DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XVI

4 05 2015

DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XVI

Cumpleaños Garfield

FELIZ CUMPLEAÑOS, CESARINES

Se acerca el día de mi cumpleaños y me temo que esto ya es irreversible. He abandonado todo tipo de estrategias y me voy a limitar a vivir lo que me reste de vida con el realismo que me caracteriza. He decidido felicitar a Sara por facebook, aunque sin muchas esperanzas de que me conteste. El pasado está muerto y solo queda enterrarlo.

Al menos ayer me llamó D. y estuvimos hablando un buen rato. Me pongo en su piel y debe estar pasándolo mal el pobre. Entre la espada y la pared. No me habla de ellas, yo no le pregunto e imagino que cuando habla con ellas no habla de mi y ellas no le preguntan. Es como un abismo y el pobre D. está sobre él. No sé cómo acabará esto, yo seguiré hablando con él mientras él quiera.

La recapitulación de Hondarribia o Fuenterrabia está siendo muy intensa y amplia, me llevará mucho tiempo recuperar aquellos años. No tengo prisa, poco a poco iré anotando algún recuerdo en este diario. En la libreta tengo anotado el episodio del ahogamiento en la playa. Es curioso que los acontecimientos que más afectan a nuestras vidas son los más fáciles de olvidar, o al menos de relegar al rincón de la memoria donde ponemos todo aquello que no queremos volver a ver. Creo recordar que presencié toda la secuencia. Cómo un hombre de edad media entraba al agua una tarde que había poca gente en la playa, tal vez no fuera verano-verano, tal vez fuera el único. Yo debía de estar en el espigón, donde terminábamos todos nuestros paseos. Nos sentábamos en el banco y mirábamos al mar. Es lo que hice en este viaje y todos aquellos recuerdos me impactaron como un puñetazo en el corazón. Desde allí observé al hombre entrar sorteando las olas, luego debí de mirar hacia otro sitio y cuando mi cabeza regresó a la playa ya se había producido la alarma, alguien gritando, el socorrista que entraba a por él. Yo me acerco hasta la playa. Supongo que no estaba solo, casi nunca lo estaba. Se había formado un corrillo de gente. Me sentí mal viendo aquella curiosidad morbosa. Le están quitando el aire, pensé, serán idiotas, se está muriendo y si no se muere lo matarán ellos echándose encima. Ya entonces pensaba que la naturaleza humana era una mierda y que la gente solo piensa en ella misma y vive como si no hubiera nadie más en el mundo. Al final el pobre hombre murió allí de un infarto, sobre la arena, rodeado de gente y más solo que la una. Según comentaban fue un corte de digestión, entró al agua nada más comer. Presenciar una muerte de cerca siempre impacta. Imagino que recé, porque entonces rezaba mucho y aquel episodio quedaría en mi cabeza durante muchos días.

Mi hartazgo de las estrategias números 1 y 2 me llevó a tomar una decisión tal vez un poco precipitada. Se acabaron las tonterías. Me hago un presupuesto mensual y me voy de prostitutas las veces que pueda. Dicho y hecho. Me puse a buscar teléfonos y direcciones en Internet. Esto del sexo es lo más complicado que ha parido madre, todo son líos hasta para lo más elemental. En uno de los teléfonos que aparecía en un anuncio de sexo me contesta una mujer que parece árabe, por el acento, y me dice que ella está casada y con hijos y que no quiere saber nada. Pienso que he tenido uno de mis clásicos despistes y vuelvo a marcar comprobando cada número. Nada, me sale la misma y muy enfadada, menos mal que no estaba cerca o me hubiera mordido. ¿Algún bromista repugnante puso su número en la Red para gastarle una broma pesada, o fue ella y luego se arrepintió, o el teléfono cambió de manos, o…? La vida, cuando sales de la rutina, es tan compleja que no me extraña que se me ocurriera la historia del Buscador del destino. Llamé a seis más y no me contestaron. Tachados. En uno, una profesional de Alcázar me dice que visita a domicilio. ¡Fantástico! Lo que yo estaba buscando. Pido tarifa. Vale, tampoco es muy abusiva. Tengo que ir a Alcazar, le digo si estará allí y puedo visitarla en su domicilio. Al parecer no acepta visitas en su propia casa, comprensible. Bueno, le digo, pues te volveré a llamar. Mucho me temo que será mi regalo de cumpleaños, porque no habrá otro, y tampoco muchas felicitaciones.

Una vez en Alcazar me acerco a la presentación del libro de cuentos de un cantautor de la localidad, cuyo nombre no recuerdo y ahora no me apetece consultar mis notas. El libro se titula “Cuentos para limpiarse el culo”. Nos leyó uno que me gustó. Presentó el editor con palabras muy exquisitas. Lamento decirlo pero me aburre un poco la exquisitez, me gustan más las cosas a la pata la llana, todos somos colegas y todos nos vamos a morir. Tal vez ese sentimiento profundo de la muerte hace que ahora me comporte de una manera muy extraña. Tras mi muerte sentimental he resucitado como un hombre nuevo. Todo lo que me sucede es como si me lo regalaran, pero también como si me lo fueran a quitar mañana. Hay que vivir el instante, hay que disfrutar de la vida. Me importa un bledo lo que piensen de mí, he dejado de actuar y de vivir de cara a la galería. Es como si a la luz de la muerte las perspectivas cambiaran tanto que no puedo seguir siendo el mismo y haciendo las mismas cosas. Pude ver de nuevo a P. y saludarla con la mano. Tal vez en otro momento me hubiera acercado a darle un beso en la mejilla, pero estaba demasiado fóbico y de verdad que me da un poco de miedo hablar con ella tal como estoy. Es una mujer casada y ahora mismo a mí me importan un bledo las conveniencias y mi concepto de bien y mal ha evolucionado, ha cambiado mucho. Creo que mejor dejar las cosas como están y no forzar nada. Eso sí, me llegó un correo para participar en el concurso de cartas de Sancho Panza a Teresa Panza y lo voy a hacer. Me apetece ponerme en la piel de Sancho y no tengo el menor problema con que pueda resultar premiado. Que le den a la fobia, ahora que lo he perdido todo no me voy a perder cosas importantes en la vida por esa mierda de bloqueo psicológico.

Estuve rumiando la posibilidad de probar cómo funcionan los puticlubs de la zona antes del cumpleaños. Me gustaría que la profesional viniera a casa, más íntimo y cómodo, pero por si no pudiera decidí ver si los famosos puticlubs de carretera de mis tiempos juveniles han cambiado tanto que no los reconozco. Me costó tomar la decisión y lo pasé mal. Estuve en el parque de los Alces, dando un paseo y me fumé un pitillo. Me planteé dejarlo para otro día porque había comido un plato de fabes con almejas, como dicen en mi tierra, Asturias, y ya sabemos lo que pasa luego. Es increíble lo fácil que le resulta al guerrero impecable tomar decisiones. Además todo en mi vida ha cambiado tanto que ya no puedo actuar como actuaba antes. No tengo que pensar en la familia, ni en la gente, ni en el qué dirán. Y cuando lo hago me troncho de la risa. Estoy solo, a nadie le importa una mierda lo que me pase, soy un enfermo mental y cada vez que salgo a la palestra es como si luchara contra los gigantes-molinos-de-viento de D. Quijote, algo descomunal. Estoy solo en mi apartamento y lo estaré hasta que me de algo. ¡Qué demonios mi importa la sociedad, la gente, lo que digan, lo que piensen, que me lean, que no me lean, mi imagen, lo que ha sido mi vida, lo que será! Todo está muerto y este muerto ha resucitado y ahora vuelve a vivir como si le hubieran dado una última oportunidad. ¿Qué tengo que irme de putas? Pues me voy de putas. ¿Pasa algo?

Y lo hice… ¡vaya si lo hice! No me reconozco. Un episodio tan surrealista como esperpéntico, como placentero, como pornográfico, como… como propio del relato que escribiré en su momento. Con un poco de ficción, un recorte aquí y otro allá, es una historia perfecta para un relato erótico, para un relato de novela negra, para las dos cosas… Todo fue mejor de lo que esperaba, pero no me convence. Prefiero una tarifa cerrada, un lugar privado, en su casa o en la mía, dejar de pagar copas a lo tonto, que cuestan un pastón, dejar de escuchar esa cantinela de que puedes estar otra hora y otra y otra más si metes la tarjeta en el agujero. Vale, no tengo alternativa, si quiero sexo tengo que pagarlo, pues lo pagaré, no pasa nada. Vivimos en una sociedad capitalista, consumista, hedonista, corrupta, cabrona… Pues si tengo que pagar, pago, pero con cuidado. Esta puta sociedad ahora nos va a obligar a los singles a cortarnos la manguera porque solo la podremos utilizar para regar los parterres. Juro que lo he intentado todo. He ido por el lado romántico y lírico, me he sumergido en las páginas de contactos como en arenas movedizas, me he dejado timar, he diseñado estrategias… Todo inútil. Estoy en una sociedad tan puritana como en los tiempos del puritanismo, tan hipócrita como en los tiempos de los sepulcros blanqueados, tan mezquina y miserable que en lugar de regular la prostitución nos va a multar a los clientes por pagar por un sexo que no podemos conseguir de otra manera. Me iría con Milarepa al Tibet, pero aún no me ha llegado la jubilación.

Nada, si tengo que enfrentarme a esos gilipollas que han decidido que me van a poner una multa por echar un polvo cuando ellos están de mierda corrupta hasta las cejas… pues que me enfrento, chicos. Y allá que me fui y allá que superé la fobia y el miedo del cuerpo y el miedo del alma… Y tuve más suerte de la que esperaba. Todo bien, solo que mi presupuesto es el que es y no estoy yo para invitar a una copa y otra y otra o para aguantar ese acoso descarado de pagar otra hora más y otra… Nada, tarifa cerrada y en su casa o en la mía. Cuando uno tiene las ideas claras solo necesita dinero, porque la voluntad la tienes.

¿Y qué me dices de dónde te estás metiendo? Pues no lo sé. Como le dice don Juan a Castaneda, él le aceptó como discípulo, no porque le gustara un hombre con tantas dudas, que toma tantas notas, que se autocompadece tanto, sino porque el Espíritu lo había puesto en su camino y cuando eso sucede un chamán, un maestro, un hombre de conocimiento, un guerrero, no puede huir y dejar allí tirados los encargos del Espíritu. Yo no he buscado ser un maestro de yoga, ni convertirme en una referencia para mis hermanos los enfermos mentales, pero si alguien viene a mí me encontrará con los brazos abiertos y si tengo que tomar decisiones, las tomo.

Es que soy la repera limonera. Hace una semana le puse a Milarepa, pobre santurrón, un calcetín usado, con fuerte olor a queso, en su cráneo mondo y lirondo. Le dije, Milarepa, Milarepita, estoy harto de que me pongas tantos obstáculos en el camino. Si tengo que irme de putas me voy de putas. Si tengo que hacerme un putero o putañero o como se diga, me hago y santas pascuas. Si tengo que hacerme un hombre malo, sabes que me haré un hombre malísimo, me conoces bien. Así que, Milarepita, maestro bondadoso, tú verás lo que haces. Y allí dejé el calcetín sobre su cráneo. Y de pronto tengo que intervenir como maestro espiritual de emergencia o bombero de guardia ayudando a una hermana que está en crisis y se está pensando lo que yo pensaba tanto en mi juventud. Pues nada, que voy y hago lo que está en mi mano. Y conozco a una amiga y a su madre y me erosiono emocionalmente porque ahora ya no me importa erosionarme.

Y de ahí van surgiendo cosas, y la amiga que me gusta mucho solo quiere amistad, pero me promete que me presentará a una amiga suya y me la presenta e incluso hace de carabina y vivo unas extrañas y curiosas experiencias que nunca imaginé que viviría. Y la mujer es mormona y no me importa hablar con ella de religión y prometerle que iré a la iglesia mormona. Y todo lo que antes estaba fuera de mis límites ahora está todo dentro y lo que nunca me atreví a hacer ahora lo hago. Y todos los caminos están abiertos y mi vida ha tomado un rumbo impredecible. Y no puedo decir que cada día sea una sorpresa, porque no lo es pero casi y algún día mirará hacia atrás y me alegraré de haberme transformado en un guerrero impecable, porque de otra forma estaría muerto o revolcándome en la basura. Ahora tengo la dignidad del guerrero, todo resulta más fácil, soy más libre, soy más feliz y espero que los años que me queden sean plenos y llenos de experiencias vitales, de vida, de verdadera vida y no esa maldita cárcel de papel en la que uno no puede hacer nada porque le señalan con el dedo o ensucian las paredes con su sucios garabatos de gente impura. Porque todo es puro para los puros, dijo San Pablo y ama y haz lo que quieras, dijo San Agustín. Y por eso no me siento impuro aunque visite prostitutas y por eso intento amar cada día porque eso es lo único que me atrae de la vida.

Y Diana cazadora me llama a veces y me hace muy feliz de que vaya tomando confianza y se atreva a llamarme. La pobre sufre lo que sufren los proletarios del mundo en esta maldita sociedad capitalista. No encuentra trabajo y el que encuentra es una explotación. Y su problema con el habla le pone aún más obstáculos. Pero sigue luchando, como una guerrera impecable. Y nada me gustaría más que terminar mi vida dejando atrás un ejercito de guerreras impecables. Porque los guerreros son otra cosa, como Castaneda, demasiado racionales, anotadores, demasiado autocompasivos consigo mismos. Las mujeres dan más cariño. Pero guerreras o guerreros mi camino está trazado. No será fácil y me esperan jornadas terribles, pero cuando emprendes el camino de la libertad, cuando vuelas por los cielos como un pájaro, como un águila, las minucias y tonterías de tu vida anterior se convierten en algo estúpido como encerrarte en una cárcel de papel y tirar la llave. Libre para vivir, libre para amar, libre para ser un guerrero. Y día a día el camino se ensancha. Y lo que quedó atrás no está muerto porque está recapitulado y quien amó en el tiempo amó para la Eternidad y nada muere para siempre porque la Eternidad lo recapitula todo.

Un día feliz. Puede que no lo sea tanto el día de mi cumpleaños. Puede que todo el sexo que consiga sea mercenario y todo el amor lo tendré que sacar de mi interior, pero ahora sí, ahora no puedo explicarme tanto miedo, tanta fobia, tanta mentira, tanta manipulación, tanta hipocresía, tanta marginación, tanto acoso. ¿Cómo es posible que esta sociedad sea la mierda que es cuando sería tan fácil construir una nueva sociedad, más fraternal y espiritual? La nueva Jerusalén está al caer y no seré yo quien la rechace.

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