LAS HISTORIAS DE BAUTISTA VIII

11 05 2015

LAS HISTORIAS DE BAUTISTA VIII

DEL INFIERNO AL CIELO

Antes de visitar como se merece el psiquiátrico de Alcohete, en Guadalajara, donde Bautista internó a su primo, sacándolo del infierno de Ciempozuelos, hagamos un alto para situar cronológicamente los acontecimientos y para clarificar y colocar cada una de las piezas del puzzle.

Como hemos contado Bautista tiene solo dieciocho o diecinueve años cuando se tiene que hacer cargo del problema de su primo, a quien hemos llamado el hermano mayor en estas crónicas. Pasa con él un verano y cuando regresa a sus estudios en Ciudad Real el hermano mayor es internado por sus padres en el psiquiátrico de Ciempozuelos. Allí Bautista le visitará como defensor judicial y tutor. A pesar de su juventud se consideró que era la persona más adecuada para desempeñar estos cargos. En su momento veremos cómo esta cualidad de hombre de paz, de hermano mayor, de anciano sabio es un don que le acompañó desde niño. El no sabe muy bien cómo explicármelo, sencillamente así ha sido él toda su vida.

Tras el trágico episodio en el que un grupo de enfermo mentales capa al hermano mayor Bautista decide buscar un sitio mejor para su primo y tras buscar aquí y allá lo encuentra en el psiquiátrico de Alcohete, en Guadalajara. Mientras tanto en la vida de Bautista habían ocurrido cosas muy importantes. A la muerte de su padre deja los estudios para hacerse cargo de la familia, como su cabeza visible. Abrirá una tienda de decoración y cuidará de las fincas heredadas, entre las que se encuentran unas viñas que aún cultiva, como lo sé muy bien porque me ha regalado algunas botellas de vino.

Estando el hermano mayor en Ciempozuelos al hermano menor, llamémosle así, se le manifiesta también la enfermedad. Sobre el hermano menor contaremos muchas cosas en su momento. Ahora intentaremos pintar el cuadro general de lo que fue la vida de Bautista durante aquellos años y sobre todo esbozaremos una historia general de Alcohete, antes de comenzar a narrar la historia del hermano menor, tan triste como dramática, tan apasionante como anodina.

Mientras el hermano mayor se aclimata en Alcohete la vida de Bautista sigue más o menos los siguientes derroteros:

-Fallece su padre por lo que tiene que dejar los estudios y convertirse en cabeza visible de la familia. Abrirá una tienda de decoración al tiempo que se ocupará de las fincas heredadas, entre ellas viñedos, lo sé porque ha tenido a bien regalarme algunas botellas de vino de su cosecha.

-Al manifestarse la enfermedad del hermano menor Bautista se hará cargo de él. Será una especie de padre, de hermano menor, y cuidará de él como de un hijo. Para mí ha sido una historia tan aleccionadora sobre el enfermo mental y cómo debe de ser tratado que me voy a regodear en ella hasta sacarle todo su jugo.

-Bautista encontrará a Maria-Luisa, el amor de su vida, habrá noviazgo, habrá matrimonio y llegaran los hijos, cinco. Mientras transcurre su vida familiar y laboral este hombre incansable tendrá tiempo para visitar al hermano mayor en Alcohete, para ir poniendo los cimientos de lo que será su fundación Madre y estructurar toda una vida dedicada a los enfermos mentales.

Creo que es conveniente que en este momento describa en paralelo por qué derroteros transcurría mi vida, porque es una muestra clara de lo que las fuerzas poderosas pueden hacer cuando desean que dos personas se encuentren o cuando establecen que hay una misión que cumplir y casi te ponen el yugo en el cuello y tu libertad de elección se convierte en una cuestión más teórica que práctica.

Bautista y este narrador que pretende ser humilde y pasar desapercibido sin conseguirlo se deben llevar unos trece o catorce años. Podría saberlo si consultara mis notas o se lo preguntara a Bautista, pero estos detalles para mí son muy poco importantes y no me compensan del esfuerzo que supone buscar un párrafo en mis anotaciones o el momento de la grabación correspondiente. Teniendo en cuenta este año podría establecer una cronología en dos vidas curiosamente y extrañamente paralelas de la siguiente forma:

-Cuando Bautista descubre la enfermedad mental y toma la decisión de cuidar se su primo, a quien estamos llamando hermano mayor, este narrador tendría tres o cuatro años, residía en un pueblecito de montaña y el acontecimiento más importante de su vida en ese momento fue la muerte de su perrita Tula, atropellada por un camión y cuyo recuerdo bloquearía de tal forma que solo mi madre lograría despertarlo hablándome de ello.

-Mientras Bautista asume la jefatura de la familia, establece su negocio de decoración, visita al hermano mayor en Alcohete, cuida del hermano menor que permanece con él en la tienda durante los días laborables, se echa novia, se casa y tiene sus cinco hijos, este narrador ha entrado en el colegio religioso y comienza a cursar sus estudios, de bachillerato elemental primero, luego de bachillerato superior, para rematar con los estudios que hacían entonces quienes deseaban ser frailes y sacerdotes, antes de iniciar propiamente el noviciado, durante el cual se prometían los votos provisionales de pobreza, castidad y obediencia.

-Mientras yo vivía como podía y sobrevivía gracias a las fuerzas poderosas Bautista se dedicaba a su misión de hermano mayor o gran hermano de los enfermos mentales. Nuestras vidas transcurrirían tan separadas e ignotas una de la otra que nadie, salvo las fuerzas poderosas, podía prever que ambos caminos se juntaran de manera fortuita. Tal vez pueda achacarse a un exceso de imaginación por mi parte o a uno de esos delirios proféticos y salvíficos a los que somos tan propensos los enfermos mentales, pero lo cierto es que por mi parte acabo de asumir con absoluta naturalidad la herencia de Bautista y estoy poniendo los cimientos de un trabajo que ignoro hasta dónde me llevará y las consecuencias que tendrá, en mi vida y en la de otros, pero no tengo la menor duda al respecto. Es un acto de guerrero impecable, que no admite la menor duda.

EL CIELO DE ALCOHETE

Es una gozada escuchar a Bautista a hablar de Alcohete, es como si se le iluminara la mirada tras las gafas, sus gestos se hacen más amplios y su voz se hace enfática, casi reverente. Imagino cómo debió de ser encontrarse con el cielo de Alcohete tras haber pasado, aunque fuera de refilón por el infierno de Ciempozuelos. Creo que sería conveniente colocar unos datos al costado de los otros para darnos cuenta de cómo era el infierno y el cielo para un enfermo mental en aquella época.

CIEMPOZUELOS ALCOHETE
Mas de 2000 hombres y 2000 mujeres Poco más de 200 hombres y mujeres

Poco más de 100 cuidadores Poco más de cien personas para cuidarles

Un psiquiatra, o dos, y algún psicólogo Un psiquiatra, luego dos, algún psicólogo

¿Quién era el director de Ciempozuelos? Un padre, hermano, amigo, une persona entregada

Los cuidadores “cumplían” distantes, carceleros sin desearlo. Los cuidadores eran amigos, hermanos, familiares, gente
Próxima, cercana, seres humanos.

La cárcel y el infierno. El cielo del cariño y el afecto.

Voi quie entrati lasciate omni speranza
Vosotros que entráis abandonad toda esperanza De lo malo-malo, aquí nos tienen cariño.

¿Trabajo? ¿Qué es eso? Los locos no trabajan. Talleres ocupacionales. Autoestima alta

Medicación como pienso, para dormir al ganado. La mejor terapia es el cariño. Trabajo para la autoestima, la
Medicación como complemente.

De aquí solo se sale con los pies por delante Aquí no hay vallas ni puertas cerradas y si alguien se pierde se

le Busca. Excursiones. Es una residencia más que una
cárcel.
El enfermo mental es un error de la naturaleza,
Ocultémoslo lejos de las miradas de los “normales”. El enfermo es un cliente, como dice Bautista, y puede exigir un
Buen trato. Eres un enfermo y no un monstruo.

Nadie quiere estar en el infierno. Dicen que en el cielo no hay quejas, al menos que
conozcamos.

Este esquema será desarrollado a lo largo de la historia de Alcohete. Por desgracia, según me cuenta Bautista, el hermano mayor ya estaba perdido en su mudez y en su mundo subjetivo y personal y no pudo ser recuperado. En Alcohete siguió mudo, continuó visitando París, viviendo su vida al margen de todos y de todo. A mí no me sorprende. Si me hubieran capado, sacado un testículo con un cuchillo o una lata afilada yo también viviría en mi mundo y muy feliz de no tener que volver a éste. Si bien en mi juventud residí una temporada en el infierno, un infierno que no me atrevería a calificar de “peor” que el de Ciempozuelos, pero para mí lo fue, puesto que estuve en él, sí puedo decir que no me perdí en los lejanos horizontes de la mente, a donde nos escapamos los que ya no aguantamos más esta “mierda infecta”. He regresado, aunque me resulta imposible ocultar el miedo a los “otros”, superar las manías y fobias, las ideas obsesivo-compulsivas. Estoy convencido de que ha sido un error luchar contra ello, intentar ocultar mi condición, intentar engañar a los demás como si fueran “tontos”. Soy como soy, soy quien soy, para mí es mucho más cómodo que los demás sepan de mi condición y decidan que pasarme la vida en una interpretación extenuante de “persona normal” de “alguien como los demás”, de… Soy como soy, soy el que soy, como le dijo Dios a Moisés en la zarza ardiente. Yo no soy Dios pero soy una chispa suya, por eso no me avergüenzo ni me pienso avergonzar ya, nunca jamás, de enseñar mis vergüenzas a todo el mundo. Pues sí, chicos, chicas, esto es lo que llevo bajo los pantalones, todos sabemos lo que hay, solo que vosotros vaís vestidos en público y yo desnudo. Me gustaría ponerme un poco de ropa, pero lo lamento, no puedo, así nací y así moriré.

Esta mañana he hablado con el psicólogo de este ayuntamiento, donde trabajo. Una persona amable que aceptó que yo le hablara de cómo soy y soportó las consecuencias maniáticas de mi fobia. Cuando estoy nervioso, estresado, miedoso, me suelen pasar estas cosas. Me enseñó los locales del ayuntamiento que no conocía y que me encantaron. Ahora solo hay que organizar las clases. Pronto tendré mi propio circuito de “rallies”, solo que en este caso es un “rallie” delirante, un enfermo mental conduciendo el coche donde van otros enfermos mentales, y a toda velocidad, sin dudar, sin arrepentirse. Es posible que nos la acabemos dando y no será tan divertido como en una película muda. Un choque de frente contra un árbol nos puede catapultar a todos sobre las copas de los árboles. Pero no importa. Chicos, chicas, así somos nosotros, o lo tomáis o lo dejáis. Una de las mayores dificultades con las que me encuentro es la reticencia de mis hermanos a dar la cara, a decir que son enfermos mentales, a asumir su condición e intentar vivir la vida lo mejor posible. No, me dicen, yo no soy un enfermo, soy una persona con una “sensibilidad” superior al resto. Yo no soy un enfermo, soy una persona que “provisionalmente” está pasando una mala época, ha dejado de trabajar, me han incapacitado, no soy capaz de relacionarme, me da vergüenza salir y que me señalen con el dedo, que se burlen de mí. Quieto, Cesarines, yo no soy un enfermo mental. Lo siento, llámame X. Pues vale, hermanos, os llamaré X, pero eso no arregla nada. Como le acabo de decir a un hermano al que llevo escribiendo correos durante unos días: Cada cual vive su vida, elige su camino, los guerreros impecables también lo hacemos, vivimos nuestras vidas, solos si es necesario, elegimos nuestro propio camino, hacemos lo que tenemos que hacer cuando hay que hacerlo… Pero, querido amigo, querido hermano, antes o después tendrás que enfrentarte a lo que eres, a tu problema, sea el que fuere, llámalo como quieras… o tu vida no tendrá sentido.

El circuito ya tiene dos paradas, Campo de Criptaza y Membrilla. Es posible que se le pueda juntar Valdepeñas y luego… Hermanos, salgamos de nuestros agujeros, abandonemos nuestras cloacas. Tenemos derecho a vivir y a ser felices. Demos el primer paso.

Y en el siguiente capítulo continuaremos con la historia de Alcohete.

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