REALIDADES DIFERENTES (UN RELATO DE GREGORIO)

3 12 2014

Este relato que escribí hace tiempo, basado en el sufrimiento de un enfermo mental, conocido cercano, lo dedico a nuestro amigo Cesar, como apoyo a él y a la gran labor que está realizando y que nos ha rebelado públicamente, en el hilo: “Conociendo y Queriendo al Enfermo Mental”

Gregorio

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REALIDADES DIFERENTES.

Lo que relato a continuación, escrito en momentos de lucidez, no sé si es real, pues lo percibo como fruto de mis pesadillas. Lo que sí sé, es que un extraño ser habita dentro de mi cerebro y me revela situaciones distorsionadas. La razón de que tenga dudas, es que padezco una enfermedad denominada clínicamente, Esquizofrenia Paranoide. Hay etapas en que me aqueja una gran confusión mental y no logro distinguir lo real de lo irreal. Me dice el psiquiatra que mi modo de hablar y de comportarme es tan desorganizado que es incomprensible e incluso espantoso para los demás.

El mundo en el que vivo es inexplicable y misterioso. Nada tiene sentido. De repente mi vida cambió, se volvió complicada y dolorosa. Las cosas adquieren apariencias de falsedad y las ganas de vivir se me evaporan, como si me alejase infinitamente de ese mundo en el que vivo, como si un cristal invisible me separara del resto. Y cuando intento explicarlo a la familia y a los amigos, no comprenden nada. Me miran, primero extrañados, y después con el miedo de la incomprensión. No significa que esté loco, pero ellos lo perciben así.

A veces sufro síntomas, percibo el entorno tan diferente, tan deformado, que a menudo me aterra. Oigo voces internas, creo que otras personas analizan mi mente, controlan mi pensamiento y conspiran contra mí. Durante un tiempo, vivo en un mundo distorsionado por alucinaciones y delirios, y me siento confuso, asustado y con ansiedad.

Es como si hubiera dos caminos paralelos, y mi vida transcurriera por uno de ellos y la vida de los demás por el otro. Dos caminos que, estando en un mismo plano y manteniendo la misma distancia, se prolongan hasta el infinito. El que recorren todas las personas, ¿normales? Los felices, los tristes, amargados, depresivos, es decir, todos menos yo. Por el otro, transito yo, el número cien. Es otro mundo. Mi mundo.

A medida que voy avanzando, observo de soslayo el mundo de las personas normales. Con la mirada gris, distingo hombres, mujeres, niños felices jugueteando, ancianos sentados disfrutando del sol, con la mirada perdida en el horizonte, y parejas de novios conversando alegremente. Mientras, continúo caminando por mi lado con la cabeza inclinada, mirando hacia abajo, actitud que creo que me permite pasar desapercibido. Tengo la esperanza de que no se percatarán de mi presencia, pero no es así.

La escasa distancia que existe entre una y otra senda, es la razón por la que puedo escuchar las voces, llantos y risas del otro mundo, lo que me produce un profundo estremecimiento que, inevitablemente, me entristece. No puedo comprender que en mi mundo, en el cual creo ser el único habitante, exista una diferencia insuperable, pues, es escasa la distancia que existe entre los dos.

Un día que caminaba cansado, asustado, angustiado, de pronto se me vino a la mente una idea que en ese momento consideré relevante. La idea consistía en traspasar la débil línea existente entre los dos mundos. Pasar al mundo de los normales. ¡La distancia es tan pequeña!

Mientras caminaba, pensaba: «en el mundo de los normales disfrutaré de todas las cosas hermosas que allí existen, conoceré a distintas personas, cooperaré alegremente con ellas, podré disfrutar del sol, de la lluvia y sobretodo… de la luz, pues en mi mundo solo hay tinieblas y confusión ¿Por qué esta idea no se me había ocurrido antes, si es tan sencilla?»

Con mucho optimismo, me decidí a poner en práctica mi plan, plan que, en definitiva, significaba mi salvación, mi vida, el salto definitivo a mi felicidad, a la normalidad.

Avancé solo unos pasos y ocurrió algo espantoso. Lo que vi frente a mí, era un monstruo. Un monstruo cuyos ojos destellaban rechazo y curiosamente, parecía tener miedo a mi presencia. ¡Un monstruo que me temía, siendo yo tan frágil! ¡Solo buscaba un poco de comprensión!

Decidido, lo intenté de nuevo, y quizá como estrategia para atemorizarme, sus manos con sus palmas hacia mí, se tornaron defensivas y amenazantes. Y por un momento, lo vi como una hermosa dama seductora. Su objetivo era, indudablemente, confundirme.

Aun así, como último recurso, me lancé hacia delante y mi esfuerzo fue vano. Había desaparecido y en un momento, escuché su espantosa risa. Más que risa, sus carcajadas como alaridos amenazadores, a mi espalda. Lo afronté con decepción y abatimiento, y comprendí que el monstruo soy yo, que atemorizo a la sociedad que me rodea ¡Me sentí derrotado!

Pasó el tiempo, no sé cuánto, días o meses, y me sentía más sereno. Tenía una sensación de esperanza, a pesar de continuar en mi mundo marginal. Era como si en mi pequeño planeta estuviese apareciendo una tenue luz. Pero, aun así, continuaba caminando por mi línea, por mi camino, por mi mundo. Cuando miraba hacia el mundo de los normales, todo era amor, primavera, flores, en resumen: felicidad y alegría.

De pronto, sin pensarlo, o probablemente porque ya había quedado en el pasado el terrible trauma de haberme enfrentado a la temible bestia que me domina, decidí cruzar la frontera nuevamente.

Comencé a cruzar serenamente, como distraído, sin preocupaciones, pero con una sensación de ilusión y esperanza que invadía todo mi ser. Cuando estaba alzando mi pie para dar el último paso hacia mi definitiva felicidad, escuché una voz como un trueno que me dijo: ¡aún no estás preparado para vivir entre nosotros!

Aquí sigo rechazado en mi mundo marginal y tenebroso, esperando que algún día me permitan ser normal y compartir mi tristeza, mi alegría y mi amor…

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