DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XXIII

30 08 2015

DIARIO DE UN ENFERMO MENTAL XXIII

LA SOLEDAD DEL GUERRERO

Tal vez sea el último capítulo que escriba antes de irme de vacaciones, pero no lo subiré hasta que vuelva. Tras el bofetón de facebook he perdido fuelle. Ya sabía que mis textos no gustaban a todo el mundo, al contrario siempre he sabido que gustan a pocos, incluso me lo habían hecho notar con algunos comentarios, pero que repugnen tanto que hasta alguna buena gente sea capaz de reportarlos, de censurarlos, olvidando la democracia, el vive y deja vivir y el respeto más elemental al otro, era algo que aún no había sentido en mis carnes. Que mi primer texto reportado en cualquier lugar de Internet haya sido un texto sobre la enfermedad mental, sobre los enfermos mentales, concretamente Las historias de Bautista, me ha dolido muy dentro. Entiendo la incapacidad de algunos para comprendernos y aceptarnos pero llegar hasta la censura de un texto de un enfermo mental es algo que pone el vello de punta. De ahí a imaginarme quemado en la hoguera no queda mucho.

El título de este capítulo viene a cuento de un sueño-pesadilla que tuve ayer, en la siesta. No lo voy a narrar porque se refiere a mis seres queridos. Lo terrible de la pesadilla fue el sentimiento de soledad absoluta, no es el primer sueño en ese sentido, pero si el más espantoso. Sería algo así como caminar por el abismo de la desesperación, alargar la mano y tocar la frialdad infinita de la nada. Me ha recordado la famosa escena de Apocalipsis now, cuando Marlon Brando repite aquella palabra que hiela la sangre: el horror…el horror…En el sueño deseaba no despertar -era un sueño lúcido- morirme y no regresar. Me pregunto si será posible tomar esa decisión en sueños y morirse sin que el yo exterior, el cotidiano, el real, tenga algo que decir. Sé que se puede morir en sueños. Don Juan se lo dice a Castaneda en el Arte de ensoñar, cuando le habla de que si muere en sueños muere en el mundo real. Sí, sé muy bien que se puede morir, lo que me gustaría saber es si pueblo bloquear el conocimiento de esa decisión a mi yo externo. Sería terrible porque si decido morir quiero que sea con plena consciencia y lucidez de la decisión tomada.

La soledad vivida fue incluso superior a esa soledad del guerrero impecable de que habla don Juan. Un guerrero impecable debe armonizar el terror de ser hombre con el misterio de ser hombre, con el milagro de la vida. No es una cita literal, la debo tener por alguna parte y es mucho mejor, pero viene a decir lo mismo. Un guerrero siempre está solo a la hora de librar sus batallas, dice también. Pero aquella soledad era incluso muy superior, casi absoluta. No recuerdo haber vivido nada parecido nunca. Un sueño lúcido, vívido, incluso más real que la realidad misma, tuvieron que pasar varios minutos para que pudiera retomar la realidad y considerarla más real que el sueño. Llevo unos último sueños muy extraños, como el de anoche, en el que pude caminar sobre el suelo, levitando, incluso correr, el dominio era total, asombroso y la lucidez perfecta. Un fantástico avance, no en vano don Juan le dice a Castaneda que moverse en sueños es una de las grandes metas de un guerrero ensoñador. Pero esa soledad infinita era la soledad de la esencia de mi ser, no un vestido que uno se pone o se quita, no una emoción que pasa, era el abismo del propio ser.

No puedo entender cómo con tantos avances oníricos no soy capaz de tener sueños eróticos, si el dominio de ciertas técnicas oníricas es tan grande, como el caminar sobre el suelo en sueños, y si la necesidad de sexo es tan grande, por qué llevo tanto tiempo sin tener sueños eróticos, precisamente ahora, el momento más candente, diría yo. Es curioso y extraño. Incluso existe la mujer ideal para compartir esos sueños. Se trata de la dulce mexicanita, la mujer de fuego, la llamo yo, no hay nombres ni más datos porque esto es un diario público. En apenas un mes hemos avanzado más en la comunicación que con otras personas en toda una vida. Bromeo con ella diciéndole que su correspondencia es más importante que la de madame de Sevigné. Una comunicación espiritual, profunda, de alma a alma, pero también erótica. Un sueño de mujer, y sin embargo no he tenido un solo sueño erótico con ella. El mundo de los sueños es lo más extraño que conoceré nunca.

El desencanto con facebook, de donde he decidido irme, me ha hecho replantearme mi situación virtual, creo que voy a ir replegando velas, poco a poco, retirándome aquí y allá. No voy a dejar ese mundo totalmente porque forma parte de mi estrategia de supervivencia, aunque estoy profundamente decepcionado de la selva virtual. Eso no impide que se puedan encontrar maravillosas personas, almas, tras ese infame rebaño de depredadores. Seguro que existe un alma perfecta para cada uno de nosotros en algún lugar del mundo, o dicho de una manera mezquina, refranera, siempre hay un roto para un descosido. Espero que mi dulce mexicanita sea ese alma. La otra mexicanita, la muñequita diabólica, parece haber desaparecido con las vacaciones. Es una relación más literaria, más erótica, estamos escribiendo un relato a cuatro manos y nos divertimos mucho contándonos historias eróticas. Digamos que es algo más frívolo. Las mexicanitas parecen ser lo mío. ¡Que Dios las bendiga! Estoy convencido de que tuve alguna vida pasada en México, tal vez esté reencontrando viejas relaciones kármicas. Espero que se cumpla aquel sueño en el que por fin viajaba a México.

He enterrado las estrategias, me limito a contestar cuando surge algo, una especie de rutina, como lavarse los dientes, por ejemplo. Algún día escribiré un relato sobre mi correspondencia interna o íntima en las páginas de contactos. Espero poder hacerlo sin troncharme de risa. Lejos de mí burlarme de mujeres o de formas de pensar o de sentir en este tema, pero lo cierto es que si hubiera entrado a un convento de clausura, en lugar de a una página de contactos sexuales en Internet, no habría encontrado algo más cursi, más ñoño, más… no tengo palabras. Puede que se trate de perfiles falsos, de una especie de estrategia de la administración de las páginas para retenerte y que sigas “apoquinando pasta” y que de vez en cuando te contacten con un perfil falso para darte ilusiones de que al fin acabarás ligando. Sería una explicación aceptable, mucho mejor que la de haberse colado en un convento de clausura. Sí, algún día me troncharé de risa escribiendo ese relato, pero ahora no, puede que me lea alguna y se enfade y no quiera darme una cita para tomar café.

He aceptado por fin que debo convivir con mi desorden caótico, con las líneas rojas en la limpieza, higiene, logística y demás que me supone vivir solo en un apartamento. No es posible que yo actúe de otra forma mientras no conviva con una mujer, eso parece estar tan claro que no le voy a dar más vueltas. Lo realmente preocupante son mis depresiones, mis hundimientos, y sobre todo esa lucha desesperada con las fuerzas poderosas, que se empeñan en ser desfavorables una y otra vez y otra más. Me río de mi novela El buscador del destino. Esto es mucho peor, ni punto de comparación. Si todo puede salir mal, sale mal, ley de Murphy, ley del buscador del destino. Pero es que yo llego a superarlo, no es que salga mal, es que sale muy mal, tan increíblemente mal que uno tiene que pensar que aquí hay gato encerrado, o más bien demonio encerrado, porque esto es infernal. Es el primer año que tengo problemas al hacerle las vacaciones a los compañeros. Nunca había pasado, pues tiene que pasar precisamente ahora, cuando necesito tranquilidad e irme de vacaciones sin miedo a que todo estalle bajo mis pies. Un accidente de una compañera, una baja imprevista, no cubierta, porque estamos de recortes, me deja a los pies de los caballos. El otro viernes pasé una de las peores jornadas de trabajo de mi vida. Solo un guerrero impecable puede superar algo así, por suerte ya debo ser un guerrero, porque salí del trance con solo algunos pequeños daños colaterales. Todo acabará pasando y con suerte me iré de vacaciones tan ricamente, aunque… mejor no tentar al diablo ni invocar el infierno. Esperemos que todo vaya bien.

G. está internado, tal vez sea lo mejor que puede pasarle, había entrado en bucle, en una especie de delirio permanente. Sus llamadas, con dos o tres horas con el móvil en la oreja las contaré como una de mis experiencias más profundas con un enfermo mental. Resulta desesperante que no puedas ayudar, que no puedas hacer nada, que te encuentres ante una enfermedad del alma ante la que no sirve otro medicamento que escuchar y el cariño. Es la vieja terapia de Bautista que sigue funcionando porque es la única posible. MC sigue absolutamente incapaz de salir de su cárcel de papel, le preocupan tanto lo que digan de ella que no vive, viven los demás su vida. Es terrible. Yo mismo viví esa maldita vida de estar más pendiente de lo que miran, dicen o hacen los demás que de ti mismo. Aún no comprendo cómo pude salir de ella, es lo más difícil que puede hacer un enfermo mental. Nos pasamos la vida echándoles en cara, mentalmente, su actitud inhumana, teniendo increíbles broncas mentales con ellos, maldiciendo su estampa. Cada vez que nos vamos a tocar la nariz miramos para todas partes, a ver si hay alguien y si ese alguien nos va a mirar “ansí o ansá” si nos va a decir algo, si se va a reír o a llorar. Esto es un infierno. A Dante se le pasó un círculo infernal de enfermos mentales preocupados con el qué dirán. Pero creo que yo lo acabaré escribiendo dentro de mi serie Una temporada en el infierno o microrelatos del infierno. No sé qué hacer con esta mujer, de nuevo solo funciona la terapia de Bautista, escuchar y cariño. A veces es desesperante, ni siquiera puedes saber si mañana tomarás un café con ella, porque si está mal se refugia en las cloacas, con las ratas. Así llamo yo a ese desaparecer del enfermo mental de la circulación cuando se hunde en la miseria. No tengo ni idea de si seguiré con las clases de yoga el próximo curso o si mi tarea entre los enfermos mentales será un toque de retirada tras una batalla perdida en toda regla.

Sigo sin poder escribir mis novelas. Este calor me tiene frito, achicharrado y con ganas desesperadas de irme al polo o a los fiordos noruegos, que serán objeto de mis próximas vacaciones, tal vez el año que viene. Creo que nunca había pasado una etapa peor en Internet, todo se ha ido a la porra. Creo que nunca me había sentido tan solo, dejando aparte a la mexicanita de mi corazón. Todo va mal, peor y rematadamente mal. Lo mejor, la visita a Bautista y su granja de animales, de la que hablaré en el próximo capítulo de las Historias de Bautista, que pienso seguir escribiendo, pese a quien pese. El foro en Alcázar sobre el enfermo mental y el trabajo fue un momento malo para mí, de mucha fobia social, a pesara de todo no puedo quejarme, salí del paso como pude. Lo único que le pido a Dios es que me deje pasar unas buenas vacaciones, no inmejorables, con sexo natural y todo, sino simplemente buenas. Que no se me estropee el coche cuando vaya con D. a los Picos de Europa, que por alguna jugarreta del destino se me “estropicie” el viaje a los Alpes. Que no tenga problemas con avión, que llegue bien a Munich, que la visita al castillo de Luis II de Baviera, el rey loco, el mecenas de Wagner, sea inolvidable. Que no tenga momentos fóbicos importantes, que me lleve bien con el grupo de singles que conformamos la expedición a través de una página de singles. Que la úlcera no se despierte y decida darme una buena hemorragia. Que me llegue a tiempo la tarjeta sanitaria europea, que pedí a través de la mutualidad y que a punto de estuvieron de mandármela a mi anterior domicilio. La pobre chica no podía cambiar la dirección antigua por la nueva, al final parece que lo arreglaron, pero yo sigo sin recibir la tarjeta. Que Salzburgo e Innsbruck sean inolvidables, lo mismo que el día en Viena. Puede ser un viaje inolvidable, para recordar toda la vida, o una mierda y que incluso termine en un hospital, en urgencias y sin tarjeta sanitaria, que todo puede ocurrir si al destino cabrón se le hinchan las narices.

He vuelto a subir de peso, eso no tiene remedio. Sigo viendo series en la televisión por cable, algunas muy buenas, como Fortitude, otras aceptables como Realmente humanos, la serie sueca sobre robots, o Halix, soportable cuando estaban en el Artico y menos cuando se van a la isla; muy buena la de Rectify, etc. Estoy viendo tantas series que me salen por las orejas, pero me pregunto qué otra cosa se puede hacer con este calor. Cada poco a la ducha, en pelota picada por el apartamento, destilando agua de los pies a la cabeza, porque no me seco, ya se ocupa el calor de hacerlo. Cuando no puedo más pongo el aire acondicionado y bendigo el tenerlo, aunque la factura de la luz puede ser apocalíptica, ya veremos. He dormido mal, he dormido bien, he dormido regular. No me quejo, de nada, sigo teniendo trabajo, he cobrado la extra, me voy de vacaciones, como todos los días, otros siguen con la crisis a cuestas. Soy un enfermo mental pero no me han internado, no he tenido que ir a por medicación, aguanto como un guerrero y puedo escribirme con la dulce mexicanita. No puedo quejarme, solo seguir adelante, a veces con esa soledad del guerrero, tan inhumana, tan abisal, sintiendo el terror de ser hombre y con dificultad percibiendo el increible milagro de serlo.

Regresaré y seguiré en el camino, aunque bien sabe Dios que si me tiraran del avión como un fardo inútil lo agradecería. Eso sí, no quiero pilotos locos que estrellen a toda la tripulación, prefiero que me tiren solo a mí o escuchar sus delirios durante horas y horas, días y días, durante toda la Eternidad. Yo me merezco ese castigo, pero no los “otros”, no quiero más pilotos locos. Es curioso que al final vaya a ir a los Alpes justo el año de la tragedia y es aún más curioso que siempre mueran los que no quieren vivir y nunca muramos los que deseamos morir o nos importa un pito seguir viviendo. Lo dicho, el destino cabrón.

Espero estar de vuelta en septiembre, con este diario, con las Historias de Bautista, con mis relatos eróticos, con mi vida de Casanova en el convento de clausura de las páginas de contactos… Espero sin esperar y vivo sin vivir en mí. Hasta la vuelta… si Dios quiere.

Continuará.

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2 responses

31 08 2015
Chalita

César, considero que tu diario no debe estar sujeto a opinión pero no puedo quedarme con las ganas de decirte que eres todo un guerrero impecable, un gran ejemplo para el enfermo mental y sus familiares. Gracias por tus palabras que alimentan a los que seguimos tu blog. Es un gusto saber que llegaste de tus maravillosas vacaciones cargado de material para escribir y compartirlo con nosotros. Sigue descansando y aprovechando tu tiempo libre. Un afectuoso abrazo.

31 08 2015
papus21

Querida Chalita, mi diario es opinable, como todo en la vida, solo que suena raro opinar sobre un diario, pero en este caso es público y por lo tanto sujeto a opinión. Sí, intento ser un guerrero e intento que mi experiencia personal pueda servir de algo a enfermos y familiares, pero como ya he dicho otras veces nadie cura a nadie, uno se cura solo. Esto aparece bastante claro en el Curso de milagros, del que empezaré a subir citas en cualquier momento. En cuanto a los familiares para mí es un reto hacerles comprender que no nos pueden curar y que a los enfermos nos es suficiente con recibir cariño y que nos escuchen, siguiendo el manual del gran hermano Bautista, el que más sabe de enfermos mentales sin serlo. A menudo me preocupan más los familiares de los enfermos que los propios enfermos, su deseo de curar al enfermo, de sufrir por él, como si pudieran redimirle, de conducirse como si el propio Dios les pidiera un sacrificio heroico hace que muchos familiares desgasten su vida y se destruyan en una tarea imposible e inútil. Un familiar debe estar bien y tiene derecho a vivir su vida. Los enfermos somos como somos y eso no tiene remedio, agradecemos el cariño pero no podemos prometer que vamos a curarnos mañana para no hacer sufrir. Comprendemos, yo al menos comprendo, que los familiares en algún momento decidan vivir su propia vida. Mi propia familia lo ha hecho y no me siento en absoluto resentido, solo agradecido por todo el apoyo y el cariño que me dieron a lo largo de muchos años. Como enfermo no pido nada, solo agradezco lo que quieran darme. Muchas veces es el propio enfermo el que se busca su destino, como también dije en otra ocasión, los enfermos no somos seres especiales, somos personas normales con una enfermedad y como sabemos entre las personas hay de todo, buenos, malos, regulares, y medio pensionistas, como digo en broma. Un familiar no debe sacrificarse en el altar como si fuera una víctima propiciatoria de la enfermedad que padece su ser querido, tiene derecho a su propia vida y a su propia felicidad y a decidir su propio destino. También debo decir que no todos los enfermos mentales somos tan frágiles como perrillos abandonados, y no solo los guerreros, de nuevo me tengo que remitir a las farsas de control que aparecen en este blog. Todo mi afecto para ti, Chalita.

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