DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL VIII

12 01 2015

DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL VIII

Escribo sumergido en una depresión severa. Estoy tan triste que ni siquiera puedo palparme y sentirme como real. Es uno de esos momentos desesperados que me han acompañado a lo largo de mi vida. Incapaz de hacer nada porque nada tiene sentido. Podría salir a la calle desnudo y no me importaría lo que ocurriera, que me insultaran, que me agredieran, que me mataran. Sufriría el frío si hiciera frío y el calor tórrido del verano, me mojaría si lloviera y me helaría si nevara, sentiría el hambre si no tuviera nada para comer y sentiría la muerte si ella viniera a buscarme. La apatía es total, absoluta, que sea lo que Dios quiera, pero si es posible que quiera llevarme… al cementerio, y de allí a donde le plazca, al infierno, lo más natural, o al cielo, si hay un cielo para los enfermos mentales, que yo creo que no.

En mi juventud esto hubiera terminado en un intento de suicidio, ahora, por suerte, soy viejo y eso me ayuda a ser optimista, al fin y al cabo unos añitos más y la cosa se producirá por sí misma. Además tengo el yoga mental, tengo la voluntad diamantina del guerrero impecable y tengo al bueno de Milarepa, el buda riente, que a veces me premia si le toco la cabeza con devoción.

Gracias a Dios dejé de escribir y pasó el tiempo, creo que dos días. Hubiera contaminado de oscuridad a todo el universo. Menos mal que los mortales dormimos y soñamos, nada como un buen sueño reparador, con sueños inocuos para que te levantes como una rosa y preguntándote qué demonios te ocurrió. Un bajón terrible, un vacío casi infinito, una tristeza que no la puedes llevar a tu espalda porque te hunde. Una ráfaga de voces, vale, pero no es para tanto. Conoces su génesis, puedes controlarlas, bloquearlas. ¡Mierda, pero fueron tan fuertes, y además de seres queridos! La soledad debería ser algo más natural, Cesarito. Te has acostumbrado a que sean los demás los que te controlen. Antes el psiquiatra te hacía hablar y luego te decía lo que iba mal. Tus seres queridos te miraban y sabían que algo no funcionaba. ¿Estás bien? ¿Te das cuenta de cómo estás? En público mirabas a tu alrededor y si resultaba evidente cómo estabas tú lo sabías porque los demás reaccionan como en un acto reflejo, te golpeas la rótula con un martillo y la pierna salta hasta el techo. Sí, pues entonces las cosas están muy mal. Los enfermos mentales nos acostumbramos a delegar en los demás el control de nosotros mismos. Esto llega a ser algo automático de lo que apenas somos conscientes. Pero cuando estás solo tienes que controlarte a ti mismo, y esto resulta muy duro.

Hay signos evidentes de un grave deterioro psíquico, y no solo las depresiones brutales que te asaltan en el momento menos pensado, las voces que vienen y van, pero sobre todo es preocupantes este deterioro psíquico. Los síntomas son claros, conducta errática, como si estar solo fuera un pasaporte al infierno y entonces te dejas llevar y tu vida es un caos. La casa sin barrer, todo te importa una mierda. Pero sobre todo son esas conductas tan erráticas que conoces muy bien. Es como si el hecho de estar solo te diera bula para pensar lo que quieras, sentir lo que te de la gana y hacer de tu capa un sayo. Conductas que ni el más “pirao” haría por muy solo que estuviera. Esto está muy mal, Cesarito, si sigues así es imprevisible a dónde puedes llegar, medicación, psiquiatra, internamiento, baja en el trabajo. Esto es horrible Cesarito, no te dejes llevar o terminarás muy mal.

Este diario también es una especie de delegación del control. Si alguien te suelta un comentario hiriente o la compasión sube por encima de los cuarenta grados centígrados, entonces hay que tomar medidas. Pues no, hay que tomarlas, antes, ahora. Estar solo no es vivir una película apocalíptica en la que lo mismo te puede caer un meteorito en la cabeza o llegan los extraterrestres y te fríen con sus rayos laser. Esto es normal, todo el mundo está más o menos solo. Vivir solo no es una desgracia o el infierno… Vale, pero yo no puedo con ello. Debe ser prioritario el autocontrol. Nada de delegar en nadie o en nada. Te autocontrolas porque tu vida es la misma si estás solo en tu apartamento o si sabes que alguien llegará en cualquier momento, abrirá la puerta y te dirá: Hola César. Lo mismo, lo mismito. Estar solo no es una bula que te ha dado el Papa Francisco para que peques y desvaríes y adoptes conductas tan erráticas como las de un pingüino ciego y sin norte. Atento, esto ya pasa de castaño oscuro, esto está negro.

Parte de culpa la tiene la estrategia número 1. Estaba llegando el momento, pero las fuerzas poderosas te han jugado otra mala pasada. Bueno, pues a aceptarlo y a afrontarlo. Una pena, porque todo parecía encarrilado. Y de pronto, ¡zás!, tras la oreja. Bueno, tal vez se arregle y al fin puedas hacer el intento definitivo. Ya casi no me importa lo que pase, que todo se vaya a la mierda, o que se abra una puerta de luz, lo importante es que esto acabe de una vez. Ya no puedo más, es como quedarse sin combustible en el coche a la luna, a mitad del camino. ¿Y qué me dices de la estrategia número 2? Una mierda. Lo sabías, sabías que era una mierda, pero cuando no tienes nada para comer… pues comes mierda. La verdad es que me importa una mierda esta mierda de vida. Si pudiera hacer algo definitivo por los seres queridos, por las personas que me siguen queriendo, por las personas que me acaban de conocer y me quieren (un milagro donde los haya) lo haría y que me llevaran los demonios. Pero tendría que ser algo importante, no que me tocara la lotería de Navidad y regalarla, no. Algo así como dejar que me crucificaran. Vale, se pasa muy mal. ¿Pero y si redimes a los tuyos? Vale, entonces no lo dudaría. Pero eso es imposible, cada cual se redime a sí mismo, salvo que seas un maestro espiritual y puedas quemar el karma ajeno como quien lava.

También influye que has iniciado un camino extraño, errático e impredecible. A veces no te reconoces y eso no sería tan malo si al mirarte al espejo vieras a un guerrero impecable, pero lo único que ves es un idiota que se lamenta y que llora como un niño. Si quieres ser malo, malísimo, rematadamente malo… pues selo Cesarito, selo, tontín. Al fin y al cabo ser malo no debe ser tan malo. A lo mejor hasta disfrutas.

Siempre hay un platillo que equilibra la balanza. Comida de Navidad con A., que encima me invita porque hasta que no cobre la extra estoy a dos velas. Muy agradable. Si los enfermos mentales fuéramos conscientes de lo poco que necesitamos para sobrevivir no estaríamos tan angustiados. No es tan complicado. Una conversación telefónica, una comida con un amigo, otra comida con los de la asociación… Ir a ver el Hobbit con uno de tus colegas, que ahora mismo no sabría decir quién está peor. Pero ver en tres dimensiones es una pasada, mi brigada. Regresar de noche y con un poco de niebla. Un efecto digital, la niebla arriba y abajo, pero no en medio. Es como viajar en un túnel dimensional. La niebla de arriba pasaba a toda leche y la sensación era la de ir en la nave de 2001 odisea del espacio cuando le atrapa el monolito, la puerta dimensional. Una pasada.

Eso me ha ayudado mucho, todo, pequeños detalles. También que soy un guerrero, así es Cesarito, por muy tonto que te pongas eres un guerrero y eso se nota. Recuerdas a la tía Quica, cuando te llamaba Cesarines. A lo mejor me cambio el nombre en su honor, Cesarines por Cesarito. He salido a flote y hoy, sábado por la tarde, el caos y la conducta errática ha generado algo positivo. Nada como el caos para ser creativo. De un plumazo has solventado el problema de ver la televisión sin tener que trasladar el monitor al mueble del salón para enchufarlo a la antena. Anoche viste un pasquín en el portal, hemos sintonizado la TDT. Vale. Hoy me he encontrado con un alargador de la antena, mirando en los cajones para solventar una idiotez que hiciste porque estabas errático, totalmente errático. Y entonces todo encajó, en tu cabeza se iluminó una bombilla. ¡Con lo fácil que era! Pues sí, bastaba con un alargador para conectar la tv sin necesidad de mover el monitor. Perfecto, ya puedo ver los telediarios y solo tengo que darle a un botón y cambio tv por ordenador. ¡Genial! Y además se te ocurrió probar el vídeo y ¡oh maravilla de las maravillas! Funciona. Le dijiste a Lola que estaba estropeado y la verdad es que tenía una clavija un poco torcida, pero no, era la televisión del apartamento que es más vieja que Matusalén. Ahora puedes colocar el vídeo sobre una silla, enchufarlo con el euroconector y ya tienes ordenador cuando quieres y cuando no quieres tv y cuando quieres ver una cinta ves una cinta, hoy un documental. Hubiera sido una pena porque tienes un montón de cintas que grabaste durante estos años. Entonces pensabas: para la jubilación. Pues no, amigo, ha sido para la separación. Uno nunca sabe lo que le deparará el futuro, por eso hay que estar preparado, como en un bunker antinuclear, por si nos cae un misil. Bueno, yo saldría dando saltitos de alegría. ¡Un misil, un misil! Pues que me caiga a mí sobre la cabeza. Y tan feliz.

Por cierto, qué maja es Lola, ahora que no me oye, pero que me lee. Los enfermos mentales somos los que mejor nos podemos ayudar, entre nosotros, nos conocemos bien, tenemos mucha paciencia y podemos hablar de enfermedad mental y reírnos un rato sin que los demás nos miren como a “piraos”. Porque “piraos” lo que se dice “piraos” sí lo somos un poco, al menos yo, un mucho. Entre Lola y G. me han levantado un poco la moral. Por cierto que esta Lola debe ser un poco bruja porque me llama cuando peor estoy y habla con su voz juvenil y cuando termina a mí se me han pasado unos cuantos males. ¿Y qué me dices de B.? Tengo que escribir su vida, tengo que hacerlo. Un hombre tan bueno que a mí me costaría un huevo sacrificarme así. En el fondo soy un egoísta y un manipulador, aunque a un guerrero le importa un pito lo que sea, solo le importa lo que hace. Y yo he hecho. Asistí a la comida de la asociación. Y recibí cariño. A la mierda la fobia social. Y comí bien, se come bien en ese restaurante, y barato. Y creo que J. Me tiene mucho cariño y mis “niñas” son un cielo, hasta me regalan chocolate. Cierto que se me van las nuevas y no tengo mucho discípulo, ni siquiera la mitad de los discípulos de Jesús, pero él era un maestro espiritual, así que tener la mitad que él es casi tener la mitad del universo. Mucho. No sé si se debe a mis ideas tan “avanzadas” o tal vez, creo que es más factible, que la recapitulación nos cueste un huevo a todos. Hablar con sinceridad de lo que nos ha pasado durante la semana es duro. Hasta a mí me cuesta. A los enfermos mentales nos cuesta… eso, que hoy entre m. y h. es que estoy “sembrao”…que sí que nos cuesta “eso” y la mitad del otro salir, ver gente, relacionarnos. Estamos siempre dentro de nuestro caparazón como un tortugo de quinientos años. Si no nos miran no nos ven, si no hablamos no nos escuchan, si estamos bien encerraditos nadie sabrá de nosotros, si vivimos en las catacumbas a lo mejor pasamos desapercibidos y esta puñetera e hipócrita sociedad puede decir que no existen “cristianos” porque están en las catacumbas… hasta que nos saquen al circo y nos coman los leones. Que esa es otra.

Me llama D. Sí, mucho que le cuesta abrirse, pero él me llama y charlamos de nuestras cosas. Creo que tengo más de lo que me merezco. Y encima me quejo y ando lamentándome todo el día como un alma en pena y cuando me descuido ¡zás! Me da por pensar en salir desnudo a la calle y que me crucifiquen. Y esto de las voces comienza a ser interesante. Tengo que hacer un estudio y subirlo al blog dentro de la serie “conociendo al enfermo mental”. Por cierto que me siento cómodo exhibiendo por aquí mi alma, como si fuera una modelo de pasarela. Claro que es casi mejor que exhiba mi alma que mi cuerpo. Sigo en buen peso pero me desnudo, me miro al espejo y veo el michelín y veo que me sobran otros quince kilos por lo menos. Quién va a querer echar un polvo con semejante vejestorio y encima con ese michelín. Lo del polvo es otra. Me gustaría charlar de sexo con otros enfermos mentales. Claro que “apamplados” con la medicación, el sexo suena ridículo. Pero en mi caso, que no tomo ya, es curioso ver cómo funciona, te desatas en las crisis, como dicen que les pasa a los ahorcados, que se les empina y se les pone dura cuando tienen la soga al cuello. Es como equilibrar la balanza, cuanto más sufres más placer quieres. No hay placer como el sexo. La vida tiene otros placeres, pero como el sexo ninguno. Debería hablar de esto en otro capítulo de este diario. Esta sociedad es tan hipócrita que acepta el sexo mercenario, si pagas, pero si solo quieres pasar el rato entonces más vale que te disfraces de Tristán en busca de Isolda. Claro que como dice Milarepa, y tiene mucha razón, la vinculación del sexo es brutal, bestial. Practicas sexo y los electrones vuelan como cohetes y se enlazan entre sí, los tuyos con los de ella y los de ella con los tuyos o los tuyos con los suyos, en el caso de los homosexuales. Que por cierto me gustaría saber si hay enfermos mentales homosexuales, porque tiene que haberlos, pero se deben esconder por partida doble. Tener sexo es como prepararte para la posibilidad del enamoramiento y de una relación a largo plazo. Cierto. Es tan cierto como lo contrario. Creo que hay mucha promiscuidad en nuestra sociedad y no veo tantas bodas, no, las bodas escasean, un poco.

Es que me pongo a hablar de sexo y se me pasan los males. Debo ser un promiscuo y un pervertido y un delirante, siempre pensando en lo mismo y a lo mejor ni lo necesito, es solo por pasar el rato. Bueno, dejemos el tema hasta el capítulo correspondiente. Ahora me queda la Navidad, que esa es otra. Y luego tal vez dar el salto en el vacío y lanzarme con la estrategia número 1. Que sea lo que Dios quiera, pero que sea. En cuanto a la estrategia número 2 algún día me reiré a mandíbula batiente. Y en cuanto a la creatividad, esto es como mear y… que te salga un chorro enorme, como de una manguera de bombero. Todo iría bien sino tuviera estos bajones terribles y aceptara que la soledad puede ser hasta divertida. De hecho esta tarde me he divertido mucho haciendo el errático, al final todo salió bien y por eso estoy tan feliz, pero si hubiera salido mal y hubiera estropeado el ordenador y la tv y el vídeo y… (¡La madre que parió a todos los artilugios electrónicos!) y encima se cayó el móvil, menos mal que debe ser tan duro como una piedra. Solo me faltaba quedarme incomunicado. Bueno, a ver si esta noche echan algo bueno en la tv que hacía siglos que no besaba a la caja tonta. Y sino me voy a la cama, a leer un rato. A ver si acabo la novela de la Skarpeta, que por cierto si la interpretó Angelina Jolie tengo que ver la película. Que la Angelina, la morritos, me pone. Me pone todo hasta la fregona que esta mañana he tenido que utilizar porque esto estaba hecho una mierda, y van, sí porque cuando estoy mal la suciedad me la trae al pairo. Y luego a pensar en el sexo y a dormir con los angelitos. Que esto es una mierda, pero una auténtica mierda. ¿Pero tan importante es el sexo?

Anuncios

Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: