CURSILLO DE YOGA MENTAL 3-2

8 12 2014

CURSILLO YOGA MENTAL 3-2

SALUDO BUDISTA

Sé muy bien lo difícil que es hacer estos ejercicios en casa, mantener una rutina. Al menos los hacemos aquí una vez a la semana y eso es importante. Para nosotros, los enfermos mentales, todas las rutinas son importantes, las rutinas cotidianas, el orden y la limpieza… pero fundamentalmente las implacables rutinas mentales. No podemos descuidarnos un segundo en este tema. No podemos dejar que la mente, la cabra loca, tire al monte y nos lleve donde quiera. Para ello tenemos que centrarla, en la actividad cotidiana vivida con intensidad, en tareas creativas, en cualquier cosa que la impida llevarnos al abismo. Los ejercicios que hacemos aquí todos los días nos ayudan a mantener un férreo control sobre nuestra mente, al centrarla en movimientos corporales atrae la energía hacia esa zona del cuerpo e impide que se desperdigue, se desequilibre y se nos vaya por los agujeros de nuestro frágil psiquismo, como si fuera un colador.

Hasta ahora hemos venido trabajando fundamentalmente con varios ejercicios que repetimos día, tras día, el calentamiento de taichí, los ejercicios de energetización de kriyayoga, los pases mágicos de Castaneda, los ejercicios de equilibrio de energía y una ligera gimnasia de estiramientos. No descarto ir añadiendo algo más, aunque ya tenemos bastantes cosas que aprender hasta llegar a una rutina automática.

EJERCICIO DE CONCENTRACIÓN

Hoy vamos a retomar el ejercicio de concentración sobre la llama de una vela. Ya lo hicimos en otras etapas, pero es bueno recordarlo porque estos ejercicios no sirven de nada sino se repiten hasta alcanzar un dominio importante. El objeto de este ejercicio, aparte de centrar la mente, a través de los ojos en un detalle concreto de la realidad, es el de desarrollar la intuición. Puede parecer algo bastante inútil, pero les aseguro que si tuviéramos muy desarrollada la intuición nos evitaríamos muchos problemas en la vida. La razón, la lógica, es muy limitada y se mueve en un campo muy reducido. La mayoría de los problemas importantes de la vida no se pueden solucionar con la pura lógica, escapan a toda lógica. Como deberes para la semana que viene les pondré al final un ejercicio que ya hicimos en otra etapa pero que me parece importante repetir porque es muy bueno para desarrollar la intuición.

Es conveniente hacer el ejercicio de la vela después de haber hecho pranayama, la respiración es muy importante para la concentración. También haremos unos mantras que nos ayudarán a elevar la vibración de nuestra mente.

Enciendo la vela y respiramos rítmicamente hasta alcanzar una respiración automática. Hacemos el sonido RAMA que repetimos tres veces. Ahora nos preparamos con el ejercicio de ojos. Ya saben, centramos la mirada de los dos ojos en la punta de la nariz. Si lo hacemos bien veremos doble. Ahora los dos ojos van a la izquierda, luego a la derecha, abajo y hacia arriba, mirando al techo.

Ahora centramos la mirada en la punta de la nariz, subimos poco a poco la mirada y la centramos en la llama da la vela. Tenemos que verla doble, puesto que los dos ojos están enfocados en ella. No nos esforzamos, no tensamos los músculos de los ojos ni de la cara. Nos relajamos y dejamos que la mirada se extravíe. Este también es un buen ejercicio para la autohipnosis que aún no hemos experimentado porque tiene sus riesgos y necesitamos mayor dominio de la mente.

La llama de la vela puede subir si le mandamos suficiente energía o puede parpadear o moverse hacia la izquierda o la derecha. Nosotros dejamos que la mirada siga concentrada y no intentamos nada. En algún momento llegaremos a ver un círculo alrededor de la llama, el aura. Si caminamos de noche por una calle con farolas y miramos la luz que desprende una farola es fácil que veamos un aura de color blanco alrededor de esta luz. Es lo que estamos haciendo ahora.

Este ejercicio lo podemos hacer en casa cuidando de que la vela tenga un soporte que impida que la cera caliente caiga sobre algo que pueda arder. También deberemos cuidar de apagarla al finalizar el ejercicio, debemos evitar riesgos. La vela se apaga salivando la yema del dedo pulgar de la mano derecha y la del índice. No tengan miedo, no se quemarán. No es bueno apagar la vela soplando puesto que el prana del aliente se mezclará con un elemento tan poderoso como el fuego y se producirá un efecto energético no deseable.

Hoy tenemos música, escucharemos un archivo de mantras y G. nos ayudará con los cuencos tibetanos que los lectores de este blog pueden encontrar en youtube poniendo símplemente “cuencos tibetanos”. Estas vibraciones van a elevar nuestra mente.

RELAJACIÓN Y MEDITACIÓN

En esta etapa la relajación y la meditación cada vez estarán menos acompañadas por el sonido de mi voz, dejaré de guiarles poco a poco. Nuestra meta es conseguir que cada uno de nosotros pueda realizar la relajación y la meditación a solas, en su propia casa o en el lugar en que se necesite. Al principio la guía de la voz está muy bien y puede ayudar mucho, pero una vez alcanzado un dominio básico, seremos nosotros los que guiaremos nuestra mente en la relajación y meditación.

Sabemos la técnica de la relajación, sabemos la postura y la preparación. Tumbados en el suelo sobre una alfombra, una esterilla o una manta doblada. La nuca se apoya en un cojín adecuado. El entorno se prepara con música, encendiendo una vela perfumada, quemando incienso. El cuadro o poster de un paisaje puede ayudar, lo miramos antes de cerrar los ojos.

Lo que buscamos es que nuestra mente recorra nuestro cuerpo para darle energía, centrándose en él y desbloquear los nudos energéticos que generan nuestras emociones y las tensiones del día. Para ello nos ayudamos de la visualización. Podemos imaginar un punto de luz saliendo de la cabeza y bajando hasta la planta de los pies. Podemos utilizar la figura del gnomito de luz, una figura humanizada que puede ayudar a algunos que tengan dificultad con el punto de luz. Nos relajamos a partir de los pies porque es más fácil ir acrecentando la relajación al subir e irnos encontrando con los chakras más bajos, que empezar por la cabeza donde están los chakras más elevados y en contacto con el mundo espiritual.

Hacemos el recorrido del cuerpo como siempre, nos centramos en los chakras que están en el camino, los visualizamos como una espiral de energía, de luz, una especie de estación eléctrica. Los intensificamos, giramos la energía y seguimos subiendo. Chakra raíz, plexo solar, órganos que hay en el camino, etc.

Una vez que llegamos a la cabeza, relajamos el mentón, abrimos la boca en una sonrisa, relajamos los hombros, cerramos los párpados y notamos su peso, estamos preparados para entrar en el centro de la cabeza, glándula pineal y abrir la puerta a la meditación, al mundo espiritual.

Las meditaciones cada vez tendrán menos guía, somos nosotros los que entramos en meditación y nuestro yo interno nos lleva donde él quiere. No obstante debemos recordar la técnica que hemos empleado hasta ahora. Visualizamos la glándula pineal como una puerta de luz, la atravesamos. Estamos en la llanura oscura. Visualizamos una gran pantalla de televisión o de cine con la pantalla en blanco. Visualizamos un paisaje al que queremos ir. Nos acostumbramos a que ese paisaje sea una especie de hogar mental y espiritual. Es como ir a casa, abrimos la puerta, recorremos las dependencias vinculándonos con ellas y luego nos ponemos cómodos y nos relajamos. Si el paisaje es una playa desierta, vemos el entorno, nos tumbamos en la arena cosquilleante y cálida, escuchamos el rumor de las olas, etc. Si es un paisaje de montaña llegamos al valle, miramos las montañas, recorremos el verde prado y nos tumbamos sobre la hierba. Escuchamos el canto de los pájaros, el rumor del arroyo cercano, la ligera brisa en la rama de los árboles, sentimos la paz y el silencio.

Hoy volveremos a la meditación del sueño profundo. En anteriores etapas hicimos muchos recorridos. En esta vamos a buscar el silencio, la paz, la profundidad en nosotros mismos a través del sueño profundo. Alcanzarlo es una meta importante porque hará que nuestras meditaciones sean más largas, más intensas, tendrán resultados más positivos.

Nos dejamos llevar, somos un globo vacío, ascendemos. La mente se aleja del cuerpo, éste bosteza, siente la sensación de relajación que precede al sueño. No buscamos nada, no deseamos nada, nada nos preocupa, nada tememos, dejamos las dudas, dejamos el temor. Nos dejamos ir.

Los cuencos tibetanos ayudan, nos elevan, las música es suave y agradable. Yo acompaño con el mantra EIM repetido tres veces en voz baja y que iré repitiendo a lo largo de la meditación. Nos dejamos llevar… nos dejamos llevar… y alcanzamos el sueño.

Retornamos como siempre, ayudándonos con el sonido de mi voz. Nos ponemos en pie sin prisas, con suavidad, cuidando de los posibles mareos. Es importante desentumecer el cuerpo movemos las piernas, las manos, los brazos, los dedos…

PSICOTERAPIA Y RECAPITULACIÓN

Cada uno cuenta cómo ha sido su semana, desnudamos el alma hasta donde queremos. La inhibición para contar nuestras intimidades en público acabará desapareciendo con el tiempo, cuando nos importe más el mundo espiritual que el mundo material del qué dirán o de los secretos ocultados para no ser heridos. Nada hay oculto que no haya de ser descubierto, dijo el maestro Jesús en el evangelio. Ocultar nuestros miedos, nuestros terrores, nuestros secretos más vergonzosos solo consigue que se vayan pudriendo dentro. De lo que hay en el corazón habla la boca, según la filosofía evangélica. Si no hablamos de lo que hay en nuestro corazón se irá pudriendo y cuando queramos expresarlo saldrán sapos y culebras.

Nuestras mentes están desnudas ante Dios, nuestros corazón no tiene secretos ante él, nuestras emociones son transparentes. No tenemos secretos ante la divinidad y si él nos conoce a fondo, hasta el tuétano de los huesos, no tiene sentido la ocultación y el secretismo. ¿Qué es más importante, Dios o lo que puedan decir los otros, sus criaturas, pequeñas hormiguitas que se mueven en un Cosmos infinito?

No es fácil desnudar el alma. Mi caso es excepcional porque yo no tengo ya nada que perder, lo he perdido todo, no tengo nada que ganar porque nada material me interesa lo suficiente. Puedo hablar de mis más profundos secretos, de todo el sufrimiento que hay en mi corazón y en mi alma, porque las heridas que me pueden causar los demás con mis secretos son nada comparadas con las que ya me ha causado la vida, con las que me está causando la vida aquí y ahora, en este preciso momento. Los demás deberéis ir poco a poco, perdiendo el miedo a hablar, a contar lo que realmente sentís y pensáis. Esconder nuestro sufrimiento es como permitir que una fuerte corriente de agua subterránea vaya minando el interior de nuestras almas. Dejemos que salga fuera, que camine por la superficie y vaya perdiendo fuerza con los obstáculos.

Analizamos nuestros sentimientos, nuestras emociones, nuestro dolor más profundo. Lo echamos fuera y no solo eso, buscamos explicaciones y soluciones a través de las técnicas que ya hemos visto en las dos etapas anteriores. La filosofía del guerrero impecable, las estrategias del guerrero impecable, el arte de acechar, las farsas de control, la ley de los tres círculos. Con el tiempo iremos añadiendo más técnicas que nos ayudarán a analizar nuestras relaciones interpersonales y a solucionar los problemas que estas crean en nuestras vidas.

SALUDO BUDISTA

QUE LA PAZ PROFUNDA NOS ACOMPAÑE A TODOS EN EL CAMINO

EPÍLOGO

LOS ACTOS DEL GUERRERO IMPECABLE

Ya hemos visto en la recapitulación que lo importante para un guerrero impecable no son las emociones, los pensamientos, las dudas, los remordimientos, mirar hacia atrás, sentirnos culpables por lo que hicimos o dejamos de hacer, por el supuesto daño que hemos infligido a otros. Lo importante de un guerrero son los actos. Lo que hacemos cambia nuestras vidas, cambia el entorno, cambia a los demás. Lo que hacemos es el camino que hollamos con nuestros pies, es nuestro destino. Pensar es una pérdida de tiempo, un agotamiento inútil, como le dice don Juan a Castaneda. Nada cambiamos pensando, nada cambiamos sintiendo, nuestras vidas se convierten en un permanente mirarnos el ombligo que es un agujero negro que no conduce a parte alguna. Los actos son los que conforman el ser del guerrero.

Justo cuando regresaba a casa con el coche tuve una buena muestra de lo que son los actos del guerrero. Era de noche, la carretera bien asfaltada y bien pintada era una cinta de luz en la oscuridad. Me dije que mi vida debería ser así, un permanente movimiento en esa cinta de luz, sin mirar a los lados donde solo hay oscuridad. Me dejé llevar en una suave meditación y vi lo que había sido mi vida, lo que sería, lo que me esperaba. Lamenté el perpetuo mirar hacia los lados, pensando que cuando es de día y la aparente realidad se extiende hasta el infinito, lo importante es moverse hacia los lados, hacia ella. Pensé que cuando es de día me gusta mirar por el retrovisor para ver si me siguen o para hacerme una idea del camino recorrido. En realidad es una pérdida de tiempo, porque de noche percibimos muy bien que vamos solos en la carretera, en esa cinta de luz que taladra la noche. Nadie nos sigue, nadie nos precede, a ambos lados no podemos ver nada, solo oscuridad. Si seguimos la cinta de luz llegamos a la meta, si nos salimos de la carretera y nos extraviamos podemos acabar en cualquier parte, siempre en la oscuridad más absoluta.

Al llegar a la ciudad aparqué un momento junto al parque para echarme un pitillo. Dejé que la adicción se impusiera, que el mundo material tomara las riendas, un guerrero impecable es tan humano como cualquiera, como el que más.

Estando allí vi acercarse a un hombre alto y delgado, con cierta pinta de vagabundo o tal vez de drogadicto. No arranqué el coche y me fui. Un guerrero impecable no huye de lo que le sale al camino, de lo que le envía el Espíritu, en un término extraño para el chamanismo pero que emplea don Juan y que tiene cierto parecido con la Mente Universal rosacruz. El hombre me miró y se acercó. Tenía los cristales bajos y estaba escuchando música, el arte de la fuga de Bach. Me pidió un cigarro y se lo di. Se quedó mirándome y echando unas caladas. Farfulló algo sobre lo dura que es la vida o lo mierda que es toda vida. Le di la razón y le dije que todos tenemos nuestro sufrimiento, que todos tenemos que llevar nuestra mochila cargada de piedras a la espalda. Me pidió permiso para subirse al coche. Se lo di y se sentó a mi lado.

Un guerrero impecable no es ciego ni tonto, calibra todo lo que hace, todo lo que le sucede. Yo hice lo mismo. Podía haber llevado una navaja, podía haberme atracado, podía habérmela clavado. Un guerrero impecable no está ciego, evalúa lo que le viene encima. Yo había evaluado su caminar, sus gestos, había visto su rostro y sus ojos. Lo había evaluado como un hombre derrotado por la vida.

Un guerrero impecable sabe que la muerte está siempre detrás de él, su mano derecha apoyada en su hombro izquierdo. Un guerrero sabe que no puede enfrentarse a la muerte, que ésta le llevará cuando quiera. Sabe que antes de llevarle le dejará bailar su última danza sobre la tierra. Un guerrero impecable no tiene nada que perder porque no tiene nada, solo el instante.

Otro día, en otro momento hubiera arrancado el coche y me hubiera ido, no quiero problemas, cuando no soy un guerrero actúo con el miedo que sienten todos los que no son guerreros. Aquella noche esperé a ver qué me deparaba el destino, por qué el Espíritu me mandaba a aquel hombre. Si la muerte llegaba sería bienvenida, sería el momento adecuado, cuando la vida me ha asestado el último mazazo posible.

Observé los gesto del hombre, calibré qué se podía llevar, ¿el móvil? Mi cartera estaba vacía, ¿el coche? Escuché sus palabras y respondí como responde un guerrero, no con falsa cortesía, no con mentiras, no con hipocresía. Si das la verdad te responde la verdad. Si das confianza te dan confianza. Supe que sus padres le habían echado de casa. ¿Drogadicto? Me dijo que no, pero intuí que si. Había salido de Herrera de la Mancha. Se buscaba la vida. Le dije que no era malo buscarse la vida y menos en una sociedad tan inhumana como la que nos rodeaba. Me pidió para un bocadillo. Le di dos euros. No suelo dar dinero porque es dar casi nada, el vacío. Le hablé como un guerrero. Todo el mundo tiene derecho a buscarse la vida, todo el mundo tiene derecho a una vida digna, pero no a costa de hacer daño a los demás. Si haces daño te pierdes el respeto, le dije. No hablaba el hombre que soy habitualmente, hablaba el guerrero.

La conversación siguió sin prisas. Yo no tenía prisa, como hombre corriente porque nada me esperaba en el apartamento. Yo no tenía prisa como guerrero porque un guerrero nunca tiene prisa en llegar a parte alguna porque esté donde esté siempre estará consigo mismo. Intuí que él me evaluaba y se atrevió. Me preguntó si me gustaban las mujeres. Mucho, lo mismo que el sexo, no es un pecado, no es algo de lo que un hombre deba avergonzarse. Entonces se atrevió. Por ahí tengo dos chicas a las que podría llamar. Te darían sexo. Ahora no, le dije, y le conté la verdad. Entonces me preguntó si me gustaban los jovencitos. Le dije que me gustaban las mujeres, pero que cada cual vivía el sexo como le parecía oportuno, solo hacer daño a los demás es malo.

En aquel momento evalué como guerrero mi situación. Podía actuar como un hombre corriente, evaluar la situación y decidir. Pensé que me saldrían más baratas que una profesional del sexo, y además dos, un bonito trío. Pensé que si me engañaba y me llevaba a un lugar solitario para atracarme podría enfrentarle. Si me clavaba la navaja sería una forma sencilla de suicidio, mucho mejor que hacerlo yo. Si las chicas eran reales podía pasar una noche agradable por poco dinero. Un sexo paupérrimo, un sexo miserable, pero sexo al fin y al cabo. Lo más fácil es que fueran drogadictas. Podía pillar el SIDA, una muerte lenta, a largo plazo, pero tal vez mucho menos dolorosa que un suicidio causado por mi mano. El hombre corriente evaluó que tal vez no fuera mala idea arriesgarse. Por un lado una noche de sexo barato, por otro lado un posible atraco y un suicidio por mano ajena, o el temible SIDA que iría acabando conmigo poco a poco, sin necesidad de pensar una y otra vez en el suicidio. Podían simplemente marcarme, tomar la matrícula del coche, saber mi dirección. Todos estamos marcados por la muerte que está tras nosotros. Para el hombre corriente que yo era la evaluación estaba clara: me arriesgaré, puedo tener una noche de sexo barato, a cambio puedo suicidarme por mano ajena o meterme en unos líos que no serán peores de los que ahora estoy viviendo con la estrategia número dos. El hombre corriente que habitaba en mí estuvo a punto de decir: ¿Cuánto?

El guerrero impecable evaluó todo, asumió las evaluaciones del hombre corriente, evaluó la situación como guerrero e hizo lo que tenía que hacer cuando tenía que hacerlo. Un guerrero impecable no llama a la muerte lloriqueando como un niño, vive la vida y vive el instante. Un guerrero impecable asume todos los riesgos, hubiera podido asumir el riesgo del atraco, el riesgo del SIDA, el riesgo de una noche de sexo con dos posibles desechos humanos. Esa podía haber sido una decisión de guerrero. Como le dice don Juan a Castaneda en el arte de acechar, un guerrero sabe que manipula a la gente, pero también sabe que la gente le manipulará a él, la diferencia entre el guerrero y el hombre corriente, es que el primero no se queja cuando luego es manipulado, mientras que el segundo lloriquea como un niño, olvidando que él manipuló antes.

Hubiera podido tomar la decisión de arriesgarme a una noche de sexo paupérrimo y barato a cambio de un posible suicidio por mano ajena o un atraco. No lo hice porque el guerrero impecable ya había diseñado sus estrategias y había decidido enfrentar la vida haciendo lo que tenía que hacer cuando tenía que hacerlo. El guerrero evaluó que aquello había sucedido después de una clase de yoga, después de hablar de los actos de un guerrero. El Espíritu me envió a aquel hombre para probar al guerrero y tal vez porque en su camino había llegado el momento de que apareciera un guerrero y le dijera que tenía todo el derecho a buscarse la vida pero sin hacer daño a los demás o se perdería el respeto como ser humano. Don Juan le dice a Castaneda que no intente cambiar a nadie porque nadie puede ser cambiado. Yo no lo intenté simplemente actué como un guerrero y hablé como un guerrero. No sé qué será de ese hombre, si el encuentro le servirá de algo, si volverá a la prisión de Herrera de la Mancha muy pronto, si volveremos a encontrarnos, si yo le buscaré en el futuro cuando esté tan desesperado que llame a la muerte que tengo a la espalda.

Le dije que tenía que irme y se bajó del coche. Siguió su camino, yo continué el mío. Se dejó un artilugio, tal vez robado de algún coche, un cedé o una radio. Lo tiré a un contenedor. Solo me faltaba tener ahora problemas con la policía después de haber rechazado el riesgo de una noche de sexo con dos drogadictas.

Recapitulé lo sucedido. Actué como un guerrero. La tentación de dejarme llevar por la desesperación y buscar un sexo desesperado a cambio de un suicidio aún más desesperado no era el acto de un guerrero. Dejé de mirar atrás. No sé qué me deparará el futuro, ni lo que haré mañana o pasado mañana o dentro de una semana. Solo lo que me interesa lo que estoy haciendo ahora, contando lo sucedido. Un hombre corriente pensaría que es idiota hablar de ello, que es idiota confiar, que es idiota no intentar aprovechar una ocasión, evitando en lo posible los supuestos daños colaterales.

Los actos de un guerrero son lo que es el guerrero. Yo ahora soy este guerrero, puede que mañana sea un guerrero distinto, pero ya no hay vuelta atrás en el camino del guerrero impecable. No hago preguntas, no busco respuestas, no miro hacia atrás ni hacia delante, no tengo dudas, no siento remordimiento. Soy un guerrero y noto la mano de la muerte sobre mi hombro izquierdo, cuando tenga que bailar la última danza lo haré como un guerrero, mientras tanto sigo caminando…

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