DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XII

2 03 2015

DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XII

Desde la Alhambra pueden verse las cumbres nevadas de Sierra Nevada, siento un agradable cosquilleo interior que solo he sentido con más intensidad contemplando los Picos de Europa. Recuerdo como subí hasta allí hace un par de días. Un tiempo espléndido primaveral, pero a pesar de ello me costó decidirme,no es fácil para mi emprender aventuras, conocer lugares nuevos, concentrarme en lo que tengo que hacer cuando cualquier despiste puede originarme problemas. A pesar de ello tomé la decisión y tras algunas vueltas y revueltas encontré la carretera a la Sierra. Mucho tráfico, antes de llegar se produjo el embotellamiento. No era un buen día, mucha gente subía a esquiar aprovechando la nieve y el buen día. Yo solo era un curioso, sobraba, pero no me iba a ir de Granada sin subir a Sierra Nevada, un amante de la montaña como yo no puede marcharse de un lugar sin pisar cualquier montaña que aparezca en el horizonte.

No tenía prisa, así que me armé de paciencia. La guardia civil estaba desviando el tráfico del primer remonte, imagino que el núcleo de Sierra Nevada. Observé el lugar y continué ascendiendo. Un bonito lugar, me dije, tengo que regresar aquí en primavera, y tal vez lo haga si puedo. Podría reservar habitación en el hotel y patear la montaña sin prisas, con mi libretita en el bolsillo de la camisa, tomando notas. Hay muchos coches en el segundo remonte. Veo un buen lugar para observar el panorama, salgo de la carretera y aparco. Pongo música de Bach y me fumo un pitillo. Con el segundo llega un coche que ha pensado lo mismo que yo y aparca. Una familia sale y se pone a observar el panorama. Su cháchara me molesta, por las mañanas me molesta casi todo. Además no me siento demasiado bien, no sé qué me pasa. Para no perder el control y caer en la fobia social saco la libreta y tomo notas. Esto es lo que escribí.

SIERRA NEVADA DOCE DE LA MAÑANA DÍA 2 DE ENERO DEL 2015

La grandiosidad de la montaña quita el aliento. Es un espectáculo maravilloso. He escogido el peor día para subir a Sierra Nevada, mucho me temo. Es festivo en Andalucía, al menos en Granada, y Sierra Nevada está repleta de esquiadores. El parking está lleno. He subido un poco más a las Salinas creo que se llama. Un día de sol espléndido, sopla una ligera brisa de nieve. El termómetro del coche marca seis grados.

Aún quedan cosas bellas en la vida, dignas de ser contempladas y vividas. Me siento feliz y pleno. Las tragedias de la vida desaparecen de mi mente y de mi corazón por unos momentos. Tengo que volver en verano y tal vez alojarme aquí. Un coche con una familia ha aparcado a mi lado para hacerse unas fotos. Por fin se van. En mi coche suena música de Bach, la cantata BWV 137. Creo que les ha hecho gracia ver a un tipo como yo escuchando una música que no es la suya y que no comprenden, mientras escribo algo en una libreta. Los escritores somos gente rara, lo reconozco, pero aún así no más que el resto de los mortales, tal vez seamos un poco escogidos y exquisitos en nuestros gustos, pero eso no es más culpa nuestra que suya. Escuchar a Bach debería ser de obligado cumplimiento y no apreciar su música una vergüenza. Por otro lado escribir no debería parecer tan idiota, al fin y al cabo la creatividad es una de las grandes cualidades del ser humano, una cualidad espiritual. Si Dios no fuera creativo nosotros no existiríamos. Reconozco que han sido relativamente discretos, unas risitas, varios comentarios en voz baja y la expresión en sus rostros de estar molestos. Lo siento, majos, pero yo llegué primero y si no os gusta lo que veis carretera y manta. Permanecieron allí un rato y luego reemprendieron la marcha. Ya he visto Sierra Nevada, uno de mis objetivos al venir a Granada. La carretera está despejada de nuevo. También he tenido suerte en esto, como en conseguir una entrada para la Alhambra, justo para el último día.

Anoche no pude casi dormir. Me asaltó la recapitulación y no hubo manera de parar mi mente desbocada. Fue duro, pero antes o después iba a suceder, uno no elige estas cosas, llegan y tienes que afrontarlas. En esos momentos no se puede hacer nada, solo dejar que pase el tiempo y el sufrimiento.

Ha sido un gran acierto venir a Granada. Disfruta todo lo que puedas y a la vuelta a seguir el camino del guerrero impecable. Me espera una larga y muy dolorosa andadura.

Scripsit Scripsit
Lo escrito escrito está.
Altitud 2250 en el Pico Veleta.

LA ALHAMBRA

En la vida siempre habrá cosas hermosas que ver, personas interesantes que conocer, experiencias luminosas. La vida debe ser vivida hasta el final. Ahora no comprendo cómo pude intentar suicidarme en mi juventud, y tantas veces. Es algo que sin duda forma parte de la enfermedad mental. No es comprensible desde otro punto de vista. El hecho de que no lograra encontrar una mujer, perder la virginidad, tener sexo no era razón lógica para quitarse la vida, a pesar de que el sexo es para mí tan importante que aún hoy día y la vida tiene poco sentido sin él no me imagino acelerando el final. En la vida ocurren milagros, suceden cosas imprevisibles e inimaginables. Un guerrero jamás se quitará la vida, pero entonces no era un guerrero, solo un pobre y triste buscador del sentido de la vida.

La Alhambra es una de esas cosas hermosas por las que merece la pena vivir. Podría haberla visto antes, no está tan lejos, pero uno va dejando para mañana lo que debería hacer hoy. Ha sido un acierto dejar el coche y subir en autobús. Cada decisión nos crea unos problemas y nos resuelve otros, tampoco debería ser tan importante acertar siempre. Hay cola en la entrada. Hacer cola es uno de esos momentos que odio, propicios a la fobia, una especie de pérdida de tiempo que no soporto, aunque ahora sé que el tiempo no se pierde nunca, simplemente se vive con mayor o menor intensidad, en cuanto a los resultados cualquier paso adelante es positivo y si fuéramos hacia atrás también sería positivo. Desde la perspectiva de la eternidad el tiempo no es nada, un estado de consciencia que puede cambiar.

Me dan la entrada sin problemas. Dudo si pillar una audioguía o no. Me piden el carnet de la Seguridad Social para dejarlo como garantía de que devuelvo el artilugio. No tengo, ¿les sirve otra cosa? No tiene que ser ese carnet. Podría dejar el de identidad, el de conducir, mi mano izquierda, no la burocracia es implacable. Pues son 20 euros de fianza. Joeer. Es que se los llevan. He aquí una bonita lección espiritual, tus actos no son solo tuyos y solo tú pagas por ellos, detrás vienen otros. Recuerdo la frase que tanto me llamaba la atención de niño: el que venga detrás que arree. La insolidaridad del ser humano es una de las cosas más irracionales y estúpidas que conozco. La teoría de la vinculación de Milarepa está más vigente que nunca. Me hacen firmar. Me dan un resguardo.

Comienzo la visita caminando sin prisas, siguiendo al rebaño. Un guía japonés reúne a sus ovejas y les dice algo, risas. Vaya, pienso, la risa es universal, lo mismo que el humor. Me gustaría saber lo que está diciendo. Las japonesas son delgadas, pero tienen una belleza exótica que me atrae. Están muy ricas, ñam,ñam, por lo menos conservo el sentido del humor y el deseo sexual es tan constante que me dan ganas de cortármela, como en el relato humorístico. Vamos Cesarines que has venido a ver la Alhambra, no a perseguir japonesitas. ¡Si al menos supieras inglés! Por señas, como un mimo. Me río por dentro.

El número de visitantes es aceptable. Uno puede pasar aquí el día tan rícamente. El sonido del agua relaja el alma. Es un lugar ideal para la meditación. Me gustaría dar aquí clases de yoga mental, meditar. Es un lugar ideal. Un lugar maravilloso, aunque la primera sección me decepciona un poco, no son más que ruinas y sin mucho interés. Me centro en percibir, en intuir una posible reencarnación mora. Puede que estuviera en Granada. Sé que estuve en Toledo por un sueño claro, en tiempos de Felipe II o por esa época, en tiempos de la Inquisición, seguro. Allí se fraguó el karma que tengo con Sara. Ahora lo estoy pagando, pero lo que no entiendo es que lo pague también ella. Yo era un viejo inquisidor, vestido de negro, hice algo que no debí haber hecho. Lo estoy pagando. También estaba involucrada Conchi y J.L. Sí,hice algo imperdonable, aunque en realidad fueron actos lúcidos y desde el punto de vista del personaje que fui, bastante lógicos y aceptables. Es curioso pero esa implacable lucidez parece perseguirme de vida en vida. Siempre tengo las ideas claras, sé lo que quiero hacer, sé cómo enfrentarme a cualquier problema y tomar la decisión que quiero tomar, sin dudas, sin remordimientos, una decisión de guerrero impecable. ¡Qué curioso! En el sueño no estaba claro si yo ordenaba aquella muerte o era yo el que moría colgado. Creo que era yo el que daba la orden, aunque en el sueño vivía la muerte de aquel joven como si fuera la mía propia. Esto es lo que hace mi personaje, el verdugo del karma, con quienes no aceptan que deban pagar un precio kármico por sus acciones. Los pone en la piel de quienes sufrieron sus acciones y uno lo ve claro, vaya si lo ve claro.

Es curioso que me asalte ese recuerdo olvidado. Es un sueño que debo buscar en mis cuadernos y pasar al ordenador. Tal vez llegue pronto el momento de que salga a la luz. No consigo que las ruinas me digan algo al respecto. Sé que estuve en la Edad Media, en la época de Felipe II, en el Oeste americano, en la primera guerra mundial… Pero no me recuerdo en Granada, siendo moro. Tal vez ese recuerdo kármico esté bloqueado. No hay manera. Dejo de intentarlo. Decido que es el momento de leer los cuentos de la Alhambra de Whasington Irving. Lo he ido dejando,pero creo que ha llegado el momento de enfrentarse a esa posible reencarnación. Recorro las ruinas sin prisas. Me siento en un banco a tomar notas. Me miran como si tomar notas en público fuera raro. Me siento como un insecto extravagante. Cuando te adelantas al rebaño siempre estás solo. Es un precio aceptable para mí.

Saco algunas fotos con el móvil, pocas porque no sé lo que aguantará la memoria. Sigo las flechitas. Ahora sí, ahora estoy en la zona de la Alhambra que aparece en las fotos. Me decepciona un poco, en las fotos parece más impresionante. Los fotógrafos son unos artistas. Pienso en Sonymage. Ya forma parte de esta etapa de mi vida. Puede que la decisión que acepté en su momento no me pareciera la mejor, y tal vez me hubiera retirado un poco de Internet,lo que no me hubiera venido mal, pero estoy muy satisfecho con lo que he hecho. Ha sido un paso muy importante en mi evolución como escritor.

El sonido del agua es relajante, me dejo mecer. Recorro los jardines, el palacio. Ni un momento fóbico, a veces me molesta no estar solo pero llevo muy bien tener compañía de vez en cuando. El sol y el agua, me recargo de energía, me pongo las pilas. Saco algunas fotos. Es una suerte haber encontrado el cable, porque de otra forma sería una pérdida de tiempo hacerlas. Estoy en un lugar exquisito para meditar. Me gustaría permanecer aquí los últimos años de mi vida, cuando ya no pueda tener sexo ni tener nada. Un bonito lugar para morir. Recuerdo la danza de la muerte de Castaneda. Este es el lugar que elegiría para mi danza final con la muerte, sin duda. Hasta ahora pensaba que sería la casa de mis abuelos, pero creo que he encontrado algo mejor.

Comeré rápido, alguna tapa e intentaré estar de regreso antes de las diez de la noche. No tengo el menor interés en volver al apartamento, pero estoy agotado de estos días en Granada, de luchar contra la fobia. Al menos allí me relajaré de esta lucha inhumana. Recuerdo la frase evangélica, hasta los zorros tienen su guarida, pero el hijo del hombre no tiene dónde reposar la cabeza. Ahora entiendo todo su significado místico y esotérico. El evangelio es profundo, increíblemente profundo. Debería plantearme llevar a cabo ese viejo proyecto sobre el evangelio para el blog del guerrero impecable. Ahora soy un vagabundo del espacio, un nómada del Cosmos, como mi personaje de la novela del mismo título. Nada te retiene en parte alguna. Te han crecido alas. Pues bien, utilízalas.

El palacio de Carlos no se qué esta cerrado. Recorro la Alcazaba. Intento fundirme con las piedras para que mi memoria sobre la posible reencarnación retorne, pero no lo consigo. Hago cola para los palacios Nazaries. Justo delante se pone una chica inglesa. Sé que es inglesa porque habla en inglés con otras personas, pero está sola. Es una chica joven, guapa, muy agradable. Intento no mirarla para evitar esas manías fóbicas tan desagradables. Estoy en una cola y llevamos aquí mucho tiempo esperando, demasiado. Si no fuera porque siento una gran curiosidad me marcharía. Estoy muy cansado y la manía se hace insufrible e indomeñable. Lucho como un condenado por no mirar a la chica y al mismo tiempo por no evitar las miradas naturales. Si me pongo a mirar algo fijamente todos se darán cuenta de que me pasa algo y de que la causa es la chica. La pobre no tiene culpa de nada, solo de ser guapa. La manía me lleva a desnudarla con la mente. Lucha, Cesarine, sabes que es una tontería, no vas a superar tu depresión desnudándola con la mente. Pero no puedo evitar que mi fantasía se dispare. Me creo una historia romántica. La chica está sola… blá, blá, blá. Hay una canción que ahora no recuerdo que tiene ese estribillo. La chica está sola… Es inútil, ahora no recuerdo quién la canta, aunque casi, casi puedo escuchar su voz. ¿Es Amancio Prada? No creo.

Me pesa el cuerpo a pesar de los kilos de menos. Me pongo sobre un pie, sobre el otro, intento hacer un poco de taichí con disimulo. La cola avanza a paso de burra. Es horrible, voy a caer en la fobia. Pero no, quiero ver esos palacios y aunque desnude a la chica con la mirada y todos me señalen con el dedo, voy a seguir aquí.

Por fin llega nuestro turno. Me quedo extasiado con los palacios, son de una belleza indescriptible. Curiosamente intento despegarme de la chica pero no lo consigo, allí donde yo voy aparece ella, si me quedo rezagado se rezaga ella, si me adelanto deprisa la acabo viendo al cabo de pocos minutos. ¿Me persigue? ¡Qué mas quisiera! En un momento determinado la he mirado a los ojos y le he transmitido toda mi admiración y mi pasión amorosa. Sé que la he vinculado mentalmente como diría Milarepa, ahora no te quejes si no puedes despegarte de ella. No es consciente de lo ocurrido pero la vinculación actúa implacable. Muévete para acá o para allá. En cuanto te descuidas allí está ella. No hay el menor intento de aproximación por parte de ninguno de los dos. Ambos estamos solos en medio de la multitud. Tal vez si supiera inglés me atrevería, ahora me atrevo a casi todo.

La vista de Granada es impresionante, maravillosa, casi tengo vértigo cuando contemplo la ciudad desde el mirador. Me siento exaltado, casi místico. Ha sido un día maravilloso. Llegan las tres y siento hambre. Decido salir y dar por finalizada la jornada. He perdido de vista a la chica. ¡Adios inglesita de mi corazón, nunca te olvidaré!

EPÍLOGO

Estoy hambriento, cansado, fóbico. El chico que me tiene que devolver la fianza es muy desagradable aunque es uno de esos andaluces guapos que vuelven locas a las mujeres. A mí me cae fatal, no se puede ser más desagradable. Además estoy fóbico. Y el tío no me hace ni caso, me deja allí esperando, haciendo, haciendo nada, porque no sé qué está haciendo. Por fin otro me atiende. Salgo fóbico perdido. Me siento en un banco, cerca de la parada del autobús y escribo en la libreta. Tengo que controlar la fobia, maldita sea, no puedo rendirme ahora. Escribir me centra la mirada porque sé que en este estado cualquier mujer que pase a mi lado será desnudada mentalmente “ipso facto”. Soy como una polilla atraída por la luz de la farola en plena noche. No habrá manera de controlarse si no centro la mirada y el pensamiento en la libreta. Soy consciente de cuándo comenzó esto, con el mobbing que sufrí. Incluso podría esquematizar el proceso y seguirlo paso a paso, pero eso no me ayuda, la raíz está más profunda. No es solo equilibrar la balanza de Eros y Thanatos, hay más. Puede que fuera un gigoló o un puto en una vida anterior y que me gustara serlo. Siempre he creído que Diario de un gigoló es producto de esas raíces kármicas.

Por fin consigo controlarme, justo cuando llega el microbús. Vamos como sardinas en lata. Centro mi mirada por encima del conductor y dejo que todo vaya pasando. Por fin estoy en la parada de la mañana, la de las japonesitas. Deben ser cerca de las cuatro. Estoy hambriento, pero quiero marcharme cuanto antes. Llegaré al coche lo más rápido que pueda y camino y manta. Una experiencia única, la de Granada, pero también muy, muy difícil, tal vez por las circunstancias. Camino deprisa, ya decidido a pasar de comer algo, así adelgazaré un poco, me vendrá bien.

Entonces ocurre un imprevisto. Paso frente a una bocatería que está abierta y casi vacía. La tentación es irresistible. Entro. Veo el menú y pido unas alitas y un bocata de tortilla con una cerveza sin alcohol, tengo que conducir. La chica que me atiende es joven y guapa. ¡Maldita sea! Cuanto más fóbico estoy más chicas guapas atraigo. Esto no tiene el menor sentido. Tengo que hacer un esfuerzo para mirarla cuando es necesario y ser amable. Lo consigo. ¡Cómo no voy a conseguirlo si me estoy derritiendo por ella! Me gusta mucho. ¿Y dónde está la inglesita? En mi jardín hay muchas flores y ninguna es para mí.

La chica es encantadora. Lo que me faltaba. Por fin me siento y me centro en comer. Estoy tan hambriento que lo devoro todo. Al fondo hay una pareja joven y al otro lado una familia, pero tengo suficiente espacio para que mis ojos no se tropiecen con nadie. Cuando termino se me ocurre una idea que no puedo rechazar. No sé si es el acto de un guerrero impecable o la tontería de un idiota que está más salido que un mono. La chica me ha puesto la nota y se ha ido a la cocina. Aprovecho. Saco mi libreta y escribo un piropo. Gracias por todo, eres encantadora, volvería a Granada solo por ti. Debajo escribo mi número de móvil. Dejo el dinero y la nota sobre el mostrador. Imagino que la verá. Se ve bien claro que está escrita.

Salgo casi corriendo. Llego al coche. Arranco. Salgo de Granada con menos dificultades de las esperadas, ya me oriento bastante bien. Pongo música y toda la intensidad emocional de lo que he hecho se apodera de mí. Es la primera vez que soy capaz de hacer algo parecido. Y la mente comienza a elucubrar. Puede que esté casada o que tenga novio. Puede que se lo diga a su marido o a su novio y me llamen amenazándome de muerte. Puede que vengan a Manzanares y me den una paliza. ¡Imposible! Solo podrían saber mi dirección si se la da mi operadora y eso es un delito. Puedo estar tranquilo. ¿Y si me llama, aunque solo sea para agradecerme la nota o saber de mí? ¡Mon Dieu! ¡Oh my God! Sería fantástico. Jajá. ¿Qué puede querer una chica joven y guapa de un vejestorio como yo? Y la mente sigue elucubrando. Ñoras, ñores, esto es el comienzo de un delirio en un enfermo mental. No se rían. Así comienzan nuestros delirios. Estás bajo, estás deprimido, estás fóbico y no puedes controlar a tu mente. Y esta te lleva donde quiere, primero hacia la muerte, su novio te va a matar, jajá. Luego hacia Eros. ¿Y si la chica te llama? No puedo controlar mi mente, así que decido seguir el delirio más aceptable, el erótico. Y aprovecho que soy escritor para inventarme una historia, tal vez algún día escriba un relato que tendrá mucha fantasía, pero la base será real. Es algo así como el buscador del destino. Esa novela se las trae. Como su personaje yo estoy buscando que alguien me mate. Lo que acabo de hacer es ridículo, pero tiene sentido. Estoy buscando que alguien me mate y como siga así lo voy a conseguir, como le sucede al buscador del destino. Me pongo serio. Cesarines, déjate de tonterías.

Encuentro un área de descanso y me detengo para echar un pitillo. Siento una necesidad imperiosa, no he fumado en todo el día. Más tranquilo sigo el camino y llego a casa, a casa o a donde sea, porque el hijo del hombre no tiene dónde reclinar su cabeza. El guerrero impecable sigue en su guerra particular, batalla tras batalla. Al menos estoy entre cuatro paredes y dormiré sin que nadie me moleste. Solo pero al menos puedo hacer tonterías sin que nadie me vea.

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