LAS HISTORIAS DE BAUTISTA XII

21 09 2015

HISTORIAS DE BAUTISTA XII

EN LA PIEL DEL HERMANO MENOR

Se han llevado a mi hermano a … y ya no saldrá de allí. Dicen que los locos no tenemos remedio. ¡Que Dios los confunda a todos! Algo pasa en nuestras cabezas, eso está claro, pero no hay derecho a que nos encierren, como animales, una vida perdida, sin esperanza, renunciando a todo. Quiero saber qué nos pasa, no voy a abrirles el cerebro a las gallinas, como mi hermano, porque eso no arregla nada, pero seguro que en las religiones se explica algo, lo de las posesiones diabólicas, cualquier cosa, alguien tiene que saber algo sobre este maldito planeta, y si nadie sabe nada yo estudiaré toda mi vida hasta descubrirlo.

Mi hermano no era malo, no es malo, simplemente le pasa algo que nadie comprende. Yo acabaré lo mismo, lo sé. No sé si hay una maldición sobre nosotros o una cepa maldita que ha contaminado toda la viña. Tengo miedo. Ni siquiera puedo pensar en mi hermano porque se me nubla la cabeza, una cinta roja tapa mis ojos y no puedo ver nada. Yo no quiero acabar como él, no me van a encerrar, lo juro. Haré todo lo que esté en mi mano pero no me van a encarcelar. Yo quería a mi hermano, quiero a mi hermano, también a mi madre, creo que en el fondo también quiero a mi padre. Pero hay algo que no comprendo, la vida debería ser de otra forma, no entiendo por qué nos odiamos tanto, por qué no somos capaces de llegar a un acuerdo frente a cualquier problema.

Estoy condenado. Es terrible saber que hagas lo que hagas no te vas a librar. No quiero ir a verle, nunca me acercaré por …. ¿Qué esperan que vea? ¿Hombres tratados como bestias, convertidos en vegetales, sin la menor ilusión, sin alicientes en la vida, todos los días iguales, las semanas, los meses, los años, esperando que llegue la muerte y nos libere? Sufro mucho cuando me imagino la vida de mi hermano allí. No quiero hablar de ello, no quiero que me hablen, me gustaría levantar un muro dentro de mi cabeza para que ni un solo recuerdo regrese del fondo del pozo donde lo he tirado. ¿Para qué recordar? ¿Solo para sufrir? No puedo ayudarle y cada vez que pienso en él algo me araña las entrañas, es como si mil gusanos se pusieran escarbar en mis entrañas. ¿De dónde sale tanto sufrimiento? ¿Por qué Dios nos hace sufrir tanto si es tan bueno?

No sé cómo hacerlo, no sé cómo evitar acabar como mi hermano mayor. A veces veo cosas que no debería ver, escucho voces que no debería escuchar. No sé por qué me ha dado por la guerra, odio nuestra guerra, odio todas las guerras, hombres disparando sobre otros hombres, hombres que mueren entre el barro, hombres que dejan mujer, hijos, familias destrozadas. No puedo soportarlo. Algo no va bien en mi cabeza, a veces escucho disparos, estoy en el frente, solo pienso en esconderme en la trinchera para que no me den. ¿Qué otra cosa puedo hacer? No digo nada para que no piensen que estoy loco, para que me encierren en Ciempozuelos, como a mi hermano mayor. Tengo que evitar que los demás lo noten, que esto trascienda. Si ellos supieran lo que sufro, si vivieran lo que yo estoy viviendo entonces me abrazarían y llorarían conmigo. No entiendo por qué no pueden comprenderme, por qué no pueden ponerse en mi piel y sentir lo que yo siento. No es tan difícil. Cuando yo veo sufrir a alguien se me encoge el corazón y no puedo soportar su sufrimiento, me cambiaría por ellos, le pediría a Dios que ellos dejaran de sufrir aunque yo tuviera que vivir toda la eternidad en el infierno.

¿Es verdad la religión? Dios tiene que existir y si existe es posible que haya hablado con alguien y la Biblia sea la palabra de Dios. Aunque si lo es, ¿por qué existen otras religiones, por qué otros hombres dicen que Dios les ha hablado también a ellos? ¿Cómo saber dónde está la verdad? Me prometo que estudiaré todo lo que pueda, descubriré la verdad, descubriré a Dios, descubriré qué me pasa, qué le ocurre a mi hermano, que nos ocurre a todos nosotros, los locos. Lo juro, lo prometo, me pasaré la vida leyendo, estudiando.

Veo que mi madre sufre y no puedo soportarlo, no quiero mirarla, no quiero verla, me voy a volver loco. A mi padre no le entiendo, nunca habla conmigo, ni habló con mi hermano mayor, apenas habla con mi madre. Es un hombre callado y raro. No recuerdo un abrazo o un beso en esta casa. Creo que me sentiría mejor si alguien me abrazara de vez en cuando, si pudiera contarle a alguien lo que me pasa por dentro, sin miedo a que me mire como a un loco e intente encerrarme el resto de mi vida.

BAUTISTA, EL GRAN HERMANO

Mi primo Bautista se ha portado muy bien con mi hermano, es un buen chico. No sé por qué lo hace, supongo que porque cree en Dios y quiere hacer el bien, aunque no es de esos que van a la iglesia todos los días y se confiesan y escuchan las monsergas del cura con cara compungida. Creo que hizo lo que hizo con mi hermano porque le quiere y creo que a mi también me quiere. Se ha muerto su padre, mi tío, ahora tiene que cuidar de la familia. Se casó, va a tener hijos, está muy ocupado, trabaja mucho. A mí también me gustaría trabajar, ser útil en esta sociedad, me gustaría ayudarle, en lo que fuera. No soporto estar mano sobre mano mientras otros trabajan. He tenido la suerte de nacer en una familia que tiene posibles. No nos vamos a morir de hambre, eso no, pero qué voy a hacer el resto de mi vida, mano sobre mano. ¿Qué puedo hacer? No me dejan trabajar, tampoco sé si podría. ¿Qué ocurriría si estoy trabajando y de pronto comienzo a escuchar tiros y viene la guerra y tengo que salir corriendo para esconderme en el fondo de una trinchera? Sé que ellos no me creen, piensan que estoy loco, que la guerra terminó hace algunos años y que ahora todo está en calma. Pero yo sigo escuchando los disparos de los fusiles, los cañonazos, las voces de los heridos, las voces de rabia, las maldiciones. Yo veo lo que veo, no puedo evitarlo. Sé que ellos no me creen, pero no puedo hacer nada para convencerlos. Esto es muy raro, pero me está pasando a mí.

Bautista ha venido a visitarme, ya no me habla de mi hermano, ha debido ver cómo reacciono y no quiere hacerme sufrir. También ha debido darse cuenta de que no hago preguntas.¿Qué pensará de mí? ¿Qué soy un hermano sin entrañas? Creo que no, que él me comprende. No sé cómo lo hace, pero sé que puedo hablarle, que él me escuchará, que puedo estar a su lado, incluso cuando comienza la guerra, y que él no se burlará de mí, ni intentaré que me encierren en … como a mi hermano. He visto lo que ha hecho por él después de que le castraran. No me ha dicho nada, pero me he enterado. No sé si se lo he escuchado contar a él o a mi madre o por la calle, ¡yo qué se! Por mucho que intento cerrar mis oídos, mis ojos, por mucho que intento aislarme al final todo me llega, me acabo enterando de todo. Le ha sacado de allí y lo ha llevado a … donde al parecer está mucho mejor. Creo que puedo confiar en él. No me venderá como hacen todos, te sonríen, te hablan, te tratan como si fueras persona, pero solo es para que te calmes, tienen miedo de que pille un cuchillo y salga corriendo tras ellos. Son mentirosos, hipócritas, beatones que van a misa pero que no saben amar, solo odiar, solo burlarse. Cuando crees que no estás te llaman loco y se ríen de ti, sus risas son hirientes, a veces me entra una rabia sorda y entonces sí, pillaría un cuchillo y saldría tras ellos. Los mataría a todos. No quiero hacerlo. Bastante tengo con soportar la guerra, los disparos, los cañonazos, los ayes de dolor, bastante tengo con luchar para no matarme yo mismo.

Me gusta que me invite a su tienda. Allí estoy a gusto, hablamos, no me siento solo y cuando entra alguien me saluda o me escondo en la trastienda si no me encuentro bien. Mi vida cobra sentido, ya no me paso las horas muertas intentando no pensar en mi hermano, ni en mi madre, ni en mi padre, no pensar en nada, porque todo lo que pienso me hace sufrir, me angustia, me pone peor. También puedo leer, me deja libros o los compra. No es mala vida, estar con Bautista, leer, y luego llegar a casa por la noche y no tener que ver a mi padre porque ya está encerrado en su habitación.

Tras la muerte de madre nos hemos quedado solos los dos, en el piso. No lo soporto, hay algo en él que me excita a la rabia, me parece una mala persona. No quiero verle, ni hablar con él. Me viene muy bien que Bautista venga a recogerme por las mañanas y me lleve a la tienda. Me gusta verle atender al público, me gusta verle mezclar las pinturas o decirles cómo quedará un color o cómo quedará otro. No sé si le gusta lo que hace, pero lo hace bien y sabe tratar con la gente. Me gustaría ayudarle, hacer cualquier cosa que me pidiera, pero no me pide nada. Al menos me deja pasar el día con él y no tengo que ver a mi padre, que permanecer con él, allí los dos solos, en la casa. La familia no nos hace mucho caso, solo Bautista.

No sé si sufrí mucho cuando murió madre. No dejo de sufrir, todos los días, a todas las horas, me da miedo todo, que venga la guerra, que se burlen de mí, que me miren por la calle, que piensen que estoy loco. No me gusta pensar en ella, ni en cómo era, ni en cómo sufrió con mi hermano, ni cómo se llevó con padre. No sé si se casaron porque se querían o porque así se decidió, tampoco sé muy bien cómo se querían en su dormitorio ni qué pensaban realmente el uno del otro. En esta familia, como en tantas otras familias, no se habla de estas cosas, ni hay besos, ni abrazos, es como si todo eso fuera pecado, como si lo único que no fuera pecado es la maldita guerra, que los hombres maten a otros hombre en nombre de Dios, porque Dios así lo quiere.

No quiero pensar en ella, sufro, no quiero sufrir más, bastante sufro ya. No sé si mi hermano se enteró de la muerte de madre, si se lo dijo Bautista, si se lo dijo padre. No sé cómo se sintió, cómo reaccionó, ni siquiera sé si fue consciente de que madre había muerto. No quiero pensar en mi hermano, no quiero pensar en madre, tampoco quiero pensar en padre ni verle. Solo me hace sufrir. Con Bautista es distinto, no me pregunta nada, no quiere saber si veo a los soldados con casco o sin él, si escucho realmente los cañonazos, no quiere saber nada que yo no quiera decirle. Hablamos de todo un poco. Bautista es un hombre listo, estudiado, yo no he podido estudiar como él, pero puedo leer, leer mucho y aprender. No se necesita ir con maestros para aprender, yo leo los libros y los entiendo, también puedo pensar, no soy tonto. Algunos piensan que los locos somos tontos, que no sabemos nada ni nada podemos aprender. Yo pienso que soy más listo que muchos de ellos, puede que sea el más listo del pueblo, de la comarca. Pero como piensan que estoy loco creen que ellos son más listos, que yo soy el tonto, que se pueden burlar de mí. Me gustaría demostrarles algún día que ellos son los tontos, pero no sé qué ocurrirá conmigo, a lo mejor termino en … como mi hermano y entonces serán ellos los que se rían de mí.

Me gusta que me invite a comer a su casa, aunque a veces preferiría hacerlo solo. No es que me de miedo la gente, pero nunca sé en quién puedo confiar, quién se va a burlar de mí cuando se entere de que a veces yo sigo en la guerra, veo la guerra, escucho los disparos y los cañonazos. No importa que no estuviera allí, que no fuera al frente, es como si realmente hubiera ido y hubiera presenciado todo lo que ahora veo. No sé si alguna vez escuché a alguien contar historias de la guerra, no lo recuerdo, yo era muy niño, pero lo que veo es real, así es la guerra. Si Bautista se lo contara a alguien todo el pueblo se reiría de mí, pero sé que puedo confiar en él, no es bacín, no irá por ahí pregonando lo que hablamos. Pero estas cosas se saben, aunque nadie me ha dicho nada, yo creo notar algo en sus miradas. Ellos saben, pero callan. Por eso a veces tengo que disimular cuando estoy con más gente, intento mirarles como ellos me miran, hablarles como ellos me hablan, los locos tenemos que aprender de los cuerdos, imitarles, solo así podemos engañarles.

Agradezco a su mujer que me acepte en su casa, no todas las mujeres lo hubieran hecho. Creo que Bautista y ella se quieren y se llevan bien, al menos se respetan. Otra le hubiera obligado a no estar tanto conmigo, al fin y al cabo yo no soy su hermano, ni su hijo, solo un primo. Me gusta que vayan a tener hijos, así podré jugar con ellos. Me gustan los niños, ellos no te miran como si estuvieras loco ni te preguntan cosas que no les interesan. Creo que podría llevarme bien con los niños, tal vez hubiera podido ser maestro. No soporto este vivir de gorra, sin hacer nada, todo el mundo trabaja, todo el mundo aporta algo, mientras yo como la sopa boba. Esto me hace sufrir, no puedo soportarlo, puedo aguantar cualquier cosa, casi todo, que de repente suene un cañonazo y salga corriendo, espantado, ver morir en el frente, escuchar los lamentos, puedo acostumbrarme a ver a mi padre, cualquier cosa sería aceptable, pero no este vivir sin trabajar. Otros tal vez lo estén deseando, pero yo no puedo verles trabajar, sufrir, ver cómo se afanan en llegar a fin de mes y que a su familia no le falte nada. Y yo aquí, mano sobre mano, como un vago, como un idiota, como el loco que soy.

Lo que peor llevo es regresar a casa y ver cómo mi padre permanece en su habitación para no verme. Yo tampoco quiero verle a él. Le voy a pedir a Bautista que me ponga una cerradura por dentro, para que no pueda entrar. O tal vez lo haga yo, puedo comprar un pestillo y colocarlo, tampoco soy tan tonto. Creo que yo le doy miedo a mi padre, pero lo que él tal vez no sepa es el miedo que me da él. No sé si me echa la culpa de algo. ¿Qué culpa puedo tener yo? No hice nada para que mi hermano se volviera así, ni para que muriera madre, yo he procurado pasar desapercibido, entretenido con mis libros y pensando en mis cosas. Sí, lo haré, pondré un pestillo por dentro y así estaré seguro. Me cuesta dormir, pensando que él está allí, al otro lado de la pared, que puede levantarse y venir a aporrear mi puerta. ¿Por qué lo haría? No lo sé, pero es un hombre raro, muy raro.

Lo mejor del día es despertarme y saber que puedo ir a ver a Bautista o que él vendrá a buscarme si me retraso. Ni un solo día se olvida de mí. No sé si alguna vez le canso o se cansa de escucharme o preferiría que yo no estuviera allí, con él, en la trastienda, pero nunca me reprocha nada y no tiene un gesto ni una palabra que me haga pensar que preferiría que yo no estuviera allí. Creo que mientras pueda estar con él no me volveré loco.

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