DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XXII

6 08 2015

DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XXII

CALOR Y RELACIONES INTERPERSONALES

Esto parece el título de una película, algo así como Sexo, mentiras y cintas de vídeo, solo que en plan cutre y solitario. El calor, como todos los veranos, preside mi vida, para mí es una de esas maldiciones que nunca lograré quitarme de encima. Puedo aguantar el frío, las bajas temperaturas, incluso morirme por congelación, una muerte dulce, pero no trago el calor, tal vez porque me recuerda demasiado al infierno. Es una broma para ir aguantando, además de con el aire acondicionado que he tenido que poner, suba la factura lo que suba, porque ahora que estoy solo ya no tengo que pensar en otra cosa que en vivir, hoy, mañana está demasiado lejos.

Todos mis intentos de suicidio han coincidido cronológicamente con el comienzo del verano, tal vez alguno al finalizar la primavera. Ese cambio de temperatura, de mentalidad, ha sido mortal para mí. Ahora ya estamos en julio y aunque lo he pasado realmente mal, depresión, ideas obsesivas, ansia viva de morir, como diría José Mota, la verdad es que lo he superado, sigo vivo y con ganas de hacer cosas… Y es por ahí por donde vienen las dificultades.

Estoy viviendo una etapa extraña en cuanto a las relaciones interpersonales. Por un lado están las virtuales que por mucho que te llenen son como agua que se te va entre los dedos o como aire que intentas apretar en el puño. No puedo quejarme de mis amistades virtuales que poco a poco van aumentando y algunas son de una calidad extraordinaria. Creo que mi reencarnación mexicana se ha puesto en marcha para encontrar viejas relaciones de vidas pasadas, de no ser así no me explico cómo de las formas más variopintas estoy encontrando amistades mexicanas que prenden en un instante y echan raíces poderosas, como si ya las tuvieran y solo fuera cuestión de recordarlas. No voy a dar nombres porque este es un diario público pero he establecido una relación increíble con una chica mexicana, muy joven, con la que estoy escribiendo una historia a cuatro manos. Una chica sin inhibiciones, que me ha entregado su absoluta confianza y con la que puedo hablar de todo… y cuando digo todo, digo todo-todo. Ha sido sorprendente para mí encontrarme con una mujer que no tenga un terreno acotado, en el que no pueda entrar sino es pisando huevos. Increíble, espero que dure.

Me ha sorprendido el impulso que tiene ahora el blog del Guerrero Impecable. Tal vez se deba en parte a que casualmente, al despertar, me haya venido a la cabeza una nueva ordenación de las secciones del blog, para desbloquear algunas que estaban excesivamente cargadas. Me puse a ello por pura intuición y creo que he conseguido un más fácil manejo para los lectores. Las visitas se han disparado, he llegado casi a las quinientas algunos días. Incluso estoy recibiendo avisos en inglés que no sé muy bien lo que quieren decir, si el blog puede llegar a bloquearse de tanta visita o me felicitan o simplemente se dispara un programa automático para decirte que has superado tal número de entradas o de visitantes, o de lo que sea. No es algo que me interese especialmente. He visto que los visitantes siguen siendo más o menos los de siempre, aunque el número de páginas que visitan ha subido una barbaridad. Tal vez parte de la culpa la tenga una maravillosa mujer mexicana que acaba de entrar en mi vida como un ciclón.

Es la esposa de un enfermo mental que expresó su agradecimiento y cariño por mis textos sobre los enfermos mentales. La verdad es que hasta ahora en el blog los comentarios habían sido favorables en general, salvo algunas críticas de personas que no saben ni de lo que hablan cuando comentan que los enfermos mentales estaríamos mejor si dejáramos de mirarnos el ombligo, por ejemplo. Me dolió tener que responder con dureza, es un tema para hablar de él con delicadeza, con sensibilidad, pero cuando me restriegan los dedos por la herida no puedo hundirme como me ocurría hace años, debo actuar como un guerrero impecable y decir lo que pienso, sin miedo, sin remordimientos, sin dudas. Eso es lo que pienso, o lo tomas o lo dejas.

No me puedo creer la facilidad con la que esta maravillosa mujer se ha puesto en contacto conmigo y hemos iniciado una correspondencia intensa, extensa, profunda y muy espiritual. La forma en que llegó al blog, según me cuenta, tiene mucho que ver con las señales de que le habla don Juan a Castaneda. Iba buscando información sobre piedras, de ahí pasó al chamanismo y del chamanismo a mi blog. El propio don Juan no lo hubiera hecho mejor. Comenzó a leer algunos textos y me dejó un comentario muy halagador que agradecí y le ofrecí mi correo para consultas más íntimas. Sinceramente no esperaba que diera el paso. Muchos familiares de enfermos mentales tienen serias dificultades hasta para ponerse en contacto a través de Internet y de una forma discreta con personas que públicamente hemos confesado nuestra enfermedad. El maldito estigma, la leyenda negra del enfermo mental sigue más viva que nunca, por desgracia.

No puedo creer que mis textos la impresionaran tanto como para leer casi compulsivamente y dejar algunas faenas de la casa para más adelante, por las mañanas, según me confiesa. Sus comentarios sobre mi forma de expresarme y de hablar del tema casi me ruborizan… y mira que ya no me ruboriza nada a estas alturas. Se ha atrevido a contarme extensamente el problema y con una naturalidad me habla de intimidades que a otros familiares les cuesta años y nunca lo consiguen. Por la foto puedo ver que se trata de una mujer joven, bella, con una sensibilidad humana y una cultura que me permiten expresarme con naturalidad sin tener que adecuar mi lenguaje. Es curioso también que haya un vínculo extraño con la ley. Todos somos profesionales del derecho. La correspondencia es muy viva, muy amistosa y espiritual. No sé si mis opiniones podrán servirle de algo, pero al menos el vínculo afectivo ya se ha establecido. Si hubiera muchos más familiares de enfermos mentales como ella todo sería mucho más fácil para nosotros. Por desgracia los familiares aún tienen que evolucionar, tanto como nosotros. Me he sentido muy feliz con esta relación y espero que dure.

En cambio mi relación con los enfermos mentales, ahora parece ir peor, estar en un claro declive. No soy capaz de llegar a ellos, dejan de llamarme, no sé si el cursillo de yoga mental continuará en el otoño, si algunas relaciones con determinados enfermos seguirán o acabarán por morir por inanición, parece una etapa de sequía, de vacas flacas. Reflexionando sobre ello me doy cuenta de que he dejado de bailar el agua, de intentar suavizar ciertas cosas, lo siento mucho pero los enfermos debemos dejar de quejarnos ante todo el mundo, buscando la compasión, y asumir nuestra condición con dignidad, con entereza, con voluntad férrea de mejorar nuestras condiciones de vida. Los enfermos mentales no tenemos bula para hacer lo que queramos sin responsabilizarnos de nuestros actos. No podemos creer que por el hecho de ser enfermos y sufrir se nos van a permitir ciertas cosas que no se permiten a los demás. Como no me canso de repetir, no tenemos bula, no debemos buscar la compasión, debemos dejar de lado las farsas de control y los chantajes emocionales. Somos lo que somos, lo aceptamos, no nos avergonzamos, luchamos como guerreros impecables, asumimos la responsabilidad plena por nuestros actos, pedimos perdón cuando consideramos que debemos hacerlo y no lo pedimos cuando consideramos que estamos defendiendo nuestra dignidad, nuestra personalidad, nuestras ideas, cuando no estamos de acuerdo con la sociedad en la que vivimos y lo decimos sin ninguna vergüenza. Ahora recuerdo la frase de Krishnamurti que he puesto en el blog en algún texto, no puedo citarla literalmente pero venía a decir que no tenemos por qué sentirnos mal de no encajar en una sociedad enferma. Deberíamos preocuparnos, y muy seriamente cuando encajamos en un mundo tan infernal como éste en el que vivimos. El sentirnos marginados en un mundo así debería ser motivo de orgullo y no de preocupación. Como me gusta decir a mí, estoy orgulloso de ser un loco en un mundo tan “cuerdo” como éste.

Pero comprendo que mis hermanos no están preparados, se mueren de miedo cuando tienen que confesar su condición de enfermos mentales, cuando tienen que aceptar las palabras. Algunos son incapaces. No soy un enfermo, me dicen, soy una persona con una sensibilidad especial, etc etc. Comprendo que determinadas palabras hieren y cuesta asumirlas. A mí me costó mucho asumir que llamaran “loco”. Me rebelaba, montaba en santa cólera, les hubiera matado sin dudar. Era indignante, asqueroso, era una mierda infecta tener que pasar por aquello. Ahora en cambio casi agradecería que me llamaran loco. Sí, soy un loco, estoy orgulloso de ello y si queréis lo admitiré públicamente. Aquí está el loco de León…¿qué pasa?

La mayoría de mis hermanos van caminando como si pisaran huevos. ¿Me mirarán mal? ¿Se darán cuenta…? ¿Me insultarán? ¿Me…me…me…? Me meo encima, diría con mi peculiar sentido del humor que tantos destrozos está causando últimamente. Es un paso que un enfermo debe dar antes o después o nunca saldrá de su laberinto infernal. Yo mejor que nadie sé lo que cuesta, pero no hay alternativa. Muchos me huyen cuando se lo digo, hay que romper la cárcel de papel, borrar el pasado, hay que actuar como guerreros impecables, no podemos ir por la vida como pisando huevos, con tanto miedo que se me cae el corazón del pecho cuando veo a ciertos hermanos moverse como sombras, como fantasmas, por miedo a ofender a los “otros”.

Lo siento pero no estoy en condiciones de bailar el agua a nadie, ni siquiera a mis hermanos. Esto me acaba de causar una ruptura con una amiga virtual que luego pasó a ser real y con la que me sentía a gusto, y con la que pensaba que podría haber una relación amistosa sólida. Nunca imaginé que rehacer el núcleo del primer círculo, como yo lo llamo, ese círculo de personas a las que nos une un afecto íntimo, duradero y casi solidificado por la costumbre. Cuando pierdes a tus padres, a tus hermanos, a tu familia cercana, a tus amigos íntimos… cuando ya no tienes nada, comenzar de cero es terrible. Entonces te das cuenta de que nos hacen un regalo fantástico cuando nacemos en una familia y recibimos el afecto de los padres, hermanos y demás componente del círculo familiar, lo recibimos gratis, se nos da sin hacer méritos. Está ahí. Cuando tienes que comenzar de cero comprendes lo complicado que es conocer a una persona del tercer círculo, saludos, plácemes, cortesías sociales, todo para que un día él te invite a comer o tu a él, para que otro día el te cuenta una intimidad y tú le cuentes otra, para que otro día él tengo por fin un detalle que era normal cuando vivías en familia, con tus seres queridos.¡Qué complicado, por Dios! Al fin, en algún momento, todo se rompe en pedazos. Porque cada uno tiene su forma de pensar, de ser, de sentir, y no encajamos, nada que no encajamos. En este caso lo comprendí de inmediato cuando tuvimos un encontronazo por hablarle claramente de mi condición de enfermo mental, ya lo había hecho por encima. No le gustó que insistiera en ello, no le gustó nada que diera por supuesto que con el tiempo acabaría teniendo otra crisis. Su actitud me recordó a mi “ex”. No hay manera de que comprendan que ser un enfermo mental no es ser un loco, ni una bestia horripilante, que es simplemente ser un enfermo, nada más que eso. Les cuesta aceptar que la enfermedad mental, invisible, pueda ser tan enfermedad como cualquier otra. Les aterra que los demás sepan de nuestra condición de enfermos, no soportan que afrontemos la posibilidad, real como la vida misma, de sufrir otra crisis, como si no fueran capaces de asumir que cuando tienes la gripe es fácil que la vuelvas a tener y que la fiebre te puede subir a cuarenta grados. Pues eso sucede, eso se acepta con naturalidad, ¿por qué no las crisis en los enfermos mentales? Pues erre que erre. Al final tuve que cortar el tema pero ya me di cuenta de que antes o después íbamos a terminar rompiendo. También ella era incapaz de soportar el qué dirán. Lo entiendo, lo entiendo muy bien, yo he sufrido mucho en esa maldita cárcel de papel, pero precisamente por ello no voy a volver otra vez a ella. Incapaz de asumir mi sentido del humor, mi forma de escribir, el comenzar un relato humorístico, muy discreto para las personas reales que he transformado en personajes, incapaz de aceptar que los demás pueden decir lo que quieran, misa en latín, cantarla en gregoriano, pero que vivir así, pensando siempre en lo que pensarán de nosotros los demás, es un castigo infernal, dantesco, es la cárcel de papel que yo ahora no voy a aceptar, porque no tengo ningún motivo para hacerlo, porque ahora sí, ahora puedo vivir como yo quiero, sin miedo a las consecuencias, sin remordimientos, sin dudas. Soy un guerrero impecable, y me temo que por desgracia eso va a hacer que la dificultad, “per se”, que tiene restablecer el núcleo del primer círculo, se vuelva insalvable. Pues nada, viviré solo, moriré solo, pero como un guerrero, mis tiempos de alfañique que se asustaba por todo e iba implorando compasión con la mirada, ya pasaron, gracias a Dios.

Y estos están siendo los monotemas esta temporada. Mucho calor que me impide actuar como lo suelo hacer a lo largo del año, muchos problemas en las relaciones interpersonales, muchas dificultades con mis hermanos… Y añadamos los despistes, el descontrol, el orden, la higiene, la logística…Pero paso a paso, con decisión férrea, reparo los desastres. He vuelto a renovar el DNI que había extraviado, no sé dónde ni de qué manera, una cosa casi de brujas. Estoy intentando organizarme las vacaciones con extraordinarias dificultades, puede que al final tenga que aceptar lo que pueda conseguir y esperar que las fuerzas favorables no me jueguen una mala pasada.

En una breve OVE, autoobservación del enfermo mental, diríamos que:

-Desastrosa etapa en cuanto a logística y amo de casa. He llegado a tener el frigorífico vacío, la despensa vacía, comiendo arroz o legumbre o lo que fuera. Como los desheredados que van a Caritas y les dan cuatro paquetes de arroz y legumbre. Pero se puede sobrevivir.

-Siempre bordeando la línea roja con la limpieza, la organización del apartamento.

-Terribles despistes que no puedo achacar al calor totalmente. Se me va la cabeza. A veces pienso que aquellos extraños sueños en los que sufría de Alzheimer o se me iba la memoria y perdía la personalidad, bien podrían acabar ocurriendo. La verdad es que no me importa, estoy preparado. Cuando no pueda estar solo alguien se ocupará de mí, y si no se ocupa…Pues moriré como un guerrero, sin memoria, pero guerrero.

-Riesgos innecesarios en las relaciones interpersonales, en los textos que subo a Internet, en las estrategias diseñadas hace un año y que ahora casi tenía abandonadas. Riesgos en el trabajo. Algunos despistes me han podido causar problemas, de hecho ha habido alguna bronca. Cosas sin importancia, intrascendentes, pero que personas ignorantes hinchan como un globo. Cada región tiene su idiosincrasia, cuando vine aquí sabía que el manchego tiene la suya también. Me cuesta soportar esa cabezonería tan machacona, tan cercana al cazurrismo de la montaña de León. Ese insistir e insistir, incapaces de comprender, sin querer comprender. Ese pensar que los favores son derechos y pueden ser exigidos. Haces favores y no solo no te los agradecen, sino que encima los consideran como normales, como derechos, y encima te ponen a caer de un burro por el menor despiste después de que les has hecho un favor, y un favor importante para ellos, que ellos mismos casi te han suplicado. No lo soporto. He tenido que hacer de tripas corazón, intentar utilizar la mano izquierda, arreglar las cosas de la mejor manera posible y aceptar que si hay una queja oficial tendré que enfrentarla y esperar que me encuentre con personas razonables y no con aquel jefe que me hizo vivir un infierno en el trabajo, con el acoso, con el expediente. No me gustaría regresar a aquellos tiempos. Al fin y al cabo espero que me quede poco para la jubilación.

-Leo lo que puedo, aunque no me centro mucho. Escribo cuando me apetece, aunque son como ráfagas compulsivas. Me paso los días viendo series en la televisión por cable. Algunas son muy buenas y estoy aprendiendo mucho como escritor, sobre la historia, la estructura, los personajes. Algunas me encantan… pero son demasiadas horas. Es como si me inyectara morfina directamente al cerebro para dormir a las neuronas.

-Los sueños han tenido una buena etapa de progreso y ahora se han estancado. Mi evolución espiritual es cada vez más dura, subir cuesta arriba, sin “frenos” y con un gran peso a las espaldas.

-Depresiones, etapas de ideas obsesivas, deseo de que acabe todo de una vez. Sensación espantosa de soledad. A veces me pregunto cómo estoy consiguiendo superar todo esto sin medicación, sin internamientos, sin retomar la terapia con un psiquiatra. Solo hay una explicación, ahora soy un guerrero impecable.

-¿Sexo? ¡No me hagas reír! He tirado la toalla. Esto no tiene remedio, al menos la estrategia está clara. Las relaciones con las mujeres, terribles, muy complicadas, no las entiendo, ellas no me entienden, no nos entendemos, jamás nos entenderemos…Esto no tiene remedio, amigo. Asume una vejez solitaria y saca partido a lo que puedas, a los viajes, a tu faceta de escritor, a tus pasiones culturales. Cuando pase el verano hablaremos. Tal vez las vacaciones me resulten bien, aunque lo dudo, y cuando el calor haya pasado haremos inventario de los daños.

Seguimos en el camino, mierda, pero seguimos. Un guerrero no se rinde nunca. A veces tengo miedo de los cambios que estoy sufriendo, como si fuera otra persona. No importa, a un guerrero no le importan estas cosas. Puede que no vuelva a escribir hasta después del verano en este diario. Hoy lo he hecho por un impulso, como hago todas las cosas últimamente. Si todo sale bien afrontaremos el invierno con cierta tranquilidad y si sale mal… pues a “joderse y aguantarse” ajo y agua, y la actitud del guerrero.

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