MENSAJES DE MILAREPA II

29 09 2015


CARTA DE MILAREPA AL AUTOR EN EL DÍA DE SAN VALENTÍN

Querido hermano en el todo, querido amigo: Me alegra mucho saber que aún sigues conservando aquel ingenuo romanticismo que durante la juventud te hizo adorar cada rastro que dejaba una mujer hermosa. Esto no lo sé porque me lo hayas contado, si no porque como sabes muy bien yo estoy dentro de tu mente y de tu corazón y conozco cada pensamiento y cada sentimiento que colorean tu alma en un momento determinado. Nada puedes ocultarme y sé que tampoco te importa, no en vano has asumido con naturalidad aquella gran verdad evangélica: “Nada hay oculto que no haya de ser descubierto”.

Entonces anhelabas con tanta fuerza el amor de una mujer que te desesperabas por no hallar el amor de tu vida y tal vez fuera una de las causas que te llevaron a un desgraciado intento de suicidio a edad muy joven. Acababas de salir de un colegio religioso, de abandonar tu supuesta vocación de ser sacerdote, y no eras capaz de mirar a los ojos a una mujer, te ponías colorado como un tomate, balbuceabas cualquier cosa, te mirabas la punta de los pies y salías corriendo. Estabas convencido de que las mujeres eran el demonio bajo sensuales formas y de que no podrías permanecer puro y sin pecado en su presencia. Te debatías angustiósamente entre el deseo carnal que ocupaba cada minuto de tus noches y tus días y aquella profunda represión subconsciente que te impedía asumir de una vez por todas que si la mujer había sido creada por Dios, como el hombre, no podía ser mala por naturaleza, y que el sexo placentero, instrumento de la procreación, no podía ser, bajo ningún concepto, algo tan pecaminoso como te habían dicho los curas.
Te enamorabas platónicamente de cada mujer hermosa que encontrabas en tu camino… y para ti todas o casi todas eran hermosas. Escribías poemas a las chicas jóvenes que pululaban por tu entorno, compañeras de trabajo, vecinas, chicas a las que solicitabas un baile en la discoteca, con tanto rubor y tanta angustia que si ellas no hubieran sido tan normales, tan naturales, que si su corazón hubiera albergado un poco de tu romanticismo enfermizo, se habrían arrojado a tus pies pidiéndote que las amaras. Un día estabas platónicamente enamorado de una y al siguiente ya te habías enamorado de otra. Las deseabas con tanta lujuria que te aterrorizaba no poder controlar tus instintos básicos.

Tu juventud fue un infierno platónico y lujurioso. Idealizabas tanto a las mujeres que dudo mucho que pudieras imaginarlas en el retrete, salvo cuando el demonio de la lujuria te encendía y te transformabas en un pecador empedernido, capaz de las más terribles perversiones. ¡Pobre ingenuo! Te costaría muchos años superar aquella represión eclesiástica y nunca lo conseguiste del todo. La dureza de la vida, los desplantes y burlas de tus “princesas platónicas” y la implacable madurez que te llegó como todo llega en la vida, al final de un camino de tropiezos y desvelamientos de la verdadera faz de las personas y las cosas, fue diluyendo poco a poco tu romanticismo y haciéndote un cínico de tomo y lomo, como reflejarías años más tarde en ese culebrón erótico que titulaste “Diario de un gigoló” y que no es otra cosa que una desgarrada rebeldía contra la represión de aquellos años.

Por suerte una mujer llegó a tu vida y se quedó. Le costó decidirse y a ti te costó aceptar la verdad de aquel extraño sueño. Habías soñado que buscabas en sueños a tu mujer ideal y que al encontrarla era imposible ningún tipo de relación con ella porque estaba casada. Otros sueños te indicaron que tal vez hubierais vivido juntos otras vidas. Tú aún no eras capaz de aceptar del todo la posibilidad de la reencarnación o del karma. Te sentiste mal cuando en sueños le propusiste dejar a su marido y encontrarse contigo en cualquier recodo de la vida.

Cuando ocurrió no podías creerlo, como te ha sucedido con otras muchas cosas. Eres como un Santo Tomás que ni siquiera palpando la carne y la sangre puedes aceptar que estás tocando un cuerpo. Prácticamente ella vino a separarse ante tu mesa y tuviste que tramitar su separación y luego su divorcio. ¿Casualidad? Nunca creíste en ello y has hecho muy bien. Tampoco fue casualidad que os encontrarais en aquella discoteca y que tú te atrevieras a pedirle un baile y ella te lo negara y tú se lo pidieras a una amiga que iba con ella y luego quedarais otro día para que les echaras el tarot.

Fue una relación difícil desde el principio. Tú insististe hasta el agotamiento. Pasaron años y cuando al fin ella acudió a ti, al menos tuviste la honradez espiritual de hablarle de tus depresiones, de tus intentos de suicidio, y de lo complicado que sería su vida a tu lado. Siempre has estado convencido de que en vuestra relación hay mucho karma y muchas vidas pasadas y mucha vinculación espiritual. Ha sido un camino duro, muy duro. Habéis estado a punto de romper todo vínculo unas cuantas veces y habéis logrado salvar vuestra relación casi de milagro. Sí, no te equivocas cuando me lo agradeces. Yo estaba allí, buscando la fórmula espiritual para que siguierais juntos. Y cuando vino vuestra hija todo pareció consolidarse, hasta que tus terribles depresiones te hundieron en la miseria. ¿Cómo era posible no luchar por aquella preciosa niñita de dos añitos que venía a pedirte con su media lengua que jugaras con ella? Y sin embargo estabas tan hundido que solo deseabas morir.

Conozco bien tu corazón y sé lo que sufriste. Ha sido un camino muy duro. Por eso me alegra tanto que aún sigas escribiendo tus poemas y tus relatos musicales y tus relatos eróticos y se los vayas entregando en su cumpleaños, en el aniversario de boda, en el día de San Valentín…La convivencia de pareja es la más espantosa de las erosiones que mente alguna pudo imaginar. Día tras día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año se produce una y otra vez el choque de caracteres, las ideas son distintas, diferentes las emociones, los intereses, los caminos, los gustos…Es increíble como dos miembros de una pareja pueden mantenerse juntos año tras año cuando cada día uno pisa el terreno del otro y el otro el terreno del uno y se pisan los callos y se gritan y se enfadan y se abroncan y uno piensa “ya está bien” y el otro piensa “hasta cuándo”.

Soy célibe por elección propia. Podría haber elegido el yoga tántrico e intentado alcanzar el nirvana a través de una relación sexual plena y maravillosa con una mujer. Sin embargo decidí elegir el camino del celibato y dedicar toda mi vida a la evolución espiritual. Aún así conozco las mieles del sexo y del amor a través de tu mente y de tus emociones. También conozco, y muy bien, lo terrible de la convivencia y tus pensamientos más íntimos y desesperanzados. No es un camino sencillo, aunque tal vez lo sea más que el celibato. No sabría decirte. La tentación de la promiscuidad, la infidelidad, el sexo como un juego, el picoteo en el cáliz de las flores que inclinan su corola a tu paso, es algo que siempre acompaña la convivencia en pareja. Uno se pregunta tras cada bronca si no sería mejor ir por esos mundos de Dios, intentando libar de otras flores, sin compromiso, sin otra meta que el placer buscado y encontrado aquí y allá. A pesar de ello sigues enamorado y sigues trabajando duramente en ese vínculo que se desmenuza un poco en cuanto dejas de atenderlo.
Eso está bien, muy bien. Sin embargo te recuerdo, querido amigo, querido hermano en el Todo, que hasta el amor más romántico, más idealista, más sacrificado, más espiritual, forma parte del apego, esa cárcel de hierro que nos encadena al karma y a la rueda de las reencarnaciones.

Sabes muy bien que nada es para siempre y que todo apego tiene un final, y que hasta las vinculaciones más espirituales no dejan de ser eso, vinculaciones, grilletes que te atan al aquí y al ahora. Por eso me gustaría que reflexionaras sobre lo que te voy a decir: Piensa que solo el Todo es perfecto, que solo el Todo puede colmar tu sed, que las partes y sus vinculaciones entre sí no dejan de ser una infinintesimal parte de lo que ES y de lo que todos llegaremos a ser. Por eso te aconsejo que sin desvincularte del amor de pareja seas capaz de extender tu amor a los demás, al mundo entero, al universo entero, hasta alcanzar al Todo que es Dios y del que todos formamos parte. Los vínculos que estreches con los demás están reforzando la vinculación con tu pareja y cuando llegues a estar en el seno del Todo tu pareja, tus parejas de vidas pasadas, estarán muy cerca de ti, al lado y unos pasos más allá estarán tus familiares y amigos y en otro círculo estarán las personas que te han acompañado en cada vida. Y todos formarán grupos de viajeros en el tiempo hacia la ETERNIDAD. Recuerda mis palabras cuando te sientas solo y triste y desesperanzado ante la espantosa dificultad de la convivencia. Recuerda que lo finito no puede colmarse con lo infinito y que solo el Todo podrá saciar tu sed para siempre. Medita en mis palabras y divúlgalas sin miedo. La verdad no puede hacer daño a nadie y el amor es siempre un trago de agua fresca en el desierto. No tengas miedo y no escatimes la publicación de mis palabras escondiéndote en tus fobias, angustias, en tus sufrimientos, en esas viejas y estúpidas disculpas de que los demás no están preparados para recibir el mensaje. Siempre se está preparado para recibir el amor. Tal vez seas tú el que no estés preparado para entregarlo sin tasa.

Que la paz profunda permanezca siempre contigo, querido amigo, y con todos los que aman.

Desde el Tibet, en el día de San Valentín del año de gracia 2013.

Milarepa

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