DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XXI

10 07 2015

EL ABISMO DE LA DESESPERACIÓN

Se acerca el aniversario de una ruptura sentimental que tal vez nunca debió haberse producido si las fuerzas poderosas no intervinieran para jugar con nosotros y decidir nuestros destinos. Hubiera sido suficiente con un retraso en mi regreso a León desde Madrid o que cualquiera del cúmulo de circunstancias que se produjeron hubiera fallado y mi vida habría sido distinta. Nunca entendí el empeño de las fuerzas poderosas por mantenerme con vida. Todo hubiera sido más fácil para todos si no se hubieran producido milagros, si las leyes físicas hubieran actuado con la naturalidad con que actúan casi siempre. Yo era un ser marcado, un Caín maldecido por Dios, un mecanismo roto, un ser sin esperanza. Aún hoy día me sigo preguntando por qué sigo vivo y no logro encontrar razones. A nadie le importa un comino que yo desaparezca, como si nunca hubiera existido. No voy a dejar huella alguna, ni siquiera un tumba con mi nombre. ¿Para qué me han mantenido vivo las fuerzas poderosas, para qué? Es algo inexplicable, inaudito. Este diario, estos testimonios, no sirven de nada, no tienen el menor sentido, es como gritar en el desierto solitario, es como vivir en un planeta vacío e inhabitable, tan silencioso como un agujero negro.

¿Qué sentido tiene mi vida? Alguien, fuerzas poderosas, decidió hacerme vivir contra mi voluntad, que a lo largo del camino me encontrara con determinadas personas, que viviera en una sociedad que detesto, que cada paso del camino fuera una perpetua lucha, y todos mis intentos por librar al mundo, a la sociedad, a la especie humana de mi presencia, fueron inútiles. Me tiré de cabeza al abismo de la desesperación y reboté. Caminé por su suelo negro, abisal, y sin saber por qué comencé a trepar por las paredes, arrancándome las uñas, arañando el granito, milímetro a milímetro. Esa ha sido la historia de mi vida.

Se va a cumplir el primer aniversario y no he tirado la toalla, he estado a punto, es cierto, pero no he tirado la toalla. Cuando creí que todo era un pozo sin fondo y que ya solo me quedaba dejar pasar el tiempo hasta que la bondadosa muerte viniera a buscarme, de pronto comienzan a pasar cosas. Así fue siempre durante toda mi vida. Adiós mundo cruel, adiós especie humana insensible y desnaturalizada, me voy y aquí os dejo, en vuestro bonito mundo. He clamado al cielo y no me oyó, pero a Dios le puse de chupa de dómine en muchas ocasiones. Y cuando creí que se iba a cansar de mí, que me iba a pillar por el cuello y apretar hasta ponerme morado, de pronto ocurría algo, las manos me soltaban, una pizca de aire llegaba a mis pulmones y continuaba respirando, seguía vivo. Esa ha sido la historia de mi vida. Ahora vuelve a ocurrir. Se acabó lo de ayudar a mis hermanos, si ellos no me quieren me dedicaré a vivir mi vida. Y zás, aparece otro hermano que lo estuvo dudando durante meses y que ahora contacta. Nada, ni un puto café, ni un tóxico y envenenado café con una mujer. Y de pronto zás, ya lo he tomado y estuvo bien, nada de toxicidad. Llevo una racha endemoniada de despistes, mala suerte, pierdo el DNI, no sé dónde ni cómo. El coche ya casi está como en aquel sueño premonitorio en el que golpeaba con rabia el volante y todo se desmoronaba. Creo que se mantiene en pie porque mi voluntad le obliga. Despistes, golpes, multas, cosas que podían salir bien y salen fatal, como si me hubieran echado mal de ojo, como si las fuerzas poderosas me apretaran el cuello y me susurraran a la oreja: O cambias, o aceptas lo que tenemos para ti, o nos revencias, te pones de rodillas y nos besas el cuelo, o te vamos a dar “pal pelo” calvito de mierda. Y yo respondo: Jamás, jamás, nunca, nunca, nunca jamás, yo no me rindo. Yo soy un guerrero impecable, yo lucho hasta el último aliento, me da igual que me pateéis el culo todos los días, me da igual que busquéis las fórmulas más discretas para hacerme la puñeta durante todas las horas del día, como si fuera casual, como si esto le pasara a todo el mundo. Me da igual. Digo no, no y no. No acepto que mi vida se haya terminado, que deba esconderme para que nadie me vea, que deba permanecer anónimo para que nadie se moleste, que deba dejar de subir mis textos a Internet para que así todo el mundo tenga buena conciencia, esté tranquilo y se dedique a ganar dinero, que es a lo único que se dedica todo el mundo en esta puñetera sociedad. No acepto que el sexo sea un pecado por el que deba ser condenado al infierno. No acepto que para echar un polvo solo me quede el camino de pagar la tarifa estipulada. No acepto que deba buscar otra media naranja y repetir los mismos errores. No acepto que todo el sufrimiento de mi vida haya sido en vano. Que no y que no, fuerzas poderosas, os podéis poner como queráis, podéis mandarme a un asesino en serie que me torture y me sierre de los pies a la cabeza. Me da igual, lo oís, ¿lo estáis escuchando? Que no, hombre que no, hasta aquí podíamos llegar. No voy a aceptar que este sea el mejor de los mundos posibles y yo el peor de los hombres posibles, la más bestia entre las bestias. Que no. Creo en el más allá, en el mundo espiritual, y no me considero un idiota de mierda. Que no. Que no me vais a convencer de que vivir unos años, pendientes del dinerito de mierda, pendientes de un trabajo de mierda, pendientes de una sociedad injusta de mierda, pendientes de que los poderosos tosan o se rasquen el culo de mierda, sea mejor que creer que somos algo más que cuerpo, que somos espíritus, seres de luz, chispas divinas, que esta es una escuela para aprender lecciones, eso es la vida y no otra cosa. No venimos aquí para pasarnos unos cuantos años intentando sobrevivir en un mundo de mierda, con auténticas bestias pardas que en nada se diferencian de los demonios en el infierno, transformando este planeta en el infierno de Lucifer, en el antro de Satanás, donde nadie sirve a sus hermanos, solo a su propio beneficio. No, no me vais a convencer de que mi vida es una mierda y la vuestra el paraíso, porque no es así. Mi sufrimiento es incienso que llega ante el altar divino, soy un cordero llevado al matadero, pero ningún sufrimiento será inútil. Este planeta será elevado en la luz, algún día, nos pongamos como nos pongamos, y los que nos han comido el coco con eso de que la ciencia solo nos dice que somos átomos al azar en un universo idiota no lo van a seguir haciendo para siempre. Porque ha llego el momento de que los corderos se rebelen y dejen de ir al matadero. Este no es un planeta de mierda para que cuatro chulos nos chuleen, para que crean que son ellos o el diluvio, para que intenten convencernos de que no existe otra forma de vivir, otra sociedad diferente, la nueva Jerusalén.

No, no me vais a derrotar con vuestra mierda de estrategia, fuerzas poderosas. Negándome el sexo no vais a conseguir que me encierre en el apartamento y deje de subir mis textos a Internet, para que nadie se sienta molesto. Seguiré buscando sexo, mal que os pese. Y cuando pierdo un DNI saco otro, cuando golpeo el coche, ahorro para ir al taller, y cuando no sé dónde tengo las cosas ni quién soy, me voy a dormir y duermo doce, catorce horas, las que sean, y me levanto revitalizado y abro los ojos y miro y concentro mi mente en lo que estoy haciendo. Y no cruzo la línea roja del desorden, la desorganización absoluta, el caos, porque no me da la gana, y si tengo que fregar los cacharros del fregadero, los friego, aunque me importe una mierda el olor, porque yo tengo el olfato atrofiado. Y si tengo que planchar al cabo de quince días, con la ropa doblada sobre una silla, pues plancho dentro de quince días. Y si tengo que viajar, viajo, aunque me pierda por el camino. Y si tengo que dejar de viajar, porque no tengo dinero, pues dejo de viajar. Y sigo anotando mis sueños y hoy soñé con un grupo de gente, como si fueran rusos o eslavos, rostro blanco, trajes como del siglo pasado, y yo colocaba libros en una estantería y era consciente de que estaba soñando y era el mundo astral. Y los libros se movían como a cámara lenta, siguiendo una ringlera invisible, y pasaban al estante que había detrás y seguían moviéndose. Y yo continuaba poniendo un libro tras otro y aquellos hombres extraños me miraban, como si fueran las fuerzas poderosas, dispuestos a tirar todos los libros al suelo, pero a mí no me importaba. Un libro tras otro, tras otro, tras otro, la voluntad férrea, el intento de un guerrero impecable. Me importa un bledo, fuerzas invisibles, que sembréis mi camino de obstáculos, soy el nuevo Job, cada prueba me fortalece más, con cada traspiés aprendo una lección. Cada persona que conozco es una chispa divina y no me preocupa cómo sea, quién sea, lo que haga o deje de hacer. Todos somos enviados, como dijo Julián Green, el verdugo a la víctima y la víctima al verdugo, la mujer al hombre y el hombre a la mujer, el patrono al proletario y el proletario al patrono. Todos hemos sido enviados porque todos tenemos que aprender nuestra lección. Y aquí estoy yo, enviado por las fuerzas poderosas para arrasar todos los caminos, para acabar con todas las metas, porque el apego pasará pero la chispa divina no pasará.

Y cuando no puedo más me tumbo en el sofá y veo series policiacas y cuando me concentro leo y cuando me siento bien, escribo. Y cada día es una nueva aventura, un mundo nuevo. He trepado desde el fondo del abismo de la desesperación y cuando caiga volveré a trepar y otra vez y otra y otra. Nadie puede conmigo, porque nadie puede con la chispa divina que hay en mí. Y me concentro en el trabajo y trato de estar relajado, tranquilo, de ser amable. Y si tengo que ir a votar en las elecciones sindicales, pues voy y voto, aunque me pueda la fobia social y saque el móvil y la libreta y hago que hago lo que no hago. Y el frigo se quedó vacío y la despensa, pero he ido al almacén capitalista y he comprado y lo he vuelto a llenar. Y algún día el capitalismo no será la única opción, porque el planeta será elevado en la luz y los hermanos se comportarán como hermanos y no como bestias feroces, y el cordero pacerá con el león y el patrón comerá en el mismo pesebre que el proletario. Y mientras suena la novena sinfonía de Beethoven la humanidad bailará la danza circular. Y mientras llega seguiré anotando sueños, y mientras llega iré a trabajar todos los días, y mientras llega seguiré buscando sexo porque no es un pecado, por Dios, que no es pecado, ni necesita ser bendecido por los sumos sacerdotes, y no hay que tener miedo a sentir afecto por nadie o a que nos falle y suframos. Y el sexo es bueno, y el afecto es mejor y la lucha es inevitable y la vida pasa y todos nos iremos y no volveremos más… en realidad sí, regresaremos, a otras vidas, con otros cuerpos, para aprender otras lecciones. Y el olvido será sustituido por el recuerdo y la noche por el día.

Y cada aniversario es un comienzo y cada comienzo un aniversario para el recuerdo. Y todo lo que se pierde lo volvemos a encontrar, y el círculo perfecto de la rueda kármica solo puede ser anulado por la elevación espiritual y cada día sigue siendo un paso en el camino y todos los caminos llevan al mismo lugar, al centro de las cosas. Desde el abismo de la desesperación clamé a Dios y Él me oyó. Seguiré trepando por las paredes y dejándome las uñas. Y cuando pueda dar amor daré amor y cuando no pueda dar nada no daré nada y cuando sea llamado responderé.

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