DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL (EL GRAN SECRETO II)

29 05 2015

DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL

EL GRAN SECRETO DE MI VIDA II

Hubo un tiempo, no recuerdo cuándo, en el que decidí que deseaba conocer el gran secreto de la vida, su sentido, su misterio; en el que decidí que deseaba ser libre, porque como dijo el maestro, la verdad nos hará libres; en el que quise dejar de ser una marioneta en manos de fuerzas poderosas que controlan y dirigen el universo, fueren las que fueren; en el que no me conformé con aceptar que la vida es pura casualidad, que nací aquí y ahora sin saber por qué razón y que algún día, más bien próximo, moriré, como mueren todos los mortales y esto se acabó, para siempre, sin saber por qué, sin la menor posibilidad de cambiar mi destino.

Hubo un tiempo, no recuerdo cuándo, en el que tomé la firme decisión de saber, de conocer, de conocerlo todo, de encontrar el sentido de la vida, desentrañar su misterio. No quería servir sin saber a quién, para qué y por qué. Antes de leer el libro de Atienza, La gran manipulación cósmica, ya había tomado esa decisión, pero fue en aquel momento cuando se me revolvieron las tripas y se me cayó el alma a los pies. Fuera solo una hipótesis de trabajo, un delirio más o menos consciente, una forma de vender un libro, la simple posibilidad de que tanto yo como toda la especie humana estuviera siendo manipulada me transformó en un rebelde visceral.

Puede parecer que esta rebeldía se parece mucho a la de Lucifer, Luzbel, Satanás. Ese “non servire”, no serviré, no forma parte de mi filosofía de la vida, la cual es visceralmente distinta. Yo no he dicho que no serviré, he dicho que quiero saber a quién sirvo, para qué tengo que servirle, por qué debo hacerlo y libremente quiero tomar mis decisiones. Creer sin ver es muy respetable y tiene un gran mérito, pero para mí es mucho más digno querer ver, trabajar para ver y así poder “creer” poder decidir. No me siento un Santo Tomás. Yo no digo eso de “creeré cuando vea”. En realidad siempre he creído en cosas que no he visto y sigo creyendo en algunas cosas que no veo, pero aún así quiero ver, quiero saber, mi ansia de saber es infinita y creo que puedo satisfacerla porque en mi interior late la chispa divina. Servir al amor es maravilloso, pero servir con los ojos abiertos es aún más maravilloso.

Nunca me conformé con el “carpe diem”, con disfrutar de una vida que no comprendo, que me ha sido dada sin saber por quién, ni para qué, ni por que. ¿”Disfrutar de la vida”? ¿A qué llaman disfrutar de la vida? No tengo el menor interés en pasarme esa corta vida intentando acaparar dinero, riquezas. ¿Para qué las quiero? ¿Para comprar bienes materiales, un coche mejor, muchos coches de alta gama, mansiones, para viajar, para tener un avión privado, para que mis seres queridos sean muy felices, para que desaparezca el miedo al futuro, para no tener que trabajar, para hacer lo que me de la real gana? ¿Qué es eso, para qué sirve? ¿De qué sirve ganar todo el mundo si pierdes tu alma? Creo que lo dijo San Ignacio de Loyola en sus ejercicios espirituales. ¿Pasarme toda la vida acaparando dinero para tener que dejarlo aquí, porque no me lo puedo llevar?

¿Disfrutar de la vida? ¿De qué forma? No me interesa la fama, que me conozca todo el mundo, estoy muy bien siendo anónimo, es mucho más cómodo. No quiero pasar a la posteridad, a la historia, no quiero crear una gran obra artística, no quiero conquistar el mundo, tener el poder político, económico, militar. Eso no me sirve de nada, no me satisface. Darme todos los placeres del mundo, ser un hedonista, no colmará el vacío de mi corazón.

No quiero tampoco desentrañar el misterio para disculpar y justificar mi vida de enfermo mental, para que pueda darles a ellos, a los otros, argumentos tan contundentes que tengan que ponerse de rodillas y decir aquello de “tenías razón” “cuánta razón tenías”. No necesito tener razones, tampoco acaparo razones. No quiero hablar del misterio de mi vida para que a mi muerte alguien pueda decir: ahora le comprendo, por fin le comprendo. No necesito que me comprendan, no quiero que me entiendan, no pido nada, no busco nada. Lo único que me interesa, su cariño, su amor, es un don que cada uno otorga líbremente a quien quiere, cuando quiere y durante el tiempo que quiere. No lo conseguiré justificando mi vida, explicando mi vida, vistiéndome con las mejores galas, poniéndome máscaras, manipulando, mintiendo o diciendo toda la verdad y nada más que la verdad. Me querrán o no me querrán, con entera libertad, cuando ellos quieran, durante el tiempo que ellos quieran. El único amor que tengo seguro es el de Dios y ese amor solo lo conseguiré cuando me una a Él.

No pretendo que me compadezcan, ni esto es un pliego de descargos, ni la defensa del mejor abogado en un juicio por asesinato, por genocidio, por cargos de lesa humanidad. Cuento el gran secreto de mi vida porque no tengo nada mejor que hacer mientras llega la muerte, porque quiero seguir intentando desentrañar el gran misterio de la vida, porque ya no necesito ropa para ir a parte alguna, ya no pertenezco a esta sociedad, a este mundo, puedo ir desnudo y no sentir vergüenza, puedo vivir sin miedo al qué dirán, fuera de la cárcel de papel, libre como un águila en el cielo, que va a donde quiere y no tiene que dar explicaciones a nadie.

Tampoco busco el suicidio por mano interpuesta, ni esto es la pataleta de un niño malcriado al que se le ha quitado la piruleta de la boca y se dedica a gritar y patalear. No pretendo que me consideren aún más loco de lo que ya me consideran, ni es una forma de decir que ya no regresaré nunca a la sociedad, que me declaro objetor de conciencia de esta humanidad sin rumbo, brutal, sin conciencia, sin espiritualidad. Tampoco lo considero una misión salvífica, no soy un profeta, un gurú, un maestro, no soy nada, solo una partícula infinintesimal en un universo infinito, por eso puedo hacer lo que hago sin miedo al ridículo, al qué dirán, al futuro, a nada.

Mi secreto es como el del niño que ha robado unas monedas de la hucha. Al que todos han visto, aunque lo disimulen y se burlen cordialmente. No es ningún secreto, no es un misterio, y lo poco que he descubierto lo sabe todo el mundo, aunque no quieran admitirlo. Pero aún así es mi secreto, el gran secreto de mi vida, y quiero desvelarlo aquí y ahora. Soy libre para hacerlo, soy libre para decir a las poderosas fuerzas que no me importar servir, pero quiero hacerlo con los ojos abiertos, y si tengo que hacerlo con los ojos cerrados, lo haré, pero intentando abrirlos con todas mis fuerzas.

Ese ridículo secreto no fue el que me convirtió en enfermo mental, ni el que me transformó en un estúpido suicida, ni el que hizo que me señalaran con el dedo, como a un loco. Antes de que en la oscuridad se formara ese puntito de luz, como un diminuto Logos, antes de que la luz fuera hecha, ya era un enfermo mental y mi vida era un desastre. Antes de que hubiera un antes y un después yo era ya un hombre atormentado, un ciego palpando a tientas por el camino de la vida. Pero fue ese momento, el instante de la aparición de ese punto de luz, el que hizo que se creara mi propio universo. Un universo donde ya no es posible la absoluta oscuridad. Ahora cada vez que cierro los ojos no me acoge una oscuridad vacía y bienhechora, sino el “perpetuum mobile” de la luz que nunca es suficiente y nunca desaparece.

No me arrepiento de aquella decisión. Quería saber, conocer el gran secreto, y el dolor que he sufrido nunca será suficiente para lo que espero conseguir a cambio. Solo existía otro camino: renunciar al conocimiento y buscar lo poco, lo poquísimo que la vida puede ofrecernos. No fue una decisión difícil. Si yo fuera un Luzbel, en una mansión resplandeciente colgada de la estratosfera del planeta Tierra, con inmenso poder, con inmensa riqueza, con todos los placeres de la vida a manos llenas, con terribles ejércitos demoniacos a mis órdenes para someter a todos, renunciaría a ello por solo un atisbo de lo que contiene ese puntito de luz, ese humilde y ridículo Logos que creó mi propio universo.

No puedo situar en el tiempo ese momento pero sí puedo certificar que el puntito de luz no es una metáfora. Un día al cerrar los ojos, apareció allí, como un fosfeno, como esos puntitos de luz que surgen cuando uno oprime o se frota los ojos con fuerza, como esas estrellitas que los dibujantes de historietas ponen alrededor de las cabezas de sus personajes cuando reciben un buen maporro. Allí estaba, tan diminuto como una partícula subatómica, tan inútil como una linterna en la oscuridad infinita. Me sentí curioso, divertido, fascinado, pero esas sensaciones fueron desapareciendo cuando se hizo algo persistente, algo que no desaparecía nunca, cerraba los ojos y allí estaba. Era como una broma divertida que se hace intolerable de tanto repetirse, día tras día, hora tras hora.

Y eché de menos aquellos tiempos en los que podía cerrar los ojos y no ver nada, solo oscuridad; aquellos tiempos en los que intentaba dormir, bajaba los párpados y la dulce oscuridad me acogía en su seno. Algunos pueden dormir con la luz encendida, yo lo intenté, juro que lo intenté, pero aquel puntito de luz era como un demonio, creciendo en poder conforme yo se lo daba, segundo a segundo.

No me arrepiento de haber deseado conocer qué era eso del tercer ojo, de haber intentado desarrollarlo, solo quiero saber más, y más y más… Ni siquiera sé si lo que me pasa es consecuencia del desarrollo del tercer ojo, ni siquiera tengo unos conocimientos básicos o una seguridad de que todos poseemos ese tercer ojo y a mí me ha estado dando la tabarra toda la vida. Mis conocimientos son tan paupérrimos que hasta a mí me da risa. Tampoco sé si ese puntito de luz es una proyección mental, el ojo del cuerpo etérico, del cuerpo astral, del cuerpo mental, del cuerpo causal, o una broma que me está gastando mi demonio particular. No sé nada, por eso estoy en condiciones de hacer preguntas socráticas. Solo sé que nada sé.

El que después de tantos y tantos años de tortura aún siga casi igual que al principio no me sorprende, solo me decepciona un poco. Para que todos puedan comprender esta dificultosa evolución en el tiempo haré una comparación con los sentidos del cuerpo físico y veremos a ver qué sale.

BEBÉ FÍSICO

Nace con todos los sentidos, debe aprender a utilizarlos y desarrollarlos.

BEBÉ ESPIRITUAL

No sabemos si nace o sí ya existía, solo que está ahí y ni siquiera sabe lo que

tiene ni cómo usarlo.

BEBÉ FÍSICO

Cada sentido físico tiene una función proporciona al bebé una información.

BEBÉ ESPIRITUAL

 No sabemos muy bien cuántos ni cómo son esos sentidos, ni su función ni qué información proporcionan. Los equiparamos a los sentidos físicos porque son nuestro único punto de referencia.

BEBÉ FÍSICO

El bebé no está solo y no se siente solo. Recibe ayuda constante y mucho cariño de sus seres queridos.

BEBÉ ESPIRITUAL

No sabe ni que existe, así que no puede saber si está o no solo y si le quieren o no.

BEBÉ FÍSICO

El tiempo para aprender a utilizar esos sentidos físicos, es mucho comparado con otros animales, pero muy poco si lo comparamos con el cuerpo y los sentidos psíquicos o espirituales.

BEBÉ ESPIRITUAL

Se tiene la impresión de que el tiempo que necesita un bebé espiritual para ser consciente de sus sentidos y de su cuerpo sería comparable a lo que tarda un bebé en caminar comparado con el tiempo que lleva existiendo el universo.

BEBÉ FÍSICO

A los pocos años el niño se maneja con gran soltura y domina de forma básica los sentidos y su cuerpo físico.

BEBÉ ESPIRITUAL

Te pasas la vida intentando saber qué es eso, si se trata de otro cuerpo. Qué son esos sentidos y como manejarlos.

BEBÉ FÍSICO

Vas creciendo, evolucionando, viviendo experiencias, el universo es muy rico, muy amplio, parece existir una explicación para todo.

BEBÉ ESPIRITUAL

Todo parece igual que al principio, o incluso peor. A veces te preguntas si no irás para atrás, como los cangrejos. Te pasas la vida intentando encontrar una explicación lógica y nada parece tener sentido.

BEBÉ FÍSICO

El mundo material se rige por leyes físicas, claras, newtonianas. Todo puede ser comprendido e imitado.

BEBÉ ESPIRITUAL

Vives en un universo cuántico, que desconoces, donde no parece haber leyes y nada y crees que nada tiene sentido, el menor sentido, absolutamente ningún sentido.

BEBÉ FÍSICO

Aunque tu ignorancia sea tan inmensa como el océano, hay algo que sabes muy bien, energía, que eres mortal y que vas a morir.

BEBÉ ESPIRITUAL

Supones que tu cuerpo es  energía, aunque ignoras qué tipo de energía, cómo funciona y si se desintegra y muere, y cuando y cómo.

BEBÉ FÍSICO

Vives rodeado de personas, en una sociedad. Aprendes a cómo relacionarte y sabes bien cuándo estás fuera o dentro. Las normas parecen estar muy claras, eres libre para cumplirlas o no y sufrir las consecuencias.

BEBÉ ESPIRITUAL

 Supones que hay otras personas pero no lo sabes con certeza, ni sabes cómo son, ni su jerarquía, ni las normas,  ni cómo uno puede relacionarse, ni si estás fuera o dentro ni qué consecuencias vas sufrir por tus actos.

BEBÉ FÍSICO

Todo parece tan claro y es tan repetitivo que hasta resulta muy, muy aburrido.El hastío de la vida es uno de los abismos más terribles y donde se cae fácilmente. 

BEBÉ ESPIRITUAL

Nada está claro, no sabes si algo se repite o no, porque apenas recuerdas y cuando lo haces el tiempo no tiene el menor sentido. Incluso te preguntassi el tiempo existe, y la mayoría de las veces contestas que no.

BEBÉ FÍSICO

Conoces la necesidad de alimentarte. Aprendes las necesidades de tu cuerpoy la forma de satisfacerlas.

BEBÉ ESPIRITUAL

Desconoces de qué te puedes  alimentar o si es necesario. Solo sabes que el cariño y el amor te satisfacen y los buscas.

BEBÉ FÍSICO

Tras un largo periodo histórico las cosas parecen estar más claras, esto va para adelante y cada vez el ritmo parece ser más frenético.

BEBÉ ESPIRITUAL

No sabes cuánto llevas así. No recuerdas nada, no sabes nada. No percibes progreso. Podrías estar empantanado toda la Eternidad.

BEBÉ FÍSICO

Luchas contra fuerzas que no conoces. Sabes que hay amor y odio, pero lo achacas a las hormonas y otras tonterías. En realidad dándole al cuerpo físico todo lo que te pide parece que tu vida ya tiene sentido.

BEBÉ ESPIRITUAL

Te gustaría pensar que eres el único habitante del universo y que todo lo que tonterías. En realidad dándole al cuerpo te sucede lo causas tú, es por tu culpa. No sabes ni qué buscar, ni de qué alimentarte, ni por qué unas veces estás triste y otras alegre. Esto parece una mierda en perpetuo movimiento, un punto de luz que no te lleva a parte alguna. Pero al final tienes que aceptar que no estássolo y te preguntas con quién estás.

BEBÉ FÍSICO

Lo que peor llevas es relacionarte con los otros, esa lucha de poder, ese no saber dónde acaba tu territorio y dónde comienza el de los otros. 

BEBÉ ESPIRITUAL

Lo que peor llevas es esa perpetua lucha contigo mismo porque los otros no parecen existir y si existieran estarían dentro de ti. Aquí no hay espacio ni territorio.

BEBÉ FÍSICO

Te consuela saber que vas a morir y que o bien  te irás a la nada y no sufrirás o bien seguro que  el más allá no puede ser tan malo como esto.

BEBÉ ESPIRITUAL

No sabes si esto se acaba o vas a estar así para siempre, lo que sería una

mierda eterna. Reencarnarte no parece la peor de las soluciones, incluso dirías que es la mejor. Puedes estar aquí engañándote, recreando con tu mente el mundo físico, pero para eso mejor el auténtico.

ESTA ES LA HISTORIA DEL BEBÉ ESPIRITUAL ESTE ES EL GRAN SECRETO DE MI VIDA.

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