerte?
¿Consentirían que una persona normal que camina por la calle les hiciera eso, o lo denunciarían a la policía y tratarían de que fuera a la cárcel? No podemos engañarnos, no podemos ser hipócritas, si pensamos que alguien no es un enfermo mental y nos hace todo lo que hacemos los enfermos mentales en las crisis de nuestra enfermedad, hay que tomar una decisión, ya, ahora, no mañana, y esa decisión debería ser alejarnos de él y cuanto antes mejor.

Eso se lo dije a mis seres queridos y lo mantengo y acepto todas las consecuencias. Si determinadas conductas que he seguido durante las graves crisis de mi enfermedad mental no fueran propias de un enfermo y de su patología concreta, no digo ya que hubiera esperado de mis seres queridos que me abandonaran y me dejaran morir como un perro solitario, porque me lo tendría merecido, incluso yo hubiera tomado la decisión de inmediato. Si alguien piensa de mí que soy un asesino en serie, pongamos por caso, no le daré tiempo a pensar en alejarse de mí, saldré corriendo como alma que lleva el diablo, porque si él cree que yo soy peligroso para él, yo estoy convencido de que él me hará vivir los tormentos del infierno. Seamos personas claras, sinceras, tomemos las decisiones de acuerdo a lo que pensamos y sentimos y afrontemos las consecuencias. Que mi ser querido no es un enfermo mental y se comporta así… pues que “le ondulen con la permanén” como dice la zarzuela, que le ondulen el pelo con la permanente o que le den por donde amargan los pepinos. Así de claro. No hay medias tintas. Que no soy un enfermo mental y me comporto así, fuera, se acabó. Ahora bien, no me sirve eso de que soy un enfermo mental cuando le interesa al otro y cuando no soy una persona normal. Soy un enfermo cuando me lleva al médico y acepta que me mediquen, no soy un enfermo cuando en plena crisis manipulo y adopto conductas insufribles. Seamos claros, pensamos con claridad y afrontemos las consecuencias. Yo prefiero que mis seres queridos me digan que no soy un enfermo mental y me dejen, que me las apañe como pueda, que viva y muera solo como un perro o que salga adelante por mis medios, puesto que soy normal y las personas normales salen adelante por sus medios, a que anden siempre ese toma y daca, no eres un enfermo mental, no deberías hacer gala públicamente de tu enfermedad, es vergonzoso lo que haces, tú en realidad eres una persona normal que tiene ciertos problemas de conducta y que lleva mal ciertas cosas. Nada de eso, si no soy un enfermo y me comporto como me comporto en las crisis hay que tomar decisiones y ya, nada de “es que siento compasión por el pobre” “es que tengo miedo de que reaccione mal y me mate” “es que le tengo tanto miedo que estoy paralizado”. Mentira, no estás paralizado para echarle en cara al enfermo mental todo lo que tienes que echarle en cara y más. En ese momento no le tienes miedo, en ese momento no piensas que te va a matar. Se claro, se honesto, toma tu decisión y acepta las consecuencias como cualquier hijo de vecino. A mí me gustan las cosas claras, al pan, pan, y al vino, vino. Que me quedo solo, que no puedo superar mi enfermedad mental, que me suicido, bien eso es cosa mía, tomé una decisión, acepté las decisiones que tomaron otros, intenté vivir, me enfrenté a la vida, si tengo que morir como un guerrero impecable, moriré, danzando con la muerte la última danza, pero no me vale eso de que soy un enfermo mental cuando interesa y cuando no interesa dejo de serlo. Ahora veamos las manipulaciones por ambas partes, comenzando por las del enfermo mental, puesto que yo lo soy y es justo que uno saque antes sus defectos que los de los demás.

MANIPULACIONES DEL ENFERMO MENTAL

A menudo me he encontrado con personas que se echan las manos a la cabeza y se arrancan los pelos. ¿Pero cómo puede ser tan manipulador? ¿Cómo pueden ser los enfermos mentales tan manipuladores? Bien, a mí no me sorprendería que un muerto de hambre, en plena inanición, a punto de morir, robara una barra de pan en un supermercado. ¿A que a ustedes tampoco? Pues bien, por qué les sorprende que un enfermo mental que es incapaz de enfrentarse solo a la enfermedad, que sabe que si se queda solo se desmoronará, que se hundirá en la miseria, que incluso puede peligrar su vida, haga lo posible por mantener a los seres queridos a su lado. ¿Qué miente? ¿Y quién no miente en esta vida? No me dirán que los corruptos no mienten, y les tienen en la televisión todo el rato. Los enfermos mentales mentimos, manipulamos, es cierto, pero no más que los familiares o que cualquier otra persona, a veces menos y a veces más, en plena crisis, cuando defendemos nuestra supervivencia. “Es que no me puedo fiar del enfermo mental, es un mentiroso, un trapacero, un manipulador”. Digan esto con voz de pito, como si interpretaran un papel en una escena humorística. Verán cómo les suena. ¡Ah, sí! ¿Y se fían de los corruptos porque no son enfermos mentales, y les llevan su dinero como quien lava, y mira que no son enfermos mentales y por lo tanto dignos de toda confianza? ¿Y se fían de los políticos y les votan y luego se quejan de que incumplen promesas, mienten y manipulan? ¿Pero no habíamos quedado en que los únicos que mentimos y manipulamos somos los enfermos mentales? ¿En qué quedamos?

Esto es pura retórica, como si estuviera hablando en el parlamento. En realidad lo que les quiero decir es muy sencillo. Todo el mundo miente y manipula. El enfermo mental lo hace para sobrevivir y causa mucho daño cuando lo hace en plena crisis. Es cierto. ¿Que sus manipulaciones son más llamativas, y a lo mejor más dolorosas para sus seres queridos? Es cierto, pero no me vengan ahora con que el enfermo se beneficia mucho con sus manipulaciones cuando se separa, se queda sin familia, se queda solo, pierde todo lo que tenía, si es que tenía algo y se condena a pasar el largo o corto periodo de “normalidad” echándose la culpa de todo. ¿Qué saca el enfermo mental con sus manipulaciones? Solo sufrimiento y miseria. ¿Es que somos tan idiotas, tan masoquistas que nos dedicamos a manipular solo para sufrir nosotros y estar peor que antes? ¿Entenderían a un corrupto que mintiera y manipulara para sacar millones y millones y luego los tirara al mar? Ese tipo está “chinao” dirían ustedes, está como un cencerro, repetirían, y tendrían razón. ¿Por qué no lo hacen también con el enfermo mental, solo que en lugar de decir “chinao” y “está como un cencerro”, digan por sensibilidad humana, aquello de es un enfermo mental, está en plena crisis, lo que diga y lo que haga hay que tratarlo con reservas, verlo desde esa perspectiva. Hagan ese esfuerzo, por favor, verán que su visión del enfermo mental cambia.

Seguiremos con las manipulaciones del enfermo mental en la próxima entrega. Gracias.

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20 09 2014
papus21

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