DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XV

27 04 2015

DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XV

Sigo conmocionado por la tragedia del avión en los Alpes. No estoy para hablar de ello. Mi solidaridad fraternal y espiritual con víctimas y familiares. Solo decir un par de cosas con brevedad. Quien quiere suicidarse no debería nunca llevar a nadie consigo por la fuerza. Tenemos derecho sobre nuestra propia vida y responderemos por lo que hagamos con ella, pero la vida de los demás es sagrada. Quien hace algo así es una mala persona, un canalla, sin ambages. Da lo mismo que se trate de un enfermo mental, un otro, que sea joven o mayor, hombre o mujer, incluso niño. Hay malas personas entre los enfermos mentales y entre los otros. La maldad es una elección y quien elige acabar con vidas ajenas se ha abrazado a la maldad y debe responder por ello. Un enfermo mental no puede escudarse en su enfermedad para disculpar su maldad. Al contrario, flaco favor nos hace quien actúa como un auténtico canalla escudándose en su enfermedad. Es preferible salir a la calle de rodillas pidiendo ayuda, dejarse crucificar socialmente, desnudar su alma delante de todos que buscar formas demoniacas para venganzas sin sentido.

Estoy convencido de que si el copiloto asesino hubiera llevado un diario en Internet, como hago yo, y en él se hubiera desnudado, porque para eso están los diarios, porque para contar mentiras ya están las novelas, no habría llegado a lo que llegó. Los delirios son peligros y la mejor forma de combatirlos es exponerlos a la luz, hablar con alguien que te pueda comprender, o si eso no es posible, jugarse el todo por el todo, escribir un diario y salir a la Red. Mejor que te llamen loco que no hacer una locura irreversible. Uno de los mayores problemas de los enfermos mentales es el aislamiento, vivir en las cloacas de la mente. Pero lo que hizo este hombre no es consecuencia de la enfermedad, es la maldad pura y dura. La verdadera valentía nace del reconocimiento de nuestro propio rostro en el espejo. Mejor morir sacrificándose que sacrificando a los demás para lanzarse a la nada. Esto es pura magia negra.

Es por eso que transcribo lo que escribí en mis vacaciones de Semana Santa. Soy como soy, con un lado oscuro, como todos. No podemos vivir siempre en el día, también existe la noche y tiene su sentido. Exponiendo a la luz pública mi lado oscuro permito que la luz pueda entrar e iluminar los rincones más negros, donde intenta habitar el mal.

HONDARRIBIA 2-4-2015

JUEVES SANTO-VIERNES SANTO

Sí porque acaban de dar las doce y no puedo pegar ojo, demasiado ajetreo y un descontrol total de comidas. No desayuné porque el mocetón vasco, de un caserío cercano llegó con casi una hora de retraso. El propietario de la casa rural tuvo el generoso detalle de facilitarme la entrada al colegio donde estudié en mi juventud, hoy en ruinas. No es que tardara mucho en la visita, pero solo con las fotos que hice ya tuve para un buen rato. Esta documentación me servirá para escribir la parte final de mi novela “Aventuras y desventuras del pequeño Celemín o Los pequeños humillados”. También me servirá para una recapitulación profunda de este periodo de mi vida que tanto ha influido en lo que soy y en cómo he vivido.

Decidí ir a Peñas de Haya, una obsesión tonta por situar aquel episodio en i memoria. Una excursión que acabó mal porque la furgoneta del avituallamiento se estropeó y nos quedamos sin comer casi dos días, según creo recordar. Todo está muy confuso en mi memoria. Quería saber si la excursión se hizo a pie o en un autobús que nos dejara allí Tras perderme en un deambular laberíntico y sin sentido que me llevó hasta Oyarzun y las montañas de la zona conseguí llegar, supuestamente a la montaña mítica de mi juventud o al menos eso creo, porque todo sigue muy confuso.

Creo que el camino se podía hacer a pie desde el colegio, aunque debió de ser una buena caminata, no tanto como aquella mítica javierada que hicimos muchos y que fue una idea mía, una de esas ideas testarudas que acabo llevando a término contra viento y marea. Fue algo que solo pudo hacer un joven romántico y testarudo, como era yo entonces, ahora soy testarudo pero he perdido el romanticismo. Llegamos hasta Pamplona y de allí al castillo de Javier, creo recordar que fueron más de ciento cincuenta kilómetros en tres jornadas terribles, la primera en una sola tarde. Si no recuerdo mal calculé una media de ocho kilómetros por hora, una barbaridad, ahora ni siquiera podría hacer cuatro a la hora.

No puedo recordar si fuimos a pie, aunque no recuerdo viajar en autobús. Allí debimos pernoctar en tiendas de campaña, algo no debió de ser muy complicado porque éramos pocos y los frailes eran grandes logistas, lo conseguían todo. ¿Por qué esta excursión está tan confusa en mi memoria y en cambio la javierada tan clara? Misterios de la mente porque ambos recuerdos tienen más de cuarenta años.

Cuando quise desayunar eran las doce y media, así que pedí un pincho de tortilla con una cerveza sin alcohol y caí en la tentación, para mi desgracia, de rematar con un pincho de morcilla. Ahora no sé si el insomnio se debe a que tengo demasiados estímulos en la mente o porque los gases del exceso pugnan por salir. En realidad no comí tanto, porque comí tarde, un bocata de beicon y queso que pedí en el mismo bar. ¡Ah, sí! Y una bolsa de cortezas. No desayuné, no cené y comí cuando me dio la real gana. Un desastre. Es un milagro que la úlcera no se queje sin protector de estómago. Me dejé en casa las pastillas, una forma de decirme que si se producía una hemorragia sería bienvenida.

He estado también experimentando con el nuevo móvil, a quien Dios confunda. He dado tantas vueltas y revueltas y visto tanta gente que ponerme a manipular el móvil antes de dormir no era precisamente lo mejor para relajarme. Pero eso de poder escribir cuatro palabras con el teclado (voy aprendiendo que es gerundio) me permite estar atento a los correos y los contactos de la estrategia número 2. Esa es otra, todo es una terrible tomadura de pelo, aún no he descubierto el intríngulis, ni creo que lo haga, pero tengo la impresión de que las páginas de contactos son uno de los negocios más estúpidos y boyantes de Internet. Los perfiles falsos deben de ser tan frecuentes que si me ocultara tras las caras de mis personajes humorísticos (Slictik, el hombre de las mil caras) no sería ni una gota en el océano. Debo dejarlo sí o sí. Ya tengo material suficiente y esto es una hemorragia emocional de aupa, desilusión tras desilusión voy perdiendo la confianza en la naturaleza humana, si es que aún me quedaba alguna.

Podría decir, sin mentir, que solo me intereso por el sexo. Al fin y al cabo es lo que me mantiene en pie y me permite afrontar el futuro sin que las ideas de suicidio me hagan mucha pupa. En vez de antidepresivos y antipsicóticos la ilusión del sexo a través de las páginas de contactos. ¡Porca miseria! Que dirían los italianos, pero nada es una tontería cuando está en juego tu vida. Me he metido en tales berenjenales que será muy divertido contarlo en relatos humorísticos, pero esto no puede durar, debo rehacer mi vida y pisar en el suelo, aunque sea pantanoso.

La estrategia número 1 da risa, todas han acabado pidiéndome dinero, no se ha librado ni una. Tanto romanticismo mercantilista hace que el alma se te caiga a los pies y la pisoteas al caminar como si tal cosa. ¡Pero quién no se siente tentado por semejantes cuerpos! Los correos sentimentales en realidad son poquita cosa, yo podría hacerlo mil veces mejor si me pusiera tras un perfil falso, con una fotografía de un musculitos. Para eso mejor iniciar ya la estrategia número 3 y comenzar el largo viacrucis por los puticlubs de la zona. Será una experiencia de mierda que me acabará hundiendo aún más en la “porca miseria” pero al menos tocaré carne, aunque ni siquiera lograré rozar la piel del alma de alguna mujer, mercenarias seguras de sí mismas, con la coraza de quien entrega su cuerpo pero nunca su alma. Creo que iniciaré este viacrucis para mi cumpleaños, una forma de celebrarlo, porque no hay otra mejor.

Al llegar a la habitación sufrí un hundimiento total. Ya he comprobado que cuando me agoto físicamente entro en un terrible bucle obsesivo-compulsivo, será por eso que me cuesta tanto el ejercicio físico. Me sentí tan mal, pero que tan mal que un ataque al corazón hubiera sido un inmenso alivio.

Recapitulación impresionante y profunda, voy a pasarme el resto del año recapitulando este episodio de mi vida. ¡Impresionante documento! Que diría el recordado Jose-María García en sus transmisiones deportivas. La mañana que pasé en el espigón recordando cómo solíamos acabar allí los paseos y yo me quedaba sentado, mirando al mar, fue una experiencia impresionante, fue como si el yo de mis diecisiete años se hubiera puesto en contacto con el yo que sería cuarenta años después y ambos hubieran establecido un diálogo trágico. No me extraña que algunas veces me deprimiera tanto en aquel espigón. Creo que el yo joven intuyó lo que le esperaba.

Estoy cambiando tanto que no me reconozco, ¡y lo que me queda! Todo está siendo puesto en solfa, hasta las nociones básicas del bien y del mal. El único consuelo que me queda es que al final voy a sobrevivir. Lo sé, siempre sobrevivo, está en mi naturaleza, y no sé muy bien por qué, al fin y al cabo la vida no merece tanto la pena, al menos esta noche Estoy tan descontrolado que ya no sé si voy o si vengo, pero al menos por el camino me entretengo.

Me asombra cómo puedo dar tanto de mí. Solo la logística de un hombre solitario que debe hacerlo todo ya me lleva un buen rato. Pero es que además escribo, aunque no en las novelas, leo, contesto correos por un tubo, diseño estrategias para alcanzar el ansiado sexo que envidiaría un maestro de ajedrez, jajá, y aún tengo tiempo para ver películas y series de televisión, para ir al cine a Valdepeñas, para dar las clases de yoga mental, para hablar con Bautista, para…Me hace gracia lo de mis estrategias para conseguir sexo, sería como si un Estado se gastara todo su presupuesto para pegarse un tiro en el pie. Jajá, esto es de risa, ya lo creo.

¿Por qué no me la corto y termino de una vez? Si hubiera empleado tanto tiempo y esfuerzo en mi evolución espiritual ahora sería un Buda y estaría en el nirvana que debe ser algo muy parecido al sexo en plan cósmico, algo así como hacer el amor con todas las mujeres del universo a la vez y repetir de forma distinta, alanzando un orgasmo infinito. Es inconcebible, pero no puedo imaginar el nirvana de otra manera.

Será una tontería cósmica, pero me está salvando la vida. Creo que ya me hubiera tirado por un barranco si mis metas en la vida fueran solo jubilarme, escribir mis novelas y viajar un poco de acá para allá. Solo el sexo, la búsqueda del vellocino de oro, me mantiene en pie, como un Jasón de pacotilla.

El signo más claro de que no he vuelto a mi ser es que no he escrito nada en las novelas. Sí, mucho ordenar documentos, manuscritos, hacer índices, pero escribir, lo que se dice escribir, ni una coma. Si no tienes amor, tómate un poco de humor y busca sexo, a ver si así te ríes cuando te hayas disparado en le planta del pie con el bolígrafo. Porque eso es lo que voy a hacer, a ver si me entra el sueño.

Momentos fóbicos y depresiones y manías y tonterías, porque ahora al menos todo me importa una mierda, ya ni me acuerdo de lo mal que estuve esta mañana y al atardecer. Ahora mismo ni sé si estoy bien o mal. Creo que el peor momento ocurrió en el espigón, escuchando las voces de mis seres queridos en mi cabeza, con las barreras del tiempo y el espacio superadas, en ese diálogo delirante entre todos mis yoes. De alguna manera también fue una experiencia mística, como si desde el plano espiritual estuviera contemplando la fugacidad de todo y lo poco que importa la vida y el sufrimiento. Las lágrimas caían de mis ojos, más bien resbalaban y ni siquiera hice el gesto de limpiarlas. Algunos paseantes llegaban, se quedaban un rato, se marchaban y venían otros. Y yo allí, mirando al mar, con los ojos húmedos y el rapto místico a punto de transformarse en un delirio, en una locura avasallante contra la que no me apetecía luchar.

No han sido unas malas vacaciones, los momentos malos pocos y superados. He vuelto a vivir la Semana Santa como a mí me gusta, con música de Bach y mirando la montaña y el mar. Puse un verdadero almacén de Bach en el pendrive del coche, junto con algo de Bruce, para los momentos de agotamiento y de sueño.

Al menos me queda esto claro, mientras lo cuento mi vida me parece una novela, surrealista, esperpéntica, pero novela. Cuando llegue al infierno no me quedará nada que contar a los demonios, ni un pecado que confesar, porque aquí está todo y la verdad es que no entiendo cómo no tiembla la Tierra y el Universo y los dioses no me han fulminado. La razón es evidente, les importo una mierda. Soy una partícula infinintesimal en un un universo infinito. Al menos estoy perdiendo la importancia personal.

Un día acabaré por contar hasta mis secretos más íntimos y angustiosos en la plaza pública, como hacían los ciegos de antaño con aquellas historias truculentas, jaja. ¡Qué fácil es perder la importancia personal cuando los demás ni te ven! Es curioso, no es la primera vez ni será la última que me siento un muerto invisible, vuelto de la tumba y que hace lo mismo que hacen los demás para imitarles, pero ellos ni se dan cuenta. Sí, es un relato a medio terminar que tengo por ahí. Una sensación que se repite una y otra vez.

Solo me resucitaría un cuerpo de mujer y eso sí sería el milagro del siglo, porque es que ni me miran, solo me piden dinero. No me llegaría ni la fortuna de Onasis para contentarlas a todas. Más vale que me sigan pidiendo dinero y no sexo, porque entonces iba a ver lo que es bueno,jaja. Esto es para troncharse y que me salgan a la vez todos los gases de la morcilla. ¡Pero si no fue para tanto! Hace siglos que no me tomo el protector de estómago. Tal vez debería volver al hacerlo.

Bueno, Cesarines, ponte serio que esto lo van a leer… Pues que se tronchen de la risa. Es increíble que en un mundo donde hay tanto amor haya tan poco sexo. Misterios de la vida…misterios de la vida.

Trónchate de una vez, a ver si se escapan los gases por el tubo de escape y puedes dormir un par de horas al menos, que mañana te espera un viaje “mú largo”.

EPÍLOGO

Después de terminar de pasar este capítulo al ordenador me quedé dormido en el sofá, ya de nuevo en casita, tras un viaje accidentado con un piloto del coche encendido y temiendo quedarme por el camino. Al menos lo pasé bien en Vitoria. Me despertó una terrible pesadilla sobre la que no quiero escribir. Solo mencionar que la vida está llena de encrucijadas y las decisiones que tomamos en ellas son kármicas. Cada vez que rompemos el camino trazado tenemos que pagar un elevado precio por el nuevo peaje.

He quedado muy tocado, lo peor de la pesadilla era la absoluta soledad en que me encontraba, como si el planeta se hubiera quedado desierto o yo me hubiera ido a otro planeta en el que la vida aún no había surgido.

ACOTACIÓN A PIE DE PÁGINA

Me ha ocurrido algo esta tarde que me ayuda a comprender el sueño. He recibido un correo que me hace pensar sino estaré actuando como el buscador del destino, buscando un final rápido en lugar de unos posibles veinte años de soledad. El destino es muy cabrón, creo que me está llevando hacia donde él quiere y por los caminos que ha elegido. No tengo inconveniente. No lucharé con él, me limitaré a disfrutar de lo que quede de vida.

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