CURSILLO DE YOGA MENTAL 3-10

23 03 2015

CURSILLO DE YOGA MENTAL 3-10

SALUDO BUDISTA

Durante esta etapa vamos a conocer y trabajar mucho con nuestros diferentes cuerpos. Continuamos haciendo los ejercicios de siempre, calentamiento de taichí, kriyayoga, pases mágicos de Castaneda, etc. Pero ahora somos conscientes de que no solo se mueve el cuerpo físico, sino que cualquier cosa que le suceda a nuestro cuerpo físico repercute en los otros cuerpos, lo mismo que lo que les ocurre a los otros cuerpos acaba repercutiendo en nuestro cuerpo. El que no tengamos consciencia de ello, que no recordemos nuestros sueños, por ejemplo, o lo que hacemos en el mundo astral, o las heridas que recibe nuestro cuerpo emocional o por dónde anda nuestro cuerpo mental cuando le dejamos ir, no significa que todo eso no acabe por pasarle factura al cuerpo físico.

Hoy vamos a trabajar un poco con el cuerpo emocional. Vamos a visualizarlo como si fuera un clon de nuestro cuerpo físico, que lo es. Visualizamos un cuerpo de luz como el cuerpo astral, pero conscientes de que todo lo que en él suceda, todas nuestras emociones, lo modificarán. Vamos a ver esos cambios visualizando los diferentes colores de nuestras emociones. El cuerpo emocional va a ser para nosotros sobre todo color, y cuando tengamos una determinada emoción vamos a ser conscientes del color predominante en nuestro cuerpo emocional. Sabremos que cuando estallamos de ira habrá un intenso color rojo en nuestro cuerpo emocional. Asumiremos el verde como un color tranquilo, relajante, el azul como un color místico, etc. Ya vimos al estudiar los chakras cuál era el color predominante de cada chakra y también vimos cómo debemos de trabajar con los colores.

Vamos a plantearnos el trabajo con el cuerpo emocional como si fuera un trabajo con el cuerpo físico. Los ejercicios con este cuerpo tendrán mucho que ver con los colores. A cada una de nuestras emociones le vamos a adjudicar un color y cada vez que nos dejemos llevar por determinada emoción vamos a ver ese color en nuestro cuerpo emocional. Cuando estamos tristes vamos a pensar en un día gris, nubes en el cielo, lluvia, melancolía. Ese color es predominante, pero no significa que permanezca en nuestro cuerpo para siempre. Todo es fugaz en la vida y en el universo. Nos movemos como el agua que fluye en el gran río del TAO. Sabemos que si hoy está lloviendo mañana puede hacer sol.

Este es el fundamento de nuestro trabajo con el cuerpo emocional. A cada emoción le vamos a dar un color y una escena de nuestra vida cotidiana. Vamos a ver algunos ejemplos:

-TRISTEZA-MELANCOLÍA>Color gris, nubes grises en el cielo. Conforme la tristeza aumenta las nubes pasan al negro, el color gris se hace más denso, más opaco. Comienza la lluvia, mansa, al principio, luego una tormenta terrible, con rayos y truenos. La melancolía se convierte en tristeza, esta en depresión y por último en desesperación. Deseo de morir, de abandonar la vida.

EJERCICIO PARA COMBATIR LA TRISTEZA

Sabemos que necesitamos un color más vivo y elegimos la escena contraria.

ALEGRÍA-GOZO- EUFORIA-VITALIDAD > Imaginamos un día de sol, luz, amarillo brillante, cielos azules, despejados, brillantes. Verde en los árboles. Vamos pasando de un día gris y lluvioso a un día luminoso. Sabemos que en la naturaleza eso no sucede de repente, necesita un tiempo. Nuestro cuerpo emocional también lo necesita. Imaginamos que las nubes se abren, que deja de llover, que va apareciendo el sol. Es una transición lenta, pero implacable. Acabamos en un esplendoroso día de verano, saltando por un campo verde, mirando la luz amarillo brillante, el sol que nos deslumbra. No podemos pretender cambiar nuestras emociones con chasquido de dedos. Necesitamos tiempo, esfuerzo, ejercicio. No podemos pasar de la desesperación a la simple depresión, a la tristeza, a la melancolía, a la tranquilidad, a la vitalidad, a la alegría, a la euforia, al esplendor vital y emocional. Los colores van cambiando, las emociones también. Necesitaremos tiempo. Lo mismo que un atleta no se hace en un día, requiere mucho entrenamiento, el cuerpo emocional necesita mucho ejercicio y estar en forma. Para ello nos acostumbraremos a trabajar con los colores y las visualizaciones.

AGRESIVIDAD-CÓLERA-VIOLENCIA> Color rojo intenso, sangre manando de nuestras venas como un torrente, extendiéndose por el suelo. Ese es el color de nuestro cuerpo emocional. Tendemos a la agresividad, cuando perdemos el control la cólera es sangre, es magma volcánico. Nos lanzamos hacia los demás porque no podemos permanecer en nosotros, tranquilos. Todo nos molesta, el simple hecho de que los demás existan nos molesta. Nos gustaría estar solos, que el universo fuera solo nuestro, que no hubiera parcelas de poder. Visualizamos las consecuencias de esta emoción en nuestro cuerpo emocional, sangramos, rojo sangre por nuestras heridas. Lanzamos nuestra cólera contra los demás y les herimos. Rojo sangre. Suelo rojo, paredes rojas, ojos rojos, todo es rojo. De ahí que el lenguaje utilice expresiones en las que el color rojo aparece para definir la cólera y la violencia.

EJERCICIO PARA COMBATIR ESTA EMOCIÓN

No podemos pasar del rojo intenso de la cólera, al azul místico o a la luz blanca, esplendorosa de la espiritualidad. Deberemos recorrer un largo camino.

AFECTO-CARIÑO-DESEO-AMOR

La sangre va diluyéndose en el agua. Un riachuelo va cambiando su coloración. Del agua brota la hierba el césped. Estamos pasando del rojo violento a un color verdoso. El predominio del rojo aún es muy importante, pero van apareciendo otros colores como el arcoiris. Vemos el afecto que sentimos por un bebé, el cariño intenso. Podemos sentir de qué color es nuestro cuerpo emocional cuando besamos a un bebé. Podemos sentir de qué color es nuestro cuerpo emocional cuando deseamos a nuestra pareja. Podemos sentir el color de nuestro cuerpo emocional cuando explotamos de amor, a nuestra pareja, a nuestros seres queridos, a todo el mundo. Es como un arcoiris en el que caben todos los colores, hasta el rojo, el rojo-sangre, pero si permitimos que el rojo sea el único color, que sea muy intenso, estaremos en plena emoción colérica. Las emociones deberían formar parte de un arcoiris, cuando una predomina hay desequilibrio y antes o después el péndulo irá hacia el lado contrario. Incluso un exceso de alegría puede provocar luego una intensa caída, como en una montaña rusa hay subidas y bajadas.

MEDITACIÓN SOBRE EL CUERPO ASTRAL Y EL MUNDO ASTRAL

Nos hemos acostumbrado a una rutina, ejercicios de energetización, pranayama, mantras, relajación. Ya no es necesario que repitamos todos los días los mismos pasos. Es ya algo automático.

Hoy nos relajamos con la relajación de las muñecas rusas, desprendiéndonos de nuestros cuerpos, uno a uno. Vamos a centrarnos en el cuerpo físico como si fuera una envoltura. Vamos a desprendernos de él poco a poco, como si fuera un vestido. Comenzamos por los pies, subimos, llegamos a la cabeza y aquí tenemos mucho cuidado al desprender el cuerpo físico por los anclajes más férreos. Chakra garganta, chakra corona.

Ya nos hemos desprendido. Estamos en nuestro cuerpo astral. Abajo podemos ver nuestro cuerpo físico desmadejado, inerte. Ascendemos, subimos, nos olvidamos de que tenemos un cuerpo físico. Ahora estamos en nuestro cuerpo de luz, nuestro cuerpo astral. Tenemos que aprender a movernos como un bebé aprende a utilizar su cuerpo físico cuando nace, una vez reencarnado.

No necesitamos caminar con el cuerpo astral, eso queda para el físico. El movimiento es ligero, como si levitáramos, y nos impulsamos por la voluntad, por el intento que diría don Juan. Pensamos, visualizamos dónde queremos ir, hacemos un gran acto de voluntad, un intento, y nuestro cuerpo se lanza hacia ese lugar.

Vemos que el mundo astral es una especie de remedo del mundo físico, un universo clónico del físico, pero mucho más intenso, más luminoso. Es como la caverna de Platón, las ideas luminosas son el cuerpo astral y las sombras son el cuerpo físico. Si en el mundo material todo es opaco en el mundo astral es luminoso.

Aprendemos que aquí hay nuevas leyes. Comenzamos siendo conscientes de que estamos desnudos. Es un poco lo que sucedió en el Paraíso terrenal, cuando Adán y Eva se encontraron desnudos. Sentimos vergüenza. Vemos a otros cuerpos astrales de otras personas que levitan a nuestro lado y sentimos algo raro. En el mundo físico nos vestimos para combatir el frío, para evitar el roce directo con las cosas materiales, pero también lo hacemos para evitar la vergüenza de ver el cuerpo desnudo de los otros. Los nudistas pasan por un periodo de adaptación hasta que ven la desnudez como algo normal. Su filosofía de la vida les impulsa a ver el cuerpo físico con naturalidad, pero para ello tienen que superar inhibiciones sociales y culturales.

En el mundo astral pasa lo mismo, solo que aquí la visión del cuerpo desnudo, del cuerpo de luz es mucho más intensa. Los defectos son percibidos con mayor intensidad y la belleza con mayor deseo. No podemos ver el cuerpo desnudo de otro sin sentir deseo o repugnancia. Por eso vamos a aprender a vestirnos en el mundo astral. Nos visualizamos en esta habitación, donde está nuestro cuerpo físico, y vamos mirando las esquinas, vamos a visualizar energía lechosa, grisácea, la vamos atrayendo hacia nosotros, como si recogiéramos un aire sólido de todos los puntos cardinales. Hacemos que esa energía adopte la forma de huevo y nos cubra, cubra nuestro cuerpo astral. Vemos que es más opaca que nuestro cuerpo. Es como un vestido que nos hemos puesto.

Podemos crear con nuestra mente, con energía, una especie de ladrillos astrales y los vamos colocando para crear nuestra casa. Aquí nos sentiremos como refugiados del exterior. En el mundo astral podemos pasar a través de las cosas y de las personas. No sucede como en el mundo físico, que los cuerpos no se atraviesan ni pasan paredes, ni puertas cerradas. En el mundo astral todo pasa a través de todo. Por eso creamos vestidos y casas, para darnos un poco de intimidad.

Porque aquí las emociones y pensamientos son percibidos directamente y las respuestas son directas también. A un pensamiento de odio responde otro de odio, a un pensamiento de deseo responde otro de la misma naturaleza o un rechazo virulento si el otro no nos resulta deseable. Es un mundo donde nada se puede ocultar. Nada hay oculto que no haya de ser descubierto, dice el evangelio. Cuando llegamos al astral estamos desnudos y sin secretos. Nuestro rostro adopta la expresión de lo que pensamos y sentimos. Los demás lo perciben con absoluta nitidez. Mientras en el mundo físico la carne oculta el pensamiento y la emoción y solo los ojos parecen ser cristales transparentes, ventanas para nuestros pensamientos y emociones, en el mundo astral no hay el menor obstáculo. Por eso debemos aprender a controlar nuestras emociones y a armonizarlas. Sería obsceno en el mundo físico que alguien se desnudara y nos enseñara el sexo, sin más. Las emociones desnudas son igualmente obscenas, por eso el aprendizaje en el mundo astral será lento y cuidadoso.

Por hoy ya hemos aprendido bastante. Sabemos que hay un cordón de plata, de luz, que une el cuerpo astral al físico. Lo seguimos y nos acercamos al cuerpo físico. Estamos a varios metros sobre él. Vamos bajando, poco a poco. Estamos a unos centímetros. Ahora nos vamos a introducir en él por los pies y vamos haciendo que todo coincida, tobillos con tobillos, muslos con muslos. Cuando llegamos al cuello tenemos cuidado porque el anclaje del chakra de la garganta va a hacer que si nos reintegramos bien recordemos lo sucedido en el mundo astral y si lo hacemos mal perdemos la memoria, como sucede en los sueños. Vamos a unir la cabeza con mucha suavidad y ya estamos dentro.

Sentimos el peso del cuerpo físico, sus características, que conocemos tan bien y nos despertamos como siempre.

Hoy, en lugar de la recapitulación, recordaremos el ejercicio de la cárcel de papel. Para los lectores del blog les remito a este texto a través de un enlace.

SALUDO BUDISTA

QUE LA PAZ PROFUNDA NOS ACOMPAÑE A TODOS SIEMPRE EN EL CAMINO

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