DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XX

4 06 2015
 Asunto: Re: DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL
NotaPublicado: 04 Jun 2015, 17:45

DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XX

TIRAR LA TOALLA

He querido tirar la toalla. La vida es una mierda, estoy harto. Se acabó, sí se acabó. Ya no aguanto más.

Lo he pensado, sí he llegado a pensarlo. Me voy a un psiquiatra, cualquiera, le cuento un poco de mi vida, no mucho, lo suficiente. Necesito medicación, le digo. Me receta unas cuantas cosas, modernas, pero no diferentes de las que tomé en otros momentos de mi vida. Llego al apartamento, tomo un vaso, lo lleno de cubitos de hielo. La botella de güisqui escocés está medio llena, suficiente para tomar un frasco de pastillas o dos. Que recuerde es la forma de suicidio menos dolorosa. Te va entrando un sueño irresistible, solo tienes que dejarte llevar y no es difícil si la vida te importa una mierda. Ya está, se acabó.

Pero no lo he hecho. Ahora soy un guerrero impecable, mi naturaleza es inquebrantable, diamantina, sin fisuras. Hago lo que tengo que hacer y eso no es fugarme de la vida. Resisto, hago lo que tengo que hacer ahora, en este momento, el momento siguiente aún no ha llegado.

MADRID, ALGÚN TIEMPO DESPUÉS DE LA MUERTE DE FRANCO

Estoy solo, aprobé la oposición y me vine a Madrid. En León no había plazas. Podía haberme quedado cerca, pero no quise. Madrid es grande y está lo suficientemente lejos para no tener que ir a ver a mis padres todos los fines de semana. He tomado una decisión. Ellos no me comprenden, no aceptan mi condición de enfermo mental. Lo ocultan a los demás, susurran por lo bajo cuando no les queda otro remedio que explicar algo a la visita de turno. No me aceptan como soy, no me comprenden, prefiero estar solo, renunciar a ellos, renunciar a todo. No voy a vivir interpretando un papel que no fue escrito para mí. Ojos que no ven corazón que no siente. Si estoy lejos, si no saben nada de mi dejarán de sufrir. Bueno, me basta con una carta cada cierto tiempo contando que todo va bien, mentir un poco, de vez en cuando hablar de algún problemilla, para que no crean que les estoy ocultando algo. ¿No dicen que los enfermos mentales somos mentirosos y manipuladores? Pues bien, mentiré y manipularé para mantenerles alejados. Les entiendo, han sufrido ya demasiado, pero ¿me entienden ellos a mí? ¿Yo no sufro? Mejor que nuestros caminos sean divergentes, mejor que cada uno vida su vida, como si el otro no existiera.

Estoy muy mal. Busco sexo desesperadamente. He intentado seducir a V. la compañera de trabajo del juzgado, una chica delgada, alta, rostro agradable, no es una belleza, pero es guapa y me gusta. Le escribo un poema muy sentido, se lo doy en un sobre. Ella ha debido de notar algo, todo el mundo lo ha notado. Me pide que se lo lea, le digo que no. Me pide que la invite a un café. Le digo que odio las aglomeraciones de gente, no me gustan las cafeterías. Me pide que la invite a casa. Le digo que sí con el corazón palpitante. ¿Le ha conmovido el poema hasta el punto de querer acostarse conmigo? Bueno, no es tan descabellado. Soy joven, veintidós años, bien parecido, no he degenerado aún. Puedo verme en una foto de aquellos tiempos, estoy bien. Por el camino no dejo de hablar para evitar salir corriendo. Le cuento que el piso está sucio, la cama sin hacer, soy una mierda de amo de casa. Ella sonríe. Llegamos y tiene que sentarse en una cama sin hacer porque las sillas están sucias y rotas. Me pide que le lea el poema. Lo hago con todo el sentimiento. No dejo de pensar ni un segundo cómo será desnudarla, abrazarla, hacer el amor con ella. Ni siquiera pienso en cambiar las sábanas. Termino de leer. Ella parece conmovida. Me habla con emoción, con sinceridad. Tiene novio. Va a pedir el traslado cuando pueda y se va a casar. Le ha emocionado el poema. Le gusto. Incluso ha pensado en hacer el amor conmigo como despedida. Pero se lo ha pensado mejor. Me haría mucho daño. Me daría esperanzas. Yo no podría soportarlo. Me da un beso. Se marcha. Me quedo solo, llorando.

He visitado a muchas de las chicas que me escribieron tras el anuncia en la revista. He buscado con desesperación tener sexo con ellas. Las cosas no funcionan así. Me arrepentido mil veces de no aprovechar la ocasión que me dio M la rubia despampanante. Soy un idiota. Lo he repetido hasta la saciedad. Quiero perder la virginidad, a cualquier precio. Me voy a la calle La Ballesta y me acuesto con una prostituta rubia, de unos treinta años. Un episodio tan agradable como esperpéntico que he contado ya en alguna ocasión. Ya no soy virgen. La vida comienza a tener sentido. Pero antes, pero antes me he disparado en la sien con una pistola cargada con balas de fogueo, me he tomado dos tubos de pastillas, me he arrastrado como un gusano por un bosque helado, he estado en coma. Me he aferrado a un cable de alta tensión. Me internaron en el Alonso Vega de Madrid y el psiquiatra me amenazó con mantenerme allí el resto de mi vida. Le engañé, soy un buen actor, y me dio permiso para salir a dar un paseo. Me tiré al metro. Me tragué las pilas del transistor y unas cuantas pastillas que había almacenado de las diferentes tomas. Me rajaron la barriga. Una amiga me habló de un amigo periodista, me preguntó si me importaría contarle mi historia. Le dije que no. No tengo nada que perder. Salí en la prensa, me entrevistaron en la televisión, en la radio. Me llamaban al trabajo. Le gente se interesaba por mí, algunos me ofrecieron su apoyo. Todo pasó, se olvidaron. Si me hubiera ido de putas antes tal vez no hubiera llegado a eso. Mejor gastarse el sueldo en putas que en pastillas, en sexo en lugar de en consultas particulares.

La misma patología se repite treinta y cinco años después. La pescadilla que se muerde la cola, el círculo que se cierra.

MANZANARES, UNOS TREINTA Y CINCO AÑOS DESPUÉS

Estoy solo. No estaba solo desde…Antes de que sucediera todo me llegó algo a la cabeza y me dije que esta vez sí, esta vez podría estar solo sin llegar a suicidarme. El camino no ha sido en vano, he evolucionado, ahora soy un guerrero impecable. He buscado sexo con desesperación en las páginas de contacto, sin ningún éxito. No es eso, no es eso. Lo sé. He recurrido a profesionales del sexo. He vuelto a pensar en suicidarme, incluso he programado cada paso y he estado a punto de hacerlo.

Todo me sale mal. Es una de esas malditas rachas de buscador del destino. Haga lo que haga todo sale mal. Todo se junta, una cosa detrás de otra. Estúpidas multas de tráfico porque tengo la cabeza en otra parte. Le doy un golpe al coche contra la columna de la cochera. Sangría de dinero. Es culpa mía, cierto, pero también ha sido culpa mía en otras ocasiones y no se han juntado tantas desgracias. Se me cae el móvil, se rompe, el ordenador del trabajo se desconfigura y me da muchos problemas con el procesador de textos, la impresora… No quiero llamar al informático. Mis problemas los soluciono yo. Mi ordenador sufre un colapso y me paso una tarde haciéndole el boca a boca. Consigo reanimarle, más por cabezonería que por conocimientos. Decido poner Internet en el apartamento. Multas, nuevo móvil, Internet… No me llega el dinero. Decido comer como si estuviera en la posguerra. Presupuesto de guerra. Podría haber pedido un préstamo. No quiero. Mis problemas los soluciono yo a mi manera.

Cierro el cursillo de yoga por falta de asistentes. Intento un nuevo cursillo con el ayuntamiento de M. Es una tontería porque no tienen mucho interés y no tengo suficientes alumnos. Decido llevar a G al balneario de T. Sufre una crisis. Lo esperaba. Momentos duros. B me echa una mano. Un fin de semana agradable que se transforma en algo bastante desagradable. G se enfada conmigo porque le tiro un buda al suelo al entrar el equipaje a su apartamento. Me pongo duro. No salgo corriendo y me olvido, como hacía siempre. Le digo lo que pienso y se acabó. Ya no es mi problema, es el suyo. Me marcho. El ha llevado su coche. No tengo dinero para tomar el tren. Iré al banco. No importa la hora a la que llegue, no importa lo cansado que esté. Es así como debo comportarme y así me comporto. Al final me llama. Hablamos. Me lleva en coche. Me llama durante varios días. Está mal. Me veo reflejado en él, en otros enfermos mentales, como en un espejo. Así actuaba yo. La misma patología, las mismas conductas, la misma forma de pensar. He cambiado. Ahora soy un guerrero impecable y eso se nota. No puedo ayudar a MC. Me he metido en algunas berenjenales por imprudencia temeraria. Pero todo se tiene que juntar en un corto espacio de tiempo. Una cosa tras otra y tras otra y tras otra… Esto no es normal. No me extraña que se me ocurriera la idea para la novela El buscador del destino.

Estoy harto, tiro la toalla, se acabó, esto se acabó… Pero no lo hago. Ahora soy un guerrero impecable. Las ideas tétricas pasan por la estación como trenes que no se detienen, a los que no me subo. Sigo buscando sexo. Encuentro la mejor estrategia y la convierto en rutina. El sexo mercenario a domicilio es la mejor solución. Además sale más barato que ir a los puticlubs. Copas y más copas y por qué no te quedas una hora más y… Es una sangría. En cambio de esta forma, llamas, tienes preparado el dinero, has limpiado el apartamento, has cambiado las sábanas. Tienes sexo y cuando ella se va tú te quedas en el apartamento, no tienes que salir ni ver a nadie, ni sufrir la fobia porque estas experiencias son traumáticas y ver gente es horrible. Te quedas tranquilamente echado en el sofá, viendo la tv hasta que el tiempo pasa, te tranquilizas y se acabó.

La misma patología, las mismas conductas que treinta y cinco años antes. Pero esta vez no me he tomado un tubo de pastillas o dos. No he tenido que hacer un esfuerzo de voluntad terrible para tener sexo mercenario, lo he hecho y ya está. Salgo de viaje, aunque tenga que dormir en el coche. En cuanto cobre la “extra” haré un presupuesto meticuloso, mejor que los presupuestos del Estado y me atendré a ellos a rajatabla. Debo dejar para el seguro del coche, para las vacaciones, debo controlarlo todo.

Y como hace treinta y cinco años subo esto a Internet. Y como hace treinta y cinco años cuento el secreto de mi vida a todo el mundo. Entonces no tenía nada que perder, ahora tampoco. Entonces fue la prensa, la tv, la radio, ahora es Internet. Entonces busqué sexo desesperadamente, ahora también. Lo que ha cambiado es muy importante. Ya no me suicido, ya no busco la compasión de nadie, tomo mis decisiones y no miro hacia atrás. Soy un guerrero impecable. No tengo dudas, no siento remordimientos, no me acuno en el pasado, solo recapitulo. Hago lo que tengo que hacer, y si es lo mismo que hice hace treinta y cinco años, lo hago. ¿Es soberbia, narcisismo, megalomanía? Me importa un pito. Hago lo que tengo que hacer. ¿Y los seres queridos? No tengo seres queridos, en realidad nunca los tuve. Nunca me aceptaron como soy, por lo que ellos querían a otra persona, no a mí.

Treinta y cinco años después estoy solo. No es el fin del mundo, no es una tragedia. Nunca tuve nada que perder. Las experiencias cercanas a la muerte me transformaron. Hubo un antes y un después. Todo el mundo sabe que es mortal, pero es solo pura teoría. Lo supe cuando salí del hospital tras la explosión de gas. Me miraban como si estuviera vivo, pero estaba muerto. Solo quien vive una experiencia así sabe lo que es creerse mortal teóricamente o saber que eres mortal, que estás vivo de milagro, que la muerte te puede llevar en cualquier momento. No es algo explicable, no es algo comprensible. O lo vives y sabes o si no lo vives, no sabes. Caminé por las calles como un muerto, invisible, sin ver lo que veía, sin sentir nada. Algunos lo llaman shock postraumático, yo lo llamo comprensión de nuestra verdadera naturaleza. Vivir como si nunca fuéramos a morir es un delirio, una patología, una fuga mental, una locura. Ellos son los locos. Yo sé que voy a morir, estoy en la realidad. Ellos creen que nunca van a morir, por eso ahorran, se compran casas, coches, sufren porque se les rompen estatuas de buda, están apegados a lo pasajero, ellos son los locos, no yo.

Caminé por las calles de León como un muerto, ellos creían verme, pero no me veían, ellos me hablaban pero yo no les escuchaba. Hice lo que tenía que hacer. Tramitar con el seguro la reconstrucción del piso. El empleado de la aseguradora me insultó, me llamó loco, me dijo que yo había hecho explotar el piso y ahora ellos tenían que pagarlo. ¿Tenía que pagarlo él? ¿Se lo descontaban de sus comisiones? ¿Un empleado tiene que vigilar a sus asegurados para que no hagan locuras? Vivimos en un mundo loco, vivimos en Crazyworld. Tuve que defender los derechos adquiridos pagando las correspondientes cuotas del seguro. Tuve que mirar al empleado y decirle que él no estaba allí. Estaba muerto, pero tuve que actuar como si estuviera vivo. Estaba en pleno shock postraumático, pero continué trabajando. Me había quemado hasta el último poro de mi piel. El sol me molestaba, me abrasaba. Había estado muchos días en un hospital, sin poder moverme porque cada movimiento era un infierno. Y mis seres queridos sufriendo y no podía hacer nada. Estaba muerto. Y desde entonces he estado muerto. Regresé desde el más allá y actué como si viviera. Me comporté como si los demás pudieran verme, como si yo pudiera escuchar sus voces y ellos las mías. Me levantaba cuando sonaba el despertador e iba a trabajar. Hacía lo que tenía que hacer, comía porque tenía que comer. Y esa angustia infinita, asfixiante no me dejaba un instante. La muerte estaba tras de mí, con su mano en mi hombro izquierdo. Entonces supe que era verdad lo que le dice don Juan a Castaneda. Y a partir de aquel instante fui un muerto viviente. Dicen que no existen los zombis. No es verdad, yo soy un zombi.

Y me planteé dejarlo todo, el trabajo, la familia, irme a algún lugar solitario, a la montaña, con las cabras, como quería aquel psiquiatra. O irme al Tibet, a una lamasería y alcanzar el nirvana o morir en el intento. Sabía que mi mujer estaba convencida de que yo era el culpable. Yo no lo recordaba, aún sigo sin recordarlo. Nunca entendí por qué siguió a mi lado. Tal vez me amaba, tal vez estaba enamorada de mí. No lo sé, nunca estuve convencido del todo. Ella tampoco creía que yo la amara. Actos, actos, actos. Parecía don Juan repitiéndoselo a Castaneda. Un guerrero impecable se mide por sus actos. Hice lo que pude. Continué viviendo a pesar de estar muerto. Nada es tan difícil como interpretar el papel de vivo cuando se está muerto. Solo los muertos lo sabemos.

Treinta y cinco años después la pescadilla se muerde la cola. Los acontecimientos se repiten, las vidas se repiten hasta que aprendemos la lección. Hemos venido aquí para eso. La vida es una escuela de espiritualidad. ¿He aprendido la lección? Creo que sí. Estoy vivo, o mejor dicho, estoy muerto pero me comporto como si estuviera vivo. ¿Mi megalomanía me lleva a publicar todo esto? Si mi vida ha sido una mierda y he convertido en una mierda la vida de mis seres queridos, al menos quiero que no haya sido en vano. Desnudo mi alma, enseño mis vergüenzas y espero que los demás no repitan mis errores. Soy un “maestro de la historia”. He venido a enseñar con mi propia vida cómo no se debe vivir. Y cuando miro en la tv cómo se cortan cabezas, cómo van llegando pateras al muro, cómo se ahogan los que quieren sobrevivir, cómo son violadas niñas en la India, cómo los terroristas siguen bailando su danza del terror, cómo los corruptos acaparan el podrido dinero para la Eternidad, cómo las mentiras salen de las bocas de los políticos, cómo nos manipulan con aquello de “o nosotros o el diluvio”, cómo otros pagan orgías con el dinero de todos, cómo se regalan “cositas” para pagar favores, cómo llevo tantos años siendo un loco y sin que nadie me lo llame a la cara. Bueno, sí, algunos siguen haciéndome aquellos gestos que les enseñó el loco de León para cuando era necesario que le dijeran que estaba loco, porque él no lo sabía. Y entonces me pregunto si el muerto soy yo y lo vivos ellos, si el loco soy yo y los cuerdo ellos, si el malvado y el malnacido soy yo y ellos las buenas personas que me han estado ocultando todo para que yo no sufra. Porque ellos lo saben, lo han sabido desde el principio, lo siguen sabiendo. Saben que soy el loco de León y no me señalan con el dedo para no hacerme daño, no me dicen nada, callan como muertos aunque estén vivos, solo para que yo no sufra un shock postraumático. Pero de nada les servirá porque mi megalomanía, mi narcisismo, mi soberbia, me lleva a publicar el gran secreto de mi vida, para que todos sepan de mi locura, de hasta dónde llega, de hasta donde puede llegar.

Y mientras los vivos siguen aferrándose a la vida, que les será arrebatada, antes o después. Yo me aferro a la muerte y sigo vivo estando muerto y hago como si todo importara cuando no importa, y mientras ellos se afanan como hormiguitas, ahorrando para el invierno de la muerte, yo despilfarro porque cuando llegue el invierno ya estaré muerto, lo estoy ahora, cuando llega el verano, lo estaré siempre. ¡Y luego dicen que no existe el más allá porque los muertos no regresan…! Yo soy un muerto y estoy aquí. Pero no querías oírme, no queréis escucharme, porque saber que todo es fugaz cambiaría vuestras vidas después de sufrir el consabido shock postraumático. Por eso buscáis desesperadamente ese invento que os haga inmortales. Meter vuestros circuitos cerebrales en un disco duro e insertarlo en un cuerpo artificial, en un cuerpo biónico. Ser inmortales es ahora vuestra meta. ¿Para qué? ¿Vais a seguir cortando cabezas, dejando que se ahoguen frente a vuestro muro hedonista, violando, acaparando, pensando en un futuro para unos pocos y que al resto le den por donde amargan los pepinos? ¿Para eso queréis ser inmortales? Yo prefiero estar muerto y seguir viviendo por obligación. Ser un zombi al que no han copiado sus registros cerebrales en un disco duro. Porque si no he evolucionado en esta vida, lo haré en otras, si no he aprendido las lecciones, las aprenderé en otras vidas. No necesito recordar, solo aprender. Para eso he venido y para eso regresaré.

Y haré un viaje, aunque no me lleve a parte alguna, y seguiré buscando sexo, aunque el sexo no remedie nada, y seguiré estando solo, porque la soledad es la lección que he venido a aprender a esta vida. Y como guerrero impecable me levantaré cada mañana, anotaré mis sueños, desayunaré, iré a trabajar, regresaré, iré a la piscina para estar en forma, comeré para seguir disimulando que estoy vivo cuando estoy muerto. Y esperaré sonriente mi danza con la muerte, porque los muertos ya hemos danzado, ya nos conocemos cada paso, porque morir cuando ya se está muerto no es tan difícil. Y en el horizonte el sol se pondrá y nacerá miles de veces, y los que se creían inmortales morirán y la historia se olvidará de ellos y nadie recordará su paso por la Tierra, porque polvo son y en polvo se convertirán. Y el miedo que tenían al qué dirán será polvo, y lo que hicieron será polvo, y lo que pensaron será polvo y también lo que sintieron. Y del polvo nacerán nuevos muñecos de barro. Y los muertos vivientes sonreiremos mientras las células de nuestro cuerpo se desintegran en el barro, porque solo fuimos creados como imitación de seres vivos para que nos vieran y supieran que los muertos hemos regresado para anunciar la buena nueva, que el más allá existe, y ya no es necesario acaparar riquezas para una vida tan corta, ni masacrar al hermano, porque el más allá existe y los hermanos masacrados recuerdan, lo recuerdan todo, absolutamente todo. Y ese es el mensaje que traemos los muertos, que a la luz del más allá vuestras vidas están equivocadas, tenéis que rehacerlas de arriba a abajo. Y los muertos, los locos, os ayudaremos, porque una vez lo perdimos todo y desde entonces ya no tenemos nada que perder.

QUE LA PAZ PROFUNDA NOS ACOMPAÑE A TODOS EN EL CAMINO

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