HISTORIAS DE LOLA II

16 01 2015

TESTIMONIO II

En mi experiencia puedo decir como afectada que la segunda vez que me ingresaron, cuando contaba con veinte años de edad, mi hermano y cuñada me engañaron diciendo que íbamos a “dar un paseo” y acabé ingresada en psiquiatría en la Unidad de Agudos del Hospital Gregorio Marañón. Era muy joven: no dormía, no comía, me escapé de casa, y mi comportamiento no era muy normal. El médico de familia me preguntó si consumía drogas, y por sus preguntas “intuí” que clase de sitio era ese, a dónde me llevarían. Salí diciendo “no estoy loca, no estoy loca” a gritos por los pasillos.

Meses atrás, me sentía sola, muy sola. Puse un anuncio en Segunda Mano en la sección para conocer a otras personas, con gustos afines. Mi anuncio decía algo así cómo “Chica de 21 años, busca chico sincero: no sólo para fines de semana, sino para una buena amistad”. Me escribieron más de cien personas, de diferentes países y culturas. Al sentir la carta de David, sentí un vuelco en el corazón. Me decía que a sus 37 años se sentía solo, intercambiamos una correspondencia hasta que nos conocimos en persona. “Ya estaba enamorada de él”. El me trató paternalmente, con mucha educación. Viajamos al “Monasterio de Piedra”, y a “Aranjuez”, allí me pidió posara para él semidesnuda, pues era pintor profesional´. En ningún momento fuimos amantes, pero en nuestro último encuentro, sí que tuvimos relaciones sexuales completas. Y ahí fue la decadencia, el abandono, y mi obsesión por él. Llegué a presentarme en su domicilio. Ahora, con la perspectiva que dan los años, creo que el tuvo algo de miedo, de “aquella loca”. Me limité a llamarle por su cumpleaños: el 26 de Diciembre, hasta dar por finalizada esa relación que no era nada sana para mí. Me gustaría pedirle perdón, pero…

En ningún momento tuve conciencia de la enfermedad. Al acudir a las consultas del psiquiatra, me decía que tenía mucha imaginación, que no leyera libros como el que llevaba a consulta: “El señor de los anillos”. Las consultas las dejé, junto con la medicación. Pasaron cinco años de normalidad, hasta que mi padre se durmió en el sofá y se prendió fuego nuestra vivienda. Mi hermano y cuñada me llevaron al especialista porque fue un shock muy fuerte el ver tu casa llena de hollín, y pertenencias quemadas. A partir de ahí, sí que fui consciente de la enfermedad y tomé a rajatabla el tratamiento. Permanecí estable durante diez años, hasta que en el trabajo no pude más, debido a que la encargada me mandaba los peores trabajos, y me maltrataba con sus gritos. Me ponía nerviosa al manejar maquinaria de precisión, y peligrosa. Así que después de año y medio de baja pasé un Tribunal Médico, que me incapacitó para desempeñar mi trabajo.

En este tiempo he hecho voluntariado de acompañamiento a enfermos en hospitales, o en sus casas. Durante año y medio.
He hecho cursos de informática, y de ocio como “Conocer la ciudad”. Cursos de fotografía, dibujo, Talleres literarios, y participar en un programa de radio.

En la actualidad tengo pareja estable desde hace doce años.

No he vuelto a recaer, insisto, el seguir la pauta que te dice el especialista es muy importante.

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21 01 2015
Danae

A veces el destino se torna incierto, como en el caso de Lola. Una y otra vez tiene ingresos hospitalarios. Es frecuente que en la adolescencia y juventud se sufran recaídas. Creo que al llegar a la madurez, se produce un estado de eutimia. Muy interesante su testimonio, espero que hayan “otros valientes” que ofrezcan diferentes testimonios.

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