LAS HISTORIAS DE BAUTISTA VII

15 04 2015

LAS HISTORIAS DE BAUTISTA VII

 

NOTA PARA EL LECTOR: Lo que aquí se cuenta puede herir la sensibilidad de algunas personas. Quienes se sientan incapaces de afrontar la realidad de los hechos es preferible que abandonen ya esta lectura. Pido disculpas por tantos detalles que algunos considerarán morbosos y hasta manipuladores de mi parte. Tal vez pensarán que yo no puedo recordar, casi cuarenta años después tantos detalles de lo sucedido en lo que respecta a mi experiencia. Se asombrarían de lo que puede lograrse con una recapitulación profunda y sin bloqueos de algunos episodios de nuestras vidas, por muy alejados que estén en el tiempo. Tal vez alguno pensará que tampoco era necesario que yo recordara aquí mi propia experiencia. Lo siento pero no estoy de acuerdo. No he sido capaz de recordar con todo detalle algunas experiencias de mi vida. Mis seres queridos, los terapeutas y personas muy bien intencionadas, siempre me aconsejaron que olvidara. El olvido no es la solución, eso pienso y lo digo. Lo mismo que el psicoanálisis intenta que afloren recuerdos en pacientes con ciertas patologías, la recapitulación es imprescindible para un guerrero y yo ahora lo soy. En otros momentos de mi vida tal vez esta recapitulación hubiera acabado conmigo, lo sé y soy muy consciente de ello. Tal vez hubiera sido un error hacerle recordar lo ocurrido al hermano mayor. Bautista lo cree y yo en eso sí estoy de acuerdo. No todos los enfermos mentales están preparados para afrontar su pasado. Pero permítanme decir, con todo respeto para quienes no estén de acuerdo, que un enfermo no se puede curar hasta que asume en su totalidad estos recuerdos, los enfrenta, los asimila y los integra en su vida. Desde luego no se puede ser un guerrero impecable sin una recapitulación seria y concienzuda de la propia vida. Yo quiero serlo y por eso me he propuesto recapitular toda mi vida, sobre todo mi juventud, mi temporada en el infierno. Es posible que la novela que estoy escribiendo sobre esta época de mi vida no salga a la luz hasta después de mi muerte, si es que no la queman en la hoguera, pero no voy a evitar al lector algunas experiencias que considero en extremo aleccionadores. No quiero despertar compasión, no quiero manipular en ningún sentido al lector, no quiero que se me comprenda o disculpe. En realidad no quiero nada. Bueno sí, una cosa, que dentro de mi campaña de “Conociendo y queriendo al enfermo mental” y por mucho que duela, y por mucho que salte una fibra sensible en el lector, es mi deseo que se nos conozca en profundidad, para lo bueno y para lo malo. Si el dolor y el sufrimiento de toda la especie humana está subiendo hasta el altar de Dios, del Padre, de las fuerzas poderosas o como quieran ustedes llamar a lo que no vemos pero que se mete en nuestras vidas hasta el tuétano de los huesos, y si esto ya está descrito en el Apocalipsis de San Juan, donde se habla de los corderos que son inmolados y de que el olor de su sangre llega al trono divino, no quiero que los enfermos mentales seamos también marginados en esto, que nuestro dolor sea olvidado, como el de unos animales cazados en el bosque y cuya sangre ni siquiera deja rastro en la tierra. Nosotros también tenemos derecho a que nuestro dolor suba hasta el trono divino, nosotros también tenemos derecho a una reparación.

Que este dolor se una al de las víctimas de la violencia, del terror, de las masacres, de las guerras, de las violaciones, de las torturas, del hambre, de la insolidaridad, de la insensibilidad. Que se una al de todos aquellos hermanos que han sufrido sobre la faz de este planeta que es una escuela de espiritualidad, lo queramos o no, y aunque seamos o nos coloquen al final de la cola, los corderos-enfermos mentales también llegaremos ante el trono divino y suplicaremos que todo este infierno termine de una vez. Acabemos con la violencia, con la tortura, dejemos de cortar cabezas, de violar, de convertir a los niños en grotescos y desalmados soldaditos, de utilizarles como esclavos. Dejemos de poner fronteras y muros con los desheredados de este mundo. Lo que es nuestro es de todos. Si un hermano sufre hambre que comparta nuestro pan, si alguien intenta cortarle la cabeza que todos gritemos con un grito horrísono que se escuche en los confines del universo. Si una hermana o hermano son violados que su sacrosanta libertad sea reclamada ante el trono divino. Si queremos una humanidad nueva no podemos olvidar tanto sufrimiento. Si queremos evolucionar espiritualmente y que llegue a nosotros la nueva Jerusalém, no podemos regocijarnos sin un periodo de expiación, de reparación, de justicia, de recuerdo de tanto sufrimiento. Cada uno de los corderos que comparecerá ante el trono divino tiene un nombre, un rostro, un cuerpo, un alma, una dignidad, una historia, una vida que no puede ser olvidada. No pensemos que esa nueva Jerusalém será posible sin ese juicio final.

Yo renuncio desde aquí y para siempre a cualquier reparación, a cualquier acto de justicia, yo renuncio a todo, pero nunca renunciaré a contar mi historia. Si los demás quieren que yo repare las ofensas que les he causado estoy dispuesto, si quieren que confiese en la plaza pública, confesaré, si no me quieren perdonar, que no me perdonen, no se lo pido ni me importa. Si quieren insultarme y escupirme, que lo hagan, si quieren colocarme una corona de espinas sobre mi cabeza, estoy dispuesto, si quieren acusarme ante el Padre, que me acusen. Yo no lo haré, nunca lo haré, y creo que estoy en mi derecho, como ellos lo están, de pedir cuentas. Si el Padre quiere mi sacrificio, estoy dispuesto, si los demás me quieren señalar con el dedo y flagelar en la plaza pública, estoy dispuesto. Si esto sirve de algo, aunque solo sea una gota de agua en el océano infinito de sangre que ha derramado la especie humana a lo largo de su historia, estoy dispuesto. Pero que no me pidan que me calle, que oculte mi vida en las cloacas, en las tinieblas infernales, porque no lo voy a hacer.

Esta es palabra de guerrero impecable. No me importa lo que sea de mi vida, no tengo nada que perder, pero si de algo sirve para conseguir terminar con este maldito infierno en el que se ha convertido la vida del ser humano sobre la tierra, hágase. Padre, estoy dispuesto. Solo te pido un especial cariño para mis hermanos, los enfermos mentales. Si esa es tu voluntad, que así sea. Scripsit scripsit.

MI VIDA FICTICIA EN …

Se lo debo al hermano mayor. Voy a ponerme en su piel y relatar de forma ficticia, como si fuera una novela, basada en hechos reales, lo que él debió sentir durante su estancia en …. No puedo decir aquello de “cualquier parecido con la realidad sería pura coincidencia”. Más bien lo contrario, cualquier parecido con la ficción sería pura coincidencia.

MI LLEGADA A LA CÁRCEL

Mi madre no ha podido acompañarme. Se ha quedado en casa, destrozada. Ellos creen que no tengo sentimientos, que me da lo mismo el sufrimiento que causo a mis seres queridos. ¡Si ellos supieran! Me acompañó mi padre en el taxi. A los hombres nos cuesta más expresar los sentimientos. Sé que él también estaba sufriendo, pero ni me miró durante todo el viaje, como si acompañara a un monstruo. Porque me temo que es lo que tanto él como mi madre piensan de mi. ¿Qué quieren que haga? ¿Creen que no daría mi mano derecha por ser como ellos? No sé lo que me pasa y me gustaría saberlo. Algo tiene que ocurrir en mi cerebro para que no pueda vivir como los demás. Podría pasarme la vida estudiando el cerebro, incluso me gustaría ser un forense para trepanar cráneos y ver por qué unos cerebros son normales y otros no. Bautista debió reírse a solas luego que me vio perseguir a las gallinas para abrirles la cabeza. Les parecerá algo propio de un loco, pero de alguna forma tengo que empezar a estudiar el cerebro y el de una gallina es tan bueno como cualquier otro. Las gallinas no sienten como nosotros, si fuera así me hubiera buscado una lagartija, los animales no sufren, al menos eso creo. Entrar en un cementerio para conseguir las herramientas les debió parecer algo de película de terror, pero no me importa, quiero saber, quiero curarme. Nadie me ayudará nunca, estoy solo.

No sé si han hecho bien o mal, tal vez sea lo que merezco. Aquello debe ser como una cárcel, o peor. No quiero pasarme el resto de mi vida en la cárcel. No creo haber hecho nada como para sufrir una condena a cadena perpetua. Se me está ocurriendo que si no hablo pensarán que soy mudo y me dejarán en paz. Vale que tenga que estar allí el resto de mi vida, pero no pueden obligarme a que actúe como si no pasara nada. Soy muy joven, no puedo despedirme de la vida así, sin más. Soy virgen, no sé qué se siente cuando se hace el amor con una mujer que te gusta, a la que quieres y que te quiere. Allí no habrá mujeres y aunque las hubiera ni siquiera ellas me querrían. ¿Voy a pasarme la vida encerrado en una cárcel y sin saber qué es hacer el amor, tener sexo con una mujer? Es muy duro. Ellos deben de pensar que nosotros, los que ellos llaman locos, no tenemos esas necesidades. Deben pensar que somos animales, o aún peor porque las gallinas y los gallos tienen sexo, y los perros, y los gatos, y… Debería pensar en otra cosa, pero no puedo pensar lo que quiero, algo falla en mi cabeza y no sé qué es.

Puede que ni mi madre, ni mi padre, ni mi hermano vengan a verme. Lo tengo asumido. Allí no quiero tener amigos. ¿Para qué sirven los amigos en una cárcel? Sí, es buena idea, me haré el mudo y me dejarán en paz. No he podido controlarme, me trataban como si fuera un niño. No lo soy, tengo derecho a vivir mi vida. Algo estallaba dentro de mí cuando se pasaban el día diciéndome lo que tenía que hacer. Yo estoy bien dentro de mi cabeza, pensando lo que quiero. No podía evitar enfadarme. Reconozco que no soy capaz de controlarme, no lo entiendo, es el tornillo que está mal en mi cabeza, me gustaría saber qué es lo que pasa.

Mi padre ni siquiera me ha dado un abrazo al despedirse. No creo que vuelva a verme. No me gusta esto, demasiada gente y pocos cuidadores. No me gusta cómo me han recibido. Estuve dudando si hablar o no, pero pensé que si hablaba ya no podría hacerme el mudo. También me hice el tonto, miraba para otro lado y al final se cansaron de mí. Por lo que veo aquí se cansan pronto. Va a ser fácil que me dejen en paz.

El primer día ha sido aburrido. Me hubiera gustado leer, pero eso de la mudez tiene también sus inconvenientes. Estoy tan deprimido que ni me apetece hacer gestos. ¡Cómo no voy a estar deprimido si en cuanto han visto que no hablaba ni me han hecho el historial! Han debido pensar que estoy pirado y me han dejado suelto como una gallina en el corral. Creo que voy a dejar de leer. No voy a hacer nada. No quiero actuar como si me fuera a pasar aquí el resto de mi vida. No les daré ese gusto. Será muy aburrido, voy a tener que buscarme una distracción. Ellos no pueden entrar en mi cabeza, me inventaré mundos y viviré en ellos todo el tiempo. No soporto la realidad. Prefiero estar en París que en esta mierda de sitio.

Ha pasado una semana. Lo que peor llevo es cómo me miran los otros enfermos. Es como si les molestara. No entiendo por qué. Procuro pasar desapercibido. Me alejo de ellos todo cuanto puedo. Es como si me hubiera hecho invisible. No comprendo por qué les molesto tanto. A lo mejor es precisamente por eso, porque quiero ser invisible.

Ha pasado un mes. Ha venido a verme Bautista. He conseguido pedirle perdón por lo que intenté hacerle. No comprendo cómo perdí el control de esa manera. Es un buen hombre, un hermano. Creo que es el único que me comprende. Si todos fueran como él no me importaría volver a hablar. He tenido mucho cuidado en hacerlo cuando nadie nos veía. Él no me ha preguntado por mi mudez. Me comprende y se lo agradezco. Le agradezco que me escuche cuando le cuento mi viaje a París. No sé cómo ha ocurrido, pero yo mismo me he creído el viaje. Algo raro ha pasado en mi cabeza. ¡Era tan real! Poco a poco me voy creyendo mis fantasías y eso me gusta.

Mi padre ha venido a verme unos días después. Me ha acompañado por el patio. Casi no habló conmigo. Solo me dijo que madre estaba bien y que mi hermano me mandaba recuerdos. Creo que se lo ha inventado. Le he visto mirar a los demás enfermos que paseaban por el patio. Ellos creen que somos tontos y no nos enteramos de nada, pero he visto en su rostro todo lo que pensaba. Me ha dolido mucho. Aquí hay de todo, pero la mayoría son gente mayor y está muy ida. Ellos deben pensar lo mismo que yo, solo que en mi caso estoy haciendo teatro. Puede que dentro de unos meses deje de hacerlo y me acabe creyendo todo, que soy mudo, que estuve en París. Puedo convencerme de lo que quiera. Ellos no. ¡No saben lo que se pierden!

Han pasado tres meses. Tengo miedo de cómo me miran algunos y cómo hablan de mí cuando creen que no les miro. Por suerte la medicación me deja tan dormido que no me entero de la mitad de las cosas. Me gusta la sensación de caminar dormido. Solo hecho de menos pasearme por París.
Tardo horas en conseguir hacerlo porque la medicación es como si se clavara en mi cerebro y un peso terrible me impide hasta pensar. He visto que algunos no se la toman y la tiran por ahí o la entierran cuando nadie les mira. Yo no quiero hacerlo. Son muchas horas para pensar, con unas pocas me basta.

Han pasado seis meses. Odio a los cuidadores. Nos echan el pienso como a las gallinas y no se preocupan de más. Les importa un bledo que tomemos la medicación o no, lo único que les interesa es que no armemos jaleo. Pocas veces hay alguien en el patio, vigilándonos. Es como si tuvieran miedo. No me extraña porque algunos dan miedo. Aquí hay mucha gente, demasiada. Es imposible encontrar un lugar resguardado para pensar, al poco llega alguien o pasa un grupo. No me gusta estar dentro. Caminar por los pasillos es como desfilar por los pasillos de una cárcel hacia tu celda. Tampoco me gusta que no tengamos habitaciones individuales. Los compañeros ya han dejado de molestarme. Les he hecho creer que no me entero de nada. Por suerte nos dejan casi todo el tiempo en el patio, a nuestro aire, incluso cuando llueve o hace frío. Ni siquiera se preocupan de que nos mojemos o pillemos una pulmonía. Les da igual. No se salva ni uno. Ni un gesto de afecto, ni una pregunta cariñosa. Solo les interesa cubrir el expediente y cobrar a final de mes.

 

Ha vuelto Bautista. ¡Si él supiera cómo se lo agradezco! Me escucha como si le interesara lo que digo, no me hace preguntas y paseamos juntos durante unas horas. Hoy me ha dicho que le han nombrado defensor judicial o lo que sea. Me parece bien. Es el único que se preocupa de mí. Mi padre también ha vuelto a verme, pero como si fuera una obligación. No cree que pueda curarme nunca, lo he leído en su cara. Apenas me ha hablado de madre. Se ha dado cuenta de que sufro mucho al escucharle. Creo que mi hermano tiene miedo de ser como yo, por eso ni mi padre me da ya recuerdos suyos. Sabe que no me lo creo. Le entiendo. ¡Ojala se libre de esto!

Creo que estoy perdiendo la noción del tiempo, no sé el día en el que vivo, ni la hora. Voy a comer porque me llevan y cada vez me cuesta más tragar esta bazofia. He estado pensando en dejar de comer, como si no pudiera. Que me den purés, así tendré que hacer menos esfuerzo. He dejado de mirar a los demás a hurtadillas, me dan miedo. ¿No se dan cuenta de que no podemos estar tantos enfermos encerrados en un sitio tan pequeño? Por suerte camino por París. Solo en algunos momentos me doy cuenta de que es una fantasía, la mayor parte del tiempo vivo allí como si realmente estuviera. Me siento muy feliz.

No sé el tiempo que ha pasado. Hay un grupo de enfermos que me aterroriza. No toman la medicación, se ponen muy violentos y me miran raro, muy raro. Tengo miedo de que un día me pillen desprevenido y me hagan algo. Pero tampoco puedo acercarme a los demás, prefiero estar solo. Por suerte hoy apenas puedo pensar, la medicación me está convirtiendo en una especie de muerto viviente. No me gusta cómo me mira ese grupo, me han seguido hasta el extremo del patio. Creo que se acercan. Se han debido poner de acuerdo. Uno mira que no haya ningún cuidador. Han hecho un círculo a mi alrededor, como para taparme. Me llevan detrás de unos árboles. Hay un pequeño montículo que nos oculta de las miradas. No se lo que están haciendo conmigo. Gracias a Dios hoy siento el cuerpo menos que nunca, pero me he dado cuenta de que me han bajado los pantalones. No quiero luchar, tampoco podría hacerlo, no tengo fuerzas y ellos son muchos. Gritan y me dicen cosas soeces. Están como locos. No sé muy bien lo que hacen, algo malo, me he resistido y creo que a uno le he dado una patada. Eso les ha enfurecido aún más. Veo que alguien, el jefe, trae una lata, le quita la tapa. Los demás se ríen. Me dicen que me van a capar. Alguien me sujeta el miembro y escucho risas terroríficas que me ponen los pelos de punta. ¿Me lo van a cortar? No me importa. ¿Para lo que lo uso? Para mear, y hasta eso me cuesta, creo que algún día he debido mearme en los pantalones. Noto el filo de la hojalata rasgando algo. Por suerte la medicación me ayuda a no sentir tanto dolor, pero duele, duele mucho… ¡Por Dios! Tened compasión de mí. Creo que me voy a desmayar…

He despertado en el hospital. Bautista está a mi lado. Yo no digo nada. Creo que sé lo que ha pasado pero no quiero recordarlo. Me toma de la mano y me dice que me he quedado sin un testículo, sin un huevo, vamos. No sé si eso me impedirá tener hijos. Jajá. Me río. ¿Con quién iba a tener yo hijos? No digo nada. El lo comprende. Se queda las horas muertas mirándome a pesar de que yo miro fijamente la pared. He decidido que no hablaré nunca, el resto de mi vida, que no comeré. He decidido que no quiero relacionarme con nadie. Son una mierda, la sociedad es una mierda, la vida es una mierda. Pero Bautista no se merece que lo trate como si no existiera. Es lo único que tengo.
Ha venido el médico. Le ha dicho a Bautista que me pondré bien. Luego salen los dos. Me aterra quedarme solo. Él le dice a una enfermera que me cuide. Ella se molesta mucho. Le dice que es enfermera que sabe lo que se hace. Quedamos a solas, la enfermera me mira con pena y con algo más, como si se preguntara cómo somos los locos y no le deben gustar las conclusiones a las que llega porque pone cara rara. No puedo más. Salto de la cama y salgo corriendo, con este artilugio de metal y esa bolsa de líquido que me han conectado a una vena. Quiero ver a Bautista. Sé que no va a volver a pasar, Bautista me ha prometido que buscará otro sitio mejor, pero estoy tan aterrorizado que no puedo quedarme solo con extraños. Corro por el pasillo. Bautista se da cuenta y me convence para que regrese a la habitación. Le hago caso. Luego le escucho hablar y la enfermera pide perdón. No sabia que yo pudiera reaccionar así. Bautista la disculpa, nunca se enfada con nadie.

Por fin me han dado el alta. Bautista me acompaña de regreso. Me ha dicho que tenga paciencia, que no estaré mucho tiempo allí. El personal me mira raro. Creo que intentan tener algún detalle conmigo, por lo mucho que creen he sufrido, pero no se atreven o no saben. El director no ha venido a verme. ¿Para qué? Si soy mudo. Al cabo de unos días vuelvo a pasear por el patio. Los cuidadores deben pensar que no voy a reconocer a los que me hicieron “aquello”. Veo que un cuidador me observa desde la puerta, ha debido recibir instrucciones del director, no quieren que me vuelva a pasar nada. Bautista podría denunciarles. Es joven pero sabe manejarse.

Quiero irme de aquí. No puedo soportarlo más. Por suerte me han debido aumentar la medicación porque me paso las horas muertas sin saber que ha pasado el tiempo y sin recordar lo que he pensado, si es que he pensado algo. Por fin un día viene Bautista y me dice que ha encontrado un buen sitio. Lleva mis pertenencias en una maleta y sale conmigo. Nadie me despide. Tampoco nadie habla con Bautista. Salimos fuera. Hay un taxi. El sitio no está lejos, aunque no puedo saber cuánto dura el viaje. Miro por la ventanilla, pero es como si no viera nada. Soy libre por un momento pero eso no me interesa. Por muy bien que se esté en ese otro lugar seguiré mudo y sin comer. Estaré en París todo el tiempo, todo el tiempo….

DATOS REALES

El lugar que encontró Bautista fue el psiquiátrico de … un lugar del que hablaré largo y tendido en otros capítulos. Hay mucha tela que cortar en …. Bautista habla de este psiquiátrico con respeto, casi me atrevería a decir que con veneración, desde luego con mucho cariño. Debió de ser un remanso en medio del infierno, una especie de paraíso construido con la sensibilidad y humanidad de unos profesionales. Al fin y al cabo el cielo o el infierno no es otra cosa que lo que son quienes están en ellos.

Los episodios reales en esta historia son más o menos los siguientes, aunque habrá matizaciones en cuanto Bautista lea este capítulo:

El hermano mayor fue internado en … con autorización de sus padres. Bautista no estuvo presente y desconoce si fue llevado en ambulancia o en un taxi. Tampoco sabe o no recuerdo que me lo dijera, si fue acompañado solo por su padre, o también por su madre o incluso si fue solo, con los correspondientes celadores. Eso poco importa para la historia.

Bautista fue a verle y a pesar de mi insistencia en que me describiera el lugar solo puede decirme que paseó por el patio con su primo y que casi no vio otra cosa de aquel lugar. Sus visitas no podían ser muy frecuentes pero sí le visitó en varias ocasiones. Tampoco sé el tiempo que el hermano mayor estuvo allí y no creo que Bautista lo recuerde con exactitud.

El detalle de la medicación que se les daba a los enfermos al salir al patio es real y Bautista lo recuerda muy bien, incluso me ha comentado, a pregunta mía, que era más que probable que muchos no se tomaran la medicación puesto que eran demasiados a vigilar. También es real que los enfermos eran dejados en el patio a su libre albedrío y rara vez eran vigilados por número suficiente de profesionales. Lo de que les tuvieran miedo es una suposición mía, creo que muy verosímil, lo mismo que la actitud distante. Es comprensible que dado el poco personal para tanto enfermo los cuidadores acabaran pasando de ellos y solo les preocupara que no hubiera disturbios serios.

Creo – eso será objeto de matización porque no puedo repasar mis apuntes ni las grabaciones- que Bautista nunca vio al director ni se entrevistó con algún psiquiatra, en el supuesto que lo hubiera. De existir tal profesional hubiera sido incapaz de diagnosticar y hacer un seguimiento serio de tanto enfermo. Mi impresión, a matizar, es que le debió impresionar tanto aquel ambiente que no quiso involucrarse, lo que sí hizo en …, a fondo, con total entrega y durante muchos años, yo diría que durante el resto de su vida.

Bautista me contó, convencido, que su primo no debió de sufrir mucho, gracias a la medicación. Es algo en lo que discrepamos. Yo estuve muy, pero que muy medicado, como un zombi y sin embargo creo que hubiera sufrido un gran dolor físico de haber sido capado. Me baso en una experiencia personal. Cuando me tomé un tubo de pastillas en la montaña, cerca de la bola del mundo en Guadarrama, en uno de mis intentos de suicidio más serios y al que conseguí sobrevivir gracias a “las fuerzas poderosas que controlan el universo”, de eso estoy seguro, me quedaba profundamente dormido pero notaba el intenso frío que hacía. Creo recordar que aquello debió de ocurrir en primavera y que las cumbres estaban nevadas y aún quedaba nieve en el bosque. También sentía los trompicones al caminar, mientras pude hacerlo, las zarzas que se clavaban en mi piel, atravesando la ropa, el esguince de tobillo cuando tropecé y caí al suelo. También pude notar sus desniveles y rugosidades mientras me arrastraba por el suelo, como un maldito marine, como digo en otra parte. La lucha contra el sueño y el frío fue una de las experiencias más terroríficas de mi terrorífica vida. Era muy consciente de que si me quedaba dormido allí moriría sin remedio. Me causé dolor para evitar el sueño y ese dolor fue real, muy real. A veces no podía evitar quedarme dormido pero me despertaba el intenso frío y el malestar que sentía, el dolor en el tobillo, el contacto con el suelo, tal vez alguna rama que se clavaba en mi espalda. Me había tomado un frasco entero de medicación, o tal vez dos. No recuerdo qué fue lo que me tomé, pero es indudable se trató de antidepresivos y antipsicóticos. Los mezclé bebiendo sin parar de la cantimplora que llevaba con agua. No solo sentí en toda su intensidad la angustia y el miedo a morir, sentí el dolor físico, y cuando conseguí llegar hasta cerca de la cuneta y me dejé rodar y luego el dulce placer de la muerte por hipotermia me acogió en sus brazos entonces desapareció todo sufrimiento. Por mucho que sufra el lector no le ahorraré el posible sufrimiento del hermano mayor. Creo que la medicación no le impidió sufrir, aunque seguramente fuera un sufrimiento atenuado. Hermano mayor, desde donde estés yo soy el eco de tu voz. Tu sufrimiento no ha sido en vano y antes de que llegue al trono divino quiero que la humanidad lo conozca.

Bautista no me contó los detalles de su búsqueda de un lugar mejor para su primo ni el viaje que realizaron. También tendré que preguntarle y él tendrá que matizar si el episodio del enfermo que salió corriendo tras de él en el hospital, llevando en la mano el artilugio del suero, con el culo al aire y su conversación con la enfermera, corresponde al hermano mayor. Así lo recuerdo y ahora no tengo el ánimo para rebobinar la cinta.

Podría seguir con la ficción de …, incluso documentarme, pero no merece la pena. El lector se hará cargo de lo que fue aquella cárcel para enfermos mentales, aquel infierno. El que quiera oír que oiga, el que quiera escuchar que escuche, y el que tenga empatía y quiera ponerse en la piel del hermano mayor, que lo haga. No se puede amar lo que no se conoce.

Gracias a Bautista, el hermano mayor de los enfermos mentales, por el dolor que seguramente le ha causado recordar todo esto. Si queremos conocer y amar a nuestros hermanos tendremos que sufrir. Es una ley cósmica. La empatía es ponerse en la piel de otro y sentir lo que siente, si es dolor hay que sentir dolor.

Continuará.

Anuncios

Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: