DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL VII

12 01 2015

DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL VII

Se acerca la Navidad y me consuela saber que no la pasaré en el apartamento. He aceptado la invitación de B. para pasarla con su familia. Para mí es muy importante no estar solo en el apartamento, podría llegar a hacer cualquier tontería. Cualquier cosa será mejor, incluso salir a cenar yo solo por ahí, sin coche claro porque no es cuestión de jugarse la vida a lo tonto.

Las conversaciones con B. que ahora mantengo todos los martes me ayudan a entrever una personalidad apasionante y la historia de su familia es claramente una excepción en las difíciles y terribles relaciones que los enfermos mentales tenemos siempre con nuestras familias. B aceptó desde muy joven que la vida le iba a poner al lado a enfermos mentales y que tenía que decidir cómo comportarse con ellos. Desde luego es infinitamente mejor tomar una decisión clara desde el principio, sea la que sea, bien aceptamos al enfermo mental con todas las consecuencias o decidimos desentendernos de él, que ese baile infernal para el enfermo que es el que danzan muchas familias de enfermos mentales, un pasito “palante” y otro “patrás”. Unas veces parece que te aceptan, otras te rechazan de forma brutal, otras intentan aceptarte pero con condiciones, otras intentan rechazarte definitivamente pero no tienen valor ni voluntad. Luchan desesperadamente por cambiarte, por lograr encarrilar tu vida por donde ellos quieren que discurra y al encontrarse con un muro infranqueable convierten su vida en un infierno y la del enfermo mental en un intento desesperado por caminar en la cuerda floja, a ver si te caes de una vez y te rompes la cabeza, pensamos con frecuencia, o a ver si sucede algo que haga que mi familia me mande a la mierda y tenga que ir a vivir bajo un puente o me encierren de por vida, o… Somos pocos los enfermos mentales que disponemos de autonomía económica y de voluntad suficiente para decidir sobre nuestras vidas y tomar cualquier tipo de decisión que nos parezca oportuna, asumiendo todas las consecuencias.

La vida de B ha sido dura, con momentos dulces, como nos sucede a todos cuando el destino nos acaricia la mollera y nos premia con unos caramelitos. Ya he hablado con él sobre la posibilidad de que me deje escribir su vida, pero creo que no acaba de decidirse y le entiendo muy bien, no es fácil desnudar el alma ante los demás, todo el mundo puede acabar hiriéndote y de forma muy grave. No es que todo el mundo sea malo y ande con un cuchillo en el cinto para clavártelo al menor descuido, pero mi experiencia me dice que quienes no asumen claramente una visión espiritual de la vida son incapaces de comprendernos a los enfermos mentales y antes o después acaban haciéndonos daño porque piensan que ellos también sufren y no entienden por qué nosotros deberíamos recibir un trato especial. Ese pensamiento es clave para entender las relaciones entre enfermos y familiares. No sucede como con las enfermedades físicas, cuando está claro que uno está enfermo, muy enfermo, tal vez terminal y los otros están sanos, aunque con los achaques normales. La diferencia entre el enfermo mental y los demás no es apreciable a simple vista, se podría decir que exige un acto de fe mediante el cual creemos que el enfermo mental tiene una enfermedad del alma y no actúa como le vemos comportarse solo porque es un ser sin voluntad, apático, manipulador, que va por ahí pregonando su enfermedad mental y poniendo caras raras para evitar enfrentarse a los problemas que los demás deben afrontar cada día. De esta imposibilidad de aceptar la enfermedad nacen expresiones terribles que los enfermos hemos tenido que escuchar muchas veces, actitudes despreciativas, sentimientos extraños que a veces nos hacen pensar a los enfermos mentales que nos tienen envidia y nos llevamos las manos a la cabeza, ¿cómo pueden tener envidia de que no tengamos trabajo o estemos siempre de baja arriesgándonos a perder nuestro futuro en esta sociedad, cómo pueden sentir envidia de que en lugar de afrontar problemas muy duros de la vida con todas las consecuencias “prefiramos” que nos conviertan en vegetales con la medicación y nos encierren en psiquiátricos? ¿Es eso posible? Pues bien, a mi me ha costado mucho aceptar esa posibilidad, la de que me tengan envidia. Es como si me dijeran con la expresión de sus rostros “feliz tú que no tienes que ir mañana a ver a fulanito o decidir qué hacemos con esto o que cuando te sientes muy angustiado vas a que te receten pastillas o provocas una crisis para que te encierren, yo por el contrario vivo a pelo los sufrimientos de la vida y tomo las decisiones, incluso las que te correspondería tomar a ti”. ¿Cómo es posible? Solo quien no se ha pasado años tomándose antidepresivos y antipsicóticos o no se ha pasado un mes, solo un mes, encerrado en un psiquiátrico, en ese ambiente, puede pensar algo parecido o llegar a dejar brotar un sentimiento de envidia tan absolutamente esperpéntico.

No voy a negar que encuentro en B ciertos comportamientos que no me parecen bien en los familiares respecto a “sus enfermos” mentales. Aunque asumo el derecho que tiene cada uno a entregar su vida hasta la heroicidad por sus familiares, enfermos mentales, es algo que nunca he entendido ni asumido y que en parte ha propiciado mi ruptura de pareja. Los familiares del enfermo tienen derecho a vivir su vida, su propia vida, y no hipotecarla por sus familiares enfermos, tienen derecho a ser felices, tienen derecho a marcar los límites y fronteras de su sacrificio por los enfermos que por muy enfermos que estén también tienen obligación de poner de su parte. Entiendo hasta dónde puede llevar el amor de un familiar por el enfermo mental, pero yo pondría límites y fronteras. Aunque resulte increíble yo también me he puesto en lugar de mis familiares y pensado en lo que haría si una varita mágica cambiara a todo el mundo de lugar y pusiera las circunstancias patas arriba. Tengo claro hasta dónde llegaría yo en el cuidado de un ser querido, de un enfermo mental, y hasta dónde no llegaría. Y creo que como he demostrado en mi vida podría tomar decisiones difíciles asumiendo todas las consecuencias. De hecho lo acabo de hacer.

Para mí B es un ejemplo de un familiar que se enfrenta al problema de tener un enfermo mental en su entorno más cercano con las ideas claras y una decisión firme. Aunque no conozco a fondo el caso de G creo que sus familiares son también el ejemplo típico de la familia que da un pasito “palante” y otro “patrás” sin tener nunca claro cómo comportarse con el enfermo. Si las familias de los enfermos mentales tuvieran claro que hay que tomar una decisión y atenerse a ella, sea la que sea, y con todas las consecuencias, la vida de los enfermos sería mucho más llevadera. En mi caso mi vida será muy difícil y puedo terminar muy mal, pero el simple hecho de no tener que enfrentarme al sufrimiento que genero en mi familia es para mí un alivio inmenso, que por mucha empatía que tengan conmigo nunca llegaran a comprender. Es cierto que si los enfermos mentales pudiéramos tomar también ciertas decisiones aliviaríamos mucho el sufrimiento de nuestras familias, cierto pero yo no me atrevo a pedir a un enfermo mental medicado y con severas patologías que tome las decisiones que yo he tomado, porque no estamos jugando, no es una broma, una decisión de este tipo puede ser cuestión de vida o muerte.

Pero no quiero reflexionar más sobre el tema. Si todo va bien, y espero que sí a pesar de los infinitos obstáculos a los que me enfrento, puede que estas fiestas la estrategia número 1 de un paso definitivo, o bien se abre una puerta casi milagrosa hacia el futuro o bien se cierra definitivamente y entonces arrostraré un camino tortuoso que me puede hundir para siempre. Es curioso la cantidad de obstáculos que estoy teniendo que sortear, es como si las fuerzas poderosas que rigen el universo la hubieran tomado conmigo, como si el destino se hubiera emperrado en hacerme la vida imposible. A ese respecto debo felicitarme por mi creatividad porque la novela “El buscador del destino” ya está en marcha y lleva muy buena marcha, me estoy divirtiendo mucho y “vengándome” de ese destino malévolo que está jugando conmigo. Puede que le siente mal y me acabe dando otro garrotazo en la nuca, como le ocurre al protagonista de la novela, pero no me importa. Algo tengo que hacer para desahogarme.

Si analizo objetivamente las cosas que hubieran podido salir mal en estas circunstancias y que era probable que salieran mal, no llegaría ni al cincuenta por ciento de lo que me ha sucedido. El resto son claramente obstáculos que se me han puesto en el camino por parte de las dichosas “fuerzas”. Lo más duro ha sido tener que ver a mi “ex” (no asumo esa palabra, para mí siempre será mi amor con el que no convivo porque es mejor así) porque no he podido evitarlo. Entiendo su actitud, su dolor, su duelo, pero me he sentido como un vendedor molesto llamando a la puerta. Es curioso que durante la fase crítica de la crisis, y delirante para mí, tuve muy claro que el que peor iba a llevar esto sería yo. Solo pensar en cómo llevaría ella su vida sentimental, en cómo podría rehacer su vida, o en cómo decidiría encarrilar su vida sexual me hizo entrar en un severo delirio que aún no soy capaz de recapitular. Y en cambio me temo que es ella la que se enfrenta peor a la situación, tanto en este terreno como en otros. A pesar de mis celos, que siempre fueron importantes debido a mi carácter y a lo que dicen al respecto de los signos tauro, la verdad es que nada me complacería más que el que ella rehiciera su vida sentimental, me haría muy feliz, y si no puede ser, que llevara una vida sexual plena y satisfactoria. Este verano pensé que ni siquiera podría pensar en ello, pero ahora mismo es algo tan natural que me asombra pudiera haber sufrido por esto tanto durante la crisis. Por mi parte tengo claro lo que quiero hacer con mi vida al respecto y desde luego lo voy a intentar, otra cosa es que llegue a algo más que a una misérrima vida de visitas esporádicas a profesionales del sexo.

No quería hablar en este diario de otras personas pero es inevitable, gracias a Dios no estoy absolutamente solo, en el fondo del abismo sí, pero no en una isla desierta abandonada de la mano de Dios. Lo que he mencionado lo considero esencial para describir cómo estoy y cómo me siento. Si no lo hiciera mentiría y este diario no tendría el menor sentido. Una vez dicho creo que no volveré a hacer mención de ello nunca más.

Tengo las navidades bastante claras, una parte con B y su familia y otra viajando, tal vez muy lejos, si todo sale bien. A finales de enero mi futuro estará muy claro o muy oscuro pero estará ahí y deberé afrontarlo. Una vez pasado lo peor solo quedará ir dando pasito a pasito.

En cuanto a la OVE o auto-observación que todo enfermo mental debería hacer al menos una vez a la semana, debo decir lo siguiente:

-Ningún despiste grave.

-El orden y la limpieza en el apartamento siguen dejando que desear pero han mejorado.

-La creatividad se ha disparado como un cohete. No me parece mal porque los resultados me gustan, para mí son espléndidos. Pero tal vez debería tener cuidado y tomarme todo con más calma.

-En el trabajo un incidente que posiblemente era inevitable dada la tensión a que estoy sometido y las circunstancias del hecho (que me hacen preguntarme cómo alguien se puede quejar de mi, teniendo que soportar yo a veces tanto a los demás, pobre Santo Job, cuánto tengo que aguantar a veces) pero que fue una clara muestra de descontrol emocional por mi parte. Las consecuencias no parecen graves, salvo que intervengan las “fuerzas poderosas” o que yo haya catalogado mal a ciertas personas. Sigo muy atento, especialmente en estos momentos, a cualquier incidente en el trabajo. Necesito el trabajo desesperadamente y no puedo permitirme desfallecimientos, en todo caso una baja normal, aunque eso disminuya mi economía. Es curioso que la cantidad de obstáculos que he tenido en el trabajo esta temporada durante un par de meses, pongamos por caso, igualan casi todos los obstáculos graves que he tenido durante estos años en el trabajo, aquí en La Mancha. Veo la mano negra de “las fuerzas poderosas”. Mi concentración debe ser máxima.

-Las relaciones interpersonales estabilizadas, pocas personas pero de confianza y me están ayudando. La próxima semana hay comida de la asociación de enfermos mentales en Criptana y voy a asistir. El precio del menú es muy asumible y a pesar de que estoy a dos velas hasta que me paguen la extra me lo puedo permitir. La factura del taller, la multa que me acaba de llegar y que asumo porque es lo mínimo que me pudo pasar este verano dadas las circunstancias, y otras cuestiones elementales, han hecho que mi economía se hunda como el Titanic. Con la extra todo se arreglará y equilibrará.

-Las consecuencias esperpénticas de la estrategia número 2 se han calmado y estabilizado, son perfectamente asumibles. Mi carrera como monologuista está parada y tal vez bloqueada para siempre, salvo que yo vuelva a tomar la iniciativa (de nuevo si yo no doy un paso las “fuerzas” no son favorables y aún dándolo a veces me ponen la zancadilla). Tal vez decida esperar y hacer lo que tengo que hacer, regresaré al pub a ver algún partido del Madrid o a tomarme una cerveza, pero cuando crea que debo hacerlo. No pienso diseñar ninguna estrategia respecto a mi futuro como humorista, lo que tenga que ser será.

-Mi estado de ánimo es mejor. El luto va disminuyendo su intensidad poco a poco. El estrés es aceptable dados los obstáculos a los que me he enfrentado. La sensación de soledad inmensa, tal como aparece en el sueño que describo en el capítulo de mi agenda onírica que subiré pronto al blog. Hay momentos en los que me tomaría un frasco de pastillas y me echaría a dormir. Agradezco no tomar medicación porque la tentación del suicidio sería muy grande. Mis técnicas mentales son de un resultado “impepinable” me están sacando a flote, incluso en los peores momentos. No puedo sino ir a mejor, eso me consuela.

-Creo que controlo los textos que subo a Internet. Esa era una preocupación durante la crisis, que perdiera el control y subiera textos duros, sin concesiones, desesperados. No hubiera venido a cuento. La estrategia de este diario fue diseñada durante lo peor de la crisis y sigue siendo absolutamente vigente, un susurro de mi yo interno en mi oreja, necesito esta ayuda, decididamente sí. Tal vez esté subiendo demasiados textos a Sonymage sobre mi enfermedad mental y mi ruptura sentimental. Ya le pedí disculpas a Bernie, pero me temo que la creatividad va por ese camino. No puedo bloquear ahora la novela el “Buscador del destino” porque perdería lo mejor de la inspiración y tampoco voy a renunciar a subir este diario a Sonymage, mientras esté allí seguirá mis pasos.

-Sigo bajando un poco de peso, aunque con dificultad, una vez superada la barrera o el record de mi última dieta estricta, será muy complicado seguir bajando, gramito a gramito, no queda otro remedio. No he recuperado el apetito de antes de la crisis, lo achaco a los fuertes momentos depresivos que me ahogan cada cierto tiempo. Es bueno no tener apetito, malo que sea por esa causa. La dieta que sigo no es mala. Tengo que mirar entre la ropa porque algunos pantalones ya me quedan muy anchos, las camisas disimulan mejor. No me importaría tener que comprar ropa si me sirviera para un tiempo más que un par de meses. Podría subir de peso en cualquier momento, en cuanto deje de tener estas depresiones tan fuertes. Para la primavera, si todo va bien, tendría que hacerme un chequeo. No me preocupa mucho el colesterol teniendo en cuenta que aguanté con quince kilos más de los que tengo ahora. Me preocupa la diabetes. G me hizo la prueba y estoy por encima del límite de la normalidad. Ojo, que no se me olvide, debo mirar en Internet sobre esta enfermedad y documentarme. Cierto que me siento mejor y los síntomas que tenia cuando estaba tan gordo han mejorado mucho, pero ahora estoy solo, debo vigilar mi salud.

-Trato de no pensar en el pasado, en los seres queridos que ya no son queridos o que tendré que intentar recuperar, o que tal vez no recupere nunca o que puede que sean un antes y un después en mi vida. No puedo pensar en ello o sufriré severas consecuencias. A pesar de ello no puedo evitar recapitular a ratos perdidos. Me llegan recuerdos del pasado, del pasado más remoto, acontecimientos puntuales, son piezas que comienzan a encajar en el puzzle. Mi condición de enfermo mental ha marcado mi vida, cierto, pero hay algo más, el karma, la supuesta misión que tengo que cumplir en esta vida, “las fuerzas poderosas”. En este sentido he recapitulado un acontecimiento que marcó mi vida. Fue el abandono de mi vocación religiosa a los 18 años. Estuve en un tris, como ahora, de tomar otra decisión. Faltó un pelo para que regresara y comenzara el noviciado. Tal vez todo hubiera sido distinto. Es cierto que antes o después hubiera abandonado, pero no habría sido lo mismo abandonar una vez ordenado de cura que en aquel momento. Todo mi futuro se hubiera descabalado, mi padre hubiera muerto mientras tanto, no hubiera encontrado a determinadas personas, etc. De haber regresado habría aprovechado la oportunidad de estudiar en una universidad, tal vez la gregoriana de Roma o alguna universidad alemana. Ahora hablaría italiano o alemán con facilidad o incluso inglés. Tal vez me hubieran sugerido estudiar teología o derecho canónico o filosofía, o… Sí estoy convencido de que antes o después hubiera abandonado porque uno de los factores que más influyó fue el celibato. No me veía con fuerzas para renunciar a la mujer y al sexo. Es curioso, me ha ocurrido durante toda mi vida y me sucede ahora. Alguien puede pensar que no es para tanto pero para mí el sexo ha sido tan decisivo como la comida. No puedo comer como si me disgustara hacerlo, no puedo pasar hambre de sexo y decir que es una tontería. Recuerdo el proyecto literario de escribir mi vida tal como pudiera haber sido si en las encrucijadas hubiera tomado otras decisiones. Tal vez retome ese proyecto con el tiempo. ¿Qué hubiera sido de mi vida si no abandono y regreso para incorporarme al noviciado y me hago cura?

-Muy orgulloso de haber actuado como guerrero impecable en la circunstancia que narro en el epílogo del resumen correspondiente del cursillo. Muy orgulloso de seguir ciertas técnicas chamánicas. Perder la importancia personal me ha permitido olvidarme del qué dirán y subir este diario a Internet, con lo que me está ayudando, así como hablar del divorcio con naturalidad, cuando es necesario. Muy orgulloso de las estrategias del guerrero impecable y de las estratagemas del arte de acechar. Herramientas increíbles para momentos de crisis. Es fantástico que piense más en mi futuro que en el suicidio, que piense más en hacer a cada momento lo que debo hacer que en sentirme culpable o tener dudas sobre lo hecho.

-Me esperan momentos decisivos, el guerrero se prepara. Puede que si todo sale bien el año comience con nuevas expectativas y caminando por caminos nuevos.

Creo que estoy luchando como un jabato, que decía mi padre, creo que mis yoes anteriores, especialmente el de mi etapa negra estarían orgullosos de mí. Solo me queda desarme y desear QUE LA PAZ PROFUNDA NOS ACOMPAÑE A TODOS EN EL CAMINO.

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