DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL (EL GRAN SECRETO IV)

23 06 2015

DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL (EL GRAN SECRETO IV)

el abismo de la desesperación

EL GRAN SECRETO DE MI VIDA IV

EL ABISMO DE LA DESESPERACIÓN

Regresar a la nada, la absoluta aniquilación, la no existencia, estamos tocando fondo, el fondo del abismo de la desesperación. No debería ser algo tan excepcional, al fin y al cabo todos somos mortales, todos hemos de morir antes o después, más bien antes, ¿entonces? ¿entonces por qué somos tan pocos los que hemos tocado ese abismo? Solo hay una respuesta, el instinto de supervivencia es tan poderoso que solo puede ser anulado por la desesperación, y solo se llega a ella cuando ya no queda nada, cuando lo has perdido todo, absolutamente todo. Aniquilar hasta la última esperanza no es fácil, estamos programados para esperar, para esperar siempre algo, aunque sea algo nimio, aunque solo sea esa fantasía a la que no somos capaces de renunciar.

El suicidio es el acto supremo de la desesperación y los intentos fallidos la suprema victoria del instinto de supervivencia. Nunca he podido comprender cómo caí en el abismo y cómo pude caminar por su fondo durante años y no haber muerto, y no haberme vuelto loco. Es uno de los grandes misterios de mi vida. A lo largo de mi juventud fueron varios factores los que me arrojaron al abismo: la falta de cariño, la incapacidad para vivir en soledad, no encontrar sentido a la vida, un fugaz recorrido sin esperanza… Pero nada como el maldito puntito de luz para que la desesperación se transformara en algo permanente. Sin duda fueron mis elucubraciones, mis delirios, los que me llevaron a pensar que era imposible seguir viviendo.

LOS DELIRIOS DEL PUNTITO DE LUZ

Los rosacruces hablan de la proyección mental. Nuestra mente se proyecta fuera de nosotros y puede contactar con otras proyecciones mentales, otras mentes, otras consciencias. La técnica de la proyección mental es complicada y exige mucho trabajo constante, pero las proyecciones también pueden llegar a realizarse en momentos puntuales debido a causas que no controlamos: un acontecimiento traumático, un estado emotivo muy intenso, emociones fuertes, deseos constantes y fuera de control, adicciones, comidas copiosas, visualización de escenas fuertes, alcohol, drogas, estimulantes…

En el libro titulado El cuerpo astral se hace un inventario exhaustivo de lo que nos podemos encontrar en el mundo astral y de cómo funciona nuestro cuerpo astral. Su lectura hace tan solo unas semanas me abrió los ojos a cuestiones que fueron para mí pura elucubración durante muchos años. Entonces, cuando comenzó todo esto, me planteé numerosas hipótesis para explicar lo que me estaba ocurriendo.

Proyeccion-mental

HIPÓTESIS DEL PUNTITO DE LUZ

La clásica explicación de los fosfenos que podemos ver cuando oprimimos o manipulamos el ojo o en otras situaciones traumáticas no me servía, no era aceptable. La visión era constante, sin pausas, sin periodos de descanso. Podía ver el punto de luz con los ojos cerrados, siempre, aunque no siempre funcionaba de la misma forma. Eso no era un fosferno.

-La hipótesis de las proyecciones mentales. Resulta muy cómodo pensar que nuestros pensamientos son generados por una compleja red neuronal y que no son otra cosa que un proceso muy refinado, mediante el cual todos los estímulos recibidos desde el exterior son analizados y procesados. De esta forma todos nuestros pensamientos permanecen dentro de nuestro cŕaneo, en nuestro cerebro y solo se pueden comunicar al exterior mediante los consabidos medios del lenguaje, la expresión corporal, la mirada, la escritura…De esta forma almacenamos nuestros pensamientos, que permanecen secretos para los demás. La transmisión de los mismos al exterior es muy limitada y siempre está controlada por nuestra voluntad, podemos decir lo que pensamos o callarnos, podemos mentir con la palabra, aunque nuestra mirada nos delate, pero aún así estamos convencidos de que nadie puede entrar en nuestro cerebro, que es como una plaza fuerte bien protegida, allí somos libres para pensar lo que deseemos, para imaginar lo que nos venga en gana. Podemos intentar controlar nuestros gestos, palabras, miradas, intentando transformarnos en unos buenos actores, capaces de interpretar los papeles más complicados y engañar a los otros.

Es una forma de pensar que nos protege de un mundo misterioso, terrorífico, sin fronteras, sin horizontes, donde estamos desnudos y desprotegidos. La verdad nos hace libres, dijo el maestro, pero también nos hace frágiles, nos obliga a cambiar, nos exige evolucionar. Estamos en nuestro territorio, donde nadie puede entrar sin permiso, donde podemos librar batallas campales para impedir que alguien entre allí. Somos nuestros amos y señores en nuestro territorio, si alguien se acerca demasiado, intima demasiado, nos fugamos, le arrojamos de nuestro lado y todo está solucionado.

¿Qué ocurriría si esto no fuera así, si el subconsciente colectivo de Jung fuera real y no la elucubración de una mente calenturienta? Ocurriría que todos estaríamos comunicados, que nuestros pensamientos volarían por el subconsciente colectivo, por la llanura oscura, por el mundo astral, como pájaros ciegos y atemorizados. Ocurriría que la humanidad sería una gigantesca menta colectiva contra la que no podríamos luchar. Ocurriría que nadie podría estar seguro de que un pensamiento fuera suyo y no de otro, que un descubrimiento fuera debido a su ingenio y no a que ha contactado con otra mente que ya lo había pensado antes. Ocurriría que la propiedad intelectual sería una engañifa interesada. Ocurriría que nunca estaríamos seguros de que un pensamiento fuera realmente nuestro o de otra persona, lo mismo que un sentimiento, que acompaña al pensamiento, lo mismo que nuestra propia personalidad a la que consideramos propia porque estamos convencidos de que nuestros pensamientos y sentimientos son nuestros y de nadie más. Ocurriría que nuestra voluntad sería una gota de agua en un inmenso océano, que nuestra libertad sería un autoengaño para evitar el terror. Ocurriría que nuestra culpa tendría que ser revisada, puesto que nuestros pensamientos no son nuestros al cien por cien, nuestras emociones tampoco, nuestra personalidad no es algo cerrado de lo que somos absolutamente responsables, al cien por cien. Ocurriría que la leyenda de las posesiones diabólicas podría transformarse en algo tan sencillo y mezquino como que la mente de alguien se ha apoderado de la nuestra. Ocurriría que las adiciones serían una enfermedad colectiva, una epidemia y no solo una mezquina debilidad de carácter propia.

telepatía

Si fuera verdad que nuestros pensamientos no permanecen dentro de nuestros cráneos sino que salen al exterior en forma de proyección mental, en forma de viaje astral, en forma de comunicación telepática, en forma de ramificación del árbol del subconsciente colectivo… entonces sería verdad también que nuestras emociones, que siguen a nuestros pensamientos, también andarían por ahí, libres, como ciegos murciélagos en plena noche. Y a partir de ese momento nuestra vida debería ser revisada, a fondo y de forma drástica. Nuestros caminos individuales se convertirían en un camino colectivo, nuestras vidas ya no serían “nuestras” serían de todos, nuestras personalidades ya no serían cántaros herméticamente cerrados sino vasos comunicantes. El karma ya no sería solo individual, existiría un karma colectivo y la culpa no sería de uno, sería de todos.

En aquel tiempo no solo estudiaba las monografías rosacruces, también leía libros de budismo, sin parar. Cuando en uno de ellos leí que solo un tercio de nuestros pensamientos podría considerarse nuestro, que el resto eran pensamientos que atrapábamos por ahí, digamos que en el subconsciente colectivo, me planteé si la proyección mental rosacruz no sería algo parecido, lo mismo, si rosacruces y budistas no habrían encontrado la misma respuesta a la misma pregunta.

Galileo

Me sentí un nuevo Galileo. En sus tiempos todos estaban convencidos de que el sol se movía alrededor de la Tierra, de que ésta era el centro del universo. El pensamiento de este hombre lo cambiaba todo, derruía los cimientos del pensamiento de la época. Se enfrentó a fuerzas poderosas y tuvo que doblegarse, pero aún así nunca le convencieron de lo contrario, Eppur si muove”o como se diga en italiano. A pesar de ello se mueve, la Tierra se mueve alrededor del sol y no al revés. Bien, ¿qué ocurriría si a pesar del pensamiento científico de que somos exclusivamente materia y esta se comporta de acuerdo a las leyes que los científicos han establecido, fuéramos algo más, energía por ejemplo, diferentes formas de energía, si en ese mundo cuántico todo lo preestablecido se viniera abajo? ¿Qué ocurriría si para unificar el mundo macrocósmico y el microcósmico, el mundo físico y el mundo cuántico, todas las leyes y ecuaciones posibles en una sola, como escribió Stephen Hawkings, tuviéramos que poner a la mente en danza? ¿Qué ocurriría si Dios fuera una Mente infinita, omnipotente y sutil a la que solo podríamos alcanzar con nuestras mentes limitadas? ¿Qué ocurriría si entre Dios y nosotros hubiera casi infinitas dimensiones, casi infinitos seres perfectamente jerarquizados, el mundo mineral, vegetal, animal, humano, angélico…? ¿Qué ocurriría si el universo no fuera solo infinito en el plano físico sino que lo fuera en todos los planos, energético, espiritual, divino? ¿Qué ocurriría si todos estuviéramos interconectados, aunque no lo supiéramos y los que están arriba dominan y controlan a los que están abajo?

La locura, sería la locura. Mi mente se desmoronó. Eso no podía ser cierto porque entonces nuestras vidas estaban equivocadas de la A a la Z. Tendríamos que revisarlo todo, absolutamente todo y comenzar desde cero. Fue esa locura la que me precipitó al abismo. No era tan idiota como para pensar que yo era el primero al que se le ocurría esa idea. El budismo lo llevaba pensando durante milenios, las corrientes esotéricas ocultaban esa verdad por miedo a ser quemados en la hoguera y por otro miedo aún más terrible, el miedo a que la humanidad no fuera capaz de asumir una verdad tan abisal y se desmoronara. ¿Por qué tanto secreto? En realidad el budismo había hecho públicas sus enseñanzas desde tiempo inmemorial, aunque guardaba sus secretos. Las corrientes esotéricas habían publicado libros y un buen buscador los encontraría y en ellos hallaría esa verdad, esas enseñanzas. No era tan idiota como para pensar que yo era un nuevo Colón descubriendo América. Hablar de ello solo supondría para mí un paso más hacia la locura que ya había asumido. Darles un argumento definitivo para que me consideraran loco fue una tentación casi irresistible. Pero me dije que aún no era el tiempo. Pensaba que evolucionaría deprisa y que acabaría conociendo muchos secretos que en aquel tiempo se me escapaban. Fue un error de principiante, una tontería, la evolución espiritual lleva milenios, y en mi caso ni siquiera había iniciado el camino.

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En realidad antes debería estar seguro de qué era ese puntito de luz, esos puntitos de luz, antes de atreverme siquiera a mencionarlo. Debería hablar con otras personas que habían emprendido el mismo camino para saber si les pasaba lo mismo. Pero no encontré ayuda ni respuesta, no encontré al maestro, seguramente porque no estaba preparado. Tardaría años en conocer el pensamiento de Krishnamurti y aceptar que el maestro que yo buscaba estaba en mi interior, era yo mismo. Y sometido a mis delirios y a mi fragilidad caí hasta el fondo del abismo de la desesperación y me convertí en el loco de León. Aquella etapa será contada en este diario secreto, pero aún no ha llegado el momento. Antes debo repasar muchas cosas y tomarme con calma esa libertad absoluta que me ha dado el haberlo perdido todo, hasta el temor a la muerte.

-La hipótesis demoniaca, la existencia de otras criaturas invisibles. Parece idiota que alguien pueda creer que está poseído. Yo mismo me lo llamé cientos de veces y me sentí humillado cuando me dejé llevar por estas hipótesis. Un hombre tan intelectual y racional como yo no podía caer en una superstición tan estúpida. Y sin embargo caí. El puntito de luz no solo era eso, un puntito, con el tiempo pude llegar a ver auténticas formas antropocéntricas, cuerpos idénticos a los nuestros, solo que energéticos, ectoplasmáticos o compuestos de algo distinto a la materia, seguramente superior. Y entonces recordé mis estudios religiosos, mi estancia en un colegio religioso, las enseñanzas sobre la existencia de los demonios en la religión católica y en otras religiones. Recordé mis lecturas profundas y permanentes de la Biblia. Si los demonios existían realmente bien podrían ser aquellas entidades que me visitaban y que casi se apoderaban de mi mente, de mi personalidad. Durante algún tiempo llegué a pensar que estaba poseído y eso acabo por precipitarme en la locura.

-La hipótesis de las proyecciones mentales. Cuesta aceptar que nuestros pensamientos no queden en el interior de nuestro cráneo, no sean simplemente una corriente eléctrica en un circuito neuronal y blá-blá y blá. Pero para quien está viendo ese puntito de luz en todas las circunstancias y con todas las consecuencias, no le queda otro remedio que replantearse muchas cosas, entre ellas la posibilidad de que nuestro cerebro físico tenga una contraparte en el mundo astral, un cerebro que forma parte del cuerpo astral y por lo tanto puede actuar de acuerdo a las leyes que rigen en ese plano. La proyección de nuestra mente implica tal cúmulo de consecuencias que no es de extrañar que se me pusieran los pelos de punta en aquel momento y comenzara a elucubrar tantas y tales cosas que ni la mente racional más sólida podría permanecer incólume. Un enfermo mental con tendencia al delirio se encuentra en un callejón sin salida, porque no puede evitar pensar en ello y cada vez que piensa le consume la angustia y la desesperación. Pero de todas las consecuencias que se derivarían de la proyección de nuestras mentes hablaremos más adelante. Este fue, sin duda, el mayor problema al que me enfrenté por entonces. Sin la posibilidad de contrastar con otras personas que estuvieran viviendo experiencias parecidas, a mí me costaba comprender y admitir lo que me ocurría y poder explicármelo. La imposibilidad de encontrar estas personas o de que tuvieran valor para hablar de ello hizo que mi vida se transformara en una locura, la locura del loco de León. Con el tiempo llegaría a descubrir que estos son fenómenos naturales cuando desarrollas ciertas facultades mentales, cuando abres los chakras y la kundalini fluye hacia arriba por la columna vertebral. No entendí entonces y no entiendo ahora por qué algunas personas que han vivido estas experiencias, incluso algunos maestros, se niegan a hablar de ello. No hay peor misterio que el que solo se atisba por la puerta entreabierta, ni mayor locura que la falta de conocimiento. Es por ello que ahora que no tengo nada que perder, he decidido compartir estos secretos.

-La hipótesis de la locura, la alucinación y el delirio o algún trauma cerebral. Esta fue la hipótesis que primero descarté. No puedes sufrir alucinaciones y delirios de forma constante, todos los días de tu vida y a todas las horas. De ser así habría que concluir que la vida es una alucionación y un delirio puesto que todos los días y a todas las horas vemos lo que vemos. Los profesionales del ramo nos dirán que la alucinación y el delirio son lo que son en contraposición al estado normal de consciencia. Don Juan lo llama en los libros de Castaneda “estados alterados de consciencia”. Le dirá en su momento también que no existen alucinaciones o delirios, todo es real, solo que lo que es real en un plano no lo es en otros. Cuando movemos el punto de encaje percibimos otros mundos y otras realidades. Mi problema en aquel tiempo es que apenas estaba empezando a leer a Castaneda y mi desconocimiento de los fenómenos que estaba viviendo me jugó una mala pasada. Para acabar de arreglar las cosas una consulta que hice a mi maestra rosacruz acabó de “arreglar las cosas” puesto que me vino a decir poco menos que estaba loco y que debería acudir a un psiquiatra. La pregunta estaba relacionada con las hipótesis que más adelante plantearé en estos escritos sobre las consecuencias de la existencia de las proyecciones mentales.

Continuará.

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