DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XVIII

22 05 2015

DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XVIII

EL HUNDIMIENTO DEL TITANIC

Lo achaco a la mala salud que me aqueja desde hace quince días. Esta primavera no está siendo buena para mí, la úlcera dando guerra, he tenido que ir a por protector de estómago, y además la alergia en carne viva, no sé si es una mala primavera o es que yo tengo las defensas muy bajas, que pudiera ser porque las tragedias de la vida siempre nos dejan las defensas bajas. A pesar de ello el puente viajé, arriesgándome a terminar en urgencias, lo que hubiera sido muy posible. Y este fin de semana estoy en el apartamento, derrengado, al menos anoche dormí más de doce horas, me he levantado muy tarde.

Justo antes del puente me hundí como el Titanic y no creo que fuera solo el mal estado de salud. Hay algo más, mucho más, una especie de replanteamiento integral de mi vida que me ha llevado a un estado de ánimo muy desesperado. Todo se he venido abajo, incluso mi filosofía del bien y del mal, creo que ya solo me queda, básicamente, la esencia de las enseñanzas de Milarepa, en todos nosotros hay una chispa divina, y la filosofía del guerrero impecable, todo lo demás está sujeto a revisión. El libro que acabo de terminar, El cuerpo astral, me ha revuelto mucho, aparte de confirmar muchas de las ideas que ya tenía sobre el más allá y que están bien expresadas en los relatos esotéricos, concretamente en el Verdugo del karma. Ahora estoy con el Doble etérico, del mismo autor. Intuyendo cómo son las cosas en el más allá se me han quitado todas las ganas de suicidarme, si es que aún tenía alguna. Cualquier cosa que haga aquí, menos transformarme en un asesino en serie, un violador, una bestia parda, un bicho malísimo, es algo aceptable si lo comparo con lo que me esperaría en el más allá tras un suicidio. Lo tengo tan claro que eso me impulsa a tomar decisiones que de otra forma me costarían mucho. No importa lo que haga, siempre que no atraviese la línea roja, sin duda será mejor que dejarme hundir como el Titanic y terminar en un infierno gélido.

El hundimiento fue tan brutal que solo quedaron mis piernas andando, a cámara lenta, en una metáfora muy aceptable de mi estado de ánimo. Mis piernas dando pasitos en el camino de la vida y el resto desconectado, como si ya no estuviera aquí. Soy un muerto viviente, un zombi, así me siento. Casi tiro la toalla, casi me dejo hundir hasta el fondo del abismo, hasta profundidades abisales. Aún así ahora soy un guerrero impecable y eso me salvó. Un guerrero impecable sigue dando brazadas aunque esté en el fondo del océano, sin respiración, sin oxígeno, una brazada tras otra, un golpe de pie tras otro. Eso me salvó, porque el hundimiento fue total. En ese infinito abismo comprendí lo fugaz que es la vida, pero sobre todo lo fácil que es transformarse en malo, muy malo, malísimo, en un bicho infernal. Solo tienes que dejar de pensar en los demás como chispas divinas y entonces solo te queda ser lo suficientemente astuto para que no te pillen, todo lo demás está permitido. Algo así como Dexter, cuya serie estoy terminando de ver. Gracias a A. que me ha surtido de varias series, muy buenas, que me están ayudando a pasar el tiempo durante estos meses aciagos.

Cuando todo pasó, cuando salí a la superficie y respiré el aire gélido del polo, mi filosofía de la vida había cambiado tanto que no me reconocí. Lo que sea, haré lo que sea, para seguir vivo. Me dije como una promesa, como un juramento eterno. Nada ni nadie es tan importante como para que yo me suicide. Solo un acto heroico de amor espiritual e infinito hacia otro ser humano haría aceptable algo así, y no creo que eso ocurra nunca. Soy una chispa divina tan digna de la felicidad eterna como cualquier otra chispa. No me arrojaré a la basura, miraré a los ojos de cualquiera con la dignidad de un ser divino, haré lo que tenga que hacer. Y de esta forma el Titanic fue reflotado y la vida sigue día tras día. Con las estrategias número 1 y 2 enterradas, aunque daré unas paletadas para desenterrarlas, cuando sea preciso, la estrategia número 3 sigue su camino, paso a paso. Aún no tengo una rutina, aún no he conseguido lo que buscaba, una profesional para tener el sexo que sea posible, pobre, poco, pero algo. Lo ideal sería una profesional a domicilio, que me gustara y a la que solo tuviera que llamar para quedar. Una o dos veces al mes, si fuera posible alguna más, y dejaría resuelto el tema del sexo, al menos mientras no sea posible otra cosa, y podría dedicarme a llevar una vida normal, a escribir mis novelas. El que no lo consiga es el signo más evidente de que no estoy bien y de que tardaré en estarlo.

La entrevista con las dos chicas mormonas fue un desastre. Estaba hundido, aún con la resaca del Titanic. La fobia se apoderó de mí, pero no salí corriendo, un acto de guerrero del que estoy muy orgulloso. A solas los tres, con la morena y la rubia, sentí la tentación de mandarlo todo a paseo, de ser sincero hasta el tuétano de los huesos y decirles que su religión no me salvaría, que no me iba a convertir al mormonismo, que solo si ellas me daban sexo y cariño me salvarían. Solo eso, no pido más, ni que recéis por mí a Dios durante toda la Eternidad, ni que me bauticéis como en el Jordán, ni en una piscina de plástico, por inmersión, ni que me aceptéis entre los elegidos en el camino hacia la nueva Jerusalem. No, a mi me basta con un poco de sexo, un poco de cariño. Un trío aquí y ahora, dulce, cariñoso, sin pensar en el pecado o en la condenación. Yo estaré condenado sin sexo, ¿por qué no me lo dais? ¿Pensáis que Dios os condenará al infierno si me salváis la vida, el alma, con un poco de sexo? ¿Qué concepto tenéis de Dios? Muy pobre, muy triste. Fue algo penoso observar sus terribles dificultades para atraerme a Dios a través del libro mormón, de la Biblia. Me hubieran convertido con un beso, desnudando sus cuerpos y amándome como yo las amaba a ellas. Pero no, eso es pecaminoso. Es lo que quiero de vosotras, es lo que podéis hacer por mí. Pero todos quieren salvarnos dándonos lo que no hemos pedido, lo que no queremos. A los enfermos mentales, a los locos nos salvaría un poco de cariño, pero eso es pedir demasiado porque nadie está dispuesto a dar cariño y menos gratis. Sí, nos pueden dar la Biblia, el libro del Mormón, nos pueden escuchar un rato, poco, nos pueden decir todo lo que tenemos que hacer si queremos curarnos, salvarnos, nos pueden sonreír, como diciéndonos, ¡qué idiotas sois!, tenéis la salvación a tiro de piedra, es ese camino que os señalo, yo soy la verdad, la luz y la vida y el que cree en mí no morirá para siempre. Vale, pero dame un poco de sexo, un poco de cariño, es lo que necesito, aquí y ahora. Pues no, eso no, eso es caca, niño malo. Renuncia al sexo pecaminoso y conviértete. El camino de la verdad te espera.

No, no se lo dije, aunque lo pensé. Eso sí, luego les hice el saludo budista y les pedí perdón por mis ofensas de pensamiento, palabra y obra. Fue un espectáculo bochornoso para mí, estaba más atento a sus pechos y a sus rodillas, si es que era capaz de verlas bajo aquellas faldas negras y largas que a su mensaje salvífico. Alguien puede pensar que actué como un cínico manipulador, desvergonzado, pero no es así. En realidad fui porque sentía curiosidad por las razones que alguien tenía para haberlas puesto en mi camino y por conocer a qué venía aquel sueño tan extraño que tuve hace algunos años, tal vez tres o cuatro, en el que me veía flotando en un universo vacío y de pronto aparecían varias falanges humanas que se movían, en perfecta formación militar hacia alguna parte. Yo me acercaba, curioso, y les preguntaba quiénes eran y a dónde iban. De sus respuestas deduje que eran mormones. Fue un sueño tan curioso que lo anoté meticulosamente y me pregunté a qué venía todo aquello. Yo no las busqué, fueron ellas las que me buscaron e invitaron a la salvación. El hecho de que mi salvación no estuviera en sus manos, sino en sus cuerpos desnudos y hermosos, creados por Dios para algo más que para transmitirme un supuesto mensaje salvífico, no tiene importancia. Muchos creen que Dios habla a escogidos para que les transmitan el mensaje y no lo ponen en entredicho, no se preguntan por qué Dios ha podido a elegir a algunos y no a ellos, por qué no puede hablarles desde su interior y elige a guaperas como John Smith para ser sus mensajeros, en lugar de elegir a los últimos entre los últimos, como somos los enfermos mentales, según la enseñanza evangélica, “los últimos serán los primeros”, para transmitir su santa palabra. Yo no puedo creer en un Dios tan injusto, tan “tonto”, si se permite la blasfemia. No puedo creer en un Dios que en lugar de hablarnos desde nuestro interior, donde habita su chispa divina, lo hace dictando supuestos libros “divinos” a personas que no entregan su vida para salvar a sus hermanos, que no ofrecen sus cuerpos divinos para salvar a quienes necesitan un poco de sexo. No lo entiendo, y por eso nunca me convertiré al mormonismo, ni al catolicismo, ni al luteranismo, ni al islamismo, ni a nada que me proponga creer en palabras divinas dictadas a otros y no a mí, desde el fondo de mi consciencia.

En algún momento tendré que decirles la verdad, que no me voy a convertir al mormonismo, que cejen en sus misiones salvadoras, y que no les voy a pedir lo que realmente necesito , en respuesta a su conocida frase de “qué podemos hacer por ti”, porque lo que vosotras, hermosas y dulces mormonas, mensajeras divinas, lo que vosotras podéis hacer por mí, aquí y ahora, es darme un poco de sexo, de cariño, entregarme vuestros cuerpos para que yo reverencie a Dios en ellos, para salvarme, para redimirme. No lo haréis nunca, ni aunque yo jurara casarme con vosotras dos y con una docena más de mormonas. No lo haréis nunca porque el cariño está por encima de vuestras expectativas de sacrificio por los seres humanos, porque teméis tanto la vinculación del sexo que no os vais a vincular conmigo, ni para salvarme. No soporto a quienes me ofrecen todo, todo, absolutamente todo para convertirme, para llevarme al buen camino, para redimirme de mis muchos pecados, menos sus cuerpos hermosos, menos su cariño divino. Si tanto amáis a Dios, si tanto me amáis a mí, que soy hijo de Dios, no puedo entender por qué me negáis la hermosura de vuestros cuerpos y el cariño de hermanas, de amantes, de dulces ángeles del señor. Seríais capaces de ofrecerme vuestro plato de comida y quedaros sin comer, sois capaces de ofrecerme vuestro tiempo de profetas, escucháis mis palabras blasfemas, me decís que los enfermos mentales también somos hijos de Dios, persistís en conducirme al buen camino, casi a cualquier precio, pero no me dejáis besar vuestras castas mejillas, ni me ofrecéis un dulce beso en la boca, ni estrecharéis vuestros pechos contra el mío, porque eso es demoniaco. Creo que antes me convertiría a la Biblia negra del infierno si las demonias me permitieran besarlas en la boca, estrechar sus cuerpos desnudos contra el mío, estremecerme en el orgasmo más demoniaco, solo para convencerme de que su Biblia negra es realmente la palabra de Dios. Creo en quien me ama ofreciéndome lo que necesito, no lo que necesita él para quedarse tranquilo con Dios, no en quien me ofrece su pan y su agua pero no es capaz de ofrecerme su alma en la unión de los cuerpos. Estoy convencido de que en este planeta de nuestros pecados habría mujeres capaces de perder su vida por la salvación de mi alma, de entregar sus hermosos cuerpos al tormento para redimirme, pero no serían capaces de entregarme sus cuerpos desnudos para el amor carnal. A pesar de lo que dice Milarepa, de que el sexo es lo más vinculante que existe, sigo sin entender a quienes pretenden salvarme de la condenación eterna, de mi enfermedad mental, pero no pueden darme lo que realmente me salvaría aquí y ahora, un poco de sexo, un poco de cariño. Hay algo terrible e inhumano en la incapacidad para el sexo que tenemos los seres humanos. Si yo fuera Lucifer, Luzbel, Satanás y tratara de corromper a la especie humana, de alejarla de Dios para siempre, no les invitaría, en forma de serpiente, a comer de la manzana del árbol de la ciencia del bien y del mal, me presentaría ante ellos como un ángel de luz, con un sexo resplandeciente, y les diría, jamás comáis de este fruto, jamás, porque os hará libres.

Creo que ya va siendo hora de que deje atrás esta etapa de buscador del destino, de suicida por mano interpuesta, para que regrese a la vida normal que alguna vez tuve. A pesar de la curiosidad que siento por saber qué había de verdad en mis sueños “mormones”, de aquel bautismo por inmersión en la piscina de plástico, de aquellas excursiones campestres, de aquellos bailes con las hermosas mormonas sudamericanas, no puedo seguir jugando con el destino a las canicas. Respeto sus creencias, como respeto a la chispa divina que hay en todos nosotros, como respeto esa entrega generosa para la salvación de los hermanos, como respeto su ingenua forma de ver la vida, pero no creo que deba continuar aceptando todo a cambio de una palabra o un momento de compañía. Un guerrero impecable está solo a la hora de librar sus batallas y se acercan guerras terribles. Estaré solo, pero no voy a renunciar a mi alma diamantina de guerrero para tener un poco de compañía.

Borracho Homer

Esta noche sería un buen momento para volver a emborracharme, pero no puedo permitirme más debilidades. El último sábado que me dejé llevar por ellas me bebí varios guisquis escoceses en el apartamento, con hielo, mientras veía una película en la televisión. Terminé como un zombi, de hecho me fui a la cama con las manos por delante para no tropezar no alguna pared invisible. De hecho caminé como un zombi, a cámara lenta, riéndome a mandíbula batiente, dejando que la cabeza se fuera a donde quería y lanzándome sobre la cama a plomo, como un leño roncador, en lo que me convertí a continuación. Dormí como un tronco y al día siguiente no tenía ni pizca de resaca. Pero los enfermos mentales no podemos permitirnos estas debilidades, son puro veneno. Ya he tenido bastante con dos borracheras, la dulce de pacharán y la zombi del escocés. Creo que es mejor el sexo mercenario, por muy degradante que sea. Dios perdonó a la Magdalena y se enfrentó a los fariseos, quien esté libre de pecado que arroje la primera piedra. Ellas no intentan salvarme entregándome sus cuerpos, solo piden a cambio un estipendio, pero me dan más de lo que nadie me ha dado para mi salvación. Es increíble que lo que nuestra farisaica sociedad considera como lo más degradante del ser humano sea lo único que puede atenuar la angustia de un enfermo mental, el mejor antidepresivo y antipsicótico del mercado, pero no nos lo recetarán nunca. ¡Maldita hipócrita sociedad!

He cerrado el cursillo de yoga mental por falta de asistencia. No creo que en M. el ayuntamiento esté interesado en el proyecto después de las elecciones. Algunos hermanos que habían contactado conmigo a través del blog han dejado de escribirme en cuanto les he dicho claramente que de nada sirve autocompadecernos, lamentarnos y echar las culpas a esta mierda de sociedad, tenemos que actuar, los actos son los que hacen a un guerrero impecable, los actos nos permitirán superar el miedo y tener una calidad de vida aceptable. Escondernos en las cloacas solo nos convertirá en ratas. Han preferido seguir escondidos. No es que esperara mucho más, los enfermos mentales somos así, tenemos más miedo de que nos llamen locos de que nos aticen un garrotazo en la cocorota. Si fuera político me sentiría derrotado, si buscara el halago y la fama esto sería el fin de todo, pero soy un guerrero impecable, no busco nada, no espero nada, solo hago lo que tengo que hacer. Ayer hice esto, mañana haré lo otro, no intento salvar a nadie contra su voluntad, no soy un profeta, quien me busca me encuentra, escucho a quien quiere decirme algo, tengo paciencia con mis hermanos porque yo sé que otros la tuvieron conmigo, cerraré el quiosco si hay que cerrarlo, lo abriré si hay que abrirlo, nada importa sino seguir viviendo como un guerrero impecable.

Aún no he superado la línea roja de mi protocolo de enfermo mental. La higiene, el orden, la limpieza, la logística, van mal porque yo estoy mal, ya mejorarán. Las relaciones interpersonales son lo que son. Me he dejado llevar por la fobia cuando no podía más. No me arrepiento, no miro atrás, ahora mismo lucharía contra la fobia, sino lo hice ayer fue porque no pude. He avanzado en el camino espiritual, he aprendido lecciones, eso es lo importante. Como guerrero impecable llamé a P. para felicitarle por su cumpleaños. Fue mejor de lo que esperaba pero uno sabe que lo que está roto está roto. He superado la peor etapa en el trabajo sin errores graves. Espero que la jubilación no esté lejana. Espero que la montaña esté cerca. Este verano haré lo que tenga que hacer, que aún no sé lo que será. El diario continuará. Es una herramienta poderosa. He comenzado a escribir algunos capítulos sobre el gran secreto de mi vida. Imagino que en algún momento verán la luz. Desde luego no tengo nada que perder y dejar que la luz ilumine el misterio de mi vida no es ninguna locura ni heroicidad. Como dijo Julien Greene, creo recordar, todos tenemos nuestro secreto, un secreto que nadie conoce, un secreto que nadie desnuda, un secreto que escondemos durante toda la vida y que llevamos a la tumba. Yo no haré eso. Mi secreto será como mi cuerpo, podrá verlo desnudo quien me lo pida.

Son muchos los años que me aguardan, a no ser que la Parca me siegue con la guadaña. Sigo sin hacerme el maldito chequeo, sigo en mis trece, mientras no tenga sexo natural que le den al chequeo. En algún momento ocurrirá. No he perdido el sentido del humor y es hora de recobrarlo con toda su intensidad. Temo que este verano sea demasiado caluroso. No voy a permitirme otra crisis, no, me niego, aunque tenga que gastarme el sueldo en pagar el aire acondicionado. Seguro que haré algo que me sorprenderá, seguro. Necesito unas buenas vacaciones, tal vez en la Antártida, tal vez.

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